Translate

viernes, 28 de febrero de 2014

17. HAS DESCENDER LA OSCURIDAD

La torre de la vieja iglesia y el muro del jardín Están negros con la lluvia de otoño, Y tristes vientos presienten haciendo Descender la oscuridad otra vez. —Emily Brontë, "La Torre de la Vieja Iglesia"


Mientras Charlotte se precipitaba a la biblioteca para notificar a la Enclave de la acción de emergencia que necesitaban tenerse en cuenta esa noche, Henry se mantuvo en el salón con Nataniel y los otros. Fue sorprendentemente paciente cuando Nate cuidadosamente indicó en el mapa de Londres, el lugar donde creía que estaba el refugio de De Quincey, una casa en Chelsea, cerca del Támesis. "No sé cuál es exactamente," dijo Nate, "así que tendrán que ser cuidadosos." “Siempre somos cuidadosos,” dijo Henry, haciendo caso omiso de la mirada irónica de Will en su dirección. Poco tiempo después, sin embargo, envió a Will y Jem a la sala de armas con Thomas para preparar un conjunto de cuchillos serafín y otros armamentos. Tessa se mantuvo en el salón con Jessamine y Nate mientras que Henry se apresuraba a la cripta para recuperar algunos de sus inventos más recientes. Tan pronto como los otros se habían ido, Jessamine comenzó a revolotear alrededor de Nate; haciendo el fuego para él, yendo a buscar otra manta para envolver alrededor de sus hombros, y ofreciéndose para encontrar un libro para leer en voz alta para él, a lo cual se negó. Si Jessamine tenía la esperanza de ganar el corazón de Nate preocupándose por él, pensó Tessa, tendría una decepción. Nate esperaba ser mimado y apenas se daría cuenta de sus atenciones especiales. "Entonces, ¿qué va a pasar ahora?" preguntó él, por último, medio enterrado bajo un montón de mantas. "El Sr. y la señora Branwell…" “¡Oh!, llámelos Henry y Charlotte. Todo el mundo lo hace,” dijo Jessamine. "Van a notificar a la Enclave; eso es a todo el resto de Cazadores de Sombras de Londres, la ubicación del escondite de De Quincey, de modo que puedan planear un ataque," dijo Tessa. "Pero en realidad, Nate, no debes preocuparte por estas cosas. Debes estar en reposo." "Así que sólo vamos a estar nosotros." Los ojos de Nate estaban cerrados. "En este lugar grande y viejo. Parece extraño.” "Oh, Will y Jem no van con ellos," dijo Jessamine. "La oí hablar con ellos en la sala de armas, cuando fui a buscar la manta." Nate abrió los ojos. "¿No lo harán?" Parecía asombrado. "¿Por qué no?" "Son demasiado jóvenes," dijo Jessamine. "Los Cazadores de Sombras se consideran adultos a los dieciocho años, y para este tipo de misión; algo peligroso que toda la Enclave está participando en ello, tienden a dejar a los más pequeños en casa." Tessa sintió una punzada de alivio un poco extraña, que cubrió a toda prisa preguntando, "Pero eso es tan extraño. Dejaron que Will y Jem ir a lo de De Quincey…" "Y es por eso que no pueden ir ahora. Al parecer, Benedict Lightwood está argumentando que el allanamiento de De Quincey resultó tan mal como lo hizo porque Will y Jem no estaban suficientemente formados, aunque cómo nada de eso iba a ser culpa de Jem, no estoy segura. Si me preguntas, él quiere una excusa para hacer a Gabriel quedarse en casa, a pesar de que ya tiene dieciocho años. Lo mima horriblemente. Charlotte dijo que él le había dicho que antes han habido Enclaves completas que han desaparecido en una sola noche, y los Nefilim tienen la obligación de dejar salir a la generación más joven, para continuar, por así decirlo." El estómago de Tessa se retorció. Antes de que pudiera decir nada, la puerta se abrió y entró Thomas. Llevaba una pila de ropa doblada. "Estas son las cosas viejas del Sr. Jem," dijo a Nate, viéndose un poco avergonzado. "Parece que podrían ser aproximadamente del mismo tamaño, y, bueno, debe tener algo que ponerse. Si me acompaña de vuelta a su habitación, podemos ver si le ajustan.” Jessamine