Veinte puentes desde la Torre a Kew Querían saber lo que el Río sabía, Porque eran jóvenes y el Támesis era viejo, Y éste es el cuento que el río contó. —Rudyard Kipling,
"El cuento del Río" Dando pasos a través la puerta de hierro del Instituto, Tessa se sentía un poco como la Bella Durmiente dejando su castillo detrás de su muro de espinas. El Instituto estaba en el centro de una plaza, y las calles dejaban la plaza en cada dirección cardinal, sumergiéndose en estrechos laberintos entre casas. Aún con su mano cortésmente en su codo, Jem condujo a Tessa por un estrecho pasaje. El cielo sobre sus cabezas era como el acero. El suelo estaba todavía húmedo por la temprana lluvia en el día, y los lados de los edificios que parecían presionar a ambos lados estaban manchados de humedad y residuos de polvo negro. Jem habló cuando se fueron, sin decir mucho de importancia, sino que manteniendo una charla tranquilizadora, diciéndole lo que había pensado de Londres cuando por primera vez había llegado aquí, cómo todo le había parecido de un tono gris uniforme… ¡hasta la gente! Había sido incapaz de creer que podría llover tanto en un lugar, y tan incesantemente. La humedad había parecido subir desde el suelo y dentro sus huesos, de modo que había creído que eventualmente le brotaría moho, al igual que un árbol. "Te acostumbras a ello," dijo al salir desde el estrecho pasaje y a la amplitud de la calle Fleet. "Incluso si a veces te sientes como si debieras ser capaz de ser estrujado como un trapo."
Recordando el caos de la calle durante el día, Tessa se alivió al ver cómo estaba mucho más tranquila en la noche, el tropel de las multitudes reducido a una ocasional figura caminando por la acera con la cabeza gacha, manteniéndose en las sombras. Todavía había carruajes e incluso solitarios jinetes en el camino, aunque ninguno parecía darse cuenta de Tessa y Jem. ¿Un glamour funcionando? Tessa se preguntó, pero no cuestionó. Estaba disfrutando el sólo escuchar hablar a Jem. Esta era la parte más antigua de la ciudad, le contó, donde había nacido Londres. Las tiendas que se alineaban en la calle estaban cerradas, sus persianas bajadas, pero la publicidad seguía resonando por todas las superficies, anuncios de todo, desde jabón capilar tónico de peras hasta anuncios instando a la gente a asistir a una conferencia sobre espiritismo. Mientras Tessa caminaba, vislumbraba las puntas del Instituto entre los edificios, y no pudo evitar preguntarse si alguien más podía verlas. Recordaba a la mujer loro con piel verde y plumas. ¿Estaba realmente el Instituto oculto a la vista? La curiosidad consiguió lo mejor de ella, le preguntó a Jem. "Déjame mostrarte algo," dijo. "Detente aquí." Él tomó a Tessa por el codo y la giró para que estuviera de frente a la calle. Señaló. "¿Qué ves ahí?" Ella entrecerró los ojos a través de la calle; estaban cerca de la intersección de la Calle Fleet y Chancery Lane. No parecía haber nada notable en donde se encontraban. "La parte frontal de un banco. ¿Qué más hay para ver?" "Ahora deja vagar tu mente un poco," dijo, aún en la misma voz suave. "Mira hacia algo más, de la forma en que podrías evitar mirar directamente a un gato para no espantarlo. Mira al banco de nuevo, por el rabillo de tu ojo. ¡Ahora míralo, directamente, y muy rápido!" Tessa hizo como se lo indicaba, y se quedó mirando fijamente. El banco se había ido, y en su lugar había una taberna con entramado de madera, y grandes ventanas acristaladas con diamantes. La luz de las ventanas estaba teñida de un resplandor rojizo, y por la abierta puerta principal, más luz roja se derramaba en el pavimento. A través del cristal oscuro sombras se movían, no las familiares sombras de hombres y mujeres, sino que formas demasiado altas y delgadas, extrañamente muy alargadas o con muchas más extremidades que las humanas. Estallidos de risas interrumpían una música alta, dulce, fina, inquietante y seductora. Un cartel que colgaba sobre la puerta mostraba a un que se hombre estiraba para ajustar el morro de un demonio con cuernos. Rotulado debajo de la imagen estaban las palabras La taberna del diablo. Aquí es donde Will estuvo la otra noche. Tessa miró hacia Jem. Estaba mirando la taberna, su mano liviana sobre su brazo, su respiración lenta y suave. Podía ver la luz roja del bar reflejada en sus ojos plateados como la puesta del sol en el agua. "¿Es éste tu lugar favorito?" preguntó ella. La intensidad se apagó de su mirada; él la miró y se rió. "Dios, no," dijo. "Sólo algo que quería que vieras." Alguien salió por la puerta de la taberna entonces, un hombre con un abrigo largo y negro, un elegante sombrero de seda puesto firmemente en su cabeza. Cuando él echó una mirada por la calle, Tessa vio que su piel era de un color tinta azul oscuro, su pelo y barba tan blancos como el hielo. Se desplazó hacia el este, hacia Strand mientras Tessa observaba, preguntándose si conseguiría miradas curiosas, pero su paso no era más notado por los transeúntes de lo que sería el de un fantasma. De hecho, los mundanos que pasaban frente a la Taberna del Diablo apenas parecían fijarse en absoluto, incluso cuando varias figuras delgadas y gorjeantes salieron y por poco atropellan a un hombre de aspecto cansado empujando un carrito vacío. Él hizo una pausa para mirar a su alrededor por un momento, perplejo, a continuación, se encogió de hombros y siguió adelante. "Allí había una taberna muy ordinaria una vez," dijo Jem. "A medida que se volvía más y más infestada con Submundos, los Nefilim comenzaron a preocuparse por la interrelación del Mundo de las Sombras con el mundo mundano. Se prohibió la entrada de mundanos al lugar simplemente usando un glamour para convencerlos de que la taberna había sido derribada y un banco había sido levantado en el lugar. El Diablo es ahora una guarida casi exclusivamente de Submundos." Jem miró a la luna, un ceño fruncido cruzando su cara. "Se está haciendo tarde. Será mejor seguir adelante."
Después de una sola mirada atrás al Diablo, Tessa se movió después de Jem, continuó la charla fácilmente por el camino, señalando cosas de interés; la Iglesia del Temple50, donde los tribunales de la ley estaban ahora, y donde una vez los Caballeros Templarios habían apoyado a peregrinos en su ruta a la Tierra Santa. "Eran amigos de los Nefilim, los caballeros. Mundanos, pero no sin su propio conocimiento del Mundo de las Sombras. Y, por supuesto," agregó, mientras salían de la red de calles y sobre el mismo puente Blackfriars, "muchos piensan que los Hermanos Silenciosos son los originales Frailes Negros51, aunque nadie puede probarlo. Es éste," añadió, señalando ante él. "Mi lugar favorito en Londres."
Mirando a lo largo del puente, Tessa no podía dejar de preguntarse qué le gustaba tanto a Jem sobre el lugar. Este se extendía desde una orilla del Támesis a la otra, un puente bajo de granito con múltiples arcos, parapetos52 pintados de rojo oscuro y dorados con oro y pintura escarlata que brillaba bajo la luna. Hubiera sido bonito si no hubiera sido por el puente ferroviario que corría a lo largo del lado este del mismo, silencioso en las sombras pero todavía una fea corredera de rejas de hierro se extendía hasta la otra orilla del río.
"Sé lo que estás pensando,” dijo Jem de nuevo, como lo había hecho fuera del Instituto. "El puente del ferrocarril, es horrible. Pero significa que la gente rara vez viene a admirar la vista. Yo disfruto de la soledad, y solo el aspecto del río, en silencio bajo la luna." Caminaron hasta el centro del puente, donde Tessa se apoyó en una barandilla de granito y miró hacia abajo. El Támesis era negro a la luz de la luna. La prolongación de Londres se extendía por ambas orillas, la gran cúpula de San Pablo aparecía tras de ellos como un fantasma blanco, y todo estaba envuelto en la suave niebla que dejaba un velo suavemente borroso sobre las duras líneas de la ciudad. Tessa echó un vistazo hacia el río. El olor de sal y suciedad y podredumbre salía del agua, mezclada con la niebla. Sin embargo, había algo portentoso sobre el río de Londres, como si se llevara el peso del pasado en sus corrientes. Un poco de antigua poesía le vino a la cabeza. "'Dulce Támesis, discurre suavemente hasta que termine mi canción'" dijo ella, en voz baja. Normalmente nunca habría citado poesía en voz alta delante de nadie, pero había algo acerca de Jem que la hacía sentir que lo que fuera que hiciera, él no la juzgaría. "He oído ese trozo de rima antes," fue todo lo que dijo. "Will me la ha citado. ¿Qué es?" "Spenser. „Prothalamion.‟" Tessa frunció el ceño. "Will parece tener una extraña afinidad por la poesía para alguien tan... tan... " "Will lee constantemente, y tiene una memoria excelente," dijo Jem. "Hay muy poco que no recuerde." Había algo en su voz que prestó importancia a su afirmación, más allá de la mera constatación de un hecho. "¿Te gusta Will, no?" dijo Tessa. "Quiero decir, estás encariñado con él." "Lo quiero como si fuera mi hermano,” dijo Jem con naturalidad. "Puedes decir eso," dijo Tessa. "No obstante, él es horrible con todos los demás, él te ama. Es amable contigo. ¿Qué hiciste para hacer que te tratara de una forma tan diferente de todo el resto?" Jem se inclinó hacia un lado contra el parapeto, su mirada estaba en ella pero aún lejana. Golpeó sus dedos cuidadosamente contra la parte superior de jade de su bastón. Tomando ventaja de su clara distracción, Tessa se permitió mirarlo, maravillándose poco a poco de su extraña belleza a la luz de la luna. Era todo plata y ceniza, no como los colores fuertes de Will, azul y negro y oro. Finalmente dijo: "No sé, realmente. Solía pensar que era porque los dos estábamos sin padres, y por eso sentía que éramos iguales…" "Soy huérfana," señaló Tessa. "También Jessamine. Él no piensa que es como nosotras."
"No. No lo hace." Los ojos de Jem estaban en guardia, como si hubiera algo que no estuviera diciendo. "No le entiendo," dijo Tessa. "Él puede ser agradable un momento y absolutamente horrible al siguiente. No puedo decidir si es agradable o cruel, cariñoso u odioso…" "¿Importa?" dijo Jem. "¿Es obligatorio que tomes tal decisión?" "La otra noche," ella prosiguió, "en tu habitación, cuando Will entró, dijo que había estado bebiendo toda la noche, pero luego, más tarde, cuando tú… después él pareció volverse sobrio instantáneamente. He visto a mi hermano borracho. Sé que eso no desaparece así en un instante, incluso mi Tía arrojando un balde de agua fría al rostro de Nate no podía despertarlo de su estupor, no si estaba realmente intoxicado. Y Will no olía a alcohol, o parecía enfermo a la mañana siguiente. ¿Pero por qué iba a mentir y decir que estaba borracho si no lo estaba?" Jem parecía resignado. "Y ahí tienes el misterio esencial de Will Herondale. Yo me preguntaba lo mismo. Cómo alguien puede beber tanto y sobrevivir, mucho menos luchar tan bien como él lo hace. Así que una noche lo seguí. " “¿Lo seguiste?" Jem sonrió torcidamente. “Sí. Salió, alegando una cita o algo así, y lo seguí. Si hubiera sabido a qué atenerme, me habría puesto zapatos más resistentes. Toda la noche caminó por la ciudad, desde San Pablo hasta Spitalfields Market hasta Whitechapel High Street. Se dirigió hacia el río y deambuló por los muelles. Nunca se detuvo a hablar con una sola alma. Era como seguir a un fantasma. A la mañana siguiente ya estaba listo con algún escabroso cuento de falsas aventuras, y nunca le exigí la verdad. Si quiere mentirme, entonces debe tener una razón." "¿Él te miente, y sin embargo, confías en él?" ”Sí,” dijo Jem. "Confío en él." "Pero…" "Miente constantemente. Siempre inventa historias que lo harán lucir como el peor." “Entonces, ¿te ha dicho lo que pasó con sus padres? ¿Ni la verdad ni la mentira?"
“No completamente. Pedazos y fragmentos," dijo Jem tras una larga pausa. "Sé que su padre dejó los Nefilim. Antes de que Will naciera. Se enamoró de una chica mundana, y cuando el Consejo se negó a hacer de ella una Cazadora de Sombras, dejó la Clave y se mudó con ella a una parte muy remota de Gales, donde pensaron que no podían ser perturbados. La Clave se puso furiosa."
"¿La madre de Will era mundana? ¿Quieres decir que sólo es mitad Cazador de Sombras?" "La sangre Nefilim es dominante," dijo Jem. "Es por eso que hay tres reglas para los que dejan la Clave. Primero, debes cortar el contacto con todos y cada uno de los Cazadores de Sombras que hayas conocido, incluso tu propia familia. Nunca pueden hablar contigo de nuevo, ni tú puedes hablar con ellos. Segundo, no puedes llamar a la Clave por ayuda, sin importar tu peligro. Y tercero..." "¿Cuál es la tercera?" "Incluso en caso de que dejes la Clave," dijo Jem, "todavía pueden reclamar a tus hijos." Un pequeño escalofrío pasó a través de Tessa. Jem seguía mirando el río, como si pudiera ver a Will en su superficie plateada. "Cada seis años," dijo, "hasta que el niño tiene dieciocho años, un representante de la Clave viene a tu familia y le pregunta al niño si desea dejar a su familia y unirse a los Nefilim." "No puedo imaginar que alguien lo hiciera," dijo Tessa, horrorizada. "Quiero decir, nunca serías capaz de hablar con tu familia otra vez, ¿verdad?" Jem sacudió la cabeza. "¿Y Will estuvo de acuerdo con esto? ¿Se incorporó a los Cazadores de Sombras a pesar de todo?” "Se negó. Dos veces, se negó. Entonces, un día, Will tenía doce años más o menos, hubo un llamado a la puerta del Instituto y Charlotte contestó. Ella habría tenido dieciocho entonces, creo. Will estaba de pie en los escalones. Ella me dijo que estaba cubierto por polvo de carretera y suciedad como si hubiera estado durmiendo en los setos. Él dijo, „Soy un Cazador de Sombras. Uno de ustedes. Tienen que dejarme entrar. No tengo otro lugar adonde ir.‟" "¿Él dijo eso? ¿Will? ¿„No tengo otro lugar adonde ir‟?" Él dudó. "Entiendes, todo esto es información que he oído de Charlotte. Will nunca me mencionó una palabra de nada de esto. Pero eso es lo que ella afirma que él dijo." "No entiendo. Sus padres, están muertos, ¿no? O han habrían venido a buscarlo."
"Lo hicieron," dijo Jem en voz baja. "Unas semanas después de que Will llegara, Charlotte me dijo que sus padres lo siguieron. Llegaron a la puerta principal del Instituto y la golpearon, llamándolo. Charlotte entró en la habitación de Will para preguntarle si quería verlos. Él se había arrastrado debajo de la cama y tenía las manos sobre las orejas. No quiso salir, no importaba lo que ella hiciera, él no los vería. Creo que finalmente Charlotte bajó y los echó, o se fueron por su propia voluntad, no estoy seguro…"
"¿Los echó? Pero su hijo estaba dentro del Instituto. Ellos tenían derecho…" "No tenían ningún derecho." Jem habló bastante suave, pensó Tessa, pero había algo en su tono que lo puso tan lejos de ella como la luna. "Will eligió unirse a los Cazadores de Sombras. Una vez que tomó esa decisión, ellos no tenían ningún derecho sobre él. Era derecho y responsabilidad de la Clave decirles que se fueran". "¿Y nunca le has preguntado por qué?" "Si él quisiera que lo supiera, me lo diría," dijo Jem. "Tú me preguntaste por qué creo que él me tolera mejor que los demás. Me imagino que es precisamente porque nunca le he preguntado por qué." Él le sonrió, socarronamente. El aire frío había azotado color a sus mejillas, y sus ojos brillaban. Sus manos estaban cerca una de la otra sobre el parapeto. Por un breve, medio confuso momento, Tessa pensó que podría estar a punto de poner su mano sobre la suya, pero su mirada se deslizó más allá de ella y frunció el ceño. "Algo tarde para un paseo, ¿no?" Siguiendo su mirada, vio las oscuras figuras de un hombre y una mujer viniendo hacia ellos a través del puente. El hombre llevaba un sombrero de fieltro y un abrigo de lana oscura, la mujer tenía su mano en su brazo, con el rostro inclinado hacia el suyo. "Probablemente piensan lo mismo de nosotros," dijo Tessa. Levantó la mirada a los ojos de Jem. "Y tú, ¿llegaste al Instituto, porque no tenias a dónde ir? ¿Por qué no te quedaste en Shanghái?" "Mis padres tenían el Instituto," dijo Jem, “pero fueron asesinados por un demonio. Él, eso, se llamaba Yanluo." Su voz era muy tranquila. "Después de que murieron, todo el mundo pensaba que lo más seguro para mí sería abandonar el país, en caso de que el demonio o sus legiones vinieran después por mí también." "Pero ¿por qué aquí, por qué Inglaterra?” "Mi padre era británico. Yo hablaba inglés. Parecía razonable.” El tono de Jem era tan calmado como siempre, pero Tessa sentía que había algo que no le estaba diciendo. "Pensé que me sentiría más en casa aquí de lo que haría en Idris, donde ninguno de mis padres nunca había ido." Al otro lado del puente la pareja paseando se había detenido en un parapeto; el hombre parecía estar señalando las características del puente del ferrocarril, la mujer asintiendo con la cabeza mientras él hablaba. "¿Y tú… te sentiste más en casa, que allá?"
"No precisamente," dijo Jem. "Casi lo primero que me di cuenta cuando llegué aquí fue que mi padre nunca pensó en sí mismo como británico, no de la forma en que un inglés lo haría. Un inglés real es británico primero, y segundo, caballero. Cualquier otra cosa que pudieran ser, un doctor, un magistrado o un propietario; tercero. Para los Cazadores de Sombras es diferente. Nosotros somos Nefilim, primero y principalmente, sólo después hacemos caso a cualquier país en que podrías haber nacido y criado. Y en cuanto al tercero, no hay tercero. Sólo somos Cazadores de Sombras. Cuando otros Nefilim me miran, sólo ven un Cazador de Sombras. No como los mundanos, que me miran y ven a un chico que no es del todo extranjero, pero tampoco no del todo como ellos." "La mitad de una cosa y mitad de la otra," dijo Tessa. "Como yo. Pero tú sabes que eres humano." La expresión de Jem se suavizó. "Como tú. En todas las formas que importa." Tessa sintió un picor en la parte de atrás de sus ojos. Levantó la vista y vio que la luna había pasado por detrás de una nube, dándole un brillo nacarado. "Supongo que deberíamos volver. Los otros deben estar preocupados." Jem se movió para ofrecerle el brazo…y se detuvo. La pareja paseando que Jem había notado antes estaba de repente frente a ellos, bloqueando su camino. A pesar de que se debían haber movido muy rápidamente para llegar al otro lado del puente tan rápido, estaban extrañamente quietos ahora, sus brazos entrelazados. El rostro de la mujer estaba oculto a la sombra de un simple sombrero, el del hombre escondido bajo el ala de su sombrero de fieltro. La mano de Jem apretó el brazo de Tessa, pero su voz fue neutral cuando habló. "Buenas noches. ¿Hay algo en que podamos ayudarles?" Ninguno de los dos habló, pero dieron un paso más, la falda de la mujer susurrando en el viento. Tessa miró a su alrededor, pero no había nadie más en el puente, nadie visible en cualquiera de los dos terraplenes. Londres parecía completamente desierto bajo la luna borrosa. “Perdónenme,” dijo Jem. "Les agradecería si nos dejaran pasar a mí y a mi compañera." Dio un paso adelante, y Tessa lo siguió. Estaban lo suficientemente cerca ahora a la silenciosa pareja, que cuando la luna salió de detrás de la nube, inundando el puente con luz plateada e iluminando el rostro del hombre en el sombrero de fieltro, Tessa lo reconoció al instante. El pelo enmarañado, la ancha nariz una vez rota y la barbilla marcada, y lo más protuberante de todo, los ojos saltones, los mismos ojos de la mujer que estaba junto a él, su mirada en blanco, fija en Tessa de una manera que le recordó terriblemente a Miranda. Pero estás muerto. Will te mató. Vi tu cuerpo. Tessa susurró, "Es él, el cochero. Pertenece a las Hermanas Oscuras". El cochero se echó a reír. "Pertenezco," dijo, "al Maestro. Mientras las Hermanas Oscuras le servían, yo les servía a ellas. Ahora le sirvo sólo a él."
La voz del cochero sonaba diferente de cómo Tessa recordaba; menos espesa, más articulada, con una suavidad casi siniestra. Al lado de Tessa Jem se había quedado quieto. "¿Quiénes son?" exigió. "¿Por qué nos siguen?” "El Maestro nos ha mandado seguirlos," dijo el cochero. "Tú eres Nefilim. Eres responsable de la destrucción de su casa, la destrucción de su pueblo, los Hijos de la Noche. Estamos aquí para entregar una declaración de guerra. Y estamos aquí por la chica.” volvió sus ojos a Tessa. "Ella es propiedad del Maestro, y él la tendrá." "El Maestro," dijo Jem, sus ojos muy plateados a la luz de la luna. "¿Quieres decir De Quincey?” "El nombre que le dan no importa. Él es el Maestro. Nos ha dicho que entreguemos un mensaje. Ese mensaje es guerra." La mano de Jem se tensó sobre la cabeza de su bastón. "Sirves a de Quincey, pero no eres vampiro. ¿Qué eres?" La mujer de pie junto al cochero hizo un ruido susurrado, como el silbido de un tren. "Cuidado Nephillim. Así como ustedes asesinan a otros, serán asesinados. Su ángel no podrá protegerlos contra algo que ni Dios ni el diablo han creado." Tessa empezó a girar hacia Jem, pero él ya estaba en marcha. Su mano balanceándose arriba, la cabeza del bastón de jade en ella. Hubo un destello. Una malvadamente afilada y brillante hoja disparada del final del bastón. Con una vuelta rápida de su cuerpo, Jem hundió la hoja hacia adelante y acuchilló el pecho del cochero. El hombre se tambaleó hacia atrás, un alto sonido rechinante de sorpresa salió de su garganta. Tessa contuvo el aliento. Una larga cortadura a través de la camisa del cochero la abría, y debajo de ella no se veía ni carne ni sangre, sino metal brillante, mellado por la hoja de Jem. Jem sacó la hoja hacia atrás, dejando escapar un suspiro, satisfacción mezclada con alivio. "Lo sabía…" El cochero gruñó. Su mano se precipitó a su chaqueta y sacó un largo cuchillo dentado, del tipo que los carniceros utilizan para cortar a través del hueso, mientras que la mujer, saltando a la acción, se acercó a Tessa, sus manos sin guantes extendidas. Sus movimientos eran espasmódicos, desiguales, pero muy, muy rápidos, mucho más rápidos de lo que Tessa se hubiera imaginado que se podía mover. La compañera del cochero avanzó hacia Tessa, su rostro sin expresión, su boca entreabierta. Algo metálico brilló en su interior, metal o cobre. No tiene garganta, y me imagino tampoco estómago. Su boca termina en una hoja de metal detrás de los dientes.
Tessa se retiró hasta que su espalda golpeó el parapeto. Buscó a Jem, pero el cochero avanzaba hacia él de nuevo. Jem lo esquivó con la hoja, pero sólo parecía ralentizar al hombre. La capa del cochero y la camisa colgaba fuera de su cuerpo ahora en tiras rotas, mostrando claramente el caparazón de metal por debajo. La mujer agarró a Tessa, quien se lanzó a un lado. La mujer avanzó pesadamente hacia adelante y se estrelló contra el parapeto. Parecía no sentir más dolor de lo que el cochero sentía; se enderezó rígidamente y se movió hacia Tessa de nuevo. El impacto pareció haber dañado su brazo izquierdo, no obstante, porque colgaba torcido a su lado. Se volvió hacia Tessa con su brazo derecho, sus dedos curvándose, y la agarró por la muñeca. Su agarre era lo suficientemente apretado para hacer gritar a Tessa mientras los pequeños huesos de su muñeca quemaban con dolor. Arañó la mano que la sujetaba, sus dedos hundiéndose profundamente en la piel pulida y suave. Pelándola como la piel de una fruta, las uñas de Tessa rasparon contra el metal por debajo con una dureza que envió escalofríos por su espalda. Intentó tirar su mano hacia atrás, pero sólo consiguió tirar de la mujer hacia ella; ésta estaba haciendo un ruido, haciendo sonidos de chasquidos en su garganta que sonaban desagradablemente insectívoros, y de cerca sus ojos eran negros y sin pupilas. Tessa tiró su pie hacia atrás para patear… Y allí hubo un repentino estruendo de metal sobre metal; la hoja de Jem destelló bajando con un corte limpio, cortando el brazo de la mujer por la mitad del codo. Tessa, en libertad, volvió a caer, la mano sin cuerpo cayó de su muñeca, golpeando el suelo a sus pies; la mujer estaba sacudiéndose en torno a Jem, zumbando- chasqueando. Él se movió hacia delante, golpeando fuertemente a la mujer con lo plano del bastón, golpeando su espalda dando un paso, y luego otro y otro hasta que ella golpeó la baranda del puente con tanta fuerza que perdió el equilibrio. Sin un grito, cayó hundiéndose en el agua debajo; Tessa corrió hacia la barandilla justo a tiempo para verla deslizarse por debajo de la superficie. No había burbujas levantándose para mostrar donde había desaparecido. Tessa giró de nuevo alrededor. Jem estaba agarrando el bastón, respirando con dificultad. Sangre corría de un corte por el lado de su rostro, pero por lo demás parecía ileso. Sostuvo su arma vagamente con una mano mientras miraba a la oscura forma jorobada en el suelo a sus pies, un forma que se movía y se sacudía, mostrando destellos de metal entre las cintas de sus desgarradas prendas de vestir. Cuando Tessa se acercó vio que se trataba del cuerpo del cochero, retorciéndose y sacudiéndose. Su cabeza había sido cortada limpiamente, y una sustancia aceitosa oscura bombeaba desde el muñón de su cuello, manchando el suelo. Jem extendió el brazo para empujar su pelo humedecido de sudor hacia atrás, embadurnando la sangre a través de su mejilla. Su mano temblaba. Vacilante, Tessa le tocó el brazo. "¿Estás bien?" Su sonrisa era débil. "Debería estar preguntándote eso." se estremeció ligeramente. "Esas cosas mecánicas, esas me enervan. Ellas…” Se interrumpió, mirando más allá de ella. En el extremo sur del puente, moviéndose hacia ellos con bruscos movimientos entrecortados, había por lo menos media docena más de criaturas mecánicas. A pesar de las sacudidas de sus movimientos, se acercaban con rapidez, casi a toda velocidad hacia adelante. Ya estaban a un tercio del camino a través del puente. Con un golpe seco la hoja se desvaneció de nuevo en el bastón de Jem. Cogió la mano de Tessa, su voz jadeante. "Corre." Corrieron, Tessa agarrando su mano, mirando detrás una sola vez, con terror. Las criaturas habían llegado al centro del puente y se movían hacia ellos, ganando velocidad. Eran hombres, vio Tessa, vestidos con el mismo tipo de abrigos de lana oscuro y sombreros de fieltro que el cochero había estado usando. Sus rostros brillaban a la luz de la luna. Jem y Tessa alcanzaron los escalones al final del puente, y Jem mantuvo un férreo agarre sobre la mano de Tessa mientras se precipitaban por las escaleras. Sus botas se resbalaron en la piedra húmeda, y él la atrapó, su bastón traqueteando torpemente contra su espalda, sintió su pecho subir y caer contra el suyo, arduamente, como si él estuviera jadeando. Pero no podía estar sin respiración, ¿cierto? Era un Cazador de Sombras. El Código decía que podían correr por millas. Jem se apartó, y ella vio que su rostro estaba tirante, como si sintiera dolor. Quería preguntarle si había sido herido, pero no había tiempo. Podían oír el traqueteo de los pasos en las escaleras arriba de ellos. Sin decir una palabra Jem se apoderó de su muñeca y tiró de ella otra vez después de él. Pasaron el Terraplén, iluminado por el resplandor de las lámparas de delfines, antes de que Jem girara a un lado y se lanzara entre dos edificios en un estrecho callejón. El callejón se inclinaba hacia arriba, lejos del río. El aire entre los edificios era húmedo y cerrado, los adoquines manchados con suciedad. La ropa lavada se agitaba como fantasmas en las altas ventanas. Los pies de Tessa estaban gritando en sus botas de moda, su corazón golpeando contra su pecho, pero no ralentizándose. Podía oír las criaturas detrás de ellos, escuchar el zumbido-chasquido de sus movimientos, cada vez más cerca.
