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jueves, 27 de febrero de 2014

13. ALGO OSCURO

A veces somos menos infelices siendo engañados por aquellos a los que amamos, que en ser desengañados por ellos. —François La Rochefoucauld, Maxims

Tessa despertó al día siguiente con Sophie encendiendo la lámpara junto a su cama. Con un gemido, Tessa hizo un movimiento para cubrir sus doloridos ojos. "Ahora, vamos, Señorita." Sophie se dirigió a Tessa con su usual vivacidad. "Ha dormido todo el día. Son más de las ocho de la noche, y Charlotte dijo que la despertara." "¿Mas de las ocho? ¿De la noche?" Tessa echó hacia atrás sus mantas, sólo para darse cuenta, para su sorpresa, de que todavía llevaba puesto el vestido de Camille, ahora aplastado y arrugado, sin mencionar manchado. Debió haberse desplomado sobre la cama todavía con la ropa puesta. Recuerdos de la noche anterior comenzaron a inundar su mente… las caras blancas de los vampiros, el fuego haciendo su camino por las cortinas, Magnus Bane riendo, de Quincey, Nathaniel, y Will. Oh, Dios, pensó. Will. Alejó los pensamientos sobre él de su mente y se sentó, mirando ansiosamente a Sophie. "Mi hermano," dijo. "¿Está él...?" La sonrisa de Sophie vaciló. "No está peor, en realidad, pero tampoco mejor." Viendo la expresión afligida de Tessa, agregó, "Un baño caliente y algo de comida, señorita, eso es lo que necesita. No hará ningún bien a su hermano que se muera de hambre y se vuelva sucia." Tessa bajó la mirada sobre si misma. El vestido de Camille estaba arruinado, eso era evidente; desgarrado y manchado con sangre y cenizas en una docena de lugares. Sus medias de seda estaban rotas, sus pies sucios, y sus manos y brazos salpicados con mugre. Dudó al imaginarse el estado de su pelo. "Supongo que estás en lo cierto."

La bañera era un ovalo con patas en forma de garra, escondido detrás de un biombo Japonés ubicado en una esquina de la habitación. Sophie la había llenado con agua caliente que ya empezaba a enfriarse. Tessa se deslizó detrás del biombo, se desvistió, y se hundió dentro de la bañera. El agua caliente le llegaba hasta los hombros, entibiándola. Por un momento se sentó sin moverse, dejado que el calor empapara sus fríos huesos. Lentamente comenzó a relajarse, y cerró sus ojos…
Recuerdos sobre Will la inundaron. Will, el ático, el modo en que él había tocado su mano. El modo en que la había besado, luego ordenado que se fuera. Se hundió bajo la superficie del agua como si pudiera ocultarse del humillante recuerdo. No funcionó. Ahogarte a ti misma no ayudará, se dijo severamente. Ahora, ahogar a Will, por otro lado... Se sentó, se estiró para tomar la pastilla de jabón de lavanda al borde de la bañera, y refregó su piel y su pelo con ésta hasta que el agua se volvió negra de cenizas y suciedad. Tal vez no era realmente posible refregarte hasta borrar tus pensamientos sobre alguien, pero siempre podía intentarlo. Sophie estaba esperando a Tessa cuando salió de atrás del biombo. Había una bandeja con sándwiches y té ya preparados. Frente al espejo, ayudó a Tessa a ponerse su vestido amarillo adornado con tiras oscuras; era mas llamativo de lo que Tessa hubiera preferido, pero a Jessamine le había encantado el diseño en la tienda y había insistido que Tessa lo pidiera para ella. No puedo usar amarillo, pero es siempre adecuado para señoritas con cabello castaño opaco como el tuyo, había dicho. La sensación del cepillo recorriendo su pelo era muy agradable; le recordó a Tessa de cuando era una niña pequeña y su Tía Harriet había cepillado su cabello por ella. Era lo suficientemente tranquilizador que