rodó los ojos. Tessa no estaba segura de por qué. Tal vez pensó que la ropa desechada no era lo suficientemente buena para Nate. “Gracias, Thomas,” dijo Nate, poniéndose de pie. "Y debo presentar mis disculpas por mi comportamiento anterior, cuando yo, ah, me escondí de ti. Debo de haber estado febril. Esa es la única explicación." Thomas se sonrojó. "Sólo hago mi trabajo, señor. "Tal vez deberías dormir un poco," dijo Tessa, tomando nota de los oscuros círculos de agotamiento alrededor de los ojos de su hermano. "No habrá mucho para que hagamos ahora, no hasta que regresen." “En realidad,” dijo Nate, mirando de Jessamine a Tessa, "Creo que he tenido suficiente descanso. Un hombre debe volver a sus pies con el tiempo, ¿no? Podría estar parado para comer un bocado de algo, y no me importaría alguna compañía. ¿Te importa que me una aquí una vez esté vestido?" "¡Por supuesto que no!" Jessamine parecía encantada. "Le pediré a Agatha que prepare algo ligero. Y tal vez un juego de cartas para mantenernos ocupados después de comer. Sándwiches y té, me parece." Juntó las manos cuando Thomas y Nate salieron de la habitación, y se volvió a Tessa, con los ojos brillantes. "¿No sería eso divertido?" "¿Cartas?" Tessa, quien había estado consternada y casi sin palabras por la sugerencia de Jessamine, encontró su voz. "¿Crees que deberíamos jugar a las cartas? ¿Mientras Henry y Charlotte están fuera luchando contra De Quincey?” Jessamine sacudió la cabeza. "¡Como si estando abatidos los ayudáramos! Estoy segura de que preferirían que estuviéramos alegres y activos en su ausencia, en lugar de ociosos y de mal humor." Tessa frunció el ceño. "Realmente no creo," dijo, "que sugerirle jugar cartas a Nate fuera una gran idea, Jessamine. Sabes muy bien que tiene… problemas... con el juego." "No vamos a arriesgarnos," dijo Jessamine alegremente. "Sólo un partido amistoso de naipes. En realidad, Tessa, ¿tienes que ser una aguafiestas?” "¿Una qué? Jessamine, sé que sólo estás tratando de mantener feliz a Nate. Pero este no es la forma…" “¿Y supongo que tú has dominado el arte de ganar los afectos de los hombres?" estalló Jessamine, sus ojos marrones echaban chispas de ira. "¿Crees que no te he visto mirar a Will con ojos de cachorro? Como si incluso fuera… ¡Oh!" alzó las manos. "No importa. Me das asco. Voy a hablar con Agatha sin ti." Con eso, se puso de pie e indignada salió de la habitación, deteniéndose en la puerta sólo para decir, "Y sé que no te importa cómo te veas, pero como mínimo, debes arreglar tu pelo, Tessa. ¡Pareciera que hubiera aves viviendo en él!" antes de cerrar la puerta tras ella.
Ridículas como Tessa sabía que eran, las palabras de Jessamine la aguijonearon. Se apresuró a regresar a su habitación para echarse agua en la cara y pasar un cepillo por su cabello enredado. Mirando a su blanco rostro en el espejo, trató de no preguntarse si todavía se parecía a la hermana que Nate recordaba. Trató de no imaginarse cómo podría haber cambiado. Terminó, salió corriendo al pasillo y casi caminó directamente hacia Will, que estaba apoyado contra la pared del pasillo frente a su puerta, examinando sus uñas. Con su habitual desprecio por las costumbres, estaba en mangas de camisa, y sobre la camisa estaban una serie de tiras de cuero atravesándole el pecho. A través de su espalda colgaba una hoja larga y delgada, podía ver la empuñadura apenas por encima del hombro. Empujados a través de su cinturón había varios cuchillos serafín, largos y delgados. "Yo…" La voz de Jessamine resonó en la cabeza de Tessa: ¿Crees que no te he visto mirar a Will con ojos de cachorro? La luz mágica ardía suavemente. Tessa esperaba que estuviera demasiado oscuro en el pasillo para que él viera su rubor. "Pensé que no ibas con la Enclave esta noche," dijo por último, más que nada para tener algo que decir, que cualquier otra cosa.