El callejón se abría a una amplia calle, y allí, alzándose ante ellos, estaba el inminente edificio del Instituto. Se lanzaron a través de la entrada, Jem liberándola mientras se daba la vuelta para golpear y bloquear la verja53 tras ellos. Las criaturas los alcanzaron justo mientras los cerrojos se deslizaban en su lugar; se estrellaron contra la verja como juguetes de cuerda incapaces de detenerse a sí mismos, haciendo sonar el hierro con un tremendo estruendo. Tessa dio marcha atrás, mirando. Las criaturas mecánicas estaban presionadas contra la verja, sus manos extendiéndose a través de los huecos en el hierro. Ella miró a su alrededor salvajemente. Jem estaba a su lado. Estaba tan blanco como el papel, una mano presionada a su lado. Ella se estiró por su mano, pero él dio un paso atrás, fuera de su alcance. "Tessa." Su voz estaba quebrada. "Entra al Instituto. Tienes que estar dentro." "¿Estás herido? Jem, ¿estás herido?" "No." Su voz era apagada. Un traqueteo de la verja hizo a Tessa mirar hacia arriba. Uno de los hombres mecánicos tenía la mano a través de un hueco en la verja y retiraba la cadena de hierro que la mantenía cerrada. Mientras ella miraba con fascinado horror, vio que estaba arrastrando las asas de metal con tal fuerza que la piel se pelaba de sus dedos, mostrando las articuladas manos de metal debajo. Había obviamente una tremenda fuerza en esas manos. El metal se estaba combando y retorciendo en su agarre, era claramente cuestión de minutos antes de que la cadena se dividiera y rompiera. Tessa se apoderó del brazo de Jem. Tenía la piel muy caliente al tacto, podía sentirlo a través de su ropa. "Vamos." Con un gemido la dejó tirar de él hacia la puerta principal de la iglesia, él se tambaleaba, y apoyaba en ella fuertemente, su respiración golpeteando en su pecho. Se tambalearon por las escaleras, Jem deslizándose fuera de su agarre casi en el momento en que llegaron al escalón más alto. Cayó al suelo en sus rodillas, ahogándose con la tos que rasgaba a través de él, su cuerpo estremeciéndose completamente. La verja estalló abierta. Las criaturas mecánicas se derramaron a través de la calzada, dirigidos por el que había roto la cadena, la piel desnuda de sus manos brillando a la luz de la luna. Recordando lo que Will había dicho, que había que tener sangre de Cazador de sombras para abrir la puerta, Tessa llegó a la campanilla que colgaba junto a ella y tiró de ella, fuerte, pero no oyó sonido. Desesperada, se volvió de nuevo hacia Jem, todavía en cuclillas sobre el suelo. "¡Jem! Jem, por favor, tienes que abrir la puerta..." Levantó la cabeza. Sus ojos estaban abiertos, pero no había color en ellos. Estaban completamente blancos, igual que mármol. Podía ver la luna reflejada en ellos. "¡Jem!" Intentó ponerse en pie, pero sus rodillas fallaron; se dejó caer al suelo, sangre corriendo desde las comisuras de su boca. El bastón había rodado de su mano, casi a los pies de Tessa. Las criaturas habían llegado al pie de la escalera, comenzaron a avanzar hacia arriba, tambaleándose un poco, el de las manos despellejadas a la cabeza. Tessa se arrojó contra las puertas del Instituto, golpeando sus puños contra la madera de roble. Podía oír las vacías repercusiones de sus golpes haciendo eco en el otro lado, y se desesperó. El Instituto era tan enorme, y no había tiempo. Por fin se dio por vencida. Dio la espalda a la puerta, estaba horrorizada al ver que el líder de las criaturas había llegado a Jem, se inclinaba sobre él, el despellejado metal de sus manos en su pecho. Con un grito agarro el bastón de Jem y lo blandió. "¡Aléjate de él!" exclamó. La criatura se incorporó, y a la luz de la luna, por primera vez, vio su cara con claridad. Era suave, casi sin rasgos, solo hendiduras donde los ojos y la boca deberían haber estado, y sin nariz. Levantó sus manos despellejadas; estaban teñidas de negro con la sangre de Jem. Jem se quedó muy quieto, con la camisa rota, sangre acumulándose oscuramente en torno a él. Mientras Tessa miraba con horror, el hombre mecánico meneo sus dedos sangrientos hacia ella, en una especie de parodia grotesca de señalar con la mano, entonces se volvió y saltó hacia abajo por las escaleras, casi echando a correr, como una araña. Se lanzó a través de la verja y se perdió de vista. Tessa se acercó a Jem, pero los otros autómatas se movieron rápidamente para bloquear su camino. Todos ellos tenían rostros en blanco como su líder, un conjunto de guerreros sin rostro, como si no hubiera habido bastante tiempo para acabar con ellos. Con un zumbido-chasquido un par de manos de metal se estiraron por ella, y ella abrió el bastón, casi a ciegas. Éste conectó con el lado de la cabeza de un hombre mecánico. Sintió el impacto de la madera contra el metal repiqueteando por su brazo, y él se tambaleó hacia un lado, pero sólo por un momento. Su cabeza se volvió de golpe con una velocidad increíble. Ella arremetió de nuevo, el bastón golpeó en el hombro esta vez, él se tambaleó, pero otras manos destellaron, apoderándose del bastón, tirándolo de sus manos con tal fuerza que quemó la piel de sus manos. Recordó la dolorosa fuerza del agarre de Miranda, cuando el autómata que le había arrebatado el bastón lo dejó caer a través de su rodilla con fuerza impresionante. Se rompió por la mitad con un sonido horrible. Tessa dio la vuelta para correr, pero manos de metal sujetaron de los hombros, tirándola de espaldas. Ella luchó por liberarse…
Y las puertas del Instituto se abrieron. La luz que brotaba de ellas la cegó momentáneamente, y no pudo ver nada más que el contorno de oscuras figuras, rodeadas de luz, derramándose desde el interior de la iglesia. Algo silbó junto a su cabeza, rozando su mejilla. Era el sonido rechinante de metal contra metal, y entonces los brazos de las criaturas mecánica se relajaron y ella cayó hacia adelante en las escaleras, asfixiándose.
Tessa levantó la vista. Charlotte estaba por encima de ella, su rostro pálido y dispuesto, un disco de metal afilado en una mano. Otro disco a juego estaba enterrado en el pecho del hombre mecánico que la había sostenido. Él se retorcía y mecía en un círculo, como un juguete defectuoso. Chispas azules volaban de la herida en su cuello. A su alrededor el resto de las criaturas estaban girando y dando tumbos mientras los Cazadores de Sombras convergían en ellos, Henry tirando su cuchillo serafín en un arco, rebanó el pecho de uno de los autómatas, enviándolo tambaleándose y sacudiéndose a las sombras. A su lado estaba Will, balanceando lo que parecía una especie de guadaña, una y otra vez, cortando otra de las criaturas en pedazos con tal furia que ésta envió una fuente de chispas azules. Charlotte, lanzándose por las escaleras, lanzó el segundo de sus discos que cortó a través de la cabeza de un monstruo de metal con un sonido repugnante. Él cayó al suelo, dejando escapar más chispas y aceite negro. Las restantes dos criaturas, pareciendo pensar mejor la situación, se volvieron y se lanzaron hacia la verja. Henry se lanzó tras ellos con Charlotte sobre los talones, pero Will, dejando caer su arma, se volvió y corrió hacia la escalera. "¿Qué pasó?" gritó a Tessa. Ella se quedó mirando, demasiado aturdida para contestar. Su voz se elevó, teñida con furioso pánico. "¿Estás herida? ¿Dónde está Jem?" "No estoy herida," susurró. "Pero Jem, se desplomó. Allí." Señaló hacia donde dejó a Jem, arrugado en las sombras junto a la puerta. La cara de Will se quedó en blanco, como una pizarra limpia de tiza. Sin mirarla de nuevo corrió escaleras arriba y se dejó caer por Jem, diciendo algo en voz baja. Cuando no hubo respuesta, Will levantó la cabeza, gritando a Thomas para que viniera a ayudarlo a llevar a Jem, y gritando algo más, algo que Tessa no pudo distinguir a través de su mareo. Tal vez estaba gritándole. ¿Tal vez pensaba que todo esto era su culpa? Si ella no se hubiera puesto tan furiosa, si no se hubiera escapado y hecho que Jem la siguiera… Una sombra oscura se alzó en la puerta iluminada. Era Thomas, serio y con el cabello despeinado, sin decir una palabra se arrodilló junto a Will. Juntos pusieron de pie a Jem, un brazo colgaba en torno a cada uno de sus hombros. Se apresuraron a entrar sin mirar hacia atrás. Aturdida, Tessa miró hacia el patio. Algo estaba extraño, diferente. Era el repentino silencio, después de todo el clamor y ruido. La destrucción de las criaturas mecánicas dejó piezas hechas añicos por el patio, el suelo estaba resbaladizo con fluido viscoso, la verja estaba abierta, y la luna brillaba completamente sobre todo tal y como había brillado sobre ella y Jem en el puente, cuando él le había dicho que era humana.
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viernes, 28 de febrero de 2014
jueves, 27 de febrero de 2014
13. ALGO OSCURO
A veces somos menos infelices siendo engañados por aquellos a los que amamos, que en ser desengañados por ellos. —François La Rochefoucauld, Maxims
Tessa despertó al día siguiente con Sophie encendiendo la lámpara junto a su cama. Con un gemido, Tessa hizo un movimiento para cubrir sus doloridos ojos. "Ahora, vamos, Señorita." Sophie se dirigió a Tessa con su usual vivacidad. "Ha dormido todo el día. Son más de las ocho de la noche, y Charlotte dijo que la despertara." "¿Mas de las ocho? ¿De la noche?" Tessa echó hacia atrás sus mantas, sólo para darse cuenta, para su sorpresa, de que todavía llevaba puesto el vestido de Camille, ahora aplastado y arrugado, sin mencionar manchado. Debió haberse desplomado sobre la cama todavía con la ropa puesta. Recuerdos de la noche anterior comenzaron a inundar su mente… las caras blancas de los vampiros, el fuego haciendo su camino por las cortinas, Magnus Bane riendo, de Quincey, Nathaniel, y Will. Oh, Dios, pensó. Will. Alejó los pensamientos sobre él de su mente y se sentó, mirando ansiosamente a Sophie. "Mi hermano," dijo. "¿Está él...?" La sonrisa de Sophie vaciló. "No está peor, en realidad, pero tampoco mejor." Viendo la expresión afligida de Tessa, agregó, "Un baño caliente y algo de comida, señorita, eso es lo que necesita. No hará ningún bien a su hermano que se muera de hambre y se vuelva sucia." Tessa bajó la mirada sobre si misma. El vestido de Camille estaba arruinado, eso era evidente; desgarrado y manchado con sangre y cenizas en una docena de lugares. Sus medias de seda estaban rotas, sus pies sucios, y sus manos y brazos salpicados con mugre. Dudó al imaginarse el estado de su pelo. "Supongo que estás en lo cierto."
La bañera era un ovalo con patas en forma de garra, escondido detrás de un biombo Japonés ubicado en una esquina de la habitación. Sophie la había llenado con agua caliente que ya empezaba a enfriarse. Tessa se deslizó detrás del biombo, se desvistió, y se hundió dentro de la bañera. El agua caliente le llegaba hasta los hombros, entibiándola. Por un momento se sentó sin moverse, dejado que el calor empapara sus fríos huesos. Lentamente comenzó a relajarse, y cerró sus ojos…
Recuerdos sobre Will la inundaron. Will, el ático, el modo en que él había tocado su mano. El modo en que la había besado, luego ordenado que se fuera. Se hundió bajo la superficie del agua como si pudiera ocultarse del humillante recuerdo. No funcionó. Ahogarte a ti misma no ayudará, se dijo severamente. Ahora, ahogar a Will, por otro lado... Se sentó, se estiró para tomar la pastilla de jabón de lavanda al borde de la bañera, y refregó su piel y su pelo con ésta hasta que el agua se volvió negra de cenizas y suciedad. Tal vez no era realmente posible refregarte hasta borrar tus pensamientos sobre alguien, pero siempre podía intentarlo. Sophie estaba esperando a Tessa cuando salió de atrás del biombo. Había una bandeja con sándwiches y té ya preparados. Frente al espejo, ayudó a Tessa a ponerse su vestido amarillo adornado con tiras oscuras; era mas llamativo de lo que Tessa hubiera preferido, pero a Jessamine le había encantado el diseño en la tienda y había insistido que Tessa lo pidiera para ella. No puedo usar amarillo, pero es siempre adecuado para señoritas con cabello castaño opaco como el tuyo, había dicho. La sensación del cepillo recorriendo su pelo era muy agradable; le recordó a Tessa de cuando era una niña pequeña y su Tía Harriet había cepillado su cabello por ella. Era lo suficientemente tranquilizador que cuando Sophie habló a continuación, la sobresaltó ligeramente. "¿Logró que el Señor Herondale tomara su medicina la noche pasada, señorita?" "Oh, yo…" Tessa se apresuró a componerse a si misma, pero era demasiado tarde; un tono rojizo se había esparcido por su nuca y alcanzado su rostro. "Él no quería tomarla," terminó sin convicción. "Pero pude convencerlo al final." "Ya veo." La expresión de Sophie no cambió, pero los rítmicos trazos del cepillo a través del pelo de Tessa comenzaron a ser más rápidos. "Sé que no me corresponde, pero…" "Sophie, puedes decirme lo que quieras, de verdad." "Es sólo que… el Señor Will." Las palabras de Sophie salieron apresuradamente. "Él no es alguien por el que se deba preocupar, Señorita Tessa. No de esa forma. Él no es alguien en quien se pueda confiar, o depender. Él… él no es quien piensa que es." Tessa juntó sus manos sobre el regazo. Sintió una incierta sensación de irrealidad. ¿Las cosas habían ido realmente tan lejos que necesitaba ser advertida sobre Will? Y al mismo tiempo era bueno tener a alguien con quien hablar sobre él. Se sentía un poco como una persona hambrienta a la que se le ofrecía comida. "No se lo que creo que es, Sophie. Es de una forma por momentos, y luego puede cambiar completamente, como el viento cambiando, y no se por qué, o que haya pasado…" "Nada. Nada ha pasado. A él no le importa nadie salvo él mismo." "Se preocupa por Jem," dijo Tessa en voz baja. El cepillo dejó de moverse; Sophie se había detenido, congelada. Había algo que quería decir, pensó Tessa, algo que estaba tratando de no decir. ¿Pero que podía ser? El cepillo comenzó a moverse nuevamente. "Sin embargo, eso no es suficiente." "Quieres decir que no debería entregar mi corazón a algún chico que nunca se preocupara por mí…" "¡No!" dijo Sophie. "Hay cosas peores que eso. Está bien amar a alguien que no corresponde su amor, en tanto que sean dignos de ese amor. En tanto lo merezcan." La pasión en la voz de Sophie sorprendió a Tessa. Se giró para mirar a la otra chica. "Sophie, ¿Hay alguien que te importe? ¿Es Thomas?" Sophie lucía sorprendida. "¿Thomas? No. ¿Qué le dio esa idea?" "Bueno, porque creo que a él le importas," dijo Tessa. "He visto como te mira. Te observa cuando estás en la habitación. Supongo que pensé..." Su voz se fue apagando ante la mirada de asombro de Sophie. "¿Thomas?" Sophie volvió a repetir. "No, eso no es posible. Estoy segura que no posee tales pensamientos hacia mi." Tessa no intentó contradecirla; claramente, cualquiera hubieran sido los sentimientos que Thomas pudiera haber tenido, Sophie no los había correspondido. Lo que dejaba... "¿Will?" dijo Tessa. "¿Quieres decir que te interesaste por Will alguna vez?" Lo que explicaría la amargura y el desagrado, pensó, considerando como Will trataba a las chicas que sentían afecto hacia él. "¿Will?" Sophie sonaba absolutamente horrorizada, lo suficiente horrorizada para olvidar dirigirse a Will como Sr. Herondale. "¿Está preguntándome si alguna vez estuve enamorada de él?" "Bueno, pensé… quiero decir, él es muy guapo." Tessa notó que sonaba más bien débil. "Hay mucho más en una persona para amar que la forma en que lucen. Mi ultimo patrón," Sophie continuó, su cuidadoso acento deslizándose debido a la emoción mientras hablaba, así que ese „último‟ sonó más como „últrimo‟, "siempre estaba fuera de safari en África e India, disparando a tigres y demás. Y él me dijo que la forma en que te puedes dar cuenta si un bicho o una serpiente es venenosa, es por ejemplo, si tiene hermosas y brillantes marcas. Cuanto más hermosa su piel sea, más mortal es. Así es como es Will. Ese bello rostro sólo esconde cuan retorcido y corrompido está por dentro." "Sophie, no sé…" "Hay algo oscuro en él," dijo Sophie. "Algo negro y oscuro que está ocultando. Él tiene alguna especie de secreto, del tipo que te consume por dentro." Dejó el cepillo con dientes de plata sobre el tocador, y Tessa vio con sorpresa que su mano estaba temblando. "Sólo recuerde mis palabras." Después de que Sophie se fuera, Tessa tomó el ángel mecánico de su mesita de noche y se lo colgó alrededor del cuello. Al ubicarlo sobre su pecho, se sintió inmediatamente segura. Lo había extrañado mientras había estado disfrazada como Camille. Su presencia era reconfortante y, aunque sabía que era algo tonto, pensó que tal vez si visitaba a Nate mientras lo usaba, él sentiría su presencia y se sentiría seguro también. Mantuvo su mano sobre el ángel mientras cerraba la puerta de la habitación al salir, recorrió el pasillo, y llamó a la puerta de su hermano suavemente. Cuando no hubo respuesta, tomó la perilla y abrió la puerta. Las cortinas en la habitación estaban descorridas, llenando la mitad del lugar con luz, y pudo ver a Nate dormido boca arriba sobre un montículo de almohadas. Tenía un brazo sobre su frente, y sus mejillas estaban brillantes debido a la fiebre. No estaba solo, tampoco. En el sillón al lado de la cabecera de la cama estaba sentada Jessamine, un libro abierto sobre su regazo. Devolvió la mirada sorprendida de Tessa con una tranquila y nivelada. "Yo…," comenzó Tessa, y se compuso antes de continuar. "¿Qué haces aquí?" "Pensé en leerle a tu hermano por un rato," dijo Jessamine. "Todos han estado durmiendo casi todo el día, y él estaba siendo cruelmente descuidado. Sólo Sophie lo controla, y no puedes contar con ella para conversaciones decentes." "Nate está inconsciente, Jessamine; no quiere ninguna conversación." "No puedes estar segura," dijo Jessamine. "He oído que la gente puede escuchar lo que les dices hasta si están bastante inconscientes, o incluso muertos." "No está muerto tampoco." "Ciertamente no lo está." Jessamine lo miró fijamente. "Es demasiado apuesto para morir. ¿Está casado, Tessa? ¿O hay alguna muchacha en Nueva York que lo haya pretendido?" "¿A Nate?" Tessa la miró fijo. Siempre habían existido chicas, todo tipo de chicas, quienes habían mostrado interés en Nate, pero él tenía el lapso de atención de una mariposa. "Jessamine, él ni siquiera está consciente. Ahora difícilmente es el momento…" "Mejorará," anunció Jessamine. "Y cuando lo haga, él sabrá que fui yo cuidó de él hasta recobrar su salud. Los hombres siempre se enamoran de las mujeres que los ayudan a recuperarse. „Cuando el dolor y la angustia retuercen frente, / ¡Un ángel te cuidará!‟" terminó, con una sonrisa satisfecha. Al ver la expresión horrorizada de Tessa, frunció el ceño. "¿Que está mal? ¿No soy lo suficientemente buena para tu preciado hermano?" "Él no tiene nada de dinero, Jessie…" "Yo tengo dinero suficiente para ambos. Sólo necesito a alguien que me lleve lejos de este lugar. Ya te lo he dicho." "En realidad, me pediste que fuera yo quien lo hiciera." "¿Es eso lo que no puedes tolerar?" preguntó Jessamine. "Francamente, Tessa, aun podemos ser las mejores amigas una vez que seamos cuñadas, pero un hombre siempre es mejor que una mujer para este tipo de cosas, ¿no crees?" Tessa no pudo pensar en nada que decir como respuesta. Jessamine se encogió de hombros. "Charlotte desea verte, a propósito. En el salón. Quería que te lo dijera. No necesitas preocuparte por Nathaniel. He estado corroborando su temperatura cada quince minutos y poniendo compresas frías sobre su frente además."
Tessa no estaba segura de creer todo eso, pero como Jessamine estaba evidentemente sin interés en renunciar a su puesto al lado de Nathaniel, y apenas valía la pena discutir, se giró dando un suspiro de disgusto y abandonó la habitación. La puerta que daba al Salón, cuando la alcanzó, estaba ligeramente entreabierta; podía oír voces altas del otro lado. Dudó, con la mano levantada y a punto de golpear… luego escuchó decir su propio nombre y se quedó inmóvil. "Esto no es el Hospital de Londres. ¡El hermano de Tessa no debería estar aquí!" Era la voz de Will, elevada hasta casi un grito. "Él no es un Subterráneo, solo un estúpido, banal mundano quien se encontró en una situación que no pudo manejar…" Charlotte contestó, "Él no puede ser tratado por doctores mundanos. No por lo que tiene. Sé razonable, Will." "Él ya sabe sobre las reglas del Submundo." La voz pertenecía a Jem: calmada, lógica. "De hecho, puede tener bastante información importante que nosotros no conocemos. Mortmain afirmaba que Nathaniel estaba trabajando para De Quincey; puede tener información sobre sus planes, los autómatas, todo el asunto sobre el Maestro. De Quincey lo quería muerto, después de todo. Quizás era porque sabía algo que no debería." Hubo un largo silencio. Luego, "Entonces podemos llamar a los Hermanos Silenciosos de nuevo," dijo Will. "Pueden meterse en su mente, ver que pueden encontrar. No tendríamos que esperar a que él se despierte." "Sabes que ese tipo de proceso es delicado con mundanos," protestó Charlotte. "El Hermano Enoch ya ha dicho que la fiebre ha puesto al Sr. Gray a ver alucinaciones. Le es imposible ordenar lo que es verdad y lo que es delirio febril a través de la mente del chico. No sin dañar su mente, posiblemente de forma permanente." "Dudo que haya habido mucho para empezar." Tessa oyó el tono de disgusto de Will incluso a través de la puerta y sintió su estómago contraerse con ira. "No sabes nada de él." Jem habló mas fríamente de lo que Tessa había escuchado antes. "No puedo imaginar que es lo que te esta haciendo comportar de esta forma, Will, pero no te da crédito." "Yo sé lo que es," Charlotte dijo. "¿Lo sabes?" Will sonó sorprendido. "Estás tan molesto como yo de como resultaron las cosas la noche pasada. Sufrimos sólo dos muertes, es verdad, pero el escape de De Quincey no nos hace quedar bien. Fue mi plan. Yo presioné a la Enclave para realizarlo, y ahora me culparán por todo lo que salió mal. Sin mencionar que Camille ha tenido que esconderse desde que no tenemos ninguna idea donde De Quincey pueda estar, y a esta altura debe tener un precio de sangre sobre su cabeza. Y Magnus Bane, por supuesto, está furioso con nosotros porque Camille haya desparecido. Así que nuestra mejor informante y nuestro mejor brujo están fuera de nuestro alcance por el momento." "Pero sí pudimos evitar que De Quincey matara el hermano de Tessa y quien sabe a cuantos mundanos más," dijo Jem. "Eso debería contar para algo. Benedict Lightwood no quería creer en la traición de De Quincey al principio; ahora no tiene otra opción. Él sabe que estabas en lo cierto." "Eso," dijo Charlotte, "es probable que lo haga enojarse más." "Quizá," dijo Will. "Y quizá si no hubieras insistido en vincular el éxito de mi plan con la funcionalidad de uno de los ridículos inventos de Henry, no estaríamos sosteniendo esta conversación ahora. Puedes bailar alrededor de ello todo lo que quieras, pero la razón de que todo fuera mal anoche fue porque el Fósforo no funcionó. Nada de lo que Henry inventa funciona alguna vez. Si sólo admitieras que tu esposo es un tonto inútil, todos estaríamos mucho mejor." "Will." La voz de Jem contenía una fría furia. "No. James, no." La voz de Charlotte tembló; hubo una especie de ruido sordo, como si ella se hubiera sentado de repente sobre una silla. "Will," dijo ella, "Henry es un hombre bueno y amable, y él te quiere." "No te pongas sensible, Charlotte." La voz de Will sólo contenía desprecio. "Él te conoce desde que eras un niño. Se preocupa por ti como si fueras su hermano pequeño. Como yo. Todo lo que he hecho es quererte, Will…" "Si," dijo Will, "Y desearía que no lo hicieras." Charlotte hizo un sonido de dolor, como un cachorro al ser golpeado. "Sé que no lo dices en serio." "Todo lo que digo es en serio," dijo Will. "Especialmente cuando digo que estaríamos mejor si registramos la mente de Nathaniel Gray ahora mejor que después. Si eres tan sentimental para hacerlo…" Charlotte comenzó a interrumpir, pero no importó. Fue demasiado para Tessa. Abrió la puerta de un tirón y entró en la habitación. El interior del Salón estaba iluminado por un rugiente fuego, en contraste con los cuadrados de oscuro cristal gris que dejaba entrar lo que había del nublado crepúsculo. Charlotte estaba sentada detrás del amplio escritorio, Jem en una silla a su lado. Will, por otro lado, estaba apoyado en la repisa de la chimenea; estaba rojo de ira, obviamente, sus ojos brillantes, el cuello de su camisa torcido. Sus ojos se encontraron con los de Tessa en un momento de puro asombro. Cualquier esperanza que la hubiera entretenido de que él hubiera olvidado mágicamente lo que había pasado en el ático la noche pasada se desvaneció. Él se ruborizó al verla, sus insondables ojos azules oscureciéndose, y alejó su mirada, como si no pudiera soportar mantener el contacto visual. "¿Supongo que has estado espiando, entonces?" preguntó él. "¿Y ahora estas aquí para darme tu punto de vista sobre tu preciado hermano?" "Al menos tengo un punto de vista que darte, lo que Nathaniel no tendrá, si te sales con la tuya." Tessa se giró para mirar a Charlotte. "No dejaré que el Hermano Enoch vaya manoseando la mente de Nate. Ya está lo suficiente enfermo; eso probablemente lo matará." Charlotte sacudió la cabeza. Lucía agotada, su rostro gris, sus párpados caídos. Tessa se preguntó si siquiera había dormido en absoluto. "Con seguridad, dejaremos que se mejore antes de pensar en interrogarlo." "¿Y que si sigue enfermo por semanas? ¿O meses?" dijo Will. "Podríamos no disponer de tanto tiempo." "¿Por qué no? ¿Qué es tan urgente que quieres arriesgar la vida de mi hermano?" Tessa replicó. Los ojos de Will eran astillas de vidrio azul. "Lo único que te ha importado fue encontrar a tu hermano. Y ahora lo has hecho. Bien por ti. Pero ese nunca fue nuestro objetivo. Sí te das cuenta de eso ¿no? Usualmente no nos alejamos tanto de nuestro camino por el bien de un delincuente mundano." "Lo que Will está tratando de decir," Jem interrumpió, "aunque fallando en cortesía, es…" se interrumpió, y suspiró. "De Quincey dijo que tu hermano era alguien en quien había confiado. Y ahora De Quincey se ha ido, y no tenemos idea de donde se puede estar escondiendo. Las notas que encontramos en su oficina insinuaban que De Quincey creía que pronto habría una guerra entre Subterráneos y Cazadores de Sombras, una guerra en la que esas criaturas mecánicas en las que estaba trabajando figuraban sin dudar como piezas claves. Puedes ver ahora por qué le gustaría saber donde está, y que más podría saber tu hermano." "Tal vez ustedes quieran saber esas cosas," dijo Tessa, "pero no es mi lucha. No soy una Cazadora de Sombras." "Ciertamente," dijo Will. "No creas que no sabemos eso." "Cállate, Will." El tono de Charlotte sostenía más que su usual aspereza. Se volvió hacia Tessa, sus ojos marrones suplicantes. "Confiamos en ti, Tessa. Necesitas confiar en nosotros también." "No," dijo Tessa. "No, yo no." Podía sentir la mirada de Will sobre ella y súbitamente se llenó de una alarmante ira. ¿Cómo se atrevía a ser distante con ella, a estar enojado? ¿Qué había echo para merecerlo? Ella había dejado que él la besara. Eso fue todo. De alguna forma, era como si sólo eso hubiera borrado todo lo demás que ella había hecho esa noche, como si ahora que había besado a Will, ya no importara que también hubiera sido valiente. "Querían usarme… como hicieron las Hermanas Oscuras, y en el momento que se presentó la oportunidad, el momento en que Lady Belcourt apareció y necesitaron mis habilidades, quisieron que lo hiciera. ¡Sin importar cuan peligroso fuera! Se comportan como si yo tuviera alguna clase de responsabilidad a su mundo, sus leyes y sus Acuerdos, pero es su mundo, y ustedes son los destinados a regirlo. ¡No es mi culpa si están haciendo un trabajo podrido!" Tessa vio a Charlotte palidecer y sentarse. Sintió una aguda punzada en su pecho. No era Charlotte a quien había querido herir. Aun así, continuó. No pudo evitarlo, las palabras salieron en torrente, "Toda su charla sobre los Subterráneos y de como no los odian. No significa nada, ¿no? Sólo palabras. No las dicen en serio. Y en cuanto a los mundanos, ¿Han pensado alguna vez que serian mejores protegiéndolos si no los odiaran tanto?" miró a Will. Estaba pálido, sus ojos brillaban. Se veía… no estaba muy segura de poder describir su expresión. Horrorizado, pensó, pero no con ella; el horror iba mas profundo que eso. "Tessa," dijo Charlotte, pero Tessa ya estaba sobre la puerta. Se giró a último momento, en el umbral, para verlos a todos observándola fijamente. "Manténganse alejados de mi hermano," espetó. "Y no me sigan."
El enojo, pensó Tessa, era satisfactorio en su propia medida, cuando te rendías a él. Había algo peculiarmente gratificante al gritar en una ira ciega hasta quedarte sin palabras. Por supuesto, las consecuencias eran menos agradables. Una vez que les decías a todos que los odiabas y que no fueran tras de ti, ¿Dónde irías exactamente? Si volvía a su propia habitación, era lo mismo que decir que estaba teniendo un berrinche que ya pasaría. No podía ir con Nate y llevar su mal humor a su cuarto de enfermo, y andar por cualquier otro lado significaba arriesgarse a ser encontrada por Sophie o Agatha. Al final tomó las estrechas, tortuosas escaleras que conducían hacia la salida de Instituto. Se abrió paso por el lugar iluminado por luz mágica y salió a los amplios escalones de la entrada de la Iglesia, donde se hundió en el primer escalón y envolvió sus brazos sobre su cuerpo, temblando ante la inesperada y fría brisa. Seguramente debió haber llovido en algún momento durante el día, ya que los escalones de la entrada estaban húmedos, y la piedra negra del patio brillaba como un espejo. La luna había salido, lanzándose entre medio de rápidas nubes, y el enorme portón de hierro brillaba oscuramente en la luz intermitente. Somos polvo y sombras. "Sé lo que estás pensando." La voz que venía de la puerta detrás de Tessa era tan suave que casi podría haber sido parte del viento que agitaba las hojas en las ramas de los árboles. Tessa se giró. Jem estaba parado en el arco de la entrada, la blanca luz mágica detrás suyo iluminando su cabello, tanto que brillaba como metal. Su rostro, sin embargo, estaba oculto en las sombras. Sostenía su bastón en su mano derecha; los ojos del dragón brillaban vigilantes hacia Tessa. "No creo que lo sepas." "Estás pensando, si llaman a esta suciedad húmedo verano, ¿Cómo será el invierno? Te sorprenderías. El invierno es prácticamente lo mismo." Se alejó de la puerta y se sentó en el escalón al lado de Tessa, aunque no demasiado cerca. "Es la primavera la que es realmente encantadora." "¿Lo es?" dijo Tessa, sin demasiado interés real. "No. En realidad es bastante brumoso y húmedo también." La miró de costado. "Se que dijiste que no te siguiéramos. Pero más bien estaba esperando que sólo te hubieras referido a Will." "Lo hice." Tessa se giró para mirarlo. "No debí haber gritado así." "No, tenias razón en decir lo que dijiste," dijo Jem. "Nosotros los Cazadores de Sombras hemos sido de esta forma por tanto tiempo, y somos de criterio tan estrecho, que a menudo olvidamos mirar cualquier situación desde el punto de vista de otros. Es siempre sobre si algo esta bien para los Nefilim o mal para los Nefilim. A veces pienso que olvidamos preguntarnos si es bueno o malo para el mundo." "Nunca quise herir a Charlotte." "Charlotte es muy sensata sobre la forma en que se maneja el instituto. Como mujer, debe luchar para ser escuchada, e incluso así sus decisiones son cuestionadas. Escuchaste a Benedict Lightwood en la reunión de la Enclave. Ella siente que no tiene libertad para cometer errores." "¿Y la tiene alguno de nosotros? ¿Alguno de ustedes? Todo es vida o muerte para ustedes." Tessa tomó un largo suspiro de aire húmedo. Sabía a ciudad, metal y cenizas y caballos y agua de río. "Yo sólo… siento a veces como si no pudiera soportarlo. Nada de esto. Desearía nunca haberme enterado lo que soy. ¡Desearía que Nate se hubiera quedado en casa y que nada de esto hubiera pasado!" "A veces," dijo Jem, "nuestras vidas pueden cambiar tan rápido que el cambio supera nuestras mentes y corazones. Son esos momentos, creo yo, cuando nuestras vidas se han alterado pero todavía anhelamos el tiempo en que nada había cambiado… en ese momento es cuando sentimos mayor dolor. Puedo decirte, sin embargo, por experiencia, que te acostumbras. Aprendes a vivir tu nueva vida, y no puedes imaginar, o incluso recordar, como eran las cosas antes." "Estás diciendo que me acostumbraré a ser una bruja, o lo que sea que soy." "Siempre has sido lo que eres. Eso no es nuevo. A lo que te acostumbrarás es a saberlo." Tessa respiró hondo y soltó el aire lentamente. "No quise decir lo que dije arriba," dijo. "No creo que los Nefilim sean tan terribles." "Sé que no lo dijiste en serio. Si lo hubieses hecho, no estarías aquí. Estarías al lado de tu hermano, resguardándolo de nuestras horribles intenciones." "Will realmente no quiso decir lo que dijo, tampoco, ¿no?" dijo Tessa, después de un momento. "No le haría daño a Nate." "Ah." Jem miró hacia el portón, sus ojos grises pensativos. "Estás en lo cierto. Pero me sorprende que lo sepas. Yo lo sé. Pero he tenido años para entender a Will. Para saber cuando habla en serio y cuando no." "¿Así que nunca te enojas con él?" Jem rió en voz alta. "Yo no diría eso. A veces quiero estrangularlo." "¿Y cómo diablos haces para contenerte?" "Voy a mi lugar favorito de Londres," Jem dijo, "Y me quedo allí y miró al agua, y pienso sobre la continuidad de la vida, y como el río sigue avanzando, ajeno a los trastornos menores de nuestras vidas." Tessa estaba fascinada. "¿Y eso funciona?" "No realmente, pero después de eso pienso en como podría matarlo mientras duerme si realmente quisiera, y luego me siento mejor." Tessa soltó una risita. "¿Y dónde está, entonces? ¿Tu lugar favorito?" Por un momento, Jem lució pensativo. Luego se balanceó sobre sus pies, y tendió la mano que no sostenía el bastón. "Ven conmigo, y te mostraré." "¿Es lejos?" "Para nada." sonrió. Tenía una encantadora sonrisa, pensó Tessa, una contagiosa. No pudo evitar devolverle la sonrisa, por lo que se sintió como la primera vez en años. Tessa dejó que la ayudara a pararse. La mano de Jem era cálida y fuerte, sorprendentemente reconfortante. Ella miró hacia atrás al Instituto por un momento, dudó, y dejó que él la guiara a través del portón y hacia el sombrío exterior de la ciudad.