cuando Sophie habló a continuación, la sobresaltó ligeramente. "¿Logró que el Señor Herondale tomara su medicina la noche pasada, señorita?" "Oh, yo…" Tessa se apresuró a componerse a si misma, pero era demasiado tarde; un tono rojizo se había esparcido por su nuca y alcanzado su rostro. "Él no quería tomarla," terminó sin convicción. "Pero pude convencerlo al final." "Ya veo." La expresión de Sophie no cambió, pero los rítmicos trazos del cepillo a través del pelo de Tessa comenzaron a ser más rápidos. "Sé que no me corresponde, pero…" "Sophie, puedes decirme lo que quieras, de verdad." "Es sólo que… el Señor Will." Las palabras de Sophie salieron apresuradamente. "Él no es alguien por el que se deba preocupar, Señorita Tessa. No de esa forma. Él no es alguien en quien se pueda confiar, o depender. Él… él no es quien piensa que es." Tessa juntó sus manos sobre el regazo. Sintió una incierta sensación de irrealidad. ¿Las cosas habían ido realmente tan lejos que necesitaba ser advertida sobre Will? Y al mismo tiempo era bueno tener a alguien con quien hablar sobre él. Se sentía un poco como una persona hambrienta a la que se le ofrecía comida. "No se lo que creo que es, Sophie. Es de una forma por momentos, y luego puede cambiar completamente, como el viento cambiando, y no se por qué, o que haya pasado…" "Nada. Nada ha pasado. A él no le importa nadie salvo él mismo." "Se preocupa por Jem," dijo Tessa en voz baja. El cepillo dejó de moverse; Sophie se había detenido, congelada. Había algo que quería decir, pensó Tessa, algo que estaba tratando de no decir. ¿Pero que podía ser? El cepillo comenzó a moverse nuevamente. "Sin embargo, eso no es suficiente." "Quieres decir que no debería entregar mi corazón a algún chico que nunca se preocupara por mí…" "¡No!" dijo Sophie. "Hay cosas peores que eso. Está bien amar a alguien que no corresponde su amor, en tanto que sean dignos de ese amor. En tanto lo merezcan." La pasión en la voz de Sophie sorprendió a Tessa. Se giró para mirar a la otra chica. "Sophie, ¿Hay alguien que te importe? ¿Es Thomas?" Sophie lucía sorprendida. "¿Thomas? No. ¿Qué le dio esa idea?" "Bueno, porque creo que a él le importas," dijo Tessa. "He visto como te mira. Te observa cuando estás en la habitación. Supongo que pensé..." Su voz se fue apagando ante la mirada de asombro de Sophie. "¿Thomas?" Sophie volvió a repetir. "No, eso no es posible. Estoy segura que no posee tales pensamientos hacia mi." Tessa no intentó contradecirla; claramente, cualquiera hubieran sido los sentimientos que Thomas pudiera haber tenido, Sophie no los había correspondido. Lo que dejaba... "¿Will?" dijo Tessa. "¿Quieres decir que te interesaste por Will alguna vez?" Lo que explicaría la amargura y el desagrado, pensó, considerando como Will trataba a las chicas que sentían afecto hacia él. "¿Will?" Sophie sonaba absolutamente horrorizada, lo suficiente horrorizada para olvidar dirigirse a Will como Sr. Herondale. "¿Está preguntándome si alguna vez estuve enamorada de él?" "Bueno, pensé… quiero decir, él es muy guapo." Tessa notó que sonaba más bien débil. "Hay mucho más en una persona para amar que la forma en que lucen. Mi ultimo patrón," Sophie continuó, su cuidadoso acento deslizándose debido a la emoción mientras hablaba, así que ese „último‟ sonó más como „últrimo‟, "siempre estaba fuera de safari en África e India, disparando a tigres y demás. Y él me dijo que la forma en que te puedes dar cuenta si un bicho o una serpiente es venenosa, es por ejemplo, si tiene hermosas y brillantes marcas. Cuanto más hermosa su piel sea, más mortal es. Así es como es Will. Ese