"No voy. Estoy llevándoles estos a Charlotte y Henry en el patio. Benedict Lightwood está enviando su carruaje para ellos. Es más rápido. Debe estar aquí en breve." Estaba oscuro en el pasillo, lo suficientemente oscuro para que aunque Tessa pensara que él sonreía, no estuviera segura. “Preocupada por mi seguridad, ¿verdad? ¿O habías planeado obsequiarme una prensa para que yo pudiera llevarla en batalla como Wilfred de Ivanhoe62?” "Nunca me gustó ese libro," dijo Tessa. "Rowena era una tonta. Ivanhoe debería haber elegido a Rebecca." "La chica de cabello oscuro, ¿no la rubia? ¿En serio?" Ahora estaba casi segura de que estaba sonriendo. “¿Will…?" “¿Sí?” "¿Crees que la Enclave realmente logrará matarlo? ¿A de Quincey?" "Sí." Habló sin dudarlo. "El tiempo de negociación ha pasado. Si alguna vez has visto una rata acosada en una trampa… bueno, no creo que lo hicieras. Pero así es como va a ser esta noche. La Clave despachará uno a uno a los vampiros hasta que sean eliminados por completo.” "¿Quieres decir que no habrá más vampiros en Londres?" Will se encogió de hombros. "Siempre hay vampiros. Pero el clan De Quincey se irá." "Y una vez que todo haya terminado, una vez que el Maestro se haya ido, supongo que no habrá más razones para que Nate y yo nos quedemos en el Instituto, ¿no?" "Yo…" Will parecía realmente sorprendido. “Supongo… sí, bueno, eso es cierto. Me imagino que preferirías quedarte en un lugar menos… violento. Tal vez podrías incluso ver algunas de las partes más agradables de Londres. La Abadía de Westminster63…” "Preferiría irme a casa," dijo Tessa. "A Nueva York." Will no dijo nada. La luz mágica en el corredor se había desvanecido; en las sombras no podía ver su rostro claramente. "A menos que hubiera una razón para que me quedara,” continuó, medio preguntándose a sí misma qué había querido decir con eso. Era más fácil hablar con Will así, cuando no podía ver su rostro, y sólo podía sentir su presencia cerca de ella en el pasillo oscuro. No lo vio moverse, pero sintió sus dedos tocando la parte posterior de su mano ligeramente. "Tessa," dijo. "Por favor, no te preocupes. Pronto todo se resolverá." Su corazón latía dolorosamente contra sus costillas. ¿Qué se resolverá pronto? No podía querer decir lo que ella pensaba que decía. Tenía que decir algo más. "¿No quieres ir a casa?" No se movió, sus dedos aún rozando su mano. "Nunca podré volver a casa." "Pero ¿por qué no?” Susurró, pero ya era demasiado tarde. Lo sintió alejándose de ella. Su mano se apartó de la de ella. "Sé que tus padres vinieron al Instituto cuando tenías doce y te negaste a verlos. ¿Por qué? ¿Qué te hicieron que fue tan terrible?" "No hicieron nada." Negó con la cabeza. “Tengo que irme. Henry y Charlotte están esperando. "Will," dijo, pero él ya estaba caminando alejándose, una oscura sombra que se movía hacia la escalera. "Will," dijo tras él. "Will, ¿quién es Cecily?" Pero él ya se había ido. Para el momento en que Tessa regresó al salón, Nate y Jessamine estaban allí, y el sol había comenzado a ponerse. Se dirigió inmediatamente a la ventana y miró hacia afuera. En el patio, Jem, Henry, Will, y Charlotte se habían reunido, sus sombras se lanzaban largas y oscuras a través de los escalones del Instituto. Henry se estaba poniendo una última runa iratze en su brazo mientras Charlotte parecía estar dando instrucciones a Jem y Will. Jem estaba asintiendo con la cabeza, pero Tessa podría decir, incluso a esta distancia, que Will, cuyos brazos estaban cruzados sobre el pecho, estaba siendo obstinado. Quiere ir con ellos, pensó. No quiere quedarse aquí. Jem probablemente quería ir también, pero no se quejaría al respecto. Esa era la diferencia entre los dos chicos. Una de las diferencias, en todo caso."Tessie, ¿estás segura que no quieres jugar?" Nate se volvió para mirar a su hermana. Estaba de nuevo en su sillón, una manta sobre las piernas, las cartas tendidas en una pequeña mesa entre él y Jessamine, junto a un servicio de té de plata y un pequeño plato de bocadillos. Su cabello estaba un poco húmedo, como si lo hubiera lavado, y llevaba ropa de Jem. Nathaniel había perdido peso, Tessa podría decirlo, pero Jem era lo suficiente delgado como para que su camisa estuviera todavía un poco apretada para Nate en el cuello y los puños, aunque los hombros de Jem eran todavía más amplios, y Nate parecía un poco más pequeño en el talle de la chaqueta de Jem. Tessa todavía estaba mirando por la ventana. Un gran carruaje negro había sido elaborado, con un diseño en la puerta de dos antorchas encendidas, y Henry y Charlotte entraron en él. Will y Jem habían desaparecido de la vista. "Está segura." Jessamine inhaló cuando Tessa no respondió. "Basta con mirarla. Se ve tan desaprobadora." Tessa apartó la mirada de la ventana. "No estoy desaprobando. Simplemente me parece mal jugar mientras que Henry y Charlotte y otros están fuera arriesgando sus vidas." “Sí, lo sé, lo has dicho antes." Jessamine puso sus cartas hacia abajo. "Realmente, Tessa. Esto sucede todo el tiempo. Van a la batalla, vuelven. No vale la pena escandalizarse así." Tessa se mordió el labio. "Siento que debería haber dicho adiós o buena suerte, pero con todas las prisas…" “No necesitas preocuparte," dijo Jem, entrando en la habitación, Will justo detrás de él. "Los Cazadores de Sombras no dicen adiós, no antes de una batalla. O buena suerte. Deben comportarse como si el retorno fuera seguro y no una cuestión de azar." "No necesitamos suerte," dijo Will, dejándose caer en una silla junto a Jessamine, que le disparó una mirada de enojo. "Tenemos un mandato celestial, después de todo. Con Dios de tu lado, ¿qué importa la suerte?" Sonaba sorprendentemente amargo. "¡Oh, dejar de ser tan deprimente, Will!” dijo Jessamine. "Estamos jugando a las cartas. Puedes o bien unirte a la partida o callarte." Will levantó una ceja. "¿Qué están jugando?"