Tessa despertó al día siguiente con Sophie encendiendo la lámpara junto a su cama. Con un gemido, Tessa hizo un movimiento para cubrir sus doloridos ojos. "Ahora, vamos, Señorita." Sophie se dirigió a Tessa con su usual vivacidad. "Ha dormido todo el día. Son más de las ocho de la noche, y Charlotte dijo que la despertara." "¿Mas de las ocho? ¿De la noche?" Tessa echó hacia atrás sus mantas, sólo para darse cuenta, para su sorpresa, de que todavía llevaba puesto el vestido de Camille, ahora aplastado y arrugado, sin mencionar manchado. Debió haberse desplomado sobre la cama todavía con la ropa puesta. Recuerdos de la noche anterior comenzaron a inundar su mente… las caras blancas de los vampiros, el fuego haciendo su camino por las cortinas, Magnus Bane riendo, de Quincey, Nathaniel, y Will. Oh, Dios, pensó. Will. Alejó los pensamientos sobre él de su mente y se sentó, mirando ansiosamente a Sophie. "Mi hermano," dijo. "¿Está él...?" La sonrisa de Sophie vaciló. "No está peor, en realidad, pero tampoco mejor." Viendo la expresión afligida de Tessa, agregó, "Un baño caliente y algo de comida, señorita, eso es lo que necesita. No hará ningún bien a su hermano que se muera de hambre y se vuelva sucia." Tessa bajó la mirada sobre si misma. El vestido de Camille estaba arruinado, eso era evidente; desgarrado y manchado con sangre y cenizas en una docena de lugares. Sus medias de seda estaban rotas, sus pies sucios, y sus manos y brazos salpicados con mugre. Dudó al imaginarse el estado de su pelo. "Supongo que estás en lo cierto."
La bañera era un ovalo con patas en forma de garra, escondido detrás de un biombo Japonés ubicado en una esquina de la habitación. Sophie la había llenado con agua caliente que ya empezaba a enfriarse. Tessa se deslizó detrás del biombo, se desvistió, y se hundió dentro de la bañera. El agua caliente le llegaba hasta los hombros, entibiándola. Por un momento se sentó sin moverse, dejado que el calor empapara sus fríos huesos. Lentamente comenzó a relajarse, y cerró sus ojos…
Recuerdos sobre Will la inundaron. Will, el ático, el modo en que él había tocado su mano. El modo en que la había besado, luego ordenado que se fuera. Se hundió bajo la superficie del agua como si pudiera ocultarse del humillante recuerdo. No funcionó. Ahogarte a ti misma no ayudará, se dijo severamente. Ahora, ahogar a Will, por otro lado... Se sentó, se estiró para tomar la pastilla de jabón de lavanda al borde de la bañera, y refregó su piel y su pelo con ésta hasta que el agua se volvió negra de cenizas y suciedad. Tal vez no era realmente posible refregarte hasta borrar tus pensamientos sobre alguien, pero siempre podía intentarlo. Sophie estaba esperando a Tessa cuando salió de atrás del biombo. Había una bandeja con sándwiches y té ya preparados. Frente al espejo, ayudó a Tessa a ponerse su vestido amarillo adornado con tiras oscuras; era mas llamativo de lo que Tessa hubiera preferido, pero a Jessamine le había encantado el diseño en la tienda y había insistido que Tessa lo pidiera para ella. No puedo usar amarillo, pero es siempre adecuado para señoritas con cabello castaño opaco como el tuyo, había dicho. La sensación del cepillo recorriendo su pelo era muy agradable; le recordó a Tessa de cuando era una niña pequeña y su Tía Harriet había cepillado su cabello por ella. Era lo suficientemente tranquilizador que cuando Sophie habló a continuación, la sobresaltó ligeramente. "¿Logró que el Señor Herondale tomara su medicina la noche pasada, señorita?" "Oh, yo…" Tessa se apresuró a componerse a si misma, pero era demasiado tarde; un tono rojizo se había esparcido por su nuca y alcanzado su rostro. "Él no quería tomarla," terminó sin convicción. "Pero pude convencerlo al final." "Ya veo." La expresión de Sophie no cambió, pero los rítmicos trazos del cepillo a través del pelo de Tessa comenzaron a ser más rápidos. "Sé que no me corresponde, pero…" "Sophie, puedes decirme lo que quieras, de verdad." "Es sólo que… el Señor Will." Las palabras de Sophie salieron apresuradamente. "Él no es alguien por el que se deba preocupar, Señorita Tessa. No de esa forma. Él no es alguien en quien se pueda confiar, o depender. Él… él no es quien piensa que es." Tessa juntó sus manos sobre el regazo. Sintió una incierta sensación de irrealidad. ¿Las cosas habían ido realmente tan lejos que necesitaba ser advertida sobre Will? Y al mismo tiempo era bueno tener a alguien con quien hablar sobre él. Se sentía un poco como una persona hambrienta a la que se le ofrecía comida. "No se lo que creo que es, Sophie. Es de una forma por momentos, y luego puede cambiar completamente, como el viento cambiando, y no se por qué, o que haya pasado…" "Nada. Nada ha pasado. A él no le importa nadie salvo él mismo." "Se preocupa por Jem," dijo Tessa en voz baja. El cepillo dejó de moverse; Sophie se había detenido, congelada. Había algo que quería decir, pensó Tessa, algo que estaba tratando de no decir. ¿Pero que podía ser? El cepillo comenzó a moverse nuevamente. "Sin embargo, eso no es suficiente." "Quieres decir que no debería entregar mi corazón a algún chico que nunca se preocupara por mí…" "¡No!" dijo Sophie. "Hay cosas peores que eso. Está bien amar a alguien que no corresponde su amor, en tanto que sean dignos de ese amor. En tanto lo merezcan." La pasión en la voz de Sophie sorprendió a Tessa. Se giró para mirar a la otra chica. "Sophie, ¿Hay alguien que te importe? ¿Es Thomas?" Sophie lucía sorprendida. "¿Thomas? No. ¿Qué le dio esa idea?" "Bueno, porque creo que a él le importas," dijo Tessa. "He visto como te mira. Te observa cuando estás en la habitación. Supongo que pensé..." Su voz se fue apagando ante la mirada de asombro de Sophie. "¿Thomas?" Sophie volvió a repetir. "No, eso no es posible. Estoy segura que no posee tales pensamientos hacia mi." Tessa no intentó contradecirla; claramente, cualquiera hubieran sido los sentimientos que Thomas pudiera haber tenido, Sophie no los había correspondido. Lo que dejaba... "¿Will?" dijo Tessa. "¿Quieres decir que te interesaste por Will alguna vez?" Lo que explicaría la amargura y el desagrado, pensó, considerando como Will trataba a las chicas que sentían afecto hacia él. "¿Will?" Sophie sonaba absolutamente horrorizada, lo suficiente horrorizada para olvidar dirigirse a Will como Sr. Herondale. "¿Está preguntándome si alguna vez estuve enamorada de él?" "Bueno, pensé… quiero decir, él es muy guapo." Tessa notó que sonaba más bien débil. "Hay mucho más en una persona para amar que la forma en que lucen. Mi ultimo patrón," Sophie continuó, su cuidadoso acento deslizándose debido a la emoción mientras hablaba, así que ese „último‟ sonó más como „últrimo‟, "siempre estaba fuera de safari en África e India, disparando a tigres y demás. Y él me dijo que la forma en que te puedes dar cuenta si un bicho o una serpiente es venenosa, es por ejemplo, si tiene hermosas y brillantes marcas. Cuanto más hermosa su piel sea, más mortal es. Así es como es Will. Ese bello rostro sólo esconde cuan retorcido y corrompido está por dentro." "Sophie, no sé…" "Hay algo oscuro en él," dijo Sophie. "Algo negro y oscuro que está ocultando. Él tiene alguna especie de secreto, del tipo que te consume por dentro." Dejó el cepillo con dientes de plata sobre el tocador, y Tessa vio con sorpresa que su mano estaba temblando. "Sólo recuerde mis palabras." Después de que Sophie se fuera, Tessa tomó el ángel mecánico de su mesita de noche y se lo colgó alrededor del cuello. Al ubicarlo sobre su pecho, se sintió inmediatamente segura. Lo había extrañado mientras había estado disfrazada como Camille. Su presencia era reconfortante y, aunque sabía que era algo tonto, pensó que tal vez si visitaba a Nate mientras lo usaba, él sentiría su presencia y se sentiría seguro también. Mantuvo su mano sobre el ángel mientras cerraba la puerta de la habitación al salir, recorrió el pasillo, y llamó a la puerta de su hermano suavemente. Cuando no hubo respuesta, tomó la perilla y abrió la puerta. Las cortinas en la habitación estaban descorridas, llenando la mitad del lugar con luz, y pudo ver a Nate dormido boca arriba sobre un montículo de almohadas. Tenía un brazo sobre su frente, y sus mejillas estaban brillantes debido a la fiebre. No estaba solo, tampoco. En el sillón al lado de la cabecera de la cama estaba sentada Jessamine, un libro abierto sobre su regazo. Devolvió la mirada sorprendida de Tessa con una tranquila y nivelada. "Yo…," comenzó Tessa, y se compuso antes de continuar. "¿Qué haces aquí?" "Pensé en leerle a tu hermano por un rato," dijo Jessamine. "Todos han estado durmiendo casi todo el día, y él estaba siendo cruelmente descuidado. Sólo Sophie lo controla, y no puedes contar con ella para conversaciones decentes." "Nate está inconsciente, Jessamine; no quiere ninguna conversación." "No puedes estar segura," dijo Jessamine. "He oído que la gente puede escuchar lo que les dices hasta si están bastante inconscientes, o incluso muertos." "No está muerto tampoco." "Ciertamente no lo está." Jessamine lo miró fijamente. "Es demasiado apuesto para morir. ¿Está casado, Tessa? ¿O hay alguna muchacha en Nueva York que lo haya pretendido?" "¿A Nate?" Tessa la miró fijo. Siempre habían existido chicas, todo tipo de chicas, quienes habían mostrado interés en Nate, pero él tenía el lapso de atención de una mariposa. "Jessamine, él ni siquiera está consciente. Ahora difícilmente es el momento…" "Mejorará," anunció Jessamine. "Y cuando lo haga, él sabrá que fui yo cuidó de él hasta recobrar su salud. Los hombres siempre se enamoran de las mujeres que los ayudan a recuperarse. „Cuando el dolor y la angustia retuercen frente, / ¡Un ángel te cuidará!‟" terminó, con una sonrisa satisfecha. Al ver la expresión horrorizada de Tessa, frunció el ceño. "¿Que está mal? ¿No soy lo suficientemente buena para tu preciado hermano?" "Él no tiene nada de dinero, Jessie…" "Yo tengo dinero suficiente para ambos. Sólo necesito a alguien que me lleve lejos de este lugar. Ya te lo he dicho." "En realidad, me pediste que fuera yo quien lo hiciera." "¿Es eso lo que no puedes tolerar?" preguntó Jessamine. "Francamente, Tessa, aun podemos ser las mejores amigas una vez que seamos cuñadas, pero un hombre siempre es mejor que una mujer para este tipo de cosas, ¿no crees?" Tessa no pudo pensar en nada que decir como respuesta. Jessamine se encogió de hombros. "Charlotte desea verte, a propósito. En el salón. Quería que te lo dijera. No necesitas preocuparte por Nathaniel. He estado corroborando su temperatura cada quince minutos y poniendo compresas frías sobre su frente además."
Tessa no estaba segura de creer todo eso, pero como Jessamine estaba evidentemente sin interés en renunciar a su puesto al lado de Nathaniel, y apenas valía la pena discutir, se giró dando un suspiro de disgusto y abandonó la habitación. La puerta que daba al Salón, cuando la alcanzó, estaba ligeramente entreabierta; podía oír voces altas del otro lado. Dudó, con la mano levantada y a punto de golpear… luego escuchó decir su propio nombre y se quedó inmóvil. "Esto no es el Hospital de Londres. ¡El hermano de Tessa no debería estar aquí!" Era la voz de Will, elevada hasta casi un grito. "Él no es un Subterráneo, solo un estúpido, banal mundano quien se encontró en una situación que no pudo manejar…" Charlotte contestó, "Él no puede ser tratado por doctores mundanos. No por lo que tiene. Sé razonable, Will." "Él ya sabe sobre las reglas del Submundo." La voz pertenecía a Jem: calmada, lógica. "De hecho, puede tener bastante información importante que nosotros no conocemos. Mortmain afirmaba que Nathaniel estaba trabajando para De Quincey; puede tener información sobre sus planes, los autómatas, todo el asunto sobre el Maestro. De Quincey lo quería muerto, después de todo. Quizás era porque sabía algo que no debería." Hubo un largo silencio. Luego, "Entonces podemos llamar a los Hermanos Silenciosos de nuevo," dijo Will. "Pueden meterse en su mente, ver que pueden encontrar. No tendríamos que esperar a que él se despierte." "Sabes que ese tipo de proceso es delicado con mundanos," protestó Charlotte. "El Hermano Enoch ya ha dicho que la fiebre ha puesto al Sr. Gray a ver alucinaciones. Le es imposible ordenar lo que es verdad y lo que es delirio febril a través de la mente del chico. No sin dañar su mente, posiblemente de forma permanente." "Dudo que haya habido mucho para empezar." Tessa oyó el tono de disgusto de Will incluso a través de la puerta y sintió su estómago contraerse con ira. "No sabes nada de él." Jem habló mas fríamente de lo que Tessa había escuchado antes. "No puedo imaginar que es lo que te esta haciendo comportar de esta forma, Will, pero no te da crédito." "Yo sé lo que es," Charlotte dijo. "¿Lo sabes?" Will sonó sorprendido. "Estás tan molesto como yo de como resultaron las cosas la noche pasada. Sufrimos sólo dos muertes, es verdad, pero el escape de De Quincey no nos hace quedar bien. Fue mi plan. Yo presioné a la Enclave para realizarlo, y ahora me culparán por todo lo que salió mal. Sin mencionar que Camille ha tenido que esconderse desde que no tenemos ninguna idea donde De Quincey pueda estar, y a esta altura debe tener un precio de sangre sobre su cabeza. Y Magnus Bane, por supuesto, está furioso con nosotros porque Camille haya desparecido. Así que nuestra mejor informante y nuestro mejor brujo están fuera de nuestro alcance por el momento." "Pero sí pudimos evitar que De Quincey matara el hermano de Tessa y quien sabe a cuantos mundanos más," dijo Jem. "Eso debería contar para algo. Benedict Lightwood no quería creer en la traición de De Quincey al principio; ahora no tiene otra opción. Él sabe que estabas en lo cierto." "Eso," dijo Charlotte, "es probable que lo haga enojarse más." "Quizá," dijo Will. "Y quizá si no hubieras insistido en vincular el éxito de mi plan con la funcionalidad de uno de los ridículos inventos de Henry, no estaríamos sosteniendo esta conversación ahora. Puedes bailar alrededor de ello todo lo que quieras, pero la razón de que todo fuera mal anoche fue porque el Fósforo no funcionó. Nada de lo que Henry inventa funciona alguna vez. Si sólo admitieras que tu esposo es un tonto inútil, todos estaríamos mucho mejor." "Will." La voz de Jem contenía una fría furia. "No. James, no." La voz de Charlotte tembló; hubo una especie de ruido sordo, como si ella se hubiera sentado de repente sobre una silla. "Will," dijo ella, "Henry es un hombre bueno y amable, y él te quiere." "No te pongas sensible, Charlotte." La voz de Will sólo contenía desprecio. "Él te conoce desde que eras un niño. Se preocupa por ti como si fueras su hermano pequeño. Como yo. Todo lo que he hecho es quererte, Will…" "Si," dijo Will, "Y desearía que no lo hicieras." Charlotte hizo un sonido de dolor, como un cachorro al ser golpeado. "Sé que no lo dices en serio." "Todo lo que digo es en serio," dijo Will. "Especialmente cuando digo que estaríamos mejor si registramos la mente de Nathaniel Gray ahora mejor que después. Si eres tan sentimental para hacerlo…" Charlotte comenzó a interrumpir, pero no importó. Fue demasiado para Tessa. Abrió la puerta de un tirón y entró en la habitación. El interior del Salón estaba iluminado por un rugiente fuego, en contraste con los cuadrados de oscuro cristal gris que dejaba entrar lo que había del nublado crepúsculo. Charlotte estaba sentada detrás del amplio escritorio, Jem en una silla a su lado. Will, por otro lado, estaba apoyado en la repisa de la chimenea; estaba rojo de ira, obviamente, sus ojos brillantes, el cuello de su camisa torcido. Sus ojos se encontraron con los de Tessa en un momento de puro asombro. Cualquier esperanza que la hubiera entretenido de que él hubiera olvidado mágicamente lo que había pasado en el ático la noche pasada se desvaneció. Él se ruborizó al verla, sus insondables ojos azules oscureciéndose, y alejó su mirada, como si no pudiera soportar mantener el contacto visual. "¿Supongo que has estado espiando, entonces?" preguntó él. "¿Y ahora estas aquí para darme tu punto de vista sobre tu preciado hermano?" "Al menos tengo un punto de vista que darte, lo que Nathaniel no tendrá, si te sales con la tuya." Tessa se giró para mirar a Charlotte. "No dejaré que el Hermano Enoch vaya manoseando la mente de Nate. Ya está lo suficiente enfermo; eso probablemente lo matará." Charlotte sacudió la cabeza. Lucía agotada, su rostro gris, sus párpados caídos. Tessa se preguntó si siquiera había dormido en absoluto. "Con seguridad, dejaremos que se mejore antes de pensar en interrogarlo." "¿Y que si sigue enfermo por semanas? ¿O meses?" dijo Will. "Podríamos no disponer de tanto tiempo." "¿Por qué no? ¿Qué es tan urgente que quieres arriesgar la vida de mi hermano?" Tessa replicó. Los ojos de Will eran astillas de vidrio azul. "Lo único que te ha importado fue encontrar a tu hermano. Y ahora lo has hecho. Bien por ti. Pero ese nunca fue nuestro objetivo. Sí te das cuenta de eso ¿no? Usualmente no nos alejamos tanto de nuestro camino por el bien de un delincuente mundano." "Lo que Will está tratando de decir," Jem interrumpió, "aunque fallando en cortesía, es…" se interrumpió, y suspiró. "De Quincey dijo que tu hermano era alguien en quien había confiado. Y ahora De Quincey se ha ido, y no tenemos idea de donde se puede estar escondiendo. Las notas que encontramos en su oficina insinuaban que De Quincey creía que pronto habría una guerra entre Subterráneos y Cazadores de Sombras, una guerra en la que esas criaturas mecánicas en las que estaba trabajando figuraban sin dudar como piezas claves. Puedes ver ahora por qué le gustaría saber donde está, y que más podría saber tu hermano." "Tal vez ustedes quieran saber esas cosas," dijo Tessa, "pero no es mi lucha. No soy una Cazadora de Sombras." "Ciertamente," dijo Will. "No creas que no sabemos eso." "Cállate, Will." El tono de Charlotte sostenía más que su usual aspereza. Se volvió hacia Tessa, sus ojos marrones suplicantes. "Confiamos en ti, Tessa. Necesitas confiar en nosotros también." "No," dijo Tessa. "No, yo no." Podía sentir la mirada de Will sobre ella y súbitamente se llenó de una alarmante ira. ¿Cómo se atrevía a ser distante con ella, a estar enojado? ¿Qué había echo para merecerlo? Ella había dejado que él la besara. Eso fue todo. De alguna forma, era como si sólo eso hubiera borrado todo lo demás que ella había hecho esa noche, como si ahora que había besado a Will, ya no importara que también hubiera sido valiente. "Querían usarme… como hicieron las Hermanas Oscuras, y en el momento que se presentó la oportunidad, el momento en que Lady Belcourt apareció y necesitaron mis habilidades, quisieron que lo hiciera. ¡Sin importar cuan peligroso fuera! Se comportan como si yo tuviera alguna clase de responsabilidad a su mundo, sus leyes y sus Acuerdos, pero es su mundo, y ustedes son los destinados a regirlo. ¡No es mi culpa si están haciendo un trabajo podrido!" Tessa vio a Charlotte palidecer y sentarse. Sintió una aguda punzada en su pecho. No era Charlotte a quien había querido herir. Aun así, continuó. No pudo evitarlo, las palabras salieron en torrente, "Toda su charla sobre los Subterráneos y de como no los odian. No significa nada, ¿no? Sólo palabras. No las dicen en serio. Y en cuanto a los mundanos, ¿Han pensado alguna vez que serian mejores protegiéndolos si no los odiaran tanto?" miró a Will. Estaba pálido, sus ojos brillaban. Se veía… no estaba muy segura de poder describir su expresión. Horrorizado, pensó, pero no con ella; el horror iba mas profundo que eso. "Tessa," dijo Charlotte, pero Tessa ya estaba sobre la puerta. Se giró a último momento, en el umbral, para verlos a todos observándola fijamente. "Manténganse alejados de mi hermano," espetó. "Y no me sigan."
El enojo, pensó Tessa, era satisfactorio en su propia medida, cuando te rendías a él. Había algo peculiarmente gratificante al gritar en una ira ciega hasta quedarte sin palabras. Por supuesto, las consecuencias eran menos agradables. Una vez que les decías a todos que los odiabas y que no fueran tras de ti, ¿Dónde irías exactamente? Si volvía a su propia habitación, era lo mismo que decir que estaba teniendo un berrinche que ya pasaría. No podía ir con Nate y llevar su mal humor a su cuarto de enfermo, y andar por cualquier otro lado significaba arriesgarse a ser encontrada por Sophie o Agatha. Al final tomó las estrechas, tortuosas escaleras que conducían hacia la salida de Instituto. Se abrió paso por el lugar iluminado por luz mágica y salió a los amplios escalones de la entrada de la Iglesia, donde se hundió en el primer escalón y envolvió sus brazos sobre su cuerpo, temblando ante la inesperada y fría brisa. Seguramente debió haber llovido en algún momento durante el día, ya que los escalones de la entrada estaban húmedos, y la piedra negra del patio brillaba como un espejo. La luna había salido, lanzándose entre medio de rápidas nubes, y el enorme portón de hierro brillaba oscuramente en la luz intermitente. Somos polvo y sombras. "Sé lo que estás pensando." La voz que venía de la puerta detrás de Tessa era tan suave que casi podría haber sido parte del viento que agitaba las hojas en las ramas de los árboles. Tessa se giró. Jem estaba parado en el arco de la entrada, la blanca luz mágica detrás suyo iluminando su cabello, tanto que brillaba como metal. Su rostro, sin embargo, estaba oculto en las sombras. Sostenía su bastón en su mano derecha; los ojos del dragón brillaban vigilantes hacia Tessa. "No creo que lo sepas." "Estás pensando, si llaman a esta suciedad húmedo verano, ¿Cómo será el invierno? Te sorprenderías. El invierno es prácticamente lo mismo." Se alejó de la puerta y se sentó en el escalón al lado de Tessa, aunque no demasiado cerca. "Es la primavera la que es realmente encantadora." "¿Lo es?" dijo Tessa, sin demasiado interés real. "No. En realidad es bastante brumoso y húmedo también." La miró de costado. "Se que dijiste que no te siguiéramos. Pero más bien estaba esperando que sólo te hubieras referido a Will." "Lo hice." Tessa se giró para mirarlo. "No debí haber gritado así." "No, tenias razón en decir lo que dijiste," dijo Jem. "Nosotros los Cazadores de Sombras hemos sido de esta forma por tanto tiempo, y somos de criterio tan estrecho, que a menudo olvidamos mirar cualquier situación desde el punto de vista de otros. Es siempre sobre si algo esta bien para los Nefilim o mal para los Nefilim. A veces pienso que olvidamos preguntarnos si es bueno o malo para el mundo." "Nunca quise herir a Charlotte." "Charlotte es muy sensata sobre la forma en que se maneja el instituto. Como mujer, debe luchar para ser escuchada, e incluso así sus decisiones son cuestionadas. Escuchaste a Benedict Lightwood en la reunión de la Enclave. Ella siente que no tiene libertad para cometer errores." "¿Y la tiene alguno de nosotros? ¿Alguno de ustedes? Todo es vida o muerte para ustedes." Tessa tomó un largo suspiro de aire húmedo. Sabía a ciudad, metal y cenizas y caballos y agua de río. "Yo sólo… siento a veces como si no pudiera soportarlo. Nada de esto. Desearía nunca haberme enterado lo que soy. ¡Desearía que Nate se hubiera quedado en casa y que nada de esto hubiera pasado!" "A veces," dijo Jem, "nuestras vidas pueden cambiar tan rápido que el cambio supera nuestras mentes y corazones. Son esos momentos, creo yo, cuando nuestras vidas se han alterado pero todavía anhelamos el tiempo en que nada había cambiado… en ese momento es cuando sentimos mayor dolor. Puedo decirte, sin embargo, por experiencia, que te acostumbras. Aprendes a vivir tu nueva vida, y no puedes imaginar, o incluso recordar, como eran las cosas antes." "Estás diciendo que me acostumbraré a ser una bruja, o lo que sea que soy." "Siempre has sido lo que eres. Eso no es nuevo. A lo que te acostumbrarás es a saberlo." Tessa respiró hondo y soltó el aire lentamente. "No quise decir lo que dije arriba," dijo. "No creo que los Nefilim sean tan terribles." "Sé que no lo dijiste en serio. Si lo hubieses hecho, no estarías aquí. Estarías al lado de tu hermano, resguardándolo de nuestras horribles intenciones." "Will realmente no quiso decir lo que dijo, tampoco, ¿no?" dijo Tessa, después de un momento. "No le haría daño a Nate." "Ah." Jem miró hacia el portón, sus ojos grises pensativos. "Estás en lo cierto. Pero me sorprende que lo sepas. Yo lo sé. Pero he tenido años para entender a Will. Para saber cuando habla en serio y cuando no." "¿Así que nunca te enojas con él?" Jem rió en voz alta. "Yo no diría eso. A veces quiero estrangularlo." "¿Y cómo diablos haces para contenerte?" "Voy a mi lugar favorito de Londres," Jem dijo, "Y me quedo allí y miró al agua, y pienso sobre la continuidad de la vida, y como el río sigue avanzando, ajeno a los trastornos menores de nuestras vidas." Tessa estaba fascinada. "¿Y eso funciona?" "No realmente, pero después de eso pienso en como podría matarlo mientras duerme si realmente quisiera, y luego me siento mejor." Tessa soltó una risita. "¿Y dónde está, entonces? ¿Tu lugar favorito?" Por un momento, Jem lució pensativo. Luego se balanceó sobre sus pies, y tendió la mano que no sostenía el bastón. "Ven conmigo, y te mostraré." "¿Es lejos?" "Para nada." sonrió. Tenía una encantadora sonrisa, pensó Tessa, una contagiosa. No pudo evitar devolverle la sonrisa, por lo que se sintió como la primera vez en años. Tessa dejó que la ayudara a pararse. La mano de Jem era cálida y fuerte, sorprendentemente reconfortante. Ella miró hacia atrás al Instituto por un momento, dudó, y dejó que él la guiara a través del portón y hacia el sombrío exterior de la ciudad.
12. SANGRE Y AGUA
No siempre me atrevo a tocarla, no sea que el beso Deje mis labios carbonizados. Sí, señor, un poco de felicidad, Breve felicidad amarga, uno tiene para un gran pecado; No obstante tú sabes lo dulce que puede ser. — Algernon Charles Swinburne, "Laus Veneris"
Cuando llegaron al Instituto, Sophie y Agatha esperaban con las puertas abiertas con linternas. Tessa tropezó con cansancio cuando dejó el carruaje y se sorprendió, y agradeció, cuando Sophie llegó a ayudarla a subir los escalones. Charlotte y Henry medio cargaban a Nathaniel. Detrás de ellos el carruaje con Will y Jem se sacudió a través de las puertas, la voz de Thomas fue llevada por el frío aire nocturno cuando gritó un saludo. Para Tessa no fue sorpresa no ver a Jessamine por ninguna parte. Instalaron a Nathaniel en un dormitorio similar al de Tessa; los mismos muebles oscuros de madera, la misma cama grande y guardarropa. Cuando Charlotte y Agatha acomodaron a Nathaniel en la cama, Tessa se hundió en la silla junto a él, medio febril con preocupación y agotamiento. Voces, voces del cuarto de un enfermo, se arremolinaron a su alrededor. Escuchó a Charlotte decir algo sobre los Hermanos Silenciosos, Henry contestó en voz baja. En algún momento Sophie apareció a su lado y la instó a beber algo caliente y agridulce que le regresó lentamente la energía a sus venas. Lo suficientemente pronto para que fuera capaz de sentarse y mirar a su alrededor un poco, y darse cuenta para su sorpresa de que, a excepción de ella y su hermano, la habitación estaba vacía. Todo el mundo se había ido. Miró hacia abajo a Nathaniel. Yacía como cadáver aún, su rostro lívido, magullado; su espeso cabello estaba enredado contra las almohadas. Tessa no pudo evitar recordar con angustia al hermano hermosamente vestido de sus recuerdos, su cabello rubio siempre tan cuidadosamente peinado y arreglado, sus zapatos y puños impecables. Este Nathaniel no se parecía a alguien que había hecho girar a su hermana alrededor de la sala de estar en un baile, tarareando en voz baja por el simple placer de estar vivo.