bello rostro sólo esconde cuan retorcido y corrompido está por dentro." "Sophie, no sé…" "Hay algo oscuro en él," dijo Sophie. "Algo negro y oscuro que está ocultando. Él tiene alguna especie de secreto, del tipo que te consume por dentro." Dejó el cepillo con dientes de plata sobre el tocador, y Tessa vio con sorpresa que su mano estaba temblando. "Sólo recuerde mis palabras." Después de que Sophie se fuera, Tessa tomó el ángel mecánico de su mesita de noche y se lo colgó alrededor del cuello. Al ubicarlo sobre su pecho, se sintió inmediatamente segura. Lo había extrañado mientras había estado disfrazada como Camille. Su presencia era reconfortante y, aunque sabía que era algo tonto, pensó que tal vez si visitaba a Nate mientras lo usaba, él sentiría su presencia y se sentiría seguro también. Mantuvo su mano sobre el ángel mientras cerraba la puerta de la habitación al salir, recorrió el pasillo, y llamó a la puerta de su hermano suavemente. Cuando no hubo respuesta, tomó la perilla y abrió la puerta. Las cortinas en la habitación estaban descorridas, llenando la mitad del lugar con luz, y pudo ver a Nate dormido boca arriba sobre un montículo de almohadas. Tenía un brazo sobre su frente, y sus mejillas estaban brillantes debido a la fiebre. No estaba solo, tampoco. En el sillón al lado de la cabecera de la cama estaba sentada Jessamine, un libro abierto sobre su regazo. Devolvió la mirada sorprendida de Tessa con una tranquila y nivelada. "Yo…," comenzó Tessa, y se compuso antes de continuar. "¿Qué haces aquí?" "Pensé en leerle a tu hermano por un rato," dijo Jessamine. "Todos han estado durmiendo casi todo el día, y él estaba siendo cruelmente descuidado. Sólo Sophie lo controla, y no puedes contar con ella para conversaciones decentes." "Nate está inconsciente, Jessamine; no quiere ninguna conversación." "No puedes estar segura," dijo Jessamine. "He oído que la gente puede escuchar lo que les dices hasta si están bastante inconscientes, o incluso muertos." "No está muerto tampoco." "Ciertamente no lo está." Jessamine lo miró fijamente. "Es demasiado apuesto para morir. ¿Está casado, Tessa? ¿O hay alguna muchacha en Nueva York que lo haya pretendido?" "¿A Nate?" Tessa la miró fijo. Siempre habían existido chicas, todo tipo de chicas, quienes habían mostrado interés en Nate, pero él tenía el lapso de atención de una mariposa. "Jessamine, él ni siquiera está consciente. Ahora difícilmente es el momento…" "Mejorará," anunció Jessamine. "Y cuando lo haga, él sabrá que fui yo cuidó de él hasta recobrar su salud. Los hombres siempre se enamoran de las mujeres que los ayudan a recuperarse. „Cuando el dolor y la angustia retuercen frente, / ¡Un ángel te cuidará!‟" terminó, con una sonrisa satisfecha. Al ver la expresión horrorizada de Tessa, frunció el ceño. "¿Que está mal? ¿No soy lo suficientemente buena para tu preciado hermano?" "Él no tiene nada de dinero, Jessie…" "Yo tengo dinero suficiente para ambos. Sólo necesito a alguien que me lleve lejos de este lugar. Ya te lo he dicho." "En realidad, me pediste que fuera yo quien lo hiciera." "¿Es eso lo que no puedes tolerar?" preguntó Jessamine. "Francamente, Tessa, aun podemos ser las mejores amigas una vez que seamos cuñadas, pero un hombre siempre es mejor que una mujer para este tipo de cosas, ¿no crees?" Tessa no pudo pensar en nada que decir como respuesta. Jessamine se encogió de hombros. "Charlotte desea verte, a propósito. En el salón. Quería que te lo dijera. No necesitas preocuparte por Nathaniel. He estado corroborando su temperatura cada quince minutos y poniendo compresas frías sobre su frente además."