"Pope Joan," dijo Jessamine fríamente, repartiendo cartas. "Le estaba explicando las reglas al señor Gray.”  “La señorita Lovelace dice que ganas cuando te libras de todas tus cartas. Esto es un retraso para mí.” Nate sonrió a Jessamine a través de la mesa, quien tenía hoyuelos de molestia. Will se asomó a la humeante taza que se hallaba junto al codo de Nathaniel. "¿Hay algún té en esto," preguntó él, “o es simplemente brandy puro?" Nate se sonrojó. "El brandy es restaurativo." “Sí” dijo Jem, un pequeño filo en su voz. "A menudo restaura a los hombres derecho al asilo.” "¡Realmente! ¡Ustedes dos! Qué hipócritas. No es como si Will no bebiera, y Jem…" Jessamine se interrumpió, mordiéndose el labio. "Sólo están quejándose porque Henry y Charlotte no los llevaron con ellos," dijo finalmente. “Porque son demasiado jóvenes." Sonrió a Nate sobre la mesa. "Personalmente, prefiero la compañía de un caballero más maduro.” Nate, Tessa pensó con disgusto, es exactamente dos años mayor que Will. Difícilmente un siglo. Tampoco es por ningún estiramiento de imaginación "maduro". Pero antes de que ella pudiera decir nada, sonó un gran estrépito, haciéndose eco a través del Instituto. Nate enarcó las cejas. "Pensé que esto no era una verdadera iglesia. Pensé que no había campanas." "No hay. Ese sonido no son campanas de iglesia." Will se puso de pie. "Esa es la campana de convocatoria. Significa que alguien está abajo y demanda conferencia con los Cazadores de Sombra. Y ya que James y yo somos los únicos aquí..." Miró a Jessamine, y Tessa se dio cuenta que estaba esperando que Jessamine le llevara la contraria, que dijera que ella también era una Cazadora de Sombras. Pero Jessamine estaba sonriéndole a Nate, y él se inclinaba para decirle algo al oído; ninguno de ellos estaba prestando atención a lo que pasaba en la habitación. Jem miró a Will y sacudió la cabeza. Ambos se volvieron hacia la puerta, cuando salieron, Jem miró a Tessa y le dio un pequeño encogimiento de hombros. Desearía que fueras una Cazadora de Sombras, pensó que sus ojos estaban diciendo, pero tal vez se trataba simplemente de lo que esperaba que dijeran. Tal vez simplemente sonreía amablemente y no había sentido en ello. Nate se sirvió otra de agua caliente y brandy. Él y Jessamine habían abandonado la pretensión de que jugaban a las cartas y se inclinaban cerca uno del otro, murmurando en voz baja.
Tessa sintió un ruido sordo de decepción. De alguna manera había esperado que la dolorosa situación de Nate le hubiera hecho más reflexivo, más inclinado a entender que había cosasmás grandes que el trabajo en el mundo, cosas más importantes que sus placeres inmediatos. No esperaba nada mejor de Jessamine, pero lo que una vez pareció encantador en Nate, ahora rozaba sus nervios de una manera que la sorprendió. Se inclinó hacia la ventana. Había un carruaje en el patio. Will y Jem se encontraban en los escalones. Con ellos había un hombre con un elegante traje de frac negro de noche, sombrero de copa alta, un chaleco blanco que brillaba en las antorchas de luz mágica. Se veía como un mundano para Tessa, aunque a esa distancia era difícil de decir. Mientras observaba, él levantó los brazos e hizo un gesto amplio. Ella vio a Will mirar a Jem, y a Jem asentir, y se preguntó de qué diablos estaban hablando. Miró por encima del hombre al coche a sus espaldas y se congeló. En lugar de un escudo de armas, el nombre de una empresa comercial estaba pintado en una de las puertas: MORTMAIN Y COMPAÑÍA. Mortmain. El hombre para el que se padre había trabajado, a quien Nathaniel había chantajeado, quien había introducido a su hermano en el Mundo de las Sombras. ¿Qué estaba haciendo aquí? Miró de nuevo a Nate, su sentimiento de molestia fue arrastrado por una ola de protección. Si supiera que Mortmain estuvo aquí, sin duda, estaría molesto. Sería mejor si ella se enteraba de lo que estaba pasando antes que él. Se deslizó del alfeizar de la ventana y se dirigió tranquilamente a la puerta; enfrascado en una conversación con Jessamine, Nate no pareció darse cuenta de que salió de la habitación. Fue sorprendentemente fácil para Tessa encontrar su camino a la gran escalera de caracol de piedra que atravesaba a través del centro del Instituto. Debía haber estado aprendiendo su camino alrededor del lugar, por fin, decidió que se abriría paso por las escaleras a la planta baja, y encontró a Thomas en la entrada. Llevaba una espada enorme, la punta hacia abajo, con el rostro muy serio. Detrás de él, las enormes puertas dobles del Instituto están abiertas en un rectángulo al crepúsculo azul-negro de Londres, iluminadas por el resplandor de las antorchas de luz mágica del patio. Se vio desconcertado al ver a Tessa. "¿Señorita Gray?” Ella bajó la