Se inclinó hacia adelante, con la intención de mirar más de cerca su rostro, y vio un parpadeo de movimiento por el rabillo de su ojo. Girando su cabeza, vio que sólo era ella, reflejada en el espejo en la pared lejana. En el vestido de Camille, se veía a sus propios ojos como un niño jugando a disfrazarse. Era demasiado pequeña para el estilo sofisticado de Camille. Parecía una niña… una niña tonta. No era de extrañar que Will… "¿Tessie?" La voz de Nathaniel, débil y frágil, la hizo abandonar al instante sus pensamientos sobre Will. "Tessie, no me dejes. Creo que estoy enfermo." "Nate." Le tendió una mano, cogiéndola entre sus palmas enguantadas. “Estás bien. Estarás bien. Ellos han mandado por doctores…" "¿Quiénes son „ellos‟?" Su voz era un tenue grito. "¿Dónde estamos? No conozco este lugar." "Esto es el Instituto. Estarás seguro aquí." Nathaniel pestañeó. Había anillos oscuros, casi negros, alrededor de cada uno de sus ojos, y sus labios tenían costras de lo que parecía ser sangre seca. Sus ojos vagaron de un lado a otro, sin fijarse en algo. "Cazadores de Sombras." Suspiró la palabra exhalando el aliento. "No creía que realmente existieran… El Maestro," Nathaniel susurró repentinamente y los nervios del Tessa saltaron. "Dijo que eran la ley. Dijo que debían ser temidos. Pero no hay ninguna ley en este mundo. No hay ningún castigo… sólo matar o morir." Elevó su voz. "Tessie, lo siento mucho… por todo…" "El Maestro. ¿Te refieres a de Quincey?" preguntó Tessa, pero entonces Nate hizo un sonido de asfixia y miró detrás de ella con una mirada de terrible miedo. Liberando su mano, Tessa se volvió a ver lo que él estaba mirando. Charlotte había entrado en la habitación casi sin hacer ruido. Todavía llevaba puestas sus ropas de hombre, aunque llevaba un abrigo pasado de moda sobre ellas. Se veía muy pequeña, en parte porque el Hermano Enoch estaba de pie a su lado, proyectando una sombra inmensa a través del vasto suelo. Llevaba la misma túnica de pergamino de antes, aunque ahora su bastón era negro, su cabeza tallada en la forma de unas alas oscuras. Su capucha estaba subida, fundiendo su rostro en las sombras. "Tessa," dijo Charlotte. "¿Recuerdas al Hermano Enoch? Está aquí para ayudar a Nathaniel." Con un aullido animal de terror, Nate atrapó la muñeca de Tessa. Lo miró hacia abajo, desconcertada. "¿Nathaniel? ¿Qué pasa?" "De Quincey me dijo acerca de ellos," jadeó Nathaniel. "Los Gregori… Los hermanos Silenciosos. Pueden matar a un hombre con un pensamiento." Se estremeció. "Tessa." Su voz era un susurro. "Mira su cara.” Tessa miró. Mientras ella hablaba con su hermano, el Hermano Enoch había bajado silenciosamente su capucha. Los llanos fosos de sus ojos reflejaban la luz mágica, relumbrando implacablemente en las rojas cicatrices de costuras alrededor de su boca. Charlotte dio un paso hacia adelante. "El Hermano Enoch podría examinar al Sr. Gray…" "¡No!" gritó Tessa. Deshaciéndose del agarre de Nate, se puso a sí misma entre su hermano y los otros dos ocupantes de la habitación. "No lo toquen." Charlotte hizo una pausa, viéndose preocupada. "Los Hermanos Silenciosos son nuestros mejores sanadores. Sin el Hermano Enoch, Nathaniel…"su voz se apagó. "Bueno, no hay mucho que podemos hacer por él." Señorita Gray. Le tomó un momento darse cuenta de que la palabra, su nombre, no había sido pronunciado en voz alta. En su lugar, como un trocito de una canción olvidada, hizo eco dentro de su propia cabeza… pero no en la voz de sus propios pensamientos. Este pensamiento era ajeno, hostil… diferente. La voz del Hermano Enoch. Era la forma en que él le había hablado cuando él había abandonado la habitación en su primer día en el Instituto. Es interesante, Señorita Gray, continúo el Hermano Enoch, que usted es una subterránea, y su hermano no lo es ¿Cómo tales cosas vienen a pasar? Tessa se quedó inmóvil. "Usted… ¿usted puede decirlo sólo con mirarlo?" "¡Tessie!" Nathaniel se obligó a sí mismo a erguirse contra las almohadas, su rostro pálido enrojeció. "¿Qué estás haciendo, hablándole al Gregori? ¡Él es peligroso!" "Todo está bien Nate," dijo Tessa, sin apartar la vista del Hermano Enoch. Sabía que debería estar asustada, pero lo que realmente sentía era una puñalada de decepción. "¿Quiere decir que no hay nada inusual en Nate?" preguntó, en voz baja. “¿Nada sobrenatural?” Nada en absoluto, dijo el Hermano Silencioso. Tessa no se había dado cuenta de cuánto había medio esperado que su hermano fuera como ella, hasta este momento. La decepción acentuaba su voz. “Supongo que no, ya que usted sabe tanto, ¿sabe lo que soy? ¿Soy una bruja?"
No puedo decirle. Hay algo en usted que la marca como una de los Hijos de Lilith. Sin embargo, no hay señal de demonio sobre usted.
"Me di cuenta de eso," dijo Charlotte, y Tessa se dio cuenta de que ella también podía escuchar la voz del hermano Enoch. "Pensé que quizás no era una bruja. Algunos seres humanos nacen con algún pequeño poder, como la Visión. O podría tener sangre hada…" Ella no es humana. Es algo más. Voy a estudiarlo. Quizás hay algo en los archivos para guiarme. Sin ojos como estaba, el hermano Enoch parecía estar buscando en el rostro de Tessa con su mirada. Tengo la sensación de que usted tiene un poder. Un poder que ningún otro brujo tiene. "El Cambiar, quiere decir," dijo Tessa. No, no quise decir eso. "¿Entonces qué?" Tessa estaba asombrada. "¿Qué podría…?" se interrumpió ante un sonido de Nathaniel. Girando, vio que él había luchado por liberarse de las mantas y estaba mitad fuera de la cama, como si hubiera intentado levantarse; su rostro estaba sudoroso y pálido como un muerto. La culpabilidad la apuñaló. Había estado tan atrapada en lo que el Hermano Enoch había estado diciendo, que se olvidó de su hermano. Se precipitó hacia la cama, con la ayuda de Charlotte regresó a Nate a las almohadas, poniendo la manta a su alrededor. Se veía mucho peor de lo que había estado momentos antes. Cuando Tessa metió la manta a alrededor de él, éste tomó su muñeca una vez más, sus ojos salvajes. “¿Él lo sabe?” Exigió “¿Sabe en dónde estoy?” “¿De quién hablas? ¿De Quincey?” "Tessie." Exprimió su muñeca apretadamente, tirando de ella hacia abajo hasta silbar un susurro en su oído. "Tienes que perdonarme. Me dijo que serías la reina de todos ellos. Dijo que iban a matarme. No quiero morir, Tessie. No quiero morir. " "Por supuesto que no," lo calmó, pero él no parecía escucharla. Sus ojos, fijos en su rostro, se ampliaron repentinamente, y gritó. "¡Mantenlo lejos de mí! ¡Mantenlo alejado de mi!" aulló. Se impulsó, golpeando su cabeza hacia adelante y hacia atrás en las almohadas. "¡Querido Dios, no dejes que me toque!" Luchando, Tessa sacó su mano, girándose a Charlotte… pero Charlotte se había alejado de la cama, y el Hermano Enoch estaba en su lugar, su rostro sin ojos estaba inmóvil. Debe permitirme ayudar a su hermano. O probablemente morirá, dijo. "¿Qué es lo que está delirando?" exigió Tessa, miserablemente. "¿Qué pasa con él?"
Los vampiros le dieron una droga, para mantenerlo calmado mientras se alimentaban. Si no es curado, la droga lo volverá loco y luego lo matará. Ya ha comenzado a alucinar.
"¡No es culpa mía!" chilló Nathaniel. "¡No tenía ninguna elección! ¡No es culpa mía!" Volvió su rostro hacia Tessa; ella vio para su horror que sus ojos se habían vuelto completamente negros, como los ojos de un insecto. Jadeó, retrocediendo. "Ayúdenlo. Por favor, ayúdenlo." Toco la manga del Hermano Enoch, e inmediatamente lo lamentó; el brazo debajo de la manga era tan duro como el mármol, y congelado al tacto. Dejó caer la mano horrorizada, pero el Hermano Silencioso no parecía notar su presencia. Dio un paso más allá de ella, y entonces puso sus dedos cicatrizados contra la frente de Nathaniel. Nathaniel se hundió contra las almohadas, sus ojos se cerraron. Debe irse. El Hermano Enoch habló sin volverse de la cama. Su presencia sólo retrasará su curación. "Pero Nate me pidió que me quedara…" Váyase. La voz en la mente de Tessa era fría. Tessa miró a su hermano; estaba inmóvil contra las almohadas, su rostro se había relajado. Se volvió hacia Charlotte, lista para protestar, pero Charlotte encontró su mirada con una pequeña sacudida de cabeza. Sus ojos eran comprensivos, pero inflexibles. "Tan pronto como cambie la condición de tu hermano, te informaré. Lo prometo." Tessa miró al Hermano Enoch. Había abierto la bolsa en su cintura y estaba esparciendo los objetos en la mesita de noche, lenta y metódicamente. Frascos de vidrio con polvos y líquidos, manojos de plantas secas, palos de alguna sustancia negra como el carbón. "Si algo le sucede a Nate," dijo Tessa, "Nunca le perdonaré. Nunca." Era como hablar con una estatua. El hermano Enoch no le respondía con nada más que un movimiento. Tessa huyó de la habitación.
Después de la penumbra en la habitación de Nate, el brillo de los candelabros de los pasillos lastimaban los ojos de Tessa. Se apoyó contra la pared junto a la puerta, ordenándole a sus lágrimas que regresaran. Era la segunda vez en toda la noche en que casi lloraba, comenzaba a molestarse con ella misma. Apretando su mano derecha en un puño, la estrelló contra la pared detrás de ella, fuerte, enviando una onda de choque de dolor hasta su brazo. Eso despejó las lágrimas, y su cabeza. "Eso pareció doleRr"
Tessa se giró. Jem había aparecido tras ella en el pasillo, tan silencioso como un gato. Se había cambiado su equipo. Vestía oscuros pantalones sueltos atados a la cintura, y una camisa blanca sólo unos pocos tonos más claros que su piel. Su fino cabello brillante estaba húmedo, rizado contra su sien y la nuca de su cuello. "Lo hizo." Tessa acunó su mano contra su pecho. El guante que llevaba había suavizado el golpe, pero sus nudillos todavía dolían. "Tu hermano," dijo Jem. "¿Va a estar bien?" "No sé. Está allí con una de esas…esas criaturas monje." "El Hermano Enoch." Jem la miró con ojos comprensivos. "Sé cómo se ven los Hermanos Silenciosos, pero son unos doctores realmente buenos. Le atribuyen una gran importancia a la curación y a las artes medicinales. Viven mucho tiempo y saben mucho." "No parece valer la pena vivir mucho tiempo si te vas a ver así." Las esquinas de la boca de Jem temblaron. "Supongo que depende de lo que vives." La miró más de cerca. Había algo en la forma en que Jem la miraba, pensó. Como si pudiera ver dentro y a través de ella. Pero nada dentro de ella, nada que él viera o escuchara, podría molestarlo o perturbarlo o decepcionarlo. "El hermano Enoch," dijo de repente. "¿Sabes lo que dijo? Me dijo que Nate no es como yo. Es completamente humano. No tiene poderes especiales en absoluto." "¿Y eso te molesta?" "No lo sé. Por un lado no le desearía esto… esta cosa que soy… a él, ni a nadie. Pero si él no es como yo, entonces significa que él no es completamente mi hermano. Es hijo de mis padres. ¿Pero soy yo su hija?"
“No puedes preocuparte por eso. Sin duda sería maravilloso si todos supieran exactamente de dónde venimos. Pero ese conocimiento no viene de fuera, viene de adentro 'Conocerte a ti mismo' como dice el oráculo." Jem sonrió. "Mis disculpas si esto suena como sofisma47. Sólo estoy diciendo lo que he aprendido de mi propia experiencia.” “Pero no me conozco a mí misma". Tessa sacudió la cabeza. "Lo siento. Después de la forma en que luchaste contra de Quincey, debes pensar que soy una cobarde terrible, llorando porque mi hermano no es un monstruo y yo no tengo el valor de ser un monstruo por mí misma." "No eres un monstruo," dijo Jem. "O una cobarde. Por el contrario, estaba muy impresionado por la forma en que disparaste a de Quincey. Seguramente lo habrías matado si hubiera habido más balas en la pistola."
"Sí, creo que me hubiera gustado. Quería matarlos a todos." "Eso es lo que Camille nos pidió, ya sabes. Matarlos a todos. Tal vez eran sus emociones las que estabas sintiendo." "Pero Camille no tiene motivos para preocuparse por Nate, o lo que ocurre con él, y eso fue cuando me sentí más asesina. Cuando vi a Nate allí, cuando me di cuenta de lo que planeaban hacer…” tomó un estremecido aliento. “No sé cuánto de eso era yo y cuánto Camille. Y ni siquiera sé si es adecuado tener ese tipo de sentimientos…" "Quieres decir," preguntó Jem, “¿Para una chica tener esos sentimientos?" "Que cualquiera pueda tenerlos, tal vez… no sé. Tal vez me refiero a que una chica pueda tenerlos." Jem pareció mirar a través de ella entonces, como si estuviera viendo algo más allá de ella, más allá del corredor, más allá del Instituto mismo. “Lo que sea que seas físicamente," dijo, "hombre o mujer, fuerte o débil, enferma o sana… todas esas cosas importan menos que lo que contiene tu corazón. Si tienes el alma de un guerrero, eres un guerrero. Cualquiera que sea el color, la forma, el diseño de las sombras que la ocultan, la llama dentro de la lámpara sigue siendo la misma. Tú eres esa llama.” Sonrió entonces, pareciendo haber vuelto a sí mismo, un poco avergonzado. “Eso es lo que creo.” Antes de que Tessa pudiera responder, se abrió la puerta del cuarto de Nate y salió Charlotte. Respondió a la mirada interrogativa de Tessa con una inclinación de cabeza de aspecto agotado. “El Hermano Enoch ha ayudado mucho a su hermano,” dijo, “pero queda mucho por hacer, y será mañana antes de que sepamos más. Sugiero que se vaya a dormir, Tessa. Agotarse no ayudará a Nathaniel.” Con un esfuerzo de voluntad Tessa simplemente se obligó a sí misma a asentir y no lanzarse a Charlotte con un aluvión de preguntas que sabía que no obtendrían respuestas. “Y Jem,” Charlotte se dirigió a él. “¿Podría hablar contigo por un momento? ¿Quieres caminar conmigo a la biblioteca?" Jem asintió. "Por supuesto." Le sonrió a Tessa, inclinando la cabeza. "Mañana continuamos," dijo y siguió a Charlotte por el corredor. En el momento en que desaparecieron a la vuelta de la esquina, Tessa trató de abrir la puerta de la habitación de Nate. Estaba cerrada. Con un suspiro se volvió y se dirigió hacia el otro lado por el corredor. Quizás Charlotte tenía razón. Quizás debería dormir un poco. A la mitad del corredor escuchó una conmoción. Sophie, con un balde de metal en cada una de sus manos, apareció de repente en el pasillo, golpeando una puerta cerrada tras ella. "Su Alteza está de un temperamento particularmente bueno esta noche," anunció cuando Tessa se acercó. "Arrojó un balde a mi cabeza." "¿Quién?" preguntó Tessa, y entonces se dio cuenta. "Oh, te refieres a Will. ¿Está bien?" “Lo suficientemente bien para lanzar baldes,” dijo Sophie irritada. “Y me llamó por un nombre desagradable. No sé lo que significa. Creo que era francés, y eso usualmente significa que alguien te está llamando prostituta.” Apretó los labios. “Será mejor que corra y consiga a la Sra. Branwell. Tal vez ella puede hacerle tomar la cura, si yo no puedo." “¿La cura?” “Él debe beber esto,” Sophie empujó un balde hacia Tessa; Tessa no podía ver lo que había en él, pero parecía agua ordinaria. "Tiene que hacerlo. No quisiera decir lo que podrá suceder si no lo hace." Un loco impulso se arraigó en Tessa. “Haré que lo haga. ¿Dónde está?" "Arriba, en el ático.” Los ojos de Sophie se ampliaron. “Pero yo no lo haría si fuera usted, señorita. Él es francamente desagradable cuando está en este estado.” "No me importa,” dijo Tessa, tomando el balde. Sophie se lo entregó con una mirada de alivio y aprensión. Era sorprendentemente pesado, lleno hasta el borde con agua, se desbordaba. "Will Herondale necesita aprender a tomar su medicina como un hombre", añadió a Tessa, y empujó la puerta del ático, abriéndola, Sophie la miró con una expresión que claramente decía que pensaba que Tessa había perdido la cabeza. Más allá de la puerta había un estrecho tramo de escaleras hacia arriba. Sostuvo el cubo delante de ella cuando entró, éste derramó agua sobre el corpiño de su vestido, poniéndole la piel de gallina. En el momento en que llegó a la cima de la escalera, estaba mojada y sin aliento. No había ninguna puerta a la cabeza de las escaleras, terminaban abruptamente en el ático, una gran habitación cuyo techo a dos aguas era tan abrupto que daba la impresión de ser muy bajo. Las vigas justo por encima de la cabeza de Tessa recorrían la longitud de la habitación, y había bajas ventanas cuadradas puestas a intervalos en las paredes, a través de las cuales Tessa podría ver la luz del amanecer gris. El suelo era de desnudas tablas pulidas. No había mobiliario en absoluto, y no había luz más allá de la pálida iluminación que venía desde las ventanas. Un conjunto de escaleras incluso más estrechas llevaban a una trampilla cerrada en el techo.
En el centro de la habitación estaba Will, descalzo, de espaldas en el suelo. Un número de baldes lo rodeaban; y el suelo alrededor de él, vio Tessa cuando se aproximó, estaba empapado con agua. El agua corría en riachuelos por las tablas y se agrupaba en los huecos irregulares del suelo. Algo de agua estaba teñida de rojizo, como si hubiera sido mezclada con sangre.
Will tenía un brazo arrojado sobre su rostro, ocultando sus ojos. No yacía inmóvil, sino que se movía inquietamente, como si estuviera algo adolorido. Cuando Tessa se acercó, él dijo algo en voz baja, algo que sonaba como un nombre. Cecily. Pensó Tessa. Sí, sonaba mucho como si hubiera dicho el nombre Cecily. “¿Will?” dijo. “¿Con quién estás hablando? “¿Volviste Sophie?” respondió Will sin levantar la cabeza. “Te dije que si me traías otro de esos baldes infernales, yo…" “No soy Sophie,” dijo Tessa. “Soy yo. Tessa.” Por un momento Will se quedó en silencio… e inmóvil, salvo por la subida y bajada de su pecho con su respiración. Sólo llevaba un par de pantalones oscuros y una camisa blanca, al igual que el suelo a su alrededor, estaban húmedos. El tejido de su ropa se aferraba él, y su cabello negro se pegaba a su cabeza como tela húmeda. Debía estar congelándose de frío. “¿Te enviaron a ti?” dijo finalmente. Sonaba incrédulo y algo más, también. “Sí,” contestó Tessa, aunque esto no era del todo cierto. Will abrió sus ojos y giró su cabeza hacia ella. Incluso en la semioscuridad podía ver la intensidad del color de sus ojos. “Muy bien, entonces. Deja el agua y márchate.” Tessa miró hacia abajo el balde. Por alguna razón sus manos no parecían querer dejar la manija de metal. “¿Qué es, entonces? Quiero decir… ¿qué estoy trayéndote, exactamente?" “¿No te lo dijeron?” su reacción fue de sorpresa. “Es agua bendita. Para quemar lo que hay en mí." Era el turno de Tessa para parpadear. "Quieres decir…" “Sigo olvidando todo lo que no sabes,” dijo Will. “¿Recuerdas esta noche cuando mordí a De Quincey? Pues bien, tragué algo de su sangre. No mucho, pero no se necesita mucho para hacerlo." "¿Hacer qué?" “Convertirte en vampiro.” Ante eso, Tessa casi soltó el balde. “¿Te estás convirtiendo en vampiro?" Will sonrió, sosteniéndose sobre un codo. "No te alarmes indebidamente. Se requieren días para que la transformación se produzca, e incluso entonces, tendría que morir antes de que eso pasara. Lo que la sangre haría es hacerme sentir irresistiblemente atraído por los vampiros… atraído por ellos con la esperanza de que me hicieran uno de ellos. Como sus humanos subyugados.” “Y el agua bendita...” “Contrarresta los efectos de la sangre. Debo mantenerme bebiéndola. Me pone enfermo, por supuesto… me hace escupir la sangre y todo lo demás en mí. " “Buen Señor.” Tessa empujó el balde hacia él con una mueca. "Entonces supongo que es mejor dártelo.” “Supuse que lo harías.” Se sentó, y extendió sus manos para tomar el balde. Frunció el ceño al ver el contenido, a continuación, lo sostuvo en alto y lo inclinó hacia su boca. Después de tragar unas pocas bocanadas, hizo una mueca y sin contemplaciones volcó el resto sobre su cabeza. Acabado, arrojó el cubo a un lado. “¿Ayuda?” preguntó Tessa con honesta curiosidad. "¿Verterlo encima de tu cabeza?” Will hizo un ruido estrangulado que era sólo un poco de risa. "Las preguntas que haces…” sacudió su cabeza, arrojando gotitas de agua de su cabello a la ropa de Tessa. El agua había empapado el cuello y la parte frontal de su camisa blanca, volviéndola transparente. La forma en que se aferraba a él, hacía que se marcaran las líneas por debajo... las crestas de duros músculos, la marcada línea de su clavícula, las Marcas quemando como fuego negro… hicieron que Tessa pensara en la forma en que uno podría poner papel fino sobre un grabado de latón, pasando un carbón sobre éste para marcarlo. Tragó, fuerte. "La sangre me pone afiebrado, hace que mi piel queme,” siguió Will. “No puedo refrescarme. Pero, sí, el agua ayuda.” Tessa sólo lo miró. Cuando él había entrado en su habitación en la Casa Oscura, ella pensó que era el chico más bello que jamás había visto, pero justo ahora, mirándole… nunca había visto a un chico como éste, no de aquella manera, en que le subía la sangre caliente a su rostro y apretaba su pecho. Más que cualquier otra cosa quería tocarlo, tocar su pelo mojado, ver si sus brazos, hechos con músculos, eran tan duros como se veían, o si sus callosas palmas eran ásperas. Poner su mejilla contra la suya y sentir sus pestañas rozando su piel. Esas largas pestañas… “Will,” dijo, y su voz sonó tenue incluso a sus oídos. “Will, quiero preguntarte…” Él la miro. El agua había hecho que sus pestañas se aferran a una a otra, por lo que formaban puntas de estrellas. “¿Qué?”
“Actúas como si no te preocuparas por nada,” dijo exhalando el aliento. Se sentía como si hubiera estado corriendo, subiendo la cima de una colina y bajado del otro lado, y sin una parada. La gravedad la llevaba a donde tenía que ir. “Pero… todo el mundo se preocupa por algo. ¿No?” “¿Lo hacen?” Will dijo suavemente. Cuando ella no respondió, se apoyó sobre sus manos. "Tess," dijo. “Ven y siéntate a mi lado.” Lo hizo. El piso estaba frío y húmedo, pero ella se sentó, recogiendo sus faldas a su alrededor, así sólo las puntas de sus botas se mostraban. Miró a Will; estaban muy juntos, uno frente al otro. Su perfil en la luz gris era frío y limpio; sólo su boca tenía algo de suavidad. “Nunca ríes,” dijo ella. "Te comportas como si todo fuera divertido para ti, pero que nunca te ríes. A veces sonríes cuando crees que nadie está prestando atención.” Por un momento estuvo en silencio. Luego, “Tú” dijo, mitad a regañadientes. “Tú me haces reír… Desde el momento en que me golpeaste con aquella botella.” “Era una jarra,” dijo Tessa automáticamente. Sus labios se arquearon en las esquinas. “Sin mencionar la forma en que siempre me corriges. Con esa graciosa mirada en el rostro cuando lo haces. Y la forma en que le gritaste a Gabriel Lightwood. E incluso la forma en que le hablaste a De Quincey. Me hace…” se quedó en silencio, mirándola, y ella se preguntó si se veía de la manera en que se sentía… aturdida y sin respiración. “Déjame ver tus manos” dijo de repente. “¿Tessa?” Se las tendió, las palmas hacia arriba. No podía apartar la mirada de su rostro. “Todavía hay sangre,” le dijo. “En tus guantes.” Y, mirando hacia abajo, vio que era cierto. No había mirado los guantes de cuero blanco de Camille, estaban manchados de sangre y suciedad, despedazados cerca de las yemas de los dedos, donde había liberado a Nate de sus esposas. "Oh,” dijo y comenzó a mover sus manos hacia atrás, queriendo quitarse los guantes, pero Will sólo dejó ir su mano izquierda. Continuó sujetando la derecha, ligeramente, por su muñeca. Vio que llevaba un anillo plateado en su dedo índice derecho, tallado con un delicado diseño de aves en vuelo. Tenía la cabeza inclinada, su húmedo cabello negro caía hacia adelante; ella no podía ver su rostro. Él pasó sus dedos ligeramente sobre la superficie del guante. Había cuatro botones color perla que lo cerraban a la altura de la muñeca, y cuando pasó sus yemas sobre ellos, se abrieron y la almohadilla de su pulgar acarició la piel desnuda de su muñeca, donde las venas azules pulsaban. Ella casi saltó fuera de su piel. "Will." “Tessa,” respondió. “¿Qué quieres de mí?” Él todavía seguía acariciando el interior de su muñeca, haciendo extrañas cosas deliciosas a su piel y nervios. Su voz se sacudió cuando habló. “Yo… quiero entenderte.” Él la miró a través de sus pestañas. “¿Es realmente necesario?” “No lo sé,” dijo Tessa. “No estoy segura de que alguien pueda entenderte, excepto posiblemente Jem." "Jem no me entiende,” dijo Will. “Se preocupa por mí… como puede un hermano. No es la misma cosa." "¿No quieres que él te entienda?” “Por Dios, no,” dijo. "¿Por qué debería saber mis razones para vivir mi vida como lo hago?” “Tal vez,” dijo Tessa, “él simplemente quiere saber que hay una razón.” “¿Importa?” dijo Will suavemente, y con un movimiento rápido, deslizó su guante totalmente fuera de su mano. El aire frío de la habitación golpeó la piel desnuda de sus dedos con un choque, y un escalofrío pasó por el cuerpo entero de Tessa, como si se hubiera encontrado a sí misma repentinamente desnuda en el frío. “¿Acaso las razones importan cuando no hay nada que se pueda hacer para cambiar las cosas?” Tessa buscó una respuesta y no encontró ninguna. Estaba temblando, casi demasiado fuerte como para hablar. “¿Tienes frío?” Acordonó sus dedos con la suyos, tomó su mano y lo presionó a su mejilla. Ella se sobresaltó por el calor febril de su piel. "Tess," dijo, su voz era espesa y suave con el deseo, y ella se inclinó hacia él, balanceándose como un árbol cuyas ramas estaban cargadas de nieve. Su cuerpo entero sufría; ella sufría, como si hubiera un terrible hueco vacío dentro de ella. Era más consciente de Will, de lo que nunca había sido por algo o alguien más en su vida, del débil brillo azul por debajo de sus párpados medios cerrados, de la sombra del ligero rastrojo a través de su mandíbula donde él no se había afeitado, de las débiles cicatrices blancas que punteaban la piel de sus hombros y garganta… y más que nada de su boca, la forma creciente de ésta, el leve hundimiento en el centro de su labio inferior. Cuando él se inclinó hacia ella y barrió sus labios a través de los suyos, ella se estiró como si de otra forma pudiera ahogarse. Por un momento sus bocas se presionaron juntas acaloradamente, la mano libre de Will enredada en su cabello.
Tessa jadeó cuando sus brazos la rodearon, sus faldas se engancharon en el suelo cuando él la puso fuertemente contra él. Ella puso sus manos ligeramente alrededor de su cuello; su piel ardía caliente al tacto. A través del fino material húmedo de su camisa, ella podía sentir los músculos de sus hombros, duros y suaves. Los dedos de él encontraron el broche de cabello enjoyado, tiró de él y su cabello se esparció alrededor de sus hombros, el peine traqueteó por el suelo y Tessa dio un pequeño grito de sorpresa contra su boca. Y entonces, sin previo aviso, él arrancó sus manos de ella y la empujó fuertemente por los hombros, la empujó lejos de él con tal fuerza, que Tessa casi cayó hacia atrás, se detuvo a sí misma torpemente, apoyando sus manos en el suelo detrás de ella. Se sentó con el cabello colgando a su alrededor como una cortina enredada, lo miró fijamente con asombro. Will estaba sobre sus rodillas, su pecho se movía hacia arriba y abajo como si hubiera estado corriendo increíblemente rápido y muy lejos. Estaba pálido, excepto por las dos manchas de color rojo de sus mejillas. “Santo Dios,” susurró. "¿Qué fue eso?" Tessa sintió que sus mejillas se volvían escarlata. ¿Acaso no era Will quien se suponía que sabía exactamente que fue eso, y no era ella la que se suponía debía haberlo alejado? “No puedo hacerlo,” sus manos se cerraron en puños a sus lados; ella podía verlas temblando. "Tessa, creo que es mejor que te marches.” “¿Marcharme?” su mente giró; se sentía como si hubiera estado en un lugar cálido y seguro y sin previo aviso hubiera sido arrojada a congelada y vacía oscuridad. "Yo… no debí haber ido tan deprisa. Lo siento…" Una mirada de dolor intenso destelló a través de su rostro. "Dios. Tessa." Las palabras parecían arrastrarse fuera de él. “Por favor. Márchate. No puedo tenerte aquí. Es….no es posible”. “Will, por favor…” “No.” Él alejó la mirada de la suya, evitando su rostro, sus ojos estaban fijos en el piso. “Te diré lo que quieras saber mañana. Cualquier cosa. Sólo déjame en paz ahora.” Su voz se quebró de forma desigual. "Tessa. Te lo ruego. ¿Entiendes? Te lo estoy rogando. Por favor, por favor, márchate.” “Muy bien,” contestó Tessa, y vio con una mezcla de asombro y dolor que las líneas de tensión desaparecán de sus hombros. ¿Era en gran medida un horror tenerla allí, y un gran alivio que se fuera? Se puso de pie, su vestido estaba húmedo, frío y pesado, sus pies casi resbalaban en el piso mojado. Will no se movió, o miró hacia arriba, sino que permaneció en su lugar sobre sus rodillas, mirando al suelo cuando Tessa se hizo camino a través de la habitación y por las escaleras, sin mirar hacia atrás.
Poco tiempo después, en su habitación medio iluminada con el resplandor pálido del amanecer Londres, Tessa se tendió sobre la cama, demasiado cansada para cambiarse la ropa de Camille… demasiado cansada, incluso para dormir. Había sido un día de muchas primeras veces. La primera vez que había utilizado su poder a su antojo y discreción, y se había sentido bien con ello. La primera vez que había disparado una pistola. Y… la única primera vez que había soñado durante años… su primer beso. Tessa dio la vuelta, hundiendo su cara en la almohada. Durante tantos años se había preguntado cómo sería su primer beso… si sería con alguien guapo, si él la querría, si sería amable. Nunca había imaginado que su primer beso sería tan breve, desesperado y salvaje. O que sabría a agua bendita. Agua bendita y sangre.