Tessa no estaba segura de creer todo eso, pero como Jessamine estaba evidentemente sin interés en renunciar a su puesto al lado de Nathaniel, y apenas valía la pena discutir, se giró dando un suspiro de disgusto y abandonó la habitación. La puerta que daba al Salón, cuando la alcanzó, estaba ligeramente entreabierta; podía oír voces altas del otro lado. Dudó, con la mano levantada y a punto de golpear… luego escuchó decir su propio nombre y se quedó inmóvil. "Esto no es el Hospital de Londres. ¡El hermano de Tessa no debería estar aquí!" Era la voz de Will, elevada hasta casi un grito. "Él no es un Subterráneo, solo un estúpido, banal mundano quien se encontró en una situación que no pudo manejar…" Charlotte contestó, "Él no puede ser tratado por doctores mundanos. No por lo que tiene. Sé razonable, Will." "Él ya sabe sobre las reglas del Submundo." La voz pertenecía a Jem: calmada, lógica. "De hecho, puede tener bastante información importante que nosotros no conocemos. Mortmain afirmaba que Nathaniel estaba trabajando para De Quincey; puede tener información sobre sus planes, los autómatas, todo el asunto sobre el Maestro. De Quincey lo quería muerto, después de todo. Quizás era porque sabía algo que no debería." Hubo un largo silencio. Luego, "Entonces podemos llamar a los Hermanos Silenciosos de nuevo," dijo Will. "Pueden meterse en su mente, ver que pueden encontrar. No tendríamos que esperar a que él se despierte." "Sabes que ese tipo de proceso es delicado con mundanos," protestó Charlotte. "El Hermano Enoch ya ha dicho que la fiebre ha puesto al Sr. Gray a ver alucinaciones. Le es imposible ordenar lo que es verdad y lo que es delirio febril a través de la mente del chico. No sin dañar su mente, posiblemente de forma permanente." "Dudo que haya habido mucho para empezar." Tessa oyó el tono de disgusto de Will incluso a través de la puerta y sintió su estómago contraerse con ira. "No sabes nada de él." Jem habló mas fríamente de lo que Tessa había escuchado antes. "No puedo imaginar que es lo que te esta haciendo comportar de esta forma, Will, pero no te da crédito." "Yo sé lo que es," Charlotte dijo. "¿Lo sabes?" Will sonó sorprendido. "Estás tan molesto como yo de como resultaron las cosas la noche pasada. Sufrimos sólo dos muertes, es verdad, pero el escape de De Quincey no nos hace quedar bien. Fue mi plan. Yo presioné a la Enclave para realizarlo, y ahora me culparán por todo lo que salió mal. Sin mencionar que Camille ha tenido que esconderse desde que no tenemos ninguna idea donde De Quincey pueda estar, y a esta altura debe tener un precio de sangre sobre su cabeza. Y Magnus Bane, por supuesto, está furioso con nosotros porque Camille haya desparecido. Así que nuestra mejor informante y nuestro mejor brujo están fuera de nuestro alcance por el momento." "Pero sí pudimos evitar que De Quincey matara el hermano de Tessa y quien sabe a cuantos mundanos más," dijo Jem. "Eso debería contar para algo. Benedict Lightwood no quería creer en la traición de De Quincey al principio; ahora no tiene otra opción. Él sabe que estabas en lo cierto." "Eso," dijo Charlotte, "es probable que lo haga enojarse más." "Quizá," dijo Will. "Y quizá si no hubieras insistido en vincular el éxito de mi plan con la funcionalidad de uno de los ridículos inventos de Henry, no estaríamos sosteniendo esta conversación ahora. Puedes bailar alrededor de ello todo lo que quieras, pero la razón de que todo fuera mal anoche fue porque el Fósforo no funcionó. Nada de lo que Henry inventa funciona alguna vez. Si sólo admitieras que tu esposo es un tonto inútil, todos estaríamos mucho mejor." "Will." La voz de Jem contenía una fría furia. "No. James, no." La voz de Charlotte tembló; hubo una especie de ruido sordo, como si ella se