voz. "¿Qué está pasando ahí fuera, Thomas?” Él se encogió de hombros. "El Sr. Mortmain," dijo. "Quería hablar con el señor y la señora Branwell, pero ya que no están aquí…" Tessa se dirigió hacia la puerta. Thomas, sorprendido, se movió para prevenirla. "Señorita Gray, no creo…""Tendrás que usar la espada sobre mí para detenerme, Thomas," dijo Tessa con voz fría, y Thomas, después de un momento de vacilación, se hizo a un lado. Tessa, con una punzada, esperó no haber herido sus sentimientos, pero parecía más sorprendido que otra cosa. Se movió junto a él, a los escalones fuera del Instituto, donde Will y Jem estaban de pie. Subía una brisa fuerte, erizando su pelo y haciéndola temblar. Al pie de la escalera estaba el hombre que había visto desde la ventana. Era más bajo de lo que hubiera imaginado: pequeño, delgado y de aspecto nervudo, con un rostro bronceado y amable bajo el ala de su sombrero de copa. A pesar de la elegancia de su ropa, tenía el porte natural y fanfarronería de un marinero o un comerciante. "Sí," estaba diciendo, "El Sr. y la Sra. Branwell tuvieron la amabilidad de llamarme la semana pasada. Y fueron aún más amables, entiendo, manteniendo nuestra reunión como algo en secreto. " "No le dijeron a la Enclave sobre sus experimentaciones con el ocultismo, si eso es lo que quiere decir," dijo Will un poco secamente. Mortmain enrojeció. "Sí. Era un favor. Y había pensado en devolver el favor en especie…" Se interrumpió, mirando más allá de Will a Tessa. “¿Y quién es ella? ¿Otra Cazadora de Sombras?” Will y Jem se volvieron al mismo tiempo, y vieron a Tessa. Jem se vio complacido de verla, Will, por supuesto, se vio exasperado, y tal vez una pizca divertido. "Tessa," dijo. "No puedes mantener tu nariz fuera, ¿verdad?" Se volvió de nuevo a Mortmain. "Esta es la señorita Gray, por supuesto. Hermana de Nathaniel Gray." Mortmain lució horrorizado. "Oh, Dios mío. Debí haberme dado cuenta. Se parece a él. Señorita Gray…" "No creo que lo haga, en realidad," dijo Will, pero más bien en voz baja, así que Tessa dudaba de que Mortmain le oyera. "No puede ver a Nate,” dijo Tessa. "No sé si es por eso que ha venido aquí, señor Mortmain, pero no está lo suficientemente bien. Tiene que recuperarse de su terrible experiencia, no recordarle eso." Las líneas en la comisura de la boca de Mortmain se profundizaron. "No estoy aquí para ver al chico," dijo. "Reconozco que le fallé, le fallé miserablemente. La Sra. Branwell lo dejó claro..."
"Debería haber visto por él," dijo Tessa. "Mi hermano. Lo dejó hundirse en el Mundo de las Sombras sin dejar rastro." Una pequeña parte de la mente de Tessa estaba asombrada de estar siendo tan audaz, pero continuó, sin tenerlo en cuenta. "Cuando él le dijo que había  ido a trabajar para De Quincey, debería haber hecho algo. Usted sabía qué clase de hombre era De Quincey… si incluso puede ser llamarlo un hombre." "Lo sé." Mortmain parecía gris debajo de su sombrero. "Por eso estoy aquí. Para tratar de compensar lo que he hecho." "¿Y cómo va a hacer eso?" preguntó Jem, con su voz clara y fuerte. "¿Y por qué ahora?" Mortmain miró a Tessa. "Sus padres," dijo, "eran buenos, gente amable. Siempre he lamentado su introducción al Mundo de las Sombras. En ese momento, me pareció todo un juego agradable y un poco de una broma. He aprendido otra cosa desde entonces. Para mitigar esa culpa, le diré lo que sé. Incluso si eso significa que tenga que huir de Inglaterra para escapar de la ira de De Quincey." Suspiró. "Hace algún tiempo, De Quincey me ordenó una serie de componentes mecánicos, piñones, levas, engranajes, y similares. Nunca le pregunté para que los necesitaba. Uno no se pregunta esas cosas del Maestro. Sólo cuando ustedes Nefilims vinieron a verme, se me ocurrió que su necesidad por ellos pudiera estar conectado a nefastos propósitos. He investigado, y un informante dentro del club me dijo que De Quincey tiene el propósito de construir un ejército de monstruos mecánicos para destruir las filas de los Cazadores de Sombras." Negó con la cabeza. "De Quincey y sus secuaces pueden despreciar a los Cazadores de Sombras, pero yo no lo hago. Sólo soy un hombre humano. Sé que son todo lo que se interpone entre yo y un mundo en el que yo y mi tipo somos juguetes de demonios. No puedo soportar estar detrás de lo que De Quincey está haciendo." "Todo eso está muy bien," dijo Will, un toque de impaciencia en su voz, "pero no nos está diciendo nada que no sepamos ya." "¿Sabían también," dijo Mortmain, "que pagó a un par de brujas llamadas las Hermanas Oscuras para crear un hechizo vinculante que animaran estas criaturas no con la mecánica, sino con energías demoníacas?" "Lo sabíamos," dijo Jem. "Aunque creo que sólo queda una Hermana Oscura. Will destruyó a la otra."