Cuando llegaron al Instituto, Sophie y Agatha esperaban con las puertas abiertas con linternas. Tessa tropezó con cansancio cuando dejó el carruaje y se sorprendió, y agradeció, cuando Sophie llegó a ayudarla a subir los escalones. Charlotte y Henry medio cargaban a Nathaniel. Detrás de ellos el carruaje con Will y Jem se sacudió a través de las puertas, la voz de Thomas fue llevada por el frío aire nocturno cuando gritó un saludo. Para Tessa no fue sorpresa no ver a Jessamine por ninguna parte. Instalaron a Nathaniel en un dormitorio similar al de Tessa; los mismos muebles oscuros de madera, la misma cama grande y guardarropa. Cuando Charlotte y Agatha acomodaron a Nathaniel en la cama, Tessa se hundió en la silla junto a él, medio febril con preocupación y agotamiento. Voces, voces del cuarto de un enfermo, se arremolinaron a su alrededor. Escuchó a Charlotte decir algo sobre los Hermanos Silenciosos, Henry contestó en voz baja. En algún momento Sophie apareció a su lado y la instó a beber algo caliente y agridulce que le regresó lentamente la energía a sus venas. Lo suficientemente pronto para que fuera capaz de sentarse y mirar a su alrededor un poco, y darse cuenta para su sorpresa de que, a excepción de ella y su hermano, la habitación estaba vacía. Todo el mundo se había ido. Miró hacia abajo a Nathaniel. Yacía como cadáver aún, su rostro lívido, magullado; su espeso cabello estaba enredado contra las almohadas. Tessa no pudo evitar recordar con angustia al hermano hermosamente vestido de sus recuerdos, su cabello rubio siempre tan cuidadosamente peinado y arreglado, sus zapatos y puños impecables. Este Nathaniel no se parecía a alguien que había hecho girar a su hermana alrededor de la sala de estar en un baile, tarareando en voz baja por el simple placer de estar vivo.
Se inclinó hacia adelante, con la intención de mirar más de cerca su rostro, y vio un parpadeo de movimiento por el rabillo de su ojo. Girando su cabeza, vio que sólo era ella, reflejada en el espejo en la pared lejana. En el vestido de Camille, se veía a sus propios ojos como un niño jugando a disfrazarse. Era demasiado pequeña para el estilo sofisticado de Camille. Parecía una niña… una niña tonta. No era de extrañar que Will… "¿Tessie?" La voz de Nathaniel, débil y frágil, la hizo abandonar al instante sus pensamientos sobre Will. "Tessie, no me dejes. Creo que estoy enfermo." "Nate." Le tendió una mano, cogiéndola entre sus palmas enguantadas. “Estás bien. Estarás bien. Ellos han mandado por doctores…" "¿Quiénes son „ellos‟?" Su voz era un tenue grito. "¿Dónde estamos? No conozco este lugar." "Esto es el Instituto. Estarás seguro aquí." Nathaniel pestañeó. Había anillos oscuros, casi negros, alrededor de cada uno de sus ojos, y sus labios tenían costras de lo que parecía ser sangre seca. Sus ojos vagaron de un lado a otro, sin fijarse en algo. "Cazadores de Sombras." Suspiró la palabra exhalando el aliento. "No creía que realmente existieran… El Maestro," Nathaniel susurró repentinamente y los nervios del Tessa saltaron. "Dijo que eran la ley. Dijo que debían ser temidos. Pero no hay ninguna ley en este mundo. No hay ningún castigo… sólo matar o morir." Elevó su voz. "Tessie, lo siento mucho… por todo…" "El Maestro. ¿Te refieres a de Quincey?" preguntó Tessa, pero entonces Nate hizo un sonido de asfixia y miró detrás de ella con una mirada de terrible miedo. Liberando su mano, Tessa se volvió a ver lo que él estaba mirando. Charlotte había entrado en la habitación casi sin hacer ruido. Todavía llevaba puestas sus ropas de hombre, aunque llevaba un abrigo pasado de moda sobre ellas. Se veía muy pequeña, en parte porque el Hermano Enoch estaba de pie a su lado, proyectando una sombra inmensa a través del vasto suelo. Llevaba la misma túnica de pergamino de antes, aunque ahora su bastón era negro, su cabeza tallada en la forma de unas alas oscuras. Su capucha estaba subida, fundiendo su rostro en las sombras. "Tessa," dijo Charlotte. "¿Recuerdas al Hermano Enoch? Está aquí para ayudar a Nathaniel." Con un aullido animal de terror, Nate atrapó la muñeca de Tessa. Lo miró hacia abajo, desconcertada. "¿Nathaniel? ¿Qué pasa?" "De Quincey me dijo acerca de ellos," jadeó Nathaniel. "Los Gregori… Los hermanos Silenciosos. Pueden matar a un hombre con un pensamiento." Se estremeció. "Tessa." Su voz era un susurro. "Mira su cara.” Tessa miró. Mientras ella hablaba con su hermano, el Hermano Enoch había bajado silenciosamente su capucha. Los llanos fosos de sus ojos reflejaban la luz mágica, relumbrando implacablemente en las rojas cicatrices de costuras alrededor de su boca. Charlotte dio un paso hacia adelante. "El Hermano Enoch podría examinar al Sr. Gray…" "¡No!" gritó Tessa. Deshaciéndose del agarre de Nate, se puso a sí misma entre su hermano y los otros dos ocupantes de la habitación. "No lo toquen." Charlotte hizo una pausa, viéndose preocupada. "Los Hermanos Silenciosos son nuestros mejores sanadores. Sin el Hermano Enoch, Nathaniel…"su voz se apagó. "Bueno, no hay mucho que podemos hacer por él." Señorita Gray. Le tomó un momento darse cuenta de que la palabra, su nombre, no había sido pronunciado en voz alta. En su lugar, como un trocito de una canción olvidada, hizo eco dentro de su propia cabeza… pero no en la voz de sus propios pensamientos. Este pensamiento era ajeno, hostil… diferente. La voz del Hermano Enoch. Era la forma en que él le había hablado cuando él había abandonado la habitación en su primer día en el Instituto. Es interesante, Señorita Gray, continúo el Hermano Enoch, que usted es una subterránea, y su hermano no lo es ¿Cómo tales cosas vienen a pasar? Tessa se quedó inmóvil. "Usted… ¿usted puede decirlo sólo con mirarlo?" "¡Tessie!" Nathaniel se obligó a sí mismo a erguirse contra las almohadas, su rostro pálido enrojeció. "¿Qué estás haciendo, hablándole al Gregori? ¡Él es peligroso!" "Todo está bien Nate," dijo Tessa, sin apartar la vista del Hermano Enoch. Sabía que debería estar asustada, pero lo que realmente sentía era una puñalada de decepción. "¿Quiere decir que no hay nada inusual en Nate?" preguntó, en voz baja. “¿Nada sobrenatural?” Nada en absoluto, dijo el Hermano Silencioso. Tessa no se había dado cuenta de cuánto había medio esperado que su hermano fuera como ella, hasta este momento. La decepción acentuaba su voz. “Supongo que no, ya que usted sabe tanto, ¿sabe lo que soy? ¿Soy una bruja?"
No puedo decirle. Hay algo en usted que la marca como una de los Hijos de Lilith. Sin embargo, no hay señal de demonio sobre usted.
"Me di cuenta de eso," dijo Charlotte, y Tessa se dio cuenta de que ella también podía escuchar la voz del hermano Enoch. "Pensé que quizás no era una bruja. Algunos seres humanos nacen con algún pequeño poder, como la Visión. O podría tener sangre hada…" Ella no es humana. Es algo más. Voy a estudiarlo. Quizás hay algo en los archivos para guiarme. Sin ojos como estaba, el hermano Enoch parecía estar buscando en el rostro de Tessa con su mirada. Tengo la sensación de que usted tiene un poder. Un poder que ningún otro brujo tiene. "El Cambiar, quiere decir," dijo Tessa. No, no quise decir eso. "¿Entonces qué?" Tessa estaba asombrada. "¿Qué podría…?" se interrumpió ante un sonido de Nathaniel. Girando, vio que él había luchado por liberarse de las mantas y estaba mitad fuera de la cama, como si hubiera intentado levantarse; su rostro estaba sudoroso y pálido como un muerto. La culpabilidad la apuñaló. Había estado tan atrapada en lo que el Hermano Enoch había estado diciendo, que se olvidó de su hermano. Se precipitó hacia la cama, con la ayuda de Charlotte regresó a Nate a las almohadas, poniendo la manta a su alrededor. Se veía mucho peor de lo que había estado momentos antes. Cuando Tessa metió la manta a alrededor de él, éste tomó su muñeca una vez más, sus ojos salvajes. “¿Él lo sabe?” Exigió “¿Sabe en dónde estoy?” “¿De quién hablas? ¿De Quincey?” "Tessie." Exprimió su muñeca apretadamente, tirando de ella hacia abajo hasta silbar un susurro en su oído. "Tienes que perdonarme. Me dijo que serías la reina de todos ellos. Dijo que iban a matarme. No quiero morir, Tessie. No quiero morir. " "Por supuesto que no," lo calmó, pero él no parecía escucharla. Sus ojos, fijos en su rostro, se ampliaron repentinamente, y gritó. "¡Mantenlo lejos de mí! ¡Mantenlo alejado de mi!" aulló. Se impulsó, golpeando su cabeza hacia adelante y hacia atrás en las almohadas. "¡Querido Dios, no dejes que me toque!" Luchando, Tessa sacó su mano, girándose a Charlotte… pero Charlotte se había alejado de la cama, y el Hermano Enoch estaba en su lugar, su rostro sin ojos estaba inmóvil. Debe permitirme ayudar a su hermano. O probablemente morirá, dijo. "¿Qué es lo que está delirando?" exigió Tessa, miserablemente. "¿Qué pasa con él?"
Los vampiros le dieron una droga, para mantenerlo calmado mientras se alimentaban. Si no es curado, la droga lo volverá loco y luego lo matará. Ya ha comenzado a alucinar.
"¡No es culpa mía!" chilló Nathaniel. "¡No tenía ninguna elección! ¡No es culpa mía!" Volvió su rostro hacia Tessa; ella vio para su horror que sus ojos se habían vuelto completamente negros, como los ojos de un insecto. Jadeó, retrocediendo. "Ayúdenlo. Por favor, ayúdenlo." Toco la manga del Hermano Enoch, e inmediatamente lo lamentó; el brazo debajo de la manga era tan duro como el mármol, y congelado al tacto. Dejó caer la mano horrorizada, pero el Hermano Silencioso no parecía notar su presencia. Dio un paso más allá de ella, y entonces puso sus dedos cicatrizados contra la frente de Nathaniel. Nathaniel se hundió contra las almohadas, sus ojos se cerraron. Debe irse. El Hermano Enoch habló sin volverse de la cama. Su presencia sólo retrasará su curación. "Pero Nate me pidió que me quedara…" Váyase. La voz en la mente de Tessa era fría. Tessa miró a su hermano; estaba inmóvil contra las almohadas, su rostro se había relajado. Se volvió hacia Charlotte, lista para protestar, pero Charlotte encontró su mirada con una pequeña sacudida de cabeza. Sus ojos eran comprensivos, pero inflexibles. "Tan pronto como cambie la condición de tu hermano, te informaré. Lo prometo." Tessa miró al Hermano Enoch. Había abierto la bolsa en su cintura y estaba esparciendo los objetos en la mesita de noche, lenta y metódicamente. Frascos de vidrio con polvos y líquidos, manojos de plantas secas, palos de alguna sustancia negra como el carbón. "Si algo le sucede a Nate," dijo Tessa, "Nunca le perdonaré. Nunca." Era como hablar con una estatua. El hermano Enoch no le respondía con nada más que un movimiento. Tessa huyó de la habitación.
Después de la penumbra en la habitación de Nate, el brillo de los candelabros de los pasillos lastimaban los ojos de Tessa. Se apoyó contra la pared junto a la puerta, ordenándole a sus lágrimas que regresaran. Era la segunda vez en toda la noche en que casi lloraba, comenzaba a molestarse con ella misma. Apretando su mano derecha en un puño, la estrelló contra la pared detrás de ella, fuerte, enviando una onda de choque de dolor hasta su brazo. Eso despejó las lágrimas, y su cabeza. "Eso pareció doleRr"
Tessa se giró. Jem había aparecido tras ella en el pasillo, tan silencioso como un gato. Se había cambiado su equipo. Vestía oscuros pantalones sueltos atados a la cintura, y una camisa blanca sólo unos pocos tonos más claros que su piel. Su fino cabello brillante estaba húmedo, rizado contra su sien y la nuca de su cuello. "Lo hizo." Tessa acunó su mano contra su pecho. El guante que llevaba había suavizado el golpe, pero sus nudillos todavía dolían. "Tu hermano," dijo Jem. "¿Va a estar bien?" "No sé. Está allí con una de esas…esas criaturas monje." "El Hermano Enoch." Jem la miró con ojos comprensivos. "Sé cómo se ven los Hermanos Silenciosos, pero son unos doctores realmente buenos. Le atribuyen una gran importancia a la curación y a las artes medicinales. Viven mucho tiempo y saben mucho." "No parece valer la pena vivir mucho tiempo si te vas a ver así." Las esquinas de la boca de Jem temblaron. "Supongo que depende de lo que vives." La miró más de cerca. Había algo en la forma en que Jem la miraba, pensó. Como si pudiera ver dentro y a través de ella. Pero nada dentro de ella, nada que él viera o escuchara, podría molestarlo o perturbarlo o decepcionarlo. "El hermano Enoch," dijo de repente. "¿Sabes lo que dijo? Me dijo que Nate no es como yo. Es completamente humano. No tiene poderes especiales en absoluto." "¿Y eso te molesta?" "No lo sé. Por un lado no le desearía esto… esta cosa que soy… a él, ni a nadie. Pero si él no es como yo, entonces significa que él no es completamente mi hermano. Es hijo de mis padres. ¿Pero soy yo su hija?"
“No puedes preocuparte por eso. Sin duda sería maravilloso si todos supieran exactamente de dónde venimos. Pero ese conocimiento no viene de fuera, viene de adentro 'Conocerte a ti mismo' como dice el oráculo." Jem sonrió. "Mis disculpas si esto suena como sofisma47. Sólo estoy diciendo lo que he aprendido de mi propia experiencia.” “Pero no me conozco a mí misma". Tessa sacudió la cabeza. "Lo siento. Después de la forma en que luchaste contra de Quincey, debes pensar que soy una cobarde terrible, llorando porque mi hermano no es un monstruo y yo no tengo el valor de ser un monstruo por mí misma." "No eres un monstruo," dijo Jem. "O una cobarde. Por el contrario, estaba muy impresionado por la forma en que disparaste a de Quincey. Seguramente lo habrías matado si hubiera habido más balas en la pistola."
"Sí, creo que me hubiera gustado. Quería matarlos a todos." "Eso es lo que Camille nos pidió, ya sabes. Matarlos a todos. Tal vez eran sus emociones las que estabas sintiendo." "Pero Camille no tiene motivos para preocuparse por Nate, o lo que ocurre con él, y eso fue cuando me sentí más asesina. Cuando vi a Nate allí, cuando me di cuenta de lo que planeaban hacer…” tomó un estremecido aliento. “No sé cuánto de eso era yo y cuánto Camille. Y ni siquiera sé si es adecuado tener ese tipo de sentimientos…" "Quieres decir," preguntó Jem, “¿Para una chica tener esos sentimientos?" "Que cualquiera pueda tenerlos, tal vez… no sé. Tal vez me refiero a que una chica pueda tenerlos." Jem pareció mirar a través de ella entonces, como si estuviera viendo algo más allá de ella, más allá del corredor, más allá del Instituto mismo. “Lo que sea que seas físicamente," dijo, "hombre o mujer, fuerte o débil, enferma o sana… todas esas cosas importan menos que lo que contiene tu corazón. Si tienes el alma de un guerrero, eres un guerrero. Cualquiera que sea el color, la forma, el diseño de las sombras que la ocultan, la llama dentro de la lámpara sigue siendo la misma. Tú eres esa llama.” Sonrió entonces, pareciendo haber vuelto a sí mismo, un poco avergonzado. “Eso es lo que creo.” Antes de que Tessa pudiera responder, se abrió la puerta del cuarto de Nate y salió Charlotte. Respondió a la mirada interrogativa de Tessa con una inclinación de cabeza de aspecto agotado. “El Hermano Enoch ha ayudado mucho a su hermano,” dijo, “pero queda mucho por hacer, y será mañana antes de que sepamos más. Sugiero que se vaya a dormir, Tessa. Agotarse no ayudará a Nathaniel.” Con un esfuerzo de voluntad Tessa simplemente se obligó a sí misma a asentir y no lanzarse a Charlotte con un aluvión de preguntas que sabía que no obtendrían respuestas. “Y Jem,” Charlotte se dirigió a él. “¿Podría hablar contigo por un momento? ¿Quieres caminar conmigo a la biblioteca?" Jem asintió. "Por supuesto." Le sonrió a Tessa, inclinando la cabeza. "Mañana continuamos," dijo y siguió a Charlotte por el corredor. En el momento en que desaparecieron a la vuelta de la esquina, Tessa trató de abrir la puerta de la habitación de Nate. Estaba cerrada. Con un suspiro se volvió y se dirigió hacia el otro lado por el corredor. Quizás Charlotte tenía razón. Quizás debería dormir un poco. A la mitad del corredor escuchó una conmoción. Sophie, con un balde de metal en cada una de sus manos, apareció de repente en el pasillo, golpeando una puerta cerrada tras ella. "Su Alteza está de un temperamento particularmente bueno esta noche," anunció cuando Tessa se acercó. "Arrojó un balde a mi cabeza." "¿Quién?" preguntó Tessa, y entonces se dio cuenta. "Oh, te refieres a Will. ¿Está bien?" “Lo suficientemente bien para lanzar baldes,” dijo Sophie irritada. “Y me llamó por un nombre desagradable. No sé lo que significa. Creo que era francés, y eso usualmente significa que alguien te está llamando prostituta.” Apretó los labios. “Será mejor que corra y consiga a la Sra. Branwell. Tal vez ella puede hacerle tomar la cura, si yo no puedo." “¿La cura?” “Él debe beber esto,” Sophie empujó un balde hacia Tessa; Tessa no podía ver lo que había en él, pero parecía agua ordinaria. "Tiene que hacerlo. No quisiera decir lo que podrá suceder si no lo hace." Un loco impulso se arraigó en Tessa. “Haré que lo haga. ¿Dónde está?" "Arriba, en el ático.” Los ojos de Sophie se ampliaron. “Pero yo no lo haría si fuera usted, señorita. Él es francamente desagradable cuando está en este estado.” "No me importa,” dijo Tessa, tomando el balde. Sophie se lo entregó con una mirada de alivio y aprensión. Era sorprendentemente pesado, lleno hasta el borde con agua, se desbordaba. "Will Herondale necesita aprender a tomar su medicina como un hombre", añadió a Tessa, y empujó la puerta del ático, abriéndola, Sophie la miró con una expresión que claramente decía que pensaba que Tessa había perdido la cabeza. Más allá de la puerta había un estrecho tramo de escaleras hacia arriba. Sostuvo el cubo delante de ella cuando entró, éste derramó agua sobre el corpiño de su vestido, poniéndole la piel de gallina. En el momento en que llegó a la cima de la escalera, estaba mojada y sin aliento. No había ninguna puerta a la cabeza de las escaleras, terminaban abruptamente en el ático, una gran habitación cuyo techo a dos aguas era tan abrupto que daba la impresión de ser muy bajo. Las vigas justo por encima de la cabeza de Tessa recorrían la longitud de la habitación, y había bajas ventanas cuadradas puestas a intervalos en las paredes, a través de las cuales Tessa podría ver la luz del amanecer gris. El suelo era de desnudas tablas pulidas. No había mobiliario en absoluto, y no había luz más allá de la pálida iluminación que venía desde las ventanas. Un conjunto de escaleras incluso más estrechas llevaban a una trampilla cerrada en el techo.
En el centro de la habitación estaba Will, descalzo, de espaldas en el suelo. Un número de baldes lo rodeaban; y el suelo alrededor de él, vio Tessa cuando se aproximó, estaba empapado con agua. El agua corría en riachuelos por las tablas y se agrupaba en los huecos irregulares del suelo. Algo de agua estaba teñida de rojizo, como si hubiera sido mezclada con sangre.
Will tenía un brazo arrojado sobre su rostro, ocultando sus ojos. No yacía inmóvil, sino que se movía inquietamente, como si estuviera algo adolorido. Cuando Tessa se acercó, él dijo algo en voz baja, algo que sonaba como un nombre. Cecily. Pensó Tessa. Sí, sonaba mucho como si hubiera dicho el nombre Cecily. “¿Will?” dijo. “¿Con quién estás hablando? “¿Volviste Sophie?” respondió Will sin levantar la cabeza. “Te dije que si me traías otro de esos baldes infernales, yo…" “No soy Sophie,” dijo Tessa. “Soy yo. Tessa.” Por un momento Will se quedó en silencio… e inmóvil, salvo por la subida y bajada de su pecho con su respiración. Sólo llevaba un par de pantalones oscuros y una camisa blanca, al igual que el suelo a su alrededor, estaban húmedos. El tejido de su ropa se aferraba él, y su cabello negro se pegaba a su cabeza como tela húmeda. Debía estar congelándose de frío. “¿Te enviaron a ti?” dijo finalmente. Sonaba incrédulo y algo más, también. “Sí,” contestó Tessa, aunque esto no era del todo cierto. Will abrió sus ojos y giró su cabeza hacia ella. Incluso en la semioscuridad podía ver la intensidad del color de sus ojos. “Muy bien, entonces. Deja el agua y márchate.” Tessa miró hacia abajo el balde. Por alguna razón sus manos no parecían querer dejar la manija de metal. “¿Qué es, entonces? Quiero decir… ¿qué estoy trayéndote, exactamente?" “¿No te lo dijeron?” su reacción fue de sorpresa. “Es agua bendita. Para quemar lo que hay en mí." Era el turno de Tessa para parpadear. "Quieres decir…" “Sigo olvidando todo lo que no sabes,” dijo Will. “¿Recuerdas esta noche cuando mordí a De Quincey? Pues bien, tragué algo de su sangre. No mucho, pero no se necesita mucho para hacerlo." "¿Hacer qué?" “Convertirte en vampiro.” Ante eso, Tessa casi soltó el balde. “¿Te estás convirtiendo en vampiro?" Will sonrió, sosteniéndose sobre un codo. "No te alarmes indebidamente. Se requieren días para que la transformación se produzca, e incluso entonces, tendría que morir antes de que eso pasara. Lo que la sangre haría es hacerme sentir irresistiblemente atraído por los vampiros… atraído por ellos con la esperanza de que me hicieran uno de ellos. Como sus humanos subyugados.” “Y el agua bendita...” “Contrarresta los efectos de la sangre. Debo mantenerme bebiéndola. Me pone enfermo, por supuesto… me hace escupir la sangre y todo lo demás en mí. " “Buen Señor.” Tessa empujó el balde hacia él con una mueca. "Entonces supongo que es mejor dártelo.” “Supuse que lo harías.” Se sentó, y extendió sus manos para tomar el balde. Frunció el ceño al ver el contenido, a continuación, lo sostuvo en alto y lo inclinó hacia su boca. Después de tragar unas pocas bocanadas, hizo una mueca y sin contemplaciones volcó el resto sobre su cabeza. Acabado, arrojó el cubo a un lado. “¿Ayuda?” preguntó Tessa con honesta curiosidad. "¿Verterlo encima de tu cabeza?” Will hizo un ruido estrangulado que era sólo un poco de risa. "Las preguntas que haces…” sacudió su cabeza, arrojando gotitas de agua de su cabello a la ropa de Tessa. El agua había empapado el cuello y la parte frontal de su camisa blanca, volviéndola transparente. La forma en que se aferraba a él, hacía que se marcaran las líneas por debajo... las crestas de duros músculos, la marcada línea de su clavícula, las Marcas quemando como fuego negro… hicieron que Tessa pensara en la forma en que uno podría poner papel fino sobre un grabado de latón, pasando un carbón sobre éste para marcarlo. Tragó, fuerte. "La sangre me pone afiebrado, hace que mi piel queme,” siguió Will. “No puedo refrescarme. Pero, sí, el agua ayuda.” Tessa sólo lo miró. Cuando él había entrado en su habitación en la Casa Oscura, ella pensó que era el chico más bello que jamás había visto, pero justo ahora, mirándole… nunca había visto a un chico como éste, no de aquella manera, en que le subía la sangre caliente a su rostro y apretaba su pecho. Más que cualquier otra cosa quería tocarlo, tocar su pelo mojado, ver si sus brazos, hechos con músculos, eran tan duros como se veían, o si sus callosas palmas eran ásperas. Poner su mejilla contra la suya y sentir sus pestañas rozando su piel. Esas largas pestañas… “Will,” dijo, y su voz sonó tenue incluso a sus oídos. “Will, quiero preguntarte…” Él la miro. El agua había hecho que sus pestañas se aferran a una a otra, por lo que formaban puntas de estrellas. “¿Qué?”
“Actúas como si no te preocuparas por nada,” dijo exhalando el aliento. Se sentía como si hubiera estado corriendo, subiendo la cima de una colina y bajado del otro lado, y sin una parada. La gravedad la llevaba a donde tenía que ir. “Pero… todo el mundo se preocupa por algo. ¿No?” “¿Lo hacen?” Will dijo suavemente. Cuando ella no respondió, se apoyó sobre sus manos. "Tess," dijo. “Ven y siéntate a mi lado.” Lo hizo. El piso estaba frío y húmedo, pero ella se sentó, recogiendo sus faldas a su alrededor, así sólo las puntas de sus botas se mostraban. Miró a Will; estaban muy juntos, uno frente al otro. Su perfil en la luz gris era frío y limpio; sólo su boca tenía algo de suavidad. “Nunca ríes,” dijo ella. "Te comportas como si todo fuera divertido para ti, pero que nunca te ríes. A veces sonríes cuando crees que nadie está prestando atención.” Por un momento estuvo en silencio. Luego, “Tú” dijo, mitad a regañadientes. “Tú me haces reír… Desde el momento en que me golpeaste con aquella botella.” “Era una jarra,” dijo Tessa automáticamente. Sus labios se arquearon en las esquinas. “Sin mencionar la forma en que siempre me corriges. Con esa graciosa mirada en el rostro cuando lo haces. Y la forma en que le gritaste a Gabriel Lightwood. E incluso la forma en que le hablaste a De Quincey. Me hace…” se quedó en silencio, mirándola, y ella se preguntó si se veía de la manera en que se sentía… aturdida y sin respiración. “Déjame ver tus manos” dijo de repente. “¿Tessa?” Se las tendió, las palmas hacia arriba. No podía apartar la mirada de su rostro. “Todavía hay sangre,” le dijo. “En tus guantes.” Y, mirando hacia abajo, vio que era cierto. No había mirado los guantes de cuero blanco de Camille, estaban manchados de sangre y suciedad, despedazados cerca de las yemas de los dedos, donde había liberado a Nate de sus esposas. "Oh,” dijo y comenzó a mover sus manos hacia atrás, queriendo quitarse los guantes, pero Will sólo dejó ir su mano izquierda. Continuó sujetando la derecha, ligeramente, por su muñeca. Vio que llevaba un anillo plateado en su dedo índice derecho, tallado con un delicado diseño de aves en vuelo. Tenía la cabeza inclinada, su húmedo cabello negro caía hacia adelante; ella no podía ver su rostro. Él pasó sus dedos ligeramente sobre la superficie del guante. Había cuatro botones color perla que lo cerraban a la altura de la muñeca, y cuando pasó sus yemas sobre ellos, se abrieron y la almohadilla de su pulgar acarició la piel desnuda de su muñeca, donde las venas azules pulsaban. Ella casi saltó fuera de su piel. "Will." “Tessa,” respondió. “¿Qué quieres de mí?” Él todavía seguía acariciando el interior de su muñeca, haciendo extrañas cosas deliciosas a su piel y nervios. Su voz se sacudió cuando habló. “Yo… quiero entenderte.” Él la miró a través de sus pestañas. “¿Es realmente necesario?” “No lo sé,” dijo Tessa. “No estoy segura de que alguien pueda entenderte, excepto posiblemente Jem." "Jem no me entiende,” dijo Will. “Se preocupa por mí… como puede un hermano. No es la misma cosa." "¿No quieres que él te entienda?” “Por Dios, no,” dijo. "¿Por qué debería saber mis razones para vivir mi vida como lo hago?” “Tal vez,” dijo Tessa, “él simplemente quiere saber que hay una razón.” “¿Importa?” dijo Will suavemente, y con un movimiento rápido, deslizó su guante totalmente fuera de su mano. El aire frío de la habitación golpeó la piel desnuda de sus dedos con un choque, y un escalofrío pasó por el cuerpo entero de Tessa, como si se hubiera encontrado a sí misma repentinamente desnuda en el frío. “¿Acaso las razones importan cuando no hay nada que se pueda hacer para cambiar las cosas?” Tessa buscó una respuesta y no encontró ninguna. Estaba temblando, casi demasiado fuerte como para hablar. “¿Tienes frío?” Acordonó sus dedos con la suyos, tomó su mano y lo presionó a su mejilla. Ella se sobresaltó por el calor febril de su piel. "Tess," dijo, su voz era espesa y suave con el deseo, y ella se inclinó hacia él, balanceándose como un árbol cuyas ramas estaban cargadas de nieve. Su cuerpo entero sufría; ella sufría, como si hubiera un terrible hueco vacío dentro de ella. Era más consciente de Will, de lo que nunca había sido por algo o alguien más en su vida, del débil brillo azul por debajo de sus párpados medios cerrados, de la sombra del ligero rastrojo a través de su mandíbula donde él no se había afeitado, de las débiles cicatrices blancas que punteaban la piel de sus hombros y garganta… y más que nada de su boca, la forma creciente de ésta, el leve hundimiento en el centro de su labio inferior. Cuando él se inclinó hacia ella y barrió sus labios a través de los suyos, ella se estiró como si de otra forma pudiera ahogarse. Por un momento sus bocas se presionaron juntas acaloradamente, la mano libre de Will enredada en su cabello.