hubiera sentado de repente sobre una silla. "Will," dijo ella, "Henry es un hombre bueno y amable, y él te quiere." "No te pongas sensible, Charlotte." La voz de Will sólo contenía desprecio. "Él te conoce desde que eras un niño. Se preocupa por ti como si fueras su hermano pequeño. Como yo. Todo lo que he hecho es quererte, Will…" "Si," dijo Will, "Y desearía que no lo hicieras." Charlotte hizo un sonido de dolor, como un cachorro al ser golpeado. "Sé que no lo dices en serio." "Todo lo que digo es en serio," dijo Will. "Especialmente cuando digo que estaríamos  mejor si registramos la mente de Nathaniel Gray ahora mejor que después. Si eres tan sentimental para hacerlo…" Charlotte comenzó a interrumpir, pero no importó. Fue demasiado para Tessa. Abrió la puerta de un tirón y entró en la habitación. El interior del Salón estaba iluminado por un rugiente fuego, en contraste con los cuadrados de oscuro cristal gris que dejaba entrar lo que había del nublado crepúsculo. Charlotte estaba sentada detrás del amplio escritorio, Jem en una silla a su lado. Will, por otro lado, estaba apoyado en la repisa de la chimenea; estaba rojo de ira, obviamente, sus ojos brillantes, el cuello de su camisa torcido. Sus ojos se encontraron con los de Tessa en un momento de puro asombro. Cualquier esperanza que la hubiera entretenido de que él hubiera olvidado mágicamente lo que había pasado en el ático la noche pasada se desvaneció. Él se ruborizó al verla, sus insondables ojos azules oscureciéndose, y alejó su mirada, como si no pudiera soportar mantener el contacto visual. "¿Supongo que has estado espiando, entonces?" preguntó él. "¿Y ahora estas aquí para darme tu punto de vista sobre tu preciado hermano?" "Al menos tengo un punto de vista que darte, lo que Nathaniel no tendrá, si te sales con la tuya." Tessa se giró para mirar a Charlotte. "No dejaré que el Hermano Enoch vaya manoseando la mente de Nate. Ya está lo suficiente enfermo; eso probablemente lo matará." Charlotte sacudió la cabeza. Lucía agotada, su rostro gris, sus párpados caídos. Tessa se preguntó si siquiera había dormido en absoluto. "Con seguridad, dejaremos que se mejore antes de pensar en interrogarlo." "¿Y que si sigue enfermo por semanas? ¿O meses?" dijo Will. "Podríamos no disponer de tanto tiempo." "¿Por qué no? ¿Qué es tan urgente que quieres arriesgar la vida de mi hermano?" Tessa replicó. Los ojos de Will eran astillas de vidrio azul. "Lo único que te ha importado fue encontrar a tu hermano. Y ahora lo has hecho. Bien por ti. Pero ese nunca fue nuestro objetivo. Sí te das cuenta de eso ¿no? Usualmente no nos alejamos tanto de nuestro camino por el bien de un delincuente mundano." "Lo que Will está tratando de decir," Jem interrumpió, "aunque fallando en cortesía, es…" se interrumpió, y suspiró. "De Quincey dijo que tu hermano era alguien en quien había confiado. Y ahora De Quincey se ha ido, y no tenemos idea de donde se puede estar escondiendo. Las notas que encontramos en su oficina insinuaban que De Quincey creía que pronto habría una guerra entre Subterráneos y Cazadores de Sombras, una guerra en la que esas criaturas mecánicas en las que estaba trabajando figuraban sin dudar como piezas claves. Puedes ver ahora por qué le gustaría saber donde está, y que más podría saber tu hermano." "Tal vez ustedes quieran saber esas cosas," dijo Tessa, "pero no es mi lucha. No soy una Cazadora de Sombras." "Ciertamente," dijo Will. "No creas que no sabemos eso." "Cállate, Will." El tono de Charlotte sostenía más que su usual aspereza. Se volvió hacia Tessa, sus ojos marrones suplicantes. "Confiamos en ti, Tessa. Necesitas confiar en nosotros también." "No," dijo Tessa. "No, yo no." Podía sentir la mirada de Will sobre ella y súbitamente se llenó de una