"Pero su hermana la trajo de vuelta a través de un hechizo nigromántico65," dijo Mortmain, una pista de triunfo en su tono, como si estuviera aliviado de finalmente tener un pedazo de información que ellos no tuvieran. "Incluso ahora ambas están instaladas en una mansión en Highgate66, que solía pertenecer a un brujo, hasta que De Quincey lo mató, trabajando sobre el hechizo vinculante. Si mis fuentes son correctas, las Hermanas Oscuras intentarán poner en práctica esta noche el hechizo." Los ojos azules de Will eran oscuros y pensativos. "Gracias por la información," dijo, "pero pronto De Quincey no será más una amenaza para nosotros, o tampoco sus monstruos mecánicos." Los ojos de Mortmain se abrieron. "¿Está la Clave moviéndose contra el Maestro? ¿Esta noche? " "Dios mío," dijo Will. "Realmente sabe todos los términos, ¿no? Eso es muy desconcertante en un mundano." Sonrió amablemente. "¿Quiere decir que no me va a contar?" dijo con tristeza Mortmain. “Supongo que no lo hará. Pero debe saber que De Quincey tiene a su disposición cientos de esas criaturas mecánicas. Un ejército. En el momento en que las Hermanas Oscuras elaboren su hechizo, el ejército se levantará y se unirá a De Quincey. Si la Enclave va a derrotarlo, sería prudente asegurarse de que ese ejército no se levanta, o será casi imposible de derrotar." "¿Está al corriente de la ubicación de las Hermanas Oscuras, más allá del hecho de que es en Highgate?" preguntó Jem. Mortmain asintió con la cabeza. "Sin duda alguna," dijo, y recitó un nombre de calle y número de casa. Will asintió. "Bueno, sin duda vamos a tener todo esto en consideración. Gracias. " "Ya lo creo," dijo Jem. "Buenas noches, Sr. Mortmain." "Pero…" Mortmain se vio sorprendido. "¿Van a hacer algo acerca de lo que he dicho, o no?" "Le dije que íbamos a tenerlo bajo consideración," le dijo Will. "En cuanto a usted, Sr. Mortmain, se ve como un hombre con un lugar al que ir." "¿Qué?" Mortmain miró hacia abajo a su traje de noche, y se rió entre dientes. “Supongo que sí. Es sólo que si el Maestro se da cuenta de que les he dicho todo esto, mi vida podría estar en peligro." "Entonces, tal vez es hora para unas vacaciones," sugirió Jem. "He oído que Italia es muy agradable en esta época del año." Mortmain miró a Will a Jem y otra vez, y luego pareció darse por vencido. Sus hombros se hundieron. Alzó los ojos a Tessa. "Si pudiera transmitirle mis disculpas a su hermano..."