Tessa jadeó cuando sus brazos la rodearon, sus faldas se engancharon en el suelo cuando él la puso fuertemente contra él. Ella puso sus manos ligeramente alrededor de su cuello; su piel ardía caliente al tacto. A través del fino material húmedo de su camisa, ella podía sentir los músculos de sus hombros, duros y suaves. Los dedos de él encontraron el broche de cabello enjoyado, tiró de él y su cabello se esparció alrededor de sus hombros, el peine traqueteó por el suelo y Tessa dio un pequeño grito de sorpresa contra su boca. Y entonces, sin previo aviso, él arrancó sus manos de ella y la empujó fuertemente por los hombros, la empujó lejos de él con tal fuerza, que Tessa casi cayó hacia atrás, se detuvo a sí misma torpemente, apoyando sus manos en el suelo detrás de ella. Se sentó con el cabello colgando a su alrededor como una cortina enredada, lo miró fijamente con asombro. Will estaba sobre sus rodillas, su pecho se movía hacia arriba y abajo como si hubiera estado corriendo increíblemente rápido y muy lejos. Estaba pálido, excepto por las dos manchas de color rojo de sus mejillas. “Santo Dios,” susurró. "¿Qué fue eso?" Tessa sintió que sus mejillas se volvían escarlata. ¿Acaso no era Will quien se suponía que sabía exactamente que fue eso, y no era ella la que se suponía debía haberlo alejado? “No puedo hacerlo,” sus manos se cerraron en puños a sus lados; ella podía verlas temblando. "Tessa, creo que es mejor que te marches.” “¿Marcharme?” su mente giró; se sentía como si hubiera estado en un lugar cálido y seguro y sin previo aviso hubiera sido arrojada a congelada y vacía oscuridad. "Yo… no debí haber ido tan deprisa. Lo siento…" Una mirada de dolor intenso destelló a través de su rostro. "Dios. Tessa." Las palabras parecían arrastrarse fuera de él. “Por favor. Márchate. No puedo tenerte aquí. Es….no es posible”. “Will, por favor…” “No.” Él alejó la mirada de la suya, evitando su rostro, sus ojos estaban fijos en el piso. “Te diré lo que quieras saber mañana. Cualquier cosa. Sólo déjame en paz ahora.” Su voz se quebró de forma desigual. "Tessa. Te lo ruego. ¿Entiendes? Te lo estoy rogando. Por favor, por favor, márchate.” “Muy bien,” contestó Tessa, y vio con una mezcla de asombro y dolor que las líneas de tensión desaparecán de sus hombros. ¿Era en gran medida un horror tenerla allí, y un gran alivio que se fuera? Se puso de pie, su vestido estaba húmedo, frío y pesado, sus pies casi resbalaban en el piso mojado. Will no se movió, o miró hacia arriba, sino que permaneció en su lugar sobre sus rodillas, mirando al suelo cuando Tessa se hizo camino a través de la habitación y por las escaleras, sin mirar hacia atrás.
Poco tiempo después, en su habitación medio iluminada con el resplandor pálido del amanecer Londres, Tessa se tendió sobre la cama, demasiado cansada para cambiarse la ropa de Camille… demasiado cansada, incluso para dormir. Había sido un día de muchas primeras veces. La primera vez que había utilizado su poder a su antojo y discreción, y se había sentido bien con ello. La primera vez que había disparado una pistola. Y… la única primera vez que había soñado durante años… su primer beso. Tessa dio la vuelta, hundiendo su cara en la almohada. Durante tantos años se había preguntado cómo sería su primer beso… si sería con alguien guapo, si él la querría, si sería amable. Nunca había imaginado que su primer beso sería tan breve, desesperado y salvaje. O que sabría a agua bendita. Agua bendita y sangre.
martes, 25 de febrero de 2014
11. POCO SON ANGELES
Todos somos hombres, en nuestra propia naturaleza frágil, y capacidad de nuestra carne; pocos son ángeles. —Shakespeare, Rey Enrique VIII Tessa gritó.
No un grito humano, sino un grito de vampiro. Apenas reconoció el sonido que salió de su propia garganta, sonaba como un cristal rompiéndose. Sólo después se dio cuenta de que estaba gritando palabras. Había pensado que estaba gritando el nombre de su hermano, pero no lo hacía. “¡Will!” gritaba. “¡Will ahora, hazlo ahora!” Un jadeo se extendió por toda la sala. Docenas de caras blancas se giraron hacia Tessa. Su grito había traspasado la sed de sangre. De Quincey estaba paralizado en el escenario; incluso Nathaniel la estaba mirando fijamente, aturdido, como si se estuviera preguntando si sus gritos eran sólo una alucinación a causa de su agonía. Will, con su dedo en el botón del Fósforo, dudó. Sus ojos encontraron los de Tessa a través de la habitación. Fue sólo durante un segundo, pero De Quincey vio sus miradas. Como si pudiera leerlas, el aspecto de su cara cambió, y movió su brazo para señalar directamente a Will. “El chico,” escupió. “¡Párenlo!” Will apartó su mirada de la de Tessa. Los vampiros ya estaban levantándose, dirigiéndose hacia él, sus ojos brillando con rabia y hambre. Will miró más allá de ellos, a De Quincey, quien estaba observando a Will con furia. No había miedo en el rostro de Will cuando sus ojos se encontraron con los del vampiro; sin vacilación y sin sorpresa. “No soy un chico,” dijo. “Soy un Nefilim.” Y apretó el botón Tessa se abrazó a si misma preparándose para una llama de blanca luz mágica. Pero en lugar de eso, hubo un gran sonido de explosión cuando las llamas de los candelabros se dispararon hacia el techo. Las chispas volaron, dispersándose por el suelo como brasas, prendiendo las cortinas y las faldas de los vestidos de las mujeres. Repentinamente la habitación estaba llena de ondulante humo negro y chillidos altos, agudos y horribles. Tessa perdió de vista a Will. Trató de avanzar, pero Magnus, casi había olvidado que estaba allí, la cogió firmemente por la muñeca. “Señorita Gray, no,” dijo, y cuando ella respondió tirando más fuerte, añadió, “Señorita Gray, ¡ahora es un vampiro! Si el fuego la alcanza, arderá como astillas de madera…” Para ilustrar su argumento, en el momento en el que una chispa extraviada aterrizó en lo alto de la peluca de Lady Delilah, estalló en llamas. Con un grito intentó arrancársela de la cabeza, pero en cuanto sus manos entraron en contacto con las llamas, éstas también fueron alcanzadas por el fuego, como si estuvieran hechas de papel en lugar de piel. En menos de un segundo sus dos brazos estaban ardiendo cual antorchas. Aullando, corrió hacia la puerta, pero el fuego era más rápido que ella. En unos segundos, una hoguera bramaba donde ella estaba situada. Tessa sólo pudo ver el contorno de una criatura negra chillando dentro de ella. “¿Ve a lo que me refiero?” gritó Magnus en la oreja de Tessa, luchando por ser oído por encima de los aullidos de los vampiros, que estaban yendo hacia ellos, intentando evitar las llamas. “¡Déjeme!” chilló Tessa. De Quincey había saltado al tumulto; Nathaniel estaba desplomado en el escenario, aparentemente inconsciente, sujeto a la silla por unas esposas. “Ese de allá es mi hermano. ¡Mi hermano!” Magnus la miró. Aprovechándose de su confusión, Tessa liberó su brazo y empezó a correr hacia el escenario. La habitación era un caos: vampiros corriendo por todos lados, muchos de ellos en estampida hacia la salida. Los vampiros que habían alcanzado la puerta estaban embistiendo y empujando para atravesarla primero; otros habían cambiado de dirección e iban hacia las puertas acristaladas que daban al jardín. Tessa giró para evitar una silla caída, y casi corrió de cabeza contra la vampira pelirroja con el vestido azul que antes la había fulminado con la mirada. Ahora parecía aterrorizada. Se arrojó hacia Tessa…y después pareció tropezar. Su boca se abrió para soltar un grito y sólo vertió sangre como en una fuente. Su cara se arrugó, plegándose en sí misma, la carne se volvió polvo y llovió desde su cráneo. Su pelo rojo se consumió y se volvió gris; la piel de sus brazos se derritió y se convirtió en polvo también, y con un último chillido, la vampira cayó en una pila de huesos y arenilla que yacían encima de un vestido de satín vacío.
Tessa se atragantó, apartó sus ojos de los restos y vio a Will. Estaba de pie justo delante de ella, sosteniendo un largo cuchillo de plata; la hoja estaba cubierta de sangre escarlata. Su rostro también estaba ensangrentado, y sus ojos se salían de sus órbitas. “¿Pero qué demonios sigues haciendo aquí?” le gritó a Tessa. “Eres increíblemente estúpida...” Tessa escuchó el ruido antes de que Will lo hiciera, un leve gimoteo, como una pieza de maquinaria rota. El chico de chaqueta gris, el sirviente humano del que Lady Delilah se había alimentado antes, estaba corriendo hacia Will, los gemidos salían de su garganta, y su cara estaba empapada de lágrimas y sangre. Llevaba la pata de una silla en una mano; el borde estaba roto y era afilado. “¡Cuidado, Will!” gritó Tessa, y Will se giró. Tessa vio como se movía rápidamente, como una mancha oscura, y el cuchillo que estaba en su mano parecía un rayo plateado entre el humo oscuro. Para cuando paró de moverse, el chico yacía en el suelo, la hoja sobresaliendo de su pecho. La sangre manó alrededor de éste, más espesa y oscura que la sangre vampírica. Will, miraba hacia abajo, y estaba pálido. “Pensé que…” “Él te hubiera matado si pudiera,” dijo Tessa. “No sabes nada de ello,” dijo Will. Sacudió su cabeza una vez, como para olvidar su voz o la visión del chico en el suelo. El subyugado parecía muy joven, su retorcida cara más suave en la muerte. “Te dije que te fueras…” “Ese es mi hermano,” dijo Tessa, señalando el fondo de la habitación. Nathaniel seguía inconsciente, lacio en sus esposas. Si no fuera por la sangre que seguía fluyendo de la herida de su cuello, habría pensado que estaba muerto. “Nathaniel. En la silla.” Los ojos de Will se hicieron más grandes por el asombro. “¿Pero cómo…?” empezó. No tuvo la oportunidad de terminar su pregunta. En ese momento, el sonido de cristal rompiéndose llenó la habitación. Las ventanas acristaladas se rompieron hacia dentro, y la habitación estuvo repentinamente rebosaba de Cazadores de Sombras vestidos con su oscuro uniforme de lucha. Estaban conduciendo delante de ellos a un estridente y desordenado grupo de vampiros que habían huido al jardín. Mientras Tessa miraba, más Cazadores de Sombras comenzaron a desbordarse de las otras puertas, reuniendo vampiros enfrente de ellos, como perros pastoreando ovejas a un corral. De Quincey se tambaleó delante de los otros vampiros, su cara pálida cubierta por ceniza negra, sus dientes al descubierto.
Tessa vio a Henry entre los Nefilim, fácilmente reconocible por su pelo rojo. Charlotte también estaba allí, vestida como un hombre con el oscuro equipamiento, tal y como las mujeres dibujadas en el libro de Teresa sobre los Cazadores de Sombras. Se veía pequeña y determinada e increíblemente valiente. Y luego estaba Jem. Su ropa le hacía parecer, sorprendentemente, incluso más pálido, y las Marcas negras en su piel destacaban como tinta en papel. Entre la multitud reconoció a Gabriel Lightwood; a su padre, Benedict; la delgada Señora Highsmith, con su pelo negro; y detrás de todos se encontraba Magnus, con chispas azules volando de sus manos. Will exhaló, un poco de color volvió a su cara. “No estaba del todo seguro de que vinieran,” murmuró, “no con el Fósforo funcionando mal.” Apartó sus ojos de sus amigos y miró a Tessa. “Ve a atender a tu hermano,” dijo. “Eso te apartará de lo peor. Espero.” Se dio la vuelta y se fue sin mirarla de nuevo. Los Nefilim habían acorralado a los vampiros restantes, aquellos que no habían muerto por el fuego, o por Will, en el centro de un improvisado círculo de Cazadores de Sombras. De Quincey se elevó entre el grupo, su pálido rostro torcido por la rabia; su camiseta empapada de sangre, la suya propia o la de alguien más, no estaba segura. Los otros vampiros se escondían detrás suyo, como hijos detrás de su padre, viéndose valientes y angustiados al mismo tiempo. “La Ley,” gruñó de Quincey, mientras Benedict Lightwood iba hacia él, un cuchillo brillante en su mano derecha, su superficie llena de runas negras. “La Ley nos protege. Nos rendimos a ti. La Ley…” “Has roto la Ley,” gruñó Benedict. “Por lo tanto ya no tienes su protección. La sentencia es la muerte.” “Un mundano,” dijo de Quincey mientras miraba a Nathaniel. “Un mundano que también ha roto la Ley de la Alianza…” “La Ley no se extiende hacia los mundanos. No se puede esperar que sigan las leyes de un mundo que desconocen.” “No vale nada,” dijo de Quincey. “No tienes ni idea de lo poco que vale. ¿De verdad deseas romper nuestra alianza por un mundano que no vale la pena?” “¡Es más que un mundano!” chilló Charlotte, y de su chaqueta sacó el papel que Will había sacado de la biblioteca. Tessa no había visto que Will se lo pasara a Charlotte, pero debería de haberlo hecho antes. “¿Y qué pasa con estos hechizos? ¿Creíste que no los descubriríamos? ¡Esta… esta magia negra está absolutamente prohibida!” La cara de De Quincey lo traicionó y mostró un poco de su sorpresa. “¿Dónde han encontrado eso?” La boca de Charlotte era una dura línea. “Eso no importa.” “Lo que estén pensando…” empezó de Quincey. “¡Sabemos lo suficiente!” la voz de Charlotte estaba llena de pasión. “¡Sabemos que nos odia y nos desprecia! ¡Sabemos que su alianza con nosotros ha sido una farsa!” “¿Ahora es contra la Ley de la Alianza que a los Submundos no nos gusten los Cazadores de Sombras?” dijo de Quincey, pero la mofa se había ido de su voz. Sonaba enfadado. “No juegue con nosotros,” escupió Benedict. “Después de todo lo que hicimos por ustedes, pasamos los Acuerdos a la Ley… ¿Por qué? Intentamos hacerlos iguales a nosotros…” La cara de De Quincey se retorció. “¿Iguales? ¡No saben lo que significa esa palabra! No pueden dejar sus convicciones, ni su creencia en su inherente superioridad. ¿Dónde están nuestros escaños en el Consejo? ¿Dónde está nuestro embajador en Idris?” “Pero eso… eso es ridículo,” dijo Charlotte, aunque se había calmado. Benedict le lanzó a Charlotte una mirada impaciente. “E irrelevante. Nada de eso excusa tu comportamiento, de Quincey. Mientras te sentabas en consejo con nosotros, pretendiendo que estaba interesado en la paz, a nuestras espaldas rompías la Ley y te burlabas de nuestro poder. Ríndete, dinos lo que queremos saber, y quizás dejemos que tu clan sobreviva. De otra manera, no habrá piedad.” Otro vampiro habló. Era uno de los hombres que habían atado a Nathaniel a la silla, un gran hombre pelirrojo con cara enfadada. “¡Si necesitábamos una prueba más de que los Nefilim nunca han querido decir sus promesas de paz, aquí está! ¡Atrévanse a atacarnos, Cazadores de Sombras, y tendrán una guerra en sus manos!” Benedict simplemente sonrió. “Entonces dejemos que la guerra empiece aquí,” dijo, y arrojó el cuchillo a de Quincey. Azotó a través del aire… y se clavó profundamente en el pecho del vampiro pelirrojo, que se había puesto enfrente del líder de su clan. Explotó en una lluvia de sangre mientras los demás vampiros chillaban. Con un aullido, de Quincey se dirigió hacia Benedict. Los otros vampiros parecieron despertarse de su estupor y rápidamente le siguieron. En apenas unos segundos la habitación era un tumulto de gritos y caos.
El caos repentino descongeló también a Tessa. Cogiéndose la falda, corrió por el escenario, y se dejó caer en sus rodillas al lado de la silla de Nathaniel. Su cabeza colgada a un lado, sus ojos cerrados. La sangre de la herida de su cuello fluía en un lento goteo. Tessa tiró de su manga. “Nate,” susurró. “Nate, soy yo. Él gimió, pero no dio otra respuesta. Mordiéndose el labio, Tessa fue a ocuparse de las esposas que le sujetaban las muñecas a la silla. Eran de hierro duro, reforzadas a los sólidos brazos de la silla con una hilera de clavos, claramente diseñadas para resistir incluso fuerza vampírica. Tiró de ellas hasta que sus dedos sangraron, pero no cedieron. Si sólo tuviera uno de los cuchillos de Will… Miró a través de la habitación. Aún estaba oscura por el humo. Entre los remolinos de negrura, podía ver los brillantes destellos de armas, los Cazadores de sombras blandiendo las brillantes dagas blancas que Tessa ahora sabía que eran llamados cuchillos serafín, cada uno resplandeciendo en vida por el nombre de un ángel. La sangre de los vampiros corría por los bordes de los cuchillos, tan brillante como una dispersión de rubíes. Se dio cuenta, con un golpe de sorpresa (debido a que los vampiros la habían aterrorizado en un principio), que los vampiros aquí estaban claramente superados. Aunque los Hijos de la Noche eran agresivos y rápidos, los Cazadores de Sombras eran casi tan rápidos como ellos, y tenían armas y entrenamiento de su lado. Vampiro tras vampiro caía bajo las embestidas de los cuchillos serafín. La sangre corría a mares por el suelo, empapando los bordes de las alfombras persas. El humo se aclaró en un punto, y Tessa vio a Charlotte despachando a un corpulento vampiro en una chaqueta gris de etiqueta. Hizo un tajo con la hoja de su cuchillo en la garganta de él, y la sangre salpicó en la pared detrás de ellos. Cayó en sus rodillas, gruñendo, y Charlotte acabó con él con una puñalada de su hoja hacia su pecho. Una mancha de movimiento surgió detrás de Charlotte; era Will, seguido por un vampiro de ojos enloquecidos blandiendo una pistola de plata. La dirigió a Will, apuntó, y disparó. Will se quitó del camino y patinó por el suelo sangriento. Se puso en pie rodando, y saltó sobre una silla aterciopelada. Esquivando otro disparo, saltó de nuevo y Tessa lo observó con asombro mientras corría ligeramente por los respaldos de una fila de sillas, bajándose de un salto de la última de ellas. Se giró para enfrentar al vampiro, ahora a una cierta distancia a través de la habitación. De alguna manera, un pequeño cuchillo destelló en su mano, a pesar de que Tessa no lo había visto sacarlo. Él lo lanzó. El vampiro se movió a un lado, pero no fue lo suficientemente rápido; el cuchillo se clavó en su hombro. Rugió por el dolor e iba a sacarse el cuchillo cuando una delgada y oscura sombra apareció de la nada. Hubo un centelleo plateado, y el vampiro estalló en una lluvia de sangre y polvo. Cuando el lío se aclaró, Tessa vio a Jem, con un largo cuchillo aún alzado en su puño. Estaba sonriendo, pero no a ella; pateó con fuerza la pistola plateada, ahora yaciendo abandonada entre los restos del vampiro, que se deslizó por el suelo, dirigiéndose a los pies de Will. Will asintió a Jem devolviéndole la sonrisa, cogió la pistola del suelo y la puso en su cinturón. “¡Will!” lo llamó Tessa, aunque no estaba segura si la podía escuchar por encima del estrépito. “Will…”
Algo la agarró por atrás del vestido y la arrastró arriba y hacia atrás. Era como estar atrapado en los talones de un pájaro enorme. Tessa gritó una vez, y se halló arrojada hacia delante, resbalando por el suelo. Chocó contra la pila de sillas. Éstas se desplomaron en una masa ensordecedora y Tessa, tumbada en el desorden, miró hacia arriba con un grito de dolor. De Quincey estaba delante de ella. Sus ojos negros eran salvajes, teñidos de rojo; su pelo blanco caía enmarañado sobre su cara, y su camiseta estaba rasgada por la parte delantera, los bordes de la rotura empapados con sangre. Debió haber sido cortado, aunque no lo suficientemente profundo para matarlo, y había sanado. La piel de debajo de la camiseta rota parecía no tener marca ahora. “Zorra,” le gruñó a Tessa. “Zorra mentirosa y traidora. Tú trajiste a ese chico aquí, Camille. A ese Nefilim.” Tessa se revolvió hacia atrás; su espalda golpeó el muro de sillas caídas. “Te di la bienvenida de vuelta al clan, incluso después de tu pequeño interludio asqueroso con el licántropo. Tolero a ese brujo ridículo tuyo. Y así es cómo me lo pagas. Nos lo pagas.” Sostuvo en alto sus manos hacia ella; estaban surcadas con ceniza negra. “Mira esto,” dijo. “El polvo de nuestra gente muerta. Vampiros muertos. Y tú los has traicionado por los Nefilim.” Escupió la palabra como si fuera veneno. Algo surgió de la garganta de Tessa. Risa. No su risa; la de Camille. “¿„Asqueroso interludio‟?” las palabras salieron de la boca de Tessa antes de que pudiera frenarlas. Era como si no tuviera control de lo que estaba diciendo. “Yo lo amé, como tú nunca me amaste, como tú nunca has amado nada. Y lo mataste sólo para mostrarle al clan que podías hacerlo. Quiero que sepas lo que es perder todo lo que te importa. Quiero que sepas, mientras que tu casa se quema, tu clan se convierte en cenizas y tu miserable vida se acaba, que soy yo quien te está haciendo esto.” Y la voz de Camille se fue tan rápido como había venido, dejando a Tessa sintiéndose agotada y en estado de shock. Aunque eso no le impidió que usara sus manos, detrás suyo, para escarbar entre las sillas quebradas. Seguramente tenía que haber algo, alguna pieza rota que pudiera usar como arma. De Quincey la estaba mirando conmocionado, su boca abierta. Tessa imaginó que nunca nadie le había hablado de ese modo. Ciertamente ningún otro vampiro. “Quizás,” dijo él. “Quizás te he subestimado. Quizás me destruyas.” Avanzó hacia ella, sus manos extendidas para alcanzarla. “Pero te llevaré conmigo…”
Los dedos de Tessa se cerraron alrededor de la pata de una silla; sin siquiera pensarlo, levantó la silla y la estrelló en la espalda de De Quincey. Se sintió exaltada cuando él gritó y se tambaleó hacia atrás. Gateó por el suelo mientras el vampiro se irguió, y le volvió a lanzar la silla. Esta vez, una parte del brazo de la silla que estaba cortado y áspero le alcanzó la cara, abriendo un gran corte rojo. Sus labios se curvaron detrás de sus dientes en un gruñido silencioso, y brincó, no había otra palabra para ello. Era como el brinco silencioso de un gato. Golpeó a Tessa contra el suelo, aterrizando encima de ella y quitándole la silla de su mano. Arremetió a su garganta, con los dientes al descubierto, y ella arañó con las garras de sus manos la cara de él. La sangre que goteaba sobre ella parecía quemar, como ácido. Gritó y le pegó más fuerte, pero él sólo se río; sus pupilas habían desaparecido en el negro de sus ojos y lucía enteramente inhumano, como un tipo de serpiente predatoria y monstruosa. Él atrapó sus muñecas, apretándolas, y las forzó a ambos lados de ella, fuertemente contra el suelo. “Camille,” dijo, inclinándose hacia ella, su voz pastosa. “Quédate quieta, pequeña Camille. Acabará en unos momentos…” Lanzó su cabeza hacia atrás como una temible cobra. Aterrorizada, Tessa luchó por liberar sus piernas atrapadas, procurando patearlo, patearlo lo más fuerte que pudiera... Él chilló. Chilló y se retorció, y Tessa vio que había una mano cogiéndolo por el pelo, jalando su cabeza hacia arriba y atrás, llevándolo al suelo. Una mano llena de tinta con Marcas negras y arremolinadas. La mano de Will. De Quincey estaba siendo arrastrado mientras gritaba a sus pies, sus manos asegurando su cabeza. Tessa se esforzó para ponerse de pie, mirando fijamente, mientras Will lanzaba al aullante vampiro desdeñosamente lejos de él. Will ya no estaba sonriendo, pero sus ojos estaban resplandeciendo, y Tessa pudo ver por qué Magnus había descrito su color como el cielo del Infierno. “Nefilim.” De Quincey titubeó, enderezándose, y escupió a los pies de Will. Will sacó la pistola de su cinturón y la apuntó hacia De Quincey. “Una de las propias abominaciones del Diablo, ¿no lo eres? Ni siquiera te mereces vivir en este mundo con el resto de nosotros y aún así, cuando te dejamos hacerlo por piedad, arrojas nuestro regalo en nuestras caras.” “Como si necesitáramos su piedad,” replicó De Quincey. “Como si pudiéramos ser siempre menos que ustedes. Ustedes los Nefilim, pensando que son…” Se detuvo bruscamente. Estaba tan manchado de suciedad que era difícil verlo, pero parecía que el corte en su cara ya se había curado. “¿Somos qué?” Will ladeó la pistola; el clic sonó alto incluso por encima del ruido de la batalla. “Dilo.” Los ojos del vampiro ardieron. “¿Qué diga qué? “„Dios,‟” dijo Will. “Ibas a decirme que los Nefilim actuamos como si fuéramos Dios, ¿no? Excepto que ni siquiera puedes decir la palabra. Búrlate de la Biblia todo lo que quieras con tu pequeña colección, aún no puedes decirlo.” El dedo en el gatillo del revólver estaba blanco. “Dilo. Dilo, y te dejaré vivir.”
El vampiro mostró sus dientes. “No puedes matarme con ese…ese estúpido juguete humano.” “Si la bala atraviesa tu corazón,” dijo Will, su objetivo firme, “morirás. Y tengo una puntería muy buena.” Tessa estaba en pie, congelada, observando el cuadro que estaba delante de ella. Quería caminar hacia atrás, ir por Nathaniel, pero tenía miedo de moverse. De Quincey levantó su cabeza. Abrió su boca. Un fino crujido salió cuando intentó hablar, tratando de formar una palabra que su alma no le dejaría decir. Jadeó otra vez, se ahogó, y puso una mano en su garganta. Will empezó a reírse… Y el vampiro saltó. Su cara deformada en una máscara de rabia y dolor, se lanzó hacia Will con un rugido. Hubo una imagen borrosa de movimiento. Luego, el révolver se disparó y hubo un rocío de sangre. Will golpeó el suelo, la pistola escapándose de su agarre, y el vampiro encima de él. Tessa se arrastró para recuperar la pistola, la cogió y se giró para ver que De Quincey había agarrado a Will por la espalda, su antebrazo apretado contra la garganta de Will. Ella alzó la pistola, su mano temblando, pero nunca había usado una pistola antes, nunca había disparado a nada, y ¿cómo dispararle al vampiro sin dañar a Will? Will estaba claramente ahogándose, su cara bañada en sangre. De Quincey gruñó algo y fortaleció su agarre… Y Will, agachando su cabeza, hundió sus dientes en el antebrazo del vampiro. De Quincey chilló y apartó su brazo; Will se arrojó hacia un lado, dio una arcada, y se puso de rodillas para escupir sangre al escenario. Cuando miró hacia arriba, la brillante sangre roja estaba manchando la parte inferior de su rostro. Sus dientes también brillaban en rojo cuando él…Tessa no lo podía creer, sonrió, sonrió de verdad, y mirando a De Quincey, dijo, “¿Qué te parece, vampiro? Ibas a morder a ese mundano antes. Ahora sabes cómo se siente, ¿no es así?” De Quincey, de rodillas, miró fijamente de Will hasta el desagradable agujero rojo en su propio brazo, el cual ya había empezado a cerrarse, aunque la sangre oscura seguía brotando finamente. “Por eso,” dijo, “morirás, Nefilim.” Will extendió sus brazos abiertamente. De rodillas, sonriendo como un demonio, y la sangre goteando de su boca, apenas parecía humano. “Ven y atrápame.” De Quincey se recuperó para saltar…y Tessa apretó el gatillo. La pistola rebotó en su mano, fuertemente, y el vampiro cayó de lado, la sangre chorreando de su hombro. No le había dado en el corazón. Maldición. Aullando, De Quincey comenzó a esforzarse para ponerse de pie. Tessa alzó su brazo, apretó el gatillo de nuevo…nada. Un débil clic le indicó que la pistola estaba vacía. De Quincey se rió. Aún estaba aferrando su hombro, aunque el flujo de sangre se había convertido en un pequeño chorro. “Camille,” escupió a Tessa. “Volveré por ti. Haré que te arrepientas de haber renacido.” Tessa sintió un escalofrío en la boca del estómago, no sólo su miedo. También el de Camille. De Quincey enseñó sus dientes una última vez y se volteó con increíble velocidad. Corrió a través de la habitación y se lanzó hacia una ventana de cristal en lo alto. Se rompió hacia fuera en una explosión de cristales, llevándolo como si su cuerpo hubiese sido arrastrado por una ola, desvaneciéndose en la noche. Will soltó una maldición. “No podemos perderlo…,” empezó, y se dirigió hacia delante. Entonces se volteó mientras Tessa gritaba. Un vampiro andrajoso se había alzado detrás suyo como un fantasma apareciendo en el aire, y la había agarrado por los hombros. Intentó liberarse, pero su agarre era demasiado fuerte. Podía oírlo murmurando en su oído horribles palabras sobre cómo era una traidora para los Hijos de la Noche, y cómo la desgarraría con sus dientes. “Tessa,” gritó Will, y no estaba segura si él sonaba enfadado u otra cosa. Buscó las relucientes armas de su cinturón. Su mano se cerró sobre la empuñadura de un chuchillo serafín, justo cuando el vampiro giró a Tessa. Ella pudo echar un vistazo a su cara blanca y maliciosa, los colmillos afuera y llenos de sangre, dispuestos a rasgarla. El vampiro se inclinó hacia delante… Y explotó en una lluvia de polvo y sangre. Se disolvió, la carne derritiéndose de su cara y manos, y Tessa pudo ver por un momento el esqueleto negro, anteriormente bajo él, desmoronándose, dejando una pila vacía de ropa atrás. Ropa, y un brillante cuchillo de plata. Ella alzó la vista. Jem se encontraba a unos pocos pasos, luciendo muy pálido. Sostenía el cuchillo en su mano izquierda; la derecha estaba vacía. Había un largo corte en una de sus mejillas, pero parecía no tener otra herida. Su cabello y sus ojos destellaban brutalmente plateados en la luz de las llamas en extinción. “Creo,” dijo él, “que ese era el último de ellos.” Sorprendida, Tessa echó un vistazo a la habitación. El caos había disminuido. Los Cazadores de Sombras se movían de un lado a otro entre los escombros; algunos estaban sentados en sillas, siendo atendidos y curados por las estelas de otros…pero no podía ver a ningún vampiro. El humo del incendio también había cesado, aunque las cenizas blancas de las cortinas en llamas todavía flotaban por la habitación como una nieve inesperada. Will, con sangre aún goteando de su barbilla, miró a Jem con sus cejas enarcadas. “Buen lanzamiento,” dijo.
Jem sacudió su cabeza. “Mordiste a De Quincey,” dijo. “Idiota. Es un vampiro. Sabes lo que significa morder a un vampiro."
“No tuve opción,” dijo Will. “Me estaba ahorcando.” “Lo sé,” dijo Jem. “Pero en serio, Will. ¿Otra vez?” Fue Henry, al final, quien liberó a Nathaniel de la silla de la tortura por el simple recurso de golpear con el lado plano de una espada hasta que las esposas se abrieron. Nathaniel se deslizó hasta el suelo, dónde yacía gimiendo, Tessa acunándolo. Charlotte se alborotó un poco, trayendo paños húmedos para limpiar la cara de Nate, y un trozo roto de cortina para echarle encima, antes de dirigirse hacia Benedict Lightwood para entablar una enérgica conversación, durante la cual alternaba señas dirigidas a Tessa y Nathaniel, y agitaba sus manos de una manera dramática. Tessa, completamente aturdida y exhausta, se preguntó qué diablos podría estar haciendo Charlotte. La verdad, no importaba mucho. Todo parecía estar ocurriendo en un sueño. Se sentó en el suelo con Nathaniel mientras los Cazadores de Sombras se movían alrededor de ella, dibujándose unos a otros con sus estelas. Era increíble ver cómo se desvanecían sus heridas cuando la Marcas curativas recorrían su piel. Todos parecían capaces de dibujar las Marcas. Observó mientras Jem, con una mueca de dolor, se desabrochaba su camisa para mostrar un gran corte a lo largo de su pálido hombro; miraba hacia otro lado, su boca apretada, mientras Will dibujaba cuidadosamente una Marca debajo de la herida. No se dio cuenta del motivo por el que estaba tan cansada hasta que Will, habiendo terminado con Jem, se acercó a ella con paso lento. “Veo que has vuelto,” dijo. Tenía una toalla húmeda en una mano pero aún no se había molestado en limpiar la sangre de su cara y cuello. Tessa se dirigió una mirada. Era verdad. En algún momento había perdido a Camille y había vuelto a ser ella misma. Debió haber estado realmente aturdida, pensó, para no haber notado el regreso de sus propios latidos. Palpitaba dentro de su pecho como un tambor. “No sabía que supieras usar una pistola,” añadió Will. “No sé hacerlo,” dijo Tessa. “Creo que Camille sí lo hace. Fue…instintivo.” Se mordió el labio. “No es como si importara, ya que no funcionó.”