alarmante ira. ¿Cómo se atrevía a ser distante con ella, a estar enojado? ¿Qué había echo para merecerlo? Ella había dejado que él la besara. Eso fue todo. De alguna forma, era como si sólo eso hubiera borrado todo lo demás que ella había hecho esa noche, como si ahora que había besado a Will, ya no importara que también hubiera sido valiente. "Querían usarme… como hicieron las Hermanas Oscuras, y en el momento que se presentó la oportunidad, el momento en que Lady Belcourt apareció y necesitaron mis habilidades, quisieron que lo hiciera. ¡Sin importar cuan peligroso fuera! Se comportan como si yo tuviera alguna clase de responsabilidad a su mundo, sus leyes y sus Acuerdos, pero es su mundo, y ustedes son los destinados a regirlo. ¡No es mi culpa si están haciendo un trabajo podrido!" Tessa vio a Charlotte palidecer y sentarse. Sintió una aguda punzada en su pecho. No era Charlotte a quien había querido herir. Aun así, continuó. No pudo evitarlo, las palabras salieron en torrente, "Toda su charla sobre los Subterráneos y de como no los odian. No significa nada, ¿no? Sólo palabras. No las dicen en serio. Y en cuanto a los mundanos, ¿Han pensado alguna vez que serian mejores protegiéndolos si no los odiaran tanto?" miró a Will. Estaba pálido, sus ojos brillaban. Se veía… no estaba muy segura de poder describir su expresión. Horrorizado, pensó, pero no con ella; el horror iba mas profundo que eso. "Tessa," dijo Charlotte, pero Tessa ya estaba sobre la puerta. Se giró a último momento, en el umbral, para verlos a todos observándola fijamente. "Manténganse alejados de mi hermano," espetó. "Y no me sigan."


El enojo, pensó Tessa, era satisfactorio en su propia medida, cuando te rendías a él. Había algo peculiarmente gratificante al gritar en una ira ciega hasta quedarte sin palabras. Por supuesto, las consecuencias eran menos agradables. Una vez que les decías a todos que los odiabas y que no fueran tras de ti, ¿Dónde irías exactamente? Si volvía a su propia habitación, era lo mismo que decir que estaba teniendo un berrinche que ya pasaría. No podía ir con Nate y llevar su mal humor a su cuarto de enfermo, y andar por cualquier otro lado significaba arriesgarse a ser encontrada por Sophie o Agatha. Al final tomó las estrechas, tortuosas escaleras que conducían hacia la salida de Instituto. Se abrió paso por el lugar iluminado por luz mágica y salió a los amplios escalones de la entrada de la Iglesia, donde se hundió en el primer escalón y envolvió sus brazos sobre su cuerpo, temblando ante la inesperada y fría brisa. Seguramente debió haber llovido en algún momento durante el día, ya que los escalones de la entrada estaban húmedos, y la piedra negra del patio brillaba como un espejo. La luna había salido, lanzándose entre medio de rápidas nubes, y el enorme portón de hierro brillaba oscuramente en la luz intermitente. Somos polvo y sombras. "Sé lo que estás pensando." La voz que venía de la puerta detrás de Tessa era tan suave que casi podría haber sido parte del viento que agitaba las hojas en las ramas de los árboles. Tessa se giró. Jem estaba parado en el arco de la entrada, la blanca luz mágica detrás suyo iluminando su cabello, tanto que brillaba como metal. Su rostro, sin embargo, estaba oculto en las sombras. Sostenía su bastón en su mano derecha; los ojos del dragón brillaban vigilantes hacia Tessa. "No creo que lo sepas." "Estás pensando, si llaman a esta suciedad húmedo verano, ¿Cómo será el invierno? Te sorprenderías. El invierno es prácticamente lo mismo." Se alejó de la puerta y se sentó en el escalón al lado de Tessa, aunque no demasiado cerca. "Es la primavera la que es realmente encantadora." "¿Lo es?" dijo Tessa, sin demasiado interés real. "No. En realidad es bastante brumoso y húmedo