"No lo creo," dijo Tessa, “pero gracias, Sr. Mortmain." Después de una larga pausa, asintió con la cabeza, y luego dio media vuelta. Los tres lo observaron mientras volvía a subir a su coche. El sonido de los cascos de los caballos fue fuerte en el patio cuando el coche arrancó y se sacudió por las puertas del Instituto. "¿Qué van a hacer?" preguntó Tessa en el momento en que el coche estuvo fuera de vista. "¿Acerca de las Hermanas Oscuras?" "Ir por ellas, por supuesto." El color de Will era fuerte, sus ojos brillantes. "Tu hermano dijo que De Quincey tenía docenas de esas criaturas a su disposición; Mortmain dice que hay cientos. Si Mortmain está en lo correcto, tenemos que llegar a las Hermanas Oscuras antes de que elaboren su hechizo, o la Enclave bien puede estar caminando a una masacre." "Pero… tal vez sería mejor advertir a Henry y Charlotte y los otros…" "¿Cómo?" Will se las arregló para hacer que la palabra sonase cortante. "Supongo que podría enviar Thomas para advertir a la Enclave, pero no hay garantía de que vaya a llegar a tiempo, y si las Hermanas Oscuras consiguen reunir el ejército, simplemente podría ser asesinado con el resto. No, tenemos que atrapar a las Hermanas Oscuras por nuestra cuenta. He matado a una de ellas antes, Jem y yo deberíamos ser capaces de manejar dos." "Pero tal vez Mortmain está equivocado," dijo Tessa. "Sólo tienes su palabra, puede que tuviera información errónea." “Tal vez," reconoció Jem, “pero ¿te imaginas si no es así? ¿Y lo ignoramos? La consecuencia para la Enclave podría ser la destrucción total." Tessa, sabiendo que él tenía razón, sintió su corazón hundirse. "Tal vez podría ayudarlos. Luché contra las Hermanas Oscuras una vez con ustedes. Si pudiera acompañarlos…" “No,” dijo Will. "Está fuera de cuestión. Tenemos tan poco tiempo para prepararnos que debemos confiar en nuestra experiencia de lucha. Y tú no tienes ninguna." "Luché contra De Quincey en la fiesta…" "Dije que no." El tono de Will era definitivo. Tessa miró a Jem, pero él sólo dio un gesto de disculpa, como diciendo que lo sentía pero que Will tenía razón. Volvió la mirada hacia Will. "Pero ¿qué pasa con Boudica?" Por un momento pensó que él había olvidado lo que le había dicho en la biblioteca. Entonces el brillo de una sonrisa tiró de la comisura de sus labios, como si tratara de luchar contra ella y no pudiera. "Serás Boudica algún día, Tessa," dijo, "pero esta noche no.” Se volvió hacia Jem."Tenemos que conseguir a Thomas y decirle que preparare el coche. Highgate no está cerca; será mejor que empecemos." Por el momento, la noche había descendido de lleno sobre la ciudad y Will y Jem estaban afuera por el carruaje, preparándose para partir. Thomas estaba chequeando los cierres de los caballos, mientras que Will garabateaba una Marca en el antebrazo desnudo de Jem, su estela, un destello blanco en la penumbra. Tessa, habiendo declarado su desaprobación, se encontraba en las escaleras observándolos, una sensación de vacío en el estómago. Después de estar satisfecho de que los arneses estaban seguros, Thomas volvió y corrió ligeramente por las escaleras, deteniéndose cuando Tessa levantó una mano para detenerlo. "¿Van ahora?" Le preguntó. "¿Eso es todo?" Él asintió con la cabeza. "Todo listo para salir, señorita." Había tratado de conseguir que Jem y Will lo llevaran con ellos, pero Will estaba preocupado de que Charlotte se enojara con Thomas por haber participado en su hazaña y le había dicho que no fuera. "Además," había dicho Will, "debemos tener un hombre en la casa… alguien para proteger el Instituto cuando nosotros nos hayamos ido. Nathaniel no cuenta," había añadido, con una mirada de reojo a Tessa, que lo había ignorado. Will deslizó hacia abajo la manga de Jem, cubriendo las Marcas que había hecho. Cuando regresó su estela a su bolsillo, Jem se quedó mirando hacia él; sus rostros eran manchas pálidas a la luz de las antorchas. Tessa levantó la mano y luego la bajó lentamente. ¿Qué era lo que había dicho? Los Cazadores de Sombras no dicen adiós, no antes de una batalla. O buena suerte. Deben comportarse como si el retorno fuera seguro y no una cuestión de azar. Los chicos, como alertados por su gesto, levantaron la vista hacia ella. Pensó que podía ver el azul de los ojos de Will, incluso desde donde estaba. Llevaba una mirada extraña mientras sus ojos se trababan, la mirada de alguien que acaba de despertar y se pregunta si lo que está viendo es real o un sueño. Fue Jem quien se separó y corrió por las escaleras hacia ella. Cuando la alcanzó, vio que tenía color en su rostro y sus ojos eran brillantes y cálidos. Se preguntó qué cantidad de droga Will le había permitido tener, así estaría listo para luchar. "Tessa…" dijo. "No quería decir adiós," dijo ella rápidamente. “Pero… parece extraño dejarlos ir sin decir nada en absoluto."
Él la miró con curiosidad. Hizo algo que la sorprendió entonces, y le tomó la mano, dándole la vuelta. Ella bajó la mirada hacia ésta, a sus uñas mordidas, los rasguños aún curándose a lo largo de la parte de atrás de sus dedos. Le besó la parte posterior de la misma, sólo un ligero toque de su boca, y su cabello, tan suave y ligero como la seda le rozó la muñeca cuando bajó la cabeza. Sintió un choque pasar por ella, lo suficientemente fuerte para asustarla, y se quedó sin habla cuando se enderezó, con la boca curvada en una sonrisa.
"Mizpah67," dijo. Ella parpadeó, un poco aturdida. "¿Qué?"