“Raramente las usamos. Grabar runas en el metal de una pistola o en una bala impide que la pólvora se prenda; nadie sabe el por qué. Henry ha intentado averiguar el problema, por supuesto, pero sin éxito. Ya que no puedes matar a un demonio sin un arma con runas o un cuchillo serafín, las pistolas no nos son muy útiles. Los vampiros mueren si les disparas atravesando el corazón, es verdad, y los hombres lobo pueden lesionarse si tienes una bala de plata, pero si fallas los órganos vitales, sólo volverán por ti más enfadados que nunca. Los cuchillos con runas simplemente funcionan mejor para nuestros propósitos. Si le clavas a un vampiro un cuchillo con runas les será más difícil recuperarse y sanar.” Tessa lo miró, su mirada firme. “¿No es difícil?” Will tiró a un lado el paño húmedo. Estaba escarlata por la sangre. “¿Qué es difícil?” “Matar vampiros,” dijo ella. “Puede que no sean personas, pero lo parecen. Sienten como lo hacen las personas. Gritan y sangran. ¿No es difícil asesinarlos?” La mandíbula de Will se tensó. “No,” dijo. “Y si realmente supieras algo sobre ellos…” “Camille siente,” dijo ella. “Ama y odia.” “Y ella sigue viva. Todo el mundo tiene elecciones, Tessa. Esos vampiros no hubieran estado aquí esta noche si no hubieran hecho las suyas.” Bajó la mirada hacia Nathaniel, echado en el regazo de Tessa. “E imagino, que tu hermano tampoco habría estado.” “No sé por qué de Quincey lo quería muerto,” dijo Tessa suavemente. “No sé qué pudo haber hecho para provocar la ira de los vampiros.”
“¡Tessa!” era Charlotte, moviéndose rápidamente hacia Tessa y Will como un colibrí. Aún parecía muy pequeña, y muy inofensiva, pensó Tessa, a pesar del equipamiento de combate que llevaba y las Marcas negras que enlazaban su piel como serpientes enrolladas. “Se nos ha dado permiso para llevar a tu hermano al Instituto con nosotros,” anunció, gesticulando hacia Nathaniel con su pequeña mano. “Puede que los vampiros lo hayan drogado. Ciertamente ha sido mordido, y ¿quién sabe qué más? Podría volverse oscuro45…o algo peor, si no lo prevenimos. En cualquier caso, dudo que sean capaces de ayudarlo en un hospital mundano. Con nosotros, al menos los Hermanos Silenciosos podrán verlo, pobrecito.” “¿Pobrecito?” repitió Will de una manera bastante grosera. “Él eligió meterse en esto, ¿no fue así? Nadie le dijo que huyera y se involucrara con un grupo de Submundos.” “En serio, Will.” Charlotte lo miró fríamente. “¿No puedes tener un poco de empatía?” “Dios santo,” dijo Will, mirando de Charlotte a Nate una y otra vez. “¿Acaso hay algo que haga a las mujeres más tontas que cuando ven a un joven herido?” Tessa lo miró con los ojos entrecerrados. “Quizás quieras limpiar el resto de sangre de tu cara antes de que continúes discutiendo sobre eso.”
Will alzó sus brazos al aire y se fue majestuosamente. Charlotte miró a Tessa, una media sonrisa curvando un lado de su boca. “Debo decir que me gusta la forma en que manejas A WILL"
Tessa sacudió su cabeza. “Nadie maneja a Will.” Se decidió rápidamente que Tessa y Nathaniel irían con Henry y Charlotte en un carruaje; Will y Jem irían a casa en un carruaje más pequeño prestado por la tía de Charlotte, con Thomas como su conductor. Los Lightwood y el resto de la Enclave se quedarían atrás para registrar la casa de De Quincey, sin dejar alguna evidencia de la batalla que pudiera ser descubierta por los mundanos en la mañana. Will quería quedarse y formar parte de la búsqueda, pero Charlotte había sido firme. Él había ingerido sangre de vampiro y necesitaba volver al Instituto lo más pronto posible para comenzar la curación. Thomas, sin embargo, no permitiría que Will entrara en el carruaje cubierto de sangre tal y como estaba. Después de anunciar que volvería en “medio tic”, Thomas se fue a buscar un trozo de tela húmeda. Will se apoyó contra un lado del carruaje, mirando como la Enclave entraba y salía precipitadamente de la casa de De Quincey como si fueran hormigas, rescatando papeles y muebles de lo que quedaba del fuego. Volviendo con un paño enjabonado, Thomas se lo entregó a Will, e inclinó su gran cuerpo a un lado del carruaje. Éste se meció bajo su peso. Charlotte siempre había alentado a Thomas para que se uniera a Jem y Will en las partes físicas de su entrenamiento, y con el paso de los años, Thomas había pasado de ser un niño flacucho a un hombre tan grande y musculoso que los sastres se desesperaban con sus medidas. Will podía ser el mejor luchador, lo llevaba en su sangre, pero la comandante presencia física de Thomas era difícil de ignorar. En ocasiones, Will no podía evitar recordar la primera vez que Thomas había ido al Instituto. Pertenecía a una familia que había servido a los Cazadores de Sombras durante años, pero había nacido tan frágil que pensaron que no sobreviviría. Cuando alcanzó los doce años de edad, fue enviado al Instituto; en esa época seguía siendo tan pequeño que apenas aparentaba nueve años. Will se había burlado de Charlotte por querer emplearlo, pero secretamente había esperado que se quedara, así habría otro chico de su edad en la casa. Y habían sido una especie de amigos, el Cazador de Sombras y el chico sirviente…hasta que llegó Jem y Will se olvidó de Thomas casi por completo. Thomas nunca pareció reprochárselo, tratando a Will con la misma simpatía con la que trataba a todo el mundo.
“Siempre es raro ver ocurrir esta clase de cosas, y ninguno de los vecinos está fuera ni para echar un vistazo,” dijo Thomas, recorriendo la calle con su mirada. Charlotte siempre había demandado que los sirvientes del Instituto hablaran un inglés “correcto” dentro de sus paredes, y el acento de Thomas del East End46 tendía a ir y venir dependiendo de si lo recordaba o no.
“Hay glamours muy fuertes trabajando aquí.” Will se frotó la cara y el cuello. “Y supongo que en esta calle hay algunos que no son mundanos, y que saben mantenerse fuera de los asuntos en los que los Cazadores de Sombras estén implicados.” “Bueno, son muy aterradores, eso es cierto,” dijo Thomas, tan serenamente que Will sospechó que se estaba riendo de él. Thomas señaló la cara de Will. “Mañana tendrás un moretón del tamaño de un ratón si no usas una iratze allí.” “Quizás quiero un ojo negro,” dijo Will malhumorado. “¿No lo habías pensado?” Thomas simplemente sonrió y se deslizó en la banca del conductor en la parte delantera del carruaje. Will se quedó atrás para restregarse y quitarse la sangre seca de vampiro que había en sus manos y brazos. La tarea lo estaba absorbiendo lo suficiente como para ser capaz de ignorar casi por completo a Gabriel Lightwood, que salió de las sombras y fue aproximándose lentamente a Will, con una sonrisa de superioridad adherida en su rostro. “Buen trabajo allí, Herondale, incendiando el lugar,” observó Gabriel. “Buena suerte que estuviéramos para limpiar después de ti, o todo el plan habría ardido en llamas, al igual que los fragmentos de tu reputación.” “¿Insinúas que los fragmentos de mi reputación permanecen intactos?” demandó Will con falso horror. “Claramente he estado haciendo algo mal. O no haciendo algo mal, como es el caso.” Golpeó un lado del carruaje. “¡Thomas! ¡Debemos ir al burdel más cercano! Busco escándalo y mala compañía.” Thomas bufó y dijo algo entre dientes que sonó como “tonterías,” lo que Will ignoró. La cara de Gabriel se oscureció. “¿Hay algo que no sea una broma para ti?” “Nada que me venga a la mente.” “Sabes,” dijo Gabriel, “hubo un tiempo en el que pensé que podíamos ser amigos, Will.” “Hubo un tiempo en el que pensé que era un hurón,” dijo Will, “pero resultó ser una alucinación por el opio. ¿Sabías que tenía ese efecto? Porque yo no.” “Creo,” dijo Gabriel, “que quizás deberías considerar si los chistes sobre el opio son o divertidos o de buen gusto, dada la... situación de tu amigo Carstairs.” Will se congeló. Con el mismo tono de voz, dijo, “¿Te refieres a su discapacidad?” Gabriel pestañeó. “¿Qué?” “Así es como lo llamaste. En el Instituto. Su „discapacidad.‟” Will tiró el paño sangriento a un lado. “Y te preguntas por qué no somos amigos."
“Simplemente me preguntaba,” dijo Gabriel, con una voz más suave, “si quizás algún día tendrás suficiente.” “¿Suficiente de qué?” “Suficiente de comportarte como lo haces.” Will cruzó sus brazos sobre su pecho. Sus ojos chispearon peligrosamente. “Oh, nunca puedo obtener lo suficiente,” dijo. “Lo cual, casualmente, es lo que me dijo tu hermana cuando…” La puerta del carruaje se abrió de repente. Una mano salió disparada, agarrando a Will por la parte trasera de su camisa, y lo arrastró adentro. La puerta se cerró fuertemente tras él, y Thomas, sentado rígido, tiró de las riendas de los caballos. Un momento más tarde, el carruaje avanzó sumergiéndose en la noche, dejando atrás a Gabriel con la mirada fija en él, enfurecido.
“¿En qué estabas pensando?” Jem, habiendo depositado a Will en el asiento opuesto al suyo, sacudió su cabeza, sus ojos plateados brillando en la oscuridad. Sostuvo su bastón entre las rodillas, su mano descansando suavemente encima del tallado con forma de cabeza de dragón. El bastón había pertenecido al padre de Jem, Will lo sabía, y había sido diseñado para él por un fabricante de armas de Cazadores de Sombras en Pekín. “Molestándo así a Gabriel Lightwood, ¿por qué lo haces? ¿Cuál es el objetivo?” “Oíste lo que ha dicho sobre ti…” “No me importa lo que diga de mí. Es lo que todos piensan. Sólo que él tiene el coraje de decirlo.” Jem se inclinó hacia delante, apoyando su barbilla en su mano. “Sabes, no puedo funcionar como tu sentido de auto-preservación por siempre. Con el tiempo tendrás que aprender a arreglártelas sin mí.” Will, como siempre hacía, ignoró esto. “Gabriel Lightwood es difícilmente una amenaza.” “Entonces olvídate de Gabriel. ¿Hay alguna razón en particular por la que sigas mordiendo vampiros?” Will tocó la sangre seca de sus muñecas, y sonrió. “No se lo esperan.” “Por supuesto que no lo hacen. Saben lo que pasa cuando uno de nosotros consume sangre de vampiro. Probablemente esperan que tengas más sentido común.” “Esa expectación nunca parece servirles demasiado, ¿no es así?” “Tampoco te sirve a ti.” Jem miró a Will pensativamente. Él era el único que nunca perdía los estribos con Will. Cualquier cosa que hiciera Will, la reacción más extrema que parecía ser capaz de provocar en Jem era una leve exasperación. “¿Qué pasó allí dentro? Estábamos esperando la señal…”
“El maldito Fósforo de Henry no funcionó. En lugar de enviar una llamarada de luz, incendió las cortinas.” Jem soltó una risita nasal. Will lo miró. “No es divertido, no sabía si el resto de Ustedes iban a aparecer o no.” “¿En serio pensaste que no iríamos por ustedes después de que todo el sitio se encendiera como una antorcha?” preguntó Jem razonablemente. “Podrían haber estado tostándolos en un asador, por todo lo que sabíamos.” “Y Tessa, la tonta criatura, se suponía que estaría afuera con Magnus, pero no se iba…” “Su hermano estaba esposado a una silla de la habitación,” señaló Jem. “Yo tampoco estaría seguro de irme.” “Veo que estás decidido a ignorar mi punto.” “Si tu punto es que había una chica guapa en la habitación y te estaba distrayendo, creo que lo he entendido fácilmente.” “¿Piensas que es guapa?” Will estaba sorprendido; Jem raramente opinaba sobre este tipo de cosas. “Sí, y tú también lo piensas.” “No me había dado cuenta, de veras.” “Sí, lo has hecho, y yo me he dado cuenta de que lo has notado.” Jem estaba sonriendo. A pesar del estrés de la batalla, esta noche parecía estar sano. Había color en sus mejillas, y sus ojos estaban de un plateado oscuro y permanente. Había ocasiones en que la enfermedad lo dejaba muy mal, cuando le desaparecía todo el color, inclusive el de sus ojos, dejándolo horriblemente pálido, casi blanco, con sus pequeñas pupilas negras en el centro como un pequeño punto de ceniza negra en la nieve. Había momentos en los que también comenzaba a delirar. Will había sujetado a Jem mientras se destrozaba, sollozando en otro lenguaje y sus ojos rodados hacia atrás. Y cada vez que eso pasaba, Will pensaba que eso era todo, y que Jem iba a morir esta vez. A veces pensó en qué haría después, pero no podía imaginárselo, no más de lo que quería mirar atrás y recordar su vida antes de que llegara al Instituto. No soportaba pensar en ello por mucho tiempo. Pero también había otras ocasiones, como ésta, en las que miraba a Jem y no veía ningún signo de la enfermedad en él, y se preguntaba cómo sería un mundo en el que Jem no estuviese muriendo. Y tampoco aguantaba pensar en ello. Era un lugar negro y terrible dentro de él de donde provenía su miedo, una voz oscura que sólo podía silenciar con enfado, riesgo y dolor. “Will,” la voz de Jem cortó las ensoñaciones desagradables de Will. “¿Has oído alguna palabra de lo que he dicho estos últimos cinco minutos?” “La verdad es que no.” “No tenemos que hablar de Tessa si no quieres, lo sabes.” “No es por Tessa.” Esto era cierto. Will no había estado pensando sobre Tessa. Se estaba volviendo bueno en no pensar en ella, la verdad; todo lo que necesitaba era determinación y práctica. “Una de las vampiras tenía un sirviente humano que vino hacia mí. Lo maté,” dijo Will. “Sin ni siquiera pensarlo. Era sólo un estúpido chico humano, y lo maté.” “Era un oscuro,” dijo Jem. “Se estaba Convirtiendo. Habría sido cuestión de tiempo.” “Era sólo un chico,” dijo Will otra vez. Giró su cara en dirección a la ventana, aunque el brillo de la luz mágica en el carruaje significaba que todo lo que podía ver era su propia cara reflejándose hacia él. “Voy a emborracharme cuando lleguemos a casa,” añadió. “Creo que tendré que hacerlo.” “No, no lo harás,” dijo Jem. “Sabes exactamente lo que pasará cuando lleguemos a casa.” Porque él tenía razón, Will frunció el ceño. ***
Delante de Will y Jem, en el primer carruaje, Tessa estaba sentada en el asiento de terciopelo detrás de Henry y Charlotte; estaban hablando en murmullos sobre la noche y sobre cómo había ido. Tessa dejó que las palabras resbalaran por encima de ella, sin darles importancia. Sólo dos Cazadores de Sombras habían sido asesinados, pero la huída de De Quincey fue un desastre, y Charlotte estaba preocupada de que la Enclave estuviera enfadada con ella. Henry hizo sonidos tranquilizadores, pero Charlotte parecía inconsolable. Tessa se sentiría mal por ella, si tuviera la energía suficiente para sentir algo. Nathaniel se encontraba encima de Tessa, su cabeza en su regazo. Se dobló hacia él, acariciando su sucio cabello enredado con los dedos enguantados. “Nate,” dijo, tan suavemente que esperó que Charlotte no la escuchara. “Eso es todo. Todo está bien.” Las pestañas de Nathaniel se agitaron y sus ojos se abrieron. Su mano se levantó, las uñas rotas, sus nudillos inflamados y deformados, y apretó fuertemente su mano, entrelazando sus dedos con los de ella. “No te vayas,” dijo densamente. Sus ojos se cerraron de nuevo; estaba claramente vagando dentro y fuera de su conciencia, si es que estaba algo consciente. “Tessie…quédate.” Nunca nadie más la había llamado así; cerró sus ojos, reprimiendo las lágrimas. No quería que Charlotte, u otro Cazador de Sombras, la viera llorar.
No un grito humano, sino un grito de vampiro. Apenas reconoció el sonido que salió de su propia garganta, sonaba como un cristal rompiéndose. Sólo después se dio cuenta de que estaba gritando palabras. Había pensado que estaba gritando el nombre de su hermano, pero no lo hacía. “¡Will!” gritaba. “¡Will ahora, hazlo ahora!” Un jadeo se extendió por toda la sala. Docenas de caras blancas se giraron hacia Tessa. Su grito había traspasado la sed de sangre. De Quincey estaba paralizado en el escenario; incluso Nathaniel la estaba mirando fijamente, aturdido, como si se estuviera preguntando si sus gritos eran sólo una alucinación a causa de su agonía. Will, con su dedo en el botón del Fósforo, dudó. Sus ojos encontraron los de Tessa a través de la habitación. Fue sólo durante un segundo, pero De Quincey vio sus miradas. Como si pudiera leerlas, el aspecto de su cara cambió, y movió su brazo para señalar directamente a Will. “El chico,” escupió. “¡Párenlo!” Will apartó su mirada de la de Tessa. Los vampiros ya estaban levantándose, dirigiéndose hacia él, sus ojos brillando con rabia y hambre. Will miró más allá de ellos, a De Quincey, quien estaba observando a Will con furia. No había miedo en el rostro de Will cuando sus ojos se encontraron con los del vampiro; sin vacilación y sin sorpresa. “No soy un chico,” dijo. “Soy un Nefilim.” Y apretó el botón Tessa se abrazó a si misma preparándose para una llama de blanca luz mágica. Pero en lugar de eso, hubo un gran sonido de explosión cuando las llamas de los candelabros se dispararon hacia el techo. Las chispas volaron, dispersándose por el suelo como brasas, prendiendo las cortinas y las faldas de los vestidos de las mujeres. Repentinamente la habitación estaba llena de ondulante humo negro y chillidos altos, agudos y horribles. Tessa perdió de vista a Will. Trató de avanzar, pero Magnus, casi había olvidado que estaba allí, la cogió firmemente por la muñeca. “Señorita Gray, no,” dijo, y cuando ella respondió tirando más fuerte, añadió, “Señorita Gray, ¡ahora es un vampiro! Si el fuego la alcanza, arderá como astillas de madera…” Para ilustrar su argumento, en el momento en el que una chispa extraviada aterrizó en lo alto de la peluca de Lady Delilah, estalló en llamas. Con un grito intentó arrancársela de la cabeza, pero en cuanto sus manos entraron en contacto con las llamas, éstas también fueron alcanzadas por el fuego, como si estuvieran hechas de papel en lugar de piel. En menos de un segundo sus dos brazos estaban ardiendo cual antorchas. Aullando, corrió hacia la puerta, pero el fuego era más rápido que ella. En unos segundos, una hoguera bramaba donde ella estaba situada. Tessa sólo pudo ver el contorno de una criatura negra chillando dentro de ella. “¿Ve a lo que me refiero?” gritó Magnus en la oreja de Tessa, luchando por ser oído por encima de los aullidos de los vampiros, que estaban yendo hacia ellos, intentando evitar las llamas. “¡Déjeme!” chilló Tessa. De Quincey había saltado al tumulto; Nathaniel estaba desplomado en el escenario, aparentemente inconsciente, sujeto a la silla por unas esposas. “Ese de allá es mi hermano. ¡Mi hermano!” Magnus la miró. Aprovechándose de su confusión, Tessa liberó su brazo y empezó a correr hacia el escenario. La habitación era un caos: vampiros corriendo por todos lados, muchos de ellos en estampida hacia la salida. Los vampiros que habían alcanzado la puerta estaban embistiendo y empujando para atravesarla primero; otros habían cambiado de dirección e iban hacia las puertas acristaladas que daban al jardín. Tessa giró para evitar una silla caída, y casi corrió de cabeza contra la vampira pelirroja con el vestido azul que antes la había fulminado con la mirada. Ahora parecía aterrorizada. Se arrojó hacia Tessa…y después pareció tropezar. Su boca se abrió para soltar un grito y sólo vertió sangre como en una fuente. Su cara se arrugó, plegándose en sí misma, la carne se volvió polvo y llovió desde su cráneo. Su pelo rojo se consumió y se volvió gris; la piel de sus brazos se derritió y se convirtió en polvo también, y con un último chillido, la vampira cayó en una pila de huesos y arenilla que yacían encima de un vestido de satín vacío.
Tessa se atragantó, apartó sus ojos de los restos y vio a Will. Estaba de pie justo delante de ella, sosteniendo un largo cuchillo de plata; la hoja estaba cubierta de sangre escarlata. Su rostro también estaba ensangrentado, y sus ojos se salían de sus órbitas. “¿Pero qué demonios sigues haciendo aquí?” le gritó a Tessa. “Eres increíblemente estúpida...” Tessa escuchó el ruido antes de que Will lo hiciera, un leve gimoteo, como una pieza de maquinaria rota. El chico de chaqueta gris, el sirviente humano del que Lady Delilah se había alimentado antes, estaba corriendo hacia Will, los gemidos salían de su garganta, y su cara estaba empapada de lágrimas y sangre. Llevaba la pata de una silla en una mano; el borde estaba roto y era afilado. “¡Cuidado, Will!” gritó Tessa, y Will se giró. Tessa vio como se movía rápidamente, como una mancha oscura, y el cuchillo que estaba en su mano parecía un rayo plateado entre el humo oscuro. Para cuando paró de moverse, el chico yacía en el suelo, la hoja sobresaliendo de su pecho. La sangre manó alrededor de éste, más espesa y oscura que la sangre vampírica. Will, miraba hacia abajo, y estaba pálido. “Pensé que…” “Él te hubiera matado si pudiera,” dijo Tessa. “No sabes nada de ello,” dijo Will. Sacudió su cabeza una vez, como para olvidar su voz o la visión del chico en el suelo. El subyugado parecía muy joven, su retorcida cara más suave en la muerte. “Te dije que te fueras…” “Ese es mi hermano,” dijo Tessa, señalando el fondo de la habitación. Nathaniel seguía inconsciente, lacio en sus esposas. Si no fuera por la sangre que seguía fluyendo de la herida de su cuello, habría pensado que estaba muerto. “Nathaniel. En la silla.” Los ojos de Will se hicieron más grandes por el asombro. “¿Pero cómo…?” empezó. No tuvo la oportunidad de terminar su pregunta. En ese momento, el sonido de cristal rompiéndose llenó la habitación. Las ventanas acristaladas se rompieron hacia dentro, y la habitación estuvo repentinamente rebosaba de Cazadores de Sombras vestidos con su oscuro uniforme de lucha. Estaban conduciendo delante de ellos a un estridente y desordenado grupo de vampiros que habían huido al jardín. Mientras Tessa miraba, más Cazadores de Sombras comenzaron a desbordarse de las otras puertas, reuniendo vampiros enfrente de ellos, como perros pastoreando ovejas a un corral. De Quincey se tambaleó delante de los otros vampiros, su cara pálida cubierta por ceniza negra, sus dientes al descubierto.
Tessa vio a Henry entre los Nefilim, fácilmente reconocible por su pelo rojo. Charlotte también estaba allí, vestida como un hombre con el oscuro equipamiento, tal y como las mujeres dibujadas en el libro de Teresa sobre los Cazadores de Sombras. Se veía pequeña y determinada e increíblemente valiente. Y luego estaba Jem. Su ropa le hacía parecer, sorprendentemente, incluso más pálido, y las Marcas negras en su piel destacaban como tinta en papel. Entre la multitud reconoció a Gabriel Lightwood; a su padre, Benedict; la delgada Señora Highsmith, con su pelo negro; y detrás de todos se encontraba Magnus, con chispas azules volando de sus manos. Will exhaló, un poco de color volvió a su cara. “No estaba del todo seguro de que vinieran,” murmuró, “no con el Fósforo funcionando mal.” Apartó sus ojos de sus amigos y miró a Tessa. “Ve a atender a tu hermano,” dijo. “Eso te apartará de lo peor. Espero.” Se dio la vuelta y se fue sin mirarla de nuevo. Los Nefilim habían acorralado a los vampiros restantes, aquellos que no habían muerto por el fuego, o por Will, en el centro de un improvisado círculo de Cazadores de Sombras. De Quincey se elevó entre el grupo, su pálido rostro torcido por la rabia; su camiseta empapada de sangre, la suya propia o la de alguien más, no estaba segura. Los otros vampiros se escondían detrás suyo, como hijos detrás de su padre, viéndose valientes y angustiados al mismo tiempo. “La Ley,” gruñó de Quincey, mientras Benedict Lightwood iba hacia él, un cuchillo brillante en su mano derecha, su superficie llena de runas negras. “La Ley nos protege. Nos rendimos a ti. La Ley…” “Has roto la Ley,” gruñó Benedict. “Por lo tanto ya no tienes su protección. La sentencia es la muerte.” “Un mundano,” dijo de Quincey mientras miraba a Nathaniel. “Un mundano que también ha roto la Ley de la Alianza…” “La Ley no se extiende hacia los mundanos. No se puede esperar que sigan las leyes de un mundo que desconocen.” “No vale nada,” dijo de Quincey. “No tienes ni idea de lo poco que vale. ¿De verdad deseas romper nuestra alianza por un mundano que no vale la pena?” “¡Es más que un mundano!” chilló Charlotte, y de su chaqueta sacó el papel que Will había sacado de la biblioteca. Tessa no había visto que Will se lo pasara a Charlotte, pero debería de haberlo hecho antes. “¿Y qué pasa con estos hechizos? ¿Creíste que no los descubriríamos? ¡Esta… esta magia negra está absolutamente prohibida!” La cara de De Quincey lo traicionó y mostró un poco de su sorpresa. “¿Dónde han encontrado eso?” La boca de Charlotte era una dura línea. “Eso no importa.” “Lo que estén pensando…” empezó de Quincey. “¡Sabemos lo suficiente!” la voz de Charlotte estaba llena de pasión. “¡Sabemos que nos odia y nos desprecia! ¡Sabemos que su alianza con nosotros ha sido una farsa!” “¿Ahora es contra la Ley de la Alianza que a los Submundos no nos gusten los Cazadores de Sombras?” dijo de Quincey, pero la mofa se había ido de su voz. Sonaba enfadado. “No juegue con nosotros,” escupió Benedict. “Después de todo lo que hicimos por ustedes, pasamos los Acuerdos a la Ley… ¿Por qué? Intentamos hacerlos iguales a nosotros…” La cara de De Quincey se retorció. “¿Iguales? ¡No saben lo que significa esa palabra! No pueden dejar sus convicciones, ni su creencia en su inherente superioridad. ¿Dónde están nuestros escaños en el Consejo? ¿Dónde está nuestro embajador en Idris?” “Pero eso… eso es ridículo,” dijo Charlotte, aunque se había calmado. Benedict le lanzó a Charlotte una mirada impaciente. “E irrelevante. Nada de eso excusa tu comportamiento, de Quincey. Mientras te sentabas en consejo con nosotros, pretendiendo que estaba interesado en la paz, a nuestras espaldas rompías la Ley y te burlabas de nuestro poder. Ríndete, dinos lo que queremos saber, y quizás dejemos que tu clan sobreviva. De otra manera, no habrá piedad.” Otro vampiro habló. Era uno de los hombres que habían atado a Nathaniel a la silla, un gran hombre pelirrojo con cara enfadada. “¡Si necesitábamos una prueba más de que los Nefilim nunca han querido decir sus promesas de paz, aquí está! ¡Atrévanse a atacarnos, Cazadores de Sombras, y tendrán una guerra en sus manos!” Benedict simplemente sonrió. “Entonces dejemos que la guerra empiece aquí,” dijo, y arrojó el cuchillo a de Quincey. Azotó a través del aire… y se clavó profundamente en el pecho del vampiro pelirrojo, que se había puesto enfrente del líder de su clan. Explotó en una lluvia de sangre mientras los demás vampiros chillaban. Con un aullido, de Quincey se dirigió hacia Benedict. Los otros vampiros parecieron despertarse de su estupor y rápidamente le siguieron. En apenas unos segundos la habitación era un tumulto de gritos y caos.