también." La miró de costado. "Se que dijiste que no te siguiéramos. Pero más bien estaba esperando que sólo te hubieras referido a Will." "Lo hice." Tessa se giró para mirarlo. "No debí haber gritado así." "No, tenias razón en decir lo que dijiste," dijo Jem. "Nosotros los Cazadores de Sombras hemos sido de esta forma por tanto tiempo, y somos de criterio tan estrecho, que a menudo olvidamos mirar cualquier situación desde el punto de vista de otros. Es siempre sobre si algo esta bien para los Nefilim o mal para los Nefilim. A veces pienso que olvidamos preguntarnos si es bueno o malo para el mundo." "Nunca quise herir a Charlotte." "Charlotte es muy sensata sobre la forma en que se maneja el instituto. Como mujer, debe luchar para ser escuchada, e incluso así sus decisiones son cuestionadas. Escuchaste a Benedict Lightwood en la reunión de la Enclave. Ella siente que no tiene libertad para cometer errores." "¿Y la tiene alguno de nosotros? ¿Alguno de ustedes? Todo es vida o muerte para ustedes." Tessa tomó un largo suspiro de aire húmedo. Sabía a ciudad, metal y cenizas y caballos y agua de río. "Yo sólo… siento a veces como si no pudiera soportarlo. Nada de esto. Desearía nunca haberme enterado lo que soy. ¡Desearía que Nate se hubiera quedado en casa y que nada de esto hubiera pasado!" "A veces," dijo Jem, "nuestras vidas pueden cambiar tan rápido que el cambio supera nuestras mentes y corazones. Son esos momentos, creo yo, cuando nuestras vidas se han alterado pero todavía anhelamos el tiempo en que nada había cambiado… en ese momento es cuando sentimos mayor dolor. Puedo decirte, sin embargo, por experiencia, que te acostumbras. Aprendes a vivir tu nueva vida, y no puedes imaginar, o incluso recordar, como eran las cosas antes." "Estás diciendo que me acostumbraré a ser una bruja, o lo que sea que soy." "Siempre has sido lo que eres. Eso no es nuevo. A lo que te acostumbrarás es a saberlo." Tessa respiró hondo y soltó el aire lentamente. "No quise decir lo que dije arriba," dijo. "No creo que los Nefilim sean tan terribles." "Sé que no lo dijiste en serio. Si lo hubieses hecho, no estarías aquí. Estarías al lado de tu hermano, resguardándolo de nuestras horribles intenciones." "Will realmente no quiso decir lo que dijo, tampoco, ¿no?" dijo Tessa, después de un momento. "No le haría daño a Nate." "Ah." Jem miró hacia el portón, sus ojos grises pensativos. "Estás en lo cierto. Pero me sorprende que lo sepas. Yo lo sé. Pero he tenido años para entender a Will. Para saber cuando habla en serio y cuando no." "¿Así que nunca te enojas con él?" Jem rió en voz alta. "Yo no diría eso. A veces quiero estrangularlo." "¿Y cómo diablos haces para contenerte?" "Voy a mi lugar favorito de Londres," Jem dijo, "Y me quedo allí y miró al agua, y pienso sobre la continuidad de la vida, y como el río sigue avanzando, ajeno a los trastornos menores de nuestras vidas." Tessa estaba fascinada. "¿Y eso funciona?" "No realmente, pero después de eso pienso en como podría matarlo mientras duerme si realmente quisiera, y luego me siento mejor." Tessa soltó una risita. "¿Y dónde está, entonces? ¿Tu lugar favorito?" Por un momento, Jem lució pensativo. Luego se balanceó sobre sus pies, y tendió la mano que no sostenía el bastón. "Ven conmigo, y te mostraré." "¿Es lejos?" "Para nada." sonrió. Tenía una encantadora sonrisa, pensó Tessa, una contagiosa. No pudo evitar devolverle la sonrisa, por lo que se sintió como la primera vez en años. Tessa dejó que la ayudara a pararse. La mano de Jem era cálida y fuerte, sorprendentemente reconfortante. Ella miró hacia atrás al Instituto por un momento, dudó, y dejó que él la guiara a través del portón y hacia el sombrío exterior de la ciudad.

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