"Una especie de adiós sin decir adiós," dijo. "Es una referencia a un pasaje de la Biblia. „Y Mizpah, por cuanto dijo, Vigile Señor entre tú y yo cuando nos apartemos el uno del otro68.‟" No hubo oportunidad de que Tessa dijera algo en respuesta, porque él dio media vuelta y corrió por las escaleras para unirse a Will, que estaba tan inmóvil como una estatua, con el rostro vuelto hacia arriba, al pie de la escalera. Sus manos, enfundadas en guantes negros, estaban en puños a los costados, pensó Tessa. Pero tal vez se trataba de un truco de luz, porque cuando Jem le alcanzó y le tocó en el hombro, se volvió con una sonrisa, y sin otro vistazo a Tessa, él mismo se subió en el asiento del conductor, Jem tras él. Chasqueó el látigo y el carruaje se sacudió a través de la puerta, que se cerró detrás de él como empujada por manos invisibles. Tessa escuchó cerrarse el seguro, un fuerte chasquido en el silencio, y luego el sonido de las campanas de la iglesia en algún lugar de la ciudad. Sophie y Agatha estaban esperando en la entrada por Tessa cuando volvió al interior; Agatha estaba diciendo algo a Sophie, pero Sophie no parecía estar escuchando. Miró a Tessa cuando entró, y algo sobre la forma en que la miró, por un momento recordó a Tessa la manera en que Will la había mirado en el patio. Pero eso era ridículo; no había dos personas en el mundo que se parecieran menos que Sophie y Will. Tessa se hizo a un lado cuando Agatha fue a cerrar las grandes y pesadas puertas dobles. Sólo las había cerrado empujándolas, jadeando un poco, cuando la perilla de la puerta más a la izquierda, sin tocar, comenzó a girar. Sophie frunció el ceño. "No pueden haber vuelto tan pronto, ¿verdad?" Agatha, perpleja miró hacia abajo a la perilla giratoria, con las manos todavía apoyadas contra la puerta… entonces se apartó cuando las puertas se abrieron de par en par ante ella.
Una figura estaba de pie en la puerta, iluminada por la luz exterior. Por un momento todo lo que Tessa pudo decir era que él era alto y estaba vestido con una chaqueta deshilachada. Agatha inclinó la cabeza hacia atrás cuando miró hacia arriba, dijo con voz sorprendida: "¡Oh, mi Seño…" La figura se movió. La luz brilló en el metal; Agatha gritó y se tambaleó. Parecía estar tratando de alejarse del extraño, pero algo se lo impedía. "Querido Dios en el Cielo," susurró Sophie. "¿Qué es eso?" Por un momento, Tessa vio toda la escena congelada, como si fuera una pintura: la puerta abierta, el autómata mecánico, el de las manos peladas, todavía usando la misma chaqueta gris desgastada. Y todavía, Dios santo, con la sangre de Jem en sus manos, seca de color rojo oscuro en la carne gris pálida, y a través de ésta, tiras de cobre se veían donde la piel había sido raspada o apartada. Una mano manchada de sangre se apoderó de la muñeca de Agatha, sujetando en la otra un cuchillo largo y delgado. Tessa se movió hacia adelante, pero ya era demasiado tarde. La criatura blandió el cuchillo con una velocidad vertiginosa y lo enterró en el pecho de Agatha. Agatha se ahogó, sus manos fueron a la hoja. La criatura estaba de pie, harapienta y aterradora e inmóvil mientras ella arañaba la empuñadura del cuchillo; entonces, con una rapidez espantosa, él arrancó el cuchillo, dejándola a ella arrugada en el suelo. El autómata no se quedó para verla caer, sino que giró y caminó de vuelta por la puerta por la cual había venido. Galvanizada, Sophie gritó "¡Agatha!" y corrió a su lado. Tessa corrió hacia la puerta. La criatura mecánica estaba caminando por las escaleras, en el patio vacío. Se lo quedó mirando fijamente. ¿Para qué demonios había venido, y por qué se marchaba ahora? Pero no había tiempo para pensar en eso. Cogió la cuerda de la campana de convocatoria y tiró de ésta con fuerza. Cuando el sonido resonó a través del edificio, cerró la puerta, dejando caer la barra de la cerradura en su lugar, luego se giró para ayudar a Sophie. Juntas se las arreglaron para levantar a Agatha y medio cargarla, medio arrastrarla a través de la habitación, donde cayeron de rodillas a su lado. Sophie, rasgando tiras de tela de su delantal blanco y presionándolas sobre la herida de Agatha, dijo en un tono de pánico salvaje, "No entiendo, señorita. Nada debe ser capaz de tocar ninguna puerta… salvo uno con sangre de Cazador de Sombras debe ser capaz de girar el pomo de la puerta." Pero él tenía sangre de Cazador de Sombras, pensó Tessa con horror repentino. La sangre de Jem, manchando sus manos de metal como pintura. ¿Sería por eso que se había inclinado sobre Jem esa noche después del puente? ¿Sería por eso que había huido, una vez que había conseguido lo que quería: su sangre? ¿Y no significa eso que podría volver cada vez que quisiera?
Ella comenzó a levantarse, pero ya era demasiado tarde. La barra que mantenía la puerta cerrada se agrietó con un ruido