El caos repentino descongeló también a Tessa. Cogiéndose la falda, corrió por el escenario, y se dejó caer en sus rodillas al lado de la silla de Nathaniel. Su cabeza colgada a un lado, sus ojos cerrados. La sangre de la herida de su cuello fluía en un lento goteo. Tessa tiró de su manga. “Nate,” susurró. “Nate, soy yo. Él gimió, pero no dio otra respuesta. Mordiéndose el labio, Tessa fue a ocuparse de las esposas que le sujetaban las muñecas a la silla. Eran de hierro duro, reforzadas a los sólidos brazos de la silla con una hilera de clavos, claramente diseñadas para resistir incluso fuerza vampírica. Tiró de ellas hasta que sus dedos sangraron, pero no cedieron. Si sólo tuviera uno de los cuchillos de Will… Miró a través de la habitación. Aún estaba oscura por el humo. Entre los remolinos de negrura, podía ver los brillantes destellos de armas, los Cazadores de sombras blandiendo las brillantes dagas blancas que Tessa ahora sabía que eran llamados cuchillos serafín, cada uno resplandeciendo en vida por el nombre de un ángel. La sangre de los vampiros corría por los bordes de los cuchillos, tan brillante como una dispersión de rubíes. Se dio cuenta, con un golpe de sorpresa (debido a que los vampiros la habían aterrorizado en un principio), que los vampiros aquí estaban claramente superados. Aunque los Hijos de la Noche eran agresivos y rápidos, los Cazadores de Sombras eran casi tan rápidos como ellos, y tenían armas y entrenamiento de su lado. Vampiro tras vampiro caía bajo las embestidas de los cuchillos serafín. La sangre corría a mares por el suelo, empapando los bordes de las alfombras persas. El humo se aclaró en un punto, y Tessa vio a Charlotte despachando a un corpulento vampiro en una chaqueta gris de etiqueta. Hizo un tajo con la hoja de su cuchillo en la garganta de él, y la sangre salpicó en la pared detrás de ellos. Cayó en sus rodillas, gruñendo, y Charlotte acabó con él con una puñalada de su hoja hacia su pecho. Una mancha de movimiento surgió detrás de Charlotte; era Will, seguido por un vampiro de ojos enloquecidos blandiendo una pistola de plata. La dirigió a Will, apuntó, y disparó. Will se quitó del camino y patinó por el suelo sangriento. Se puso en pie rodando, y saltó sobre una silla aterciopelada. Esquivando otro disparo, saltó de nuevo y Tessa lo observó con asombro mientras corría ligeramente por los respaldos de una fila de sillas, bajándose de un salto de la última de ellas. Se giró para enfrentar al vampiro, ahora a una cierta distancia a través de la habitación. De alguna manera, un pequeño cuchillo destelló en su mano, a pesar de que Tessa no lo había visto sacarlo. Él lo lanzó. El vampiro se movió a un lado, pero no fue lo suficientemente rápido; el cuchillo se clavó en su hombro. Rugió por el dolor e iba a sacarse el cuchillo cuando una delgada y oscura sombra apareció de la nada. Hubo un centelleo plateado, y el vampiro estalló en una lluvia de sangre y polvo. Cuando el lío se aclaró, Tessa vio a Jem, con un largo cuchillo aún alzado en su puño. Estaba sonriendo, pero no a ella; pateó con fuerza la pistola plateada, ahora yaciendo abandonada entre los restos del vampiro, que se deslizó por el suelo, dirigiéndose a los pies de Will. Will asintió a Jem devolviéndole la sonrisa, cogió la pistola del suelo y la puso en su cinturón. “¡Will!” lo llamó Tessa, aunque no estaba segura si la podía escuchar por encima del estrépito. “Will…”
Algo la agarró por atrás del vestido y la arrastró arriba y hacia atrás. Era como estar atrapado en los talones de un pájaro enorme. Tessa gritó una vez, y se halló arrojada hacia delante, resbalando por el suelo. Chocó contra la pila de sillas. Éstas se desplomaron en una masa ensordecedora y Tessa, tumbada en el desorden, miró hacia arriba con un grito de dolor. De Quincey estaba delante de ella. Sus ojos negros eran salvajes, teñidos de rojo; su pelo blanco caía enmarañado sobre su cara, y su camiseta estaba rasgada por la parte delantera, los bordes de la rotura empapados con sangre. Debió haber sido cortado, aunque no lo suficientemente profundo para matarlo, y había sanado. La piel de debajo de la camiseta rota parecía no tener marca ahora. “Zorra,” le gruñó a Tessa. “Zorra mentirosa y traidora. Tú trajiste a ese chico aquí, Camille. A ese Nefilim.” Tessa se revolvió hacia atrás; su espalda golpeó el muro de sillas caídas. “Te di la bienvenida de vuelta al clan, incluso después de tu pequeño interludio asqueroso con el licántropo. Tolero a ese brujo ridículo tuyo. Y así es cómo me lo pagas. Nos lo pagas.” Sostuvo en alto sus manos hacia ella; estaban surcadas con ceniza negra. “Mira esto,” dijo. “El polvo de nuestra gente muerta. Vampiros muertos. Y tú los has traicionado por los Nefilim.” Escupió la palabra como si fuera veneno. Algo surgió de la garganta de Tessa. Risa. No su risa; la de Camille. “¿„Asqueroso interludio‟?” las palabras salieron de la boca de Tessa antes de que pudiera frenarlas. Era como si no tuviera control de lo que estaba diciendo. “Yo lo amé, como tú nunca me amaste, como tú nunca has amado nada. Y lo mataste sólo para mostrarle al clan que podías hacerlo. Quiero que sepas lo que es perder todo lo que te importa. Quiero que sepas, mientras que tu casa se quema, tu clan se convierte en cenizas y tu miserable vida se acaba, que soy yo quien te está haciendo esto.” Y la voz de Camille se fue tan rápido como había venido, dejando a Tessa sintiéndose agotada y en estado de shock. Aunque eso no le impidió que usara sus manos, detrás suyo, para escarbar entre las sillas quebradas. Seguramente tenía que haber algo, alguna pieza rota que pudiera usar como arma. De Quincey la estaba mirando conmocionado, su boca abierta. Tessa imaginó que nunca nadie le había hablado de ese modo. Ciertamente ningún otro vampiro. “Quizás,” dijo él. “Quizás te he subestimado. Quizás me destruyas.” Avanzó hacia ella, sus manos extendidas para alcanzarla. “Pero te llevaré conmigo…”
Los dedos de Tessa se cerraron alrededor de la pata de una silla; sin siquiera pensarlo, levantó la silla y la estrelló en la espalda de De Quincey. Se sintió exaltada cuando él gritó y se tambaleó hacia atrás. Gateó por el suelo mientras el vampiro se irguió, y le volvió a lanzar la silla. Esta vez, una parte del brazo de la silla que estaba cortado y áspero le alcanzó la cara, abriendo un gran corte rojo. Sus labios se curvaron detrás de sus dientes en un gruñido silencioso, y brincó, no había otra palabra para ello. Era como el brinco silencioso de un gato. Golpeó a Tessa contra el suelo, aterrizando encima de ella y quitándole la silla de su mano. Arremetió a su garganta, con los dientes al descubierto, y ella arañó con las garras de sus manos la cara de él. La sangre que goteaba sobre ella parecía quemar, como ácido. Gritó y le pegó más fuerte, pero él sólo se río; sus pupilas habían desaparecido en el negro de sus ojos y lucía enteramente inhumano, como un tipo de serpiente predatoria y monstruosa. Él atrapó sus muñecas, apretándolas, y las forzó a ambos lados de ella, fuertemente contra el suelo. “Camille,” dijo, inclinándose hacia ella, su voz pastosa. “Quédate quieta, pequeña Camille. Acabará en unos momentos…” Lanzó su cabeza hacia atrás como una temible cobra. Aterrorizada, Tessa luchó por liberar sus piernas atrapadas, procurando patearlo, patearlo lo más fuerte que pudiera... Él chilló. Chilló y se retorció, y Tessa vio que había una mano cogiéndolo por el pelo, jalando su cabeza hacia arriba y atrás, llevándolo al suelo. Una mano llena de tinta con Marcas negras y arremolinadas. La mano de Will. De Quincey estaba siendo arrastrado mientras gritaba a sus pies, sus manos asegurando su cabeza. Tessa se esforzó para ponerse de pie, mirando fijamente, mientras Will lanzaba al aullante vampiro desdeñosamente lejos de él. Will ya no estaba sonriendo, pero sus ojos estaban resplandeciendo, y Tessa pudo ver por qué Magnus había descrito su color como el cielo del Infierno. “Nefilim.” De Quincey titubeó, enderezándose, y escupió a los pies de Will. Will sacó la pistola de su cinturón y la apuntó hacia De Quincey. “Una de las propias abominaciones del Diablo, ¿no lo eres? Ni siquiera te mereces vivir en este mundo con el resto de nosotros y aún así, cuando te dejamos hacerlo por piedad, arrojas nuestro regalo en nuestras caras.” “Como si necesitáramos su piedad,” replicó De Quincey. “Como si pudiéramos ser siempre menos que ustedes. Ustedes los Nefilim, pensando que son…” Se detuvo bruscamente. Estaba tan manchado de suciedad que era difícil verlo, pero parecía que el corte en su cara ya se había curado. “¿Somos qué?” Will ladeó la pistola; el clic sonó alto incluso por encima del ruido de la batalla. “Dilo.” Los ojos del vampiro ardieron. “¿Qué diga qué? “„Dios,‟” dijo Will. “Ibas a decirme que los Nefilim actuamos como si fuéramos Dios, ¿no? Excepto que ni siquiera puedes decir la palabra. Búrlate de la Biblia todo lo que quieras con tu pequeña colección, aún no puedes decirlo.” El dedo en el gatillo del revólver estaba blanco. “Dilo. Dilo, y te dejaré vivir.”
El vampiro mostró sus dientes. “No puedes matarme con ese…ese estúpido juguete humano.” “Si la bala atraviesa tu corazón,” dijo Will, su objetivo firme, “morirás. Y tengo una puntería muy buena.” Tessa estaba en pie, congelada, observando el cuadro que estaba delante de ella. Quería caminar hacia atrás, ir por Nathaniel, pero tenía miedo de moverse. De Quincey levantó su cabeza. Abrió su boca. Un fino crujido salió cuando intentó hablar, tratando de formar una palabra que su alma no le dejaría decir. Jadeó otra vez, se ahogó, y puso una mano en su garganta. Will empezó a reírse… Y el vampiro saltó. Su cara deformada en una máscara de rabia y dolor, se lanzó hacia Will con un rugido. Hubo una imagen borrosa de movimiento. Luego, el révolver se disparó y hubo un rocío de sangre. Will golpeó el suelo, la pistola escapándose de su agarre, y el vampiro encima de él. Tessa se arrastró para recuperar la pistola, la cogió y se giró para ver que De Quincey había agarrado a Will por la espalda, su antebrazo apretado contra la garganta de Will. Ella alzó la pistola, su mano temblando, pero nunca había usado una pistola antes, nunca había disparado a nada, y ¿cómo dispararle al vampiro sin dañar a Will? Will estaba claramente ahogándose, su cara bañada en sangre. De Quincey gruñó algo y fortaleció su agarre… Y Will, agachando su cabeza, hundió sus dientes en el antebrazo del vampiro. De Quincey chilló y apartó su brazo; Will se arrojó hacia un lado, dio una arcada, y se puso de rodillas para escupir sangre al escenario. Cuando miró hacia arriba, la brillante sangre roja estaba manchando la parte inferior de su rostro. Sus dientes también brillaban en rojo cuando él…Tessa no lo podía creer, sonrió, sonrió de verdad, y mirando a De Quincey, dijo, “¿Qué te parece, vampiro? Ibas a morder a ese mundano antes. Ahora sabes cómo se siente, ¿no es así?” De Quincey, de rodillas, miró fijamente de Will hasta el desagradable agujero rojo en su propio brazo, el cual ya había empezado a cerrarse, aunque la sangre oscura seguía brotando finamente. “Por eso,” dijo, “morirás, Nefilim.” Will extendió sus brazos abiertamente. De rodillas, sonriendo como un demonio, y la sangre goteando de su boca, apenas parecía humano. “Ven y atrápame.” De Quincey se recuperó para saltar…y Tessa apretó el gatillo. La pistola rebotó en su mano, fuertemente, y el vampiro cayó de lado, la sangre chorreando de su hombro. No le había dado en el corazón. Maldición. Aullando, De Quincey comenzó a esforzarse para ponerse de pie. Tessa alzó su brazo, apretó el gatillo de nuevo…nada. Un débil clic le indicó que la pistola estaba vacía. De Quincey se rió. Aún estaba aferrando su hombro, aunque el flujo de sangre se había convertido en un pequeño chorro. “Camille,” escupió a Tessa. “Volveré por ti. Haré que te arrepientas de haber renacido.” Tessa sintió un escalofrío en la boca del estómago, no sólo su miedo. También el de Camille. De Quincey enseñó sus dientes una última vez y se volteó con increíble velocidad. Corrió a través de la habitación y se lanzó hacia una ventana de cristal en lo alto. Se rompió hacia fuera en una explosión de cristales, llevándolo como si su cuerpo hubiese sido arrastrado por una ola, desvaneciéndose en la noche. Will soltó una maldición. “No podemos perderlo…,” empezó, y se dirigió hacia delante. Entonces se volteó mientras Tessa gritaba. Un vampiro andrajoso se había alzado detrás suyo como un fantasma apareciendo en el aire, y la había agarrado por los hombros. Intentó liberarse, pero su agarre era demasiado fuerte. Podía oírlo murmurando en su oído horribles palabras sobre cómo era una traidora para los Hijos de la Noche, y cómo la desgarraría con sus dientes. “Tessa,” gritó Will, y no estaba segura si él sonaba enfadado u otra cosa. Buscó las relucientes armas de su cinturón. Su mano se cerró sobre la empuñadura de un chuchillo serafín, justo cuando el vampiro giró a Tessa. Ella pudo echar un vistazo a su cara blanca y maliciosa, los colmillos afuera y llenos de sangre, dispuestos a rasgarla. El vampiro se inclinó hacia delante… Y explotó en una lluvia de polvo y sangre. Se disolvió, la carne derritiéndose de su cara y manos, y Tessa pudo ver por un momento el esqueleto negro, anteriormente bajo él, desmoronándose, dejando una pila vacía de ropa atrás. Ropa, y un brillante cuchillo de plata. Ella alzó la vista. Jem se encontraba a unos pocos pasos, luciendo muy pálido. Sostenía el cuchillo en su mano izquierda; la derecha estaba vacía. Había un largo corte en una de sus mejillas, pero parecía no tener otra herida. Su cabello y sus ojos destellaban brutalmente plateados en la luz de las llamas en extinción. “Creo,” dijo él, “que ese era el último de ellos.” Sorprendida, Tessa echó un vistazo a la habitación. El caos había disminuido. Los Cazadores de Sombras se movían de un lado a otro entre los escombros; algunos estaban sentados en sillas, siendo atendidos y curados por las estelas de otros…pero no podía ver a ningún vampiro. El humo del incendio también había cesado, aunque las cenizas blancas de las cortinas en llamas todavía flotaban por la habitación como una nieve inesperada. Will, con sangre aún goteando de su barbilla, miró a Jem con sus cejas enarcadas. “Buen lanzamiento,” dijo.
Jem sacudió su cabeza. “Mordiste a De Quincey,” dijo. “Idiota. Es un vampiro. Sabes lo que significa morder a un vampiro."
“No tuve opción,” dijo Will. “Me estaba ahorcando.” “Lo sé,” dijo Jem. “Pero en serio, Will. ¿Otra vez?” Fue Henry, al final, quien liberó a Nathaniel de la silla de la tortura por el simple recurso de golpear con el lado plano de una espada hasta que las esposas se abrieron. Nathaniel se deslizó hasta el suelo, dónde yacía gimiendo, Tessa acunándolo. Charlotte se alborotó un poco, trayendo paños húmedos para limpiar la cara de Nate, y un trozo roto de cortina para echarle encima, antes de dirigirse hacia Benedict Lightwood para entablar una enérgica conversación, durante la cual alternaba señas dirigidas a Tessa y Nathaniel, y agitaba sus manos de una manera dramática. Tessa, completamente aturdida y exhausta, se preguntó qué diablos podría estar haciendo Charlotte. La verdad, no importaba mucho. Todo parecía estar ocurriendo en un sueño. Se sentó en el suelo con Nathaniel mientras los Cazadores de Sombras se movían alrededor de ella, dibujándose unos a otros con sus estelas. Era increíble ver cómo se desvanecían sus heridas cuando la Marcas curativas recorrían su piel. Todos parecían capaces de dibujar las Marcas. Observó mientras Jem, con una mueca de dolor, se desabrochaba su camisa para mostrar un gran corte a lo largo de su pálido hombro; miraba hacia otro lado, su boca apretada, mientras Will dibujaba cuidadosamente una Marca debajo de la herida. No se dio cuenta del motivo por el que estaba tan cansada hasta que Will, habiendo terminado con Jem, se acercó a ella con paso lento. “Veo que has vuelto,” dijo. Tenía una toalla húmeda en una mano pero aún no se había molestado en limpiar la sangre de su cara y cuello. Tessa se dirigió una mirada. Era verdad. En algún momento había perdido a Camille y había vuelto a ser ella misma. Debió haber estado realmente aturdida, pensó, para no haber notado el regreso de sus propios latidos. Palpitaba dentro de su pecho como un tambor. “No sabía que supieras usar una pistola,” añadió Will. “No sé hacerlo,” dijo Tessa. “Creo que Camille sí lo hace. Fue…instintivo.” Se mordió el labio. “No es como si importara, ya que no funcionó.”
“Raramente las usamos. Grabar runas en el metal de una pistola o en una bala impide que la pólvora se prenda; nadie sabe el por qué. Henry ha intentado averiguar el problema, por supuesto, pero sin éxito. Ya que no puedes matar a un demonio sin un arma con runas o un cuchillo serafín, las pistolas no nos son muy útiles. Los vampiros mueren si les disparas atravesando el corazón, es verdad, y los hombres lobo pueden lesionarse si tienes una bala de plata, pero si fallas los órganos vitales, sólo volverán por ti más enfadados que nunca. Los cuchillos con runas simplemente funcionan mejor para nuestros propósitos. Si le clavas a un vampiro un cuchillo con runas les será más difícil recuperarse y sanar.” Tessa lo miró, su mirada firme. “¿No es difícil?” Will tiró a un lado el paño húmedo. Estaba escarlata por la sangre. “¿Qué es difícil?” “Matar vampiros,” dijo ella. “Puede que no sean personas, pero lo parecen. Sienten como lo hacen las personas. Gritan y sangran. ¿No es difícil asesinarlos?” La mandíbula de Will se tensó. “No,” dijo. “Y si realmente supieras algo sobre ellos…” “Camille siente,” dijo ella. “Ama y odia.” “Y ella sigue viva. Todo el mundo tiene elecciones, Tessa. Esos vampiros no hubieran estado aquí esta noche si no hubieran hecho las suyas.” Bajó la mirada hacia Nathaniel, echado en el regazo de Tessa. “E imagino, que tu hermano tampoco habría estado.” “No sé por qué de Quincey lo quería muerto,” dijo Tessa suavemente. “No sé qué pudo haber hecho para provocar la ira de los vampiros.”
“¡Tessa!” era Charlotte, moviéndose rápidamente hacia Tessa y Will como un colibrí. Aún parecía muy pequeña, y muy inofensiva, pensó Tessa, a pesar del equipamiento de combate que llevaba y las Marcas negras que enlazaban su piel como serpientes enrolladas. “Se nos ha dado permiso para llevar a tu hermano al Instituto con nosotros,” anunció, gesticulando hacia Nathaniel con su pequeña mano. “Puede que los vampiros lo hayan drogado. Ciertamente ha sido mordido, y ¿quién sabe qué más? Podría volverse oscuro45…o algo peor, si no lo prevenimos. En cualquier caso, dudo que sean capaces de ayudarlo en un hospital mundano. Con nosotros, al menos los Hermanos Silenciosos podrán verlo, pobrecito.” “¿Pobrecito?” repitió Will de una manera bastante grosera. “Él eligió meterse en esto, ¿no fue así? Nadie le dijo que huyera y se involucrara con un grupo de Submundos.” “En serio, Will.” Charlotte lo miró fríamente. “¿No puedes tener un poco de empatía?” “Dios santo,” dijo Will, mirando de Charlotte a Nate una y otra vez. “¿Acaso hay algo que haga a las mujeres más tontas que cuando ven a un joven herido?” Tessa lo miró con los ojos entrecerrados. “Quizás quieras limpiar el resto de sangre de tu cara antes de que continúes discutiendo sobre eso.”
Will alzó sus brazos al aire y se fue majestuosamente. Charlotte miró a Tessa, una media sonrisa curvando un lado de su boca. “Debo decir que me gusta la forma en que manejas A WILL"
Tessa sacudió su cabeza. “Nadie maneja a Will.” Se decidió rápidamente que Tessa y Nathaniel irían con Henry y Charlotte en un carruaje; Will y Jem irían a casa en un carruaje más pequeño prestado por la tía de Charlotte, con Thomas como su conductor. Los Lightwood y el resto de la Enclave se quedarían atrás para registrar la casa de De Quincey, sin dejar alguna evidencia de la batalla que pudiera ser descubierta por los mundanos en la mañana. Will quería quedarse y formar parte de la búsqueda, pero Charlotte había sido firme. Él había ingerido sangre de vampiro y necesitaba volver al Instituto lo más pronto posible para comenzar la curación. Thomas, sin embargo, no permitiría que Will entrara en el carruaje cubierto de sangre tal y como estaba. Después de anunciar que volvería en “medio tic”, Thomas se fue a buscar un trozo de tela húmeda. Will se apoyó contra un lado del carruaje, mirando como la Enclave entraba y salía precipitadamente de la casa de De Quincey como si fueran hormigas, rescatando papeles y muebles de lo que quedaba del fuego. Volviendo con un paño enjabonado, Thomas se lo entregó a Will, e inclinó su gran cuerpo a un lado del carruaje. Éste se meció bajo su peso. Charlotte siempre había alentado a Thomas para que se uniera a Jem y Will en las partes físicas de su entrenamiento, y con el paso de los años, Thomas había pasado de ser un niño flacucho a un hombre tan grande y musculoso que los sastres se desesperaban con sus medidas. Will podía ser el mejor luchador, lo llevaba en su sangre, pero la comandante presencia física de Thomas era difícil de ignorar. En ocasiones, Will no podía evitar recordar la primera vez que Thomas había ido al Instituto. Pertenecía a una familia que había servido a los Cazadores de Sombras durante años, pero había nacido tan frágil que pensaron que no sobreviviría. Cuando alcanzó los doce años de edad, fue enviado al Instituto; en esa época seguía siendo tan pequeño que apenas aparentaba nueve años. Will se había burlado de Charlotte por querer emplearlo, pero secretamente había esperado que se quedara, así habría otro chico de su edad en la casa. Y habían sido una especie de amigos, el Cazador de Sombras y el chico sirviente…hasta que llegó Jem y Will se olvidó de Thomas casi por completo. Thomas nunca pareció reprochárselo, tratando a Will con la misma simpatía con la que trataba a todo el mundo.
“Siempre es raro ver ocurrir esta clase de cosas, y ninguno de los vecinos está fuera ni para echar un vistazo,” dijo Thomas, recorriendo la calle con su mirada. Charlotte siempre había demandado que los sirvientes del Instituto hablaran un inglés “correcto” dentro de sus paredes, y el acento de Thomas del East End46 tendía a ir y venir dependiendo de si lo recordaba o no.
“Hay glamours muy fuertes trabajando aquí.” Will se frotó la cara y el cuello. “Y supongo que en esta calle hay algunos que no son mundanos, y que saben mantenerse fuera de los asuntos en los que los Cazadores de Sombras estén implicados.” “Bueno, son muy aterradores, eso es cierto,” dijo Thomas, tan serenamente que Will sospechó que se estaba riendo de él. Thomas señaló la cara de Will. “Mañana tendrás un moretón del tamaño de un ratón si no usas una iratze allí.” “Quizás quiero un ojo negro,” dijo Will malhumorado. “¿No lo habías pensado?” Thomas simplemente sonrió y se deslizó en la banca del conductor en la parte delantera del carruaje. Will se quedó atrás para restregarse y quitarse la sangre seca de vampiro que había en sus manos y brazos. La tarea lo estaba absorbiendo lo suficiente como para ser capaz de ignorar casi por completo a Gabriel Lightwood, que salió de las sombras y fue aproximándose lentamente a Will, con una sonrisa de superioridad adherida en su rostro. “Buen trabajo allí, Herondale, incendiando el lugar,” observó Gabriel. “Buena suerte que estuviéramos para limpiar después de ti, o todo el plan habría ardido en llamas, al igual que los fragmentos de tu reputación.” “¿Insinúas que los fragmentos de mi reputación permanecen intactos?” demandó Will con falso horror. “Claramente he estado haciendo algo mal. O no haciendo algo mal, como es el caso.” Golpeó un lado del carruaje. “¡Thomas! ¡Debemos ir al burdel más cercano! Busco escándalo y mala compañía.” Thomas bufó y dijo algo entre dientes que sonó como “tonterías,” lo que Will ignoró. La cara de Gabriel se oscureció. “¿Hay algo que no sea una broma para ti?” “Nada que me venga a la mente.” “Sabes,” dijo Gabriel, “hubo un tiempo en el que pensé que podíamos ser amigos, Will.” “Hubo un tiempo en el que pensé que era un hurón,” dijo Will, “pero resultó ser una alucinación por el opio. ¿Sabías que tenía ese efecto? Porque yo no.” “Creo,” dijo Gabriel, “que quizás deberías considerar si los chistes sobre el opio son o divertidos o de buen gusto, dada la... situación de tu amigo Carstairs.” Will se congeló. Con el mismo tono de voz, dijo, “¿Te refieres a su discapacidad?” Gabriel pestañeó. “¿Qué?” “Así es como lo llamaste. En el Instituto. Su „discapacidad.‟” Will tiró el paño sangriento a un lado. “Y te preguntas por qué no somos amigos."
“Simplemente me preguntaba,” dijo Gabriel, con una voz más suave, “si quizás algún día tendrás suficiente.” “¿Suficiente de qué?” “Suficiente de comportarte como lo haces.” Will cruzó sus brazos sobre su pecho. Sus ojos chispearon peligrosamente. “Oh, nunca puedo obtener lo suficiente,” dijo. “Lo cual, casualmente, es lo que me dijo tu hermana cuando…” La puerta del carruaje se abrió de repente. Una mano salió disparada, agarrando a Will por la parte trasera de su camisa, y lo arrastró adentro. La puerta se cerró fuertemente tras él, y Thomas, sentado rígido, tiró de las riendas de los caballos. Un momento más tarde, el carruaje avanzó sumergiéndose en la noche, dejando atrás a Gabriel con la mirada fija en él, enfurecido.
“¿En qué estabas pensando?” Jem, habiendo depositado a Will en el asiento opuesto al suyo, sacudió su cabeza, sus ojos plateados brillando en la oscuridad. Sostuvo su bastón entre las rodillas, su mano descansando suavemente encima del tallado con forma de cabeza de dragón. El bastón había pertenecido al padre de Jem, Will lo sabía, y había sido diseñado para él por un fabricante de armas de Cazadores de Sombras en Pekín. “Molestándo así a Gabriel Lightwood, ¿por qué lo haces? ¿Cuál es el objetivo?” “Oíste lo que ha dicho sobre ti…” “No me importa lo que diga de mí. Es lo que todos piensan. Sólo que él tiene el coraje de decirlo.” Jem se inclinó hacia delante, apoyando su barbilla en su mano. “Sabes, no puedo funcionar como tu sentido de auto-preservación por siempre. Con el tiempo tendrás que aprender a arreglártelas sin mí.” Will, como siempre hacía, ignoró esto. “Gabriel Lightwood es difícilmente una amenaza.” “Entonces olvídate de Gabriel. ¿Hay alguna razón en particular por la que sigas mordiendo vampiros?” Will tocó la sangre seca de sus muñecas, y sonrió. “No se lo esperan.” “Por supuesto que no lo hacen. Saben lo que pasa cuando uno de nosotros consume sangre de vampiro. Probablemente esperan que tengas más sentido común.” “Esa expectación nunca parece servirles demasiado, ¿no es así?” “Tampoco te sirve a ti.” Jem miró a Will pensativamente. Él era el único que nunca perdía los estribos con Will. Cualquier cosa que hiciera Will, la reacción más extrema que parecía ser capaz de provocar en Jem era una leve exasperación. “¿Qué pasó allí dentro? Estábamos esperando la señal…”
“El maldito Fósforo de Henry no funcionó. En lugar de enviar una llamarada de luz, incendió las cortinas.” Jem soltó una risita nasal. Will lo miró. “No es divertido, no sabía si el resto de Ustedes iban a aparecer o no.” “¿En serio pensaste que no iríamos por ustedes después de que todo el sitio se encendiera como una antorcha?” preguntó Jem razonablemente. “Podrían haber estado tostándolos en un asador, por todo lo que sabíamos.” “Y Tessa, la tonta criatura, se suponía que estaría afuera con Magnus, pero no se iba…” “Su hermano estaba esposado a una silla de la habitación,” señaló Jem. “Yo tampoco estaría seguro de irme.” “Veo que estás decidido a ignorar mi punto.” “Si tu punto es que había una chica guapa en la habitación y te estaba distrayendo, creo que lo he entendido fácilmente.” “¿Piensas que es guapa?” Will estaba sorprendido; Jem raramente opinaba sobre este tipo de cosas. “Sí, y tú también lo piensas.” “No me había dado cuenta, de veras.” “Sí, lo has hecho, y yo me he dado cuenta de que lo has notado.” Jem estaba sonriendo. A pesar del estrés de la batalla, esta noche parecía estar sano. Había color en sus mejillas, y sus ojos estaban de un plateado oscuro y permanente. Había ocasiones en que la enfermedad lo dejaba muy mal, cuando le desaparecía todo el color, inclusive el de sus ojos, dejándolo horriblemente pálido, casi blanco, con sus pequeñas pupilas negras en el centro como un pequeño punto de ceniza negra en la nieve. Había momentos en los que también comenzaba a delirar. Will había sujetado a Jem mientras se destrozaba, sollozando en otro lenguaje y sus ojos rodados hacia atrás. Y cada vez que eso pasaba, Will pensaba que eso era todo, y que Jem iba a morir esta vez. A veces pensó en qué haría después, pero no podía imaginárselo, no más de lo que quería mirar atrás y recordar su vida antes de que llegara al Instituto. No soportaba pensar en ello por mucho tiempo. Pero también había otras ocasiones, como ésta, en las que miraba a Jem y no veía ningún signo de la enfermedad en él, y se preguntaba cómo sería un mundo en el que Jem no estuviese muriendo. Y tampoco aguantaba pensar en ello. Era un lugar negro y terrible dentro de él de donde provenía su miedo, una voz oscura que sólo podía silenciar con enfado, riesgo y dolor. “Will,” la voz de Jem cortó las ensoñaciones desagradables de Will. “¿Has oído alguna palabra de lo que he dicho estos últimos cinco minutos?” “La verdad es que no.” “No tenemos que hablar de Tessa si no quieres, lo sabes.” “No es por Tessa.” Esto era cierto. Will no había estado pensando sobre Tessa. Se estaba volviendo bueno en no pensar en ella, la verdad; todo lo que necesitaba era determinación y práctica. “Una de las vampiras tenía un sirviente humano que vino hacia mí. Lo maté,” dijo Will. “Sin ni siquiera pensarlo. Era sólo un estúpido chico humano, y lo maté.” “Era un oscuro,” dijo Jem. “Se estaba Convirtiendo. Habría sido cuestión de tiempo.” “Era sólo un chico,” dijo Will otra vez. Giró su cara en dirección a la ventana, aunque el brillo de la luz mágica en el carruaje significaba que todo lo que podía ver era su propia cara reflejándose hacia él. “Voy a emborracharme cuando lleguemos a casa,” añadió. “Creo que tendré que hacerlo.” “No, no lo harás,” dijo Jem. “Sabes exactamente lo que pasará cuando lleguemos a casa.” Porque él tenía razón, Will frunció el ceño. ***
Delante de Will y Jem, en el primer carruaje, Tessa estaba sentada en el asiento de terciopelo detrás de Henry y Charlotte; estaban hablando en murmullos sobre la noche y sobre cómo había ido. Tessa dejó que las palabras resbalaran por encima de ella, sin darles importancia. Sólo dos Cazadores de Sombras habían sido asesinados, pero la huída de De Quincey fue un desastre, y Charlotte estaba preocupada de que la Enclave estuviera enfadada con ella. Henry hizo sonidos tranquilizadores, pero Charlotte parecía inconsolable. Tessa se sentiría mal por ella, si tuviera la energía suficiente para sentir algo. Nathaniel se encontraba encima de Tessa, su cabeza en su regazo. Se dobló hacia él, acariciando su sucio cabello enredado con los dedos enguantados. “Nate,” dijo, tan suavemente que esperó que Charlotte no la escuchara. “Eso es todo. Todo está bien.” Las pestañas de Nathaniel se agitaron y sus ojos se abrieron. Su mano se levantó, las uñas rotas, sus nudillos inflamados y deformados, y apretó fuertemente su mano, entrelazando sus dedos con los de ella. “No te vayas,” dijo densamente. Sus ojos se cerraron de nuevo; estaba claramente vagando dentro y fuera de su conciencia, si es que estaba algo consciente. “Tessie…quédate.” Nunca nadie más la había llamado así; cerró sus ojos, reprimiendo las lágrimas. No quería que Charlotte, u otro Cazador de Sombras, la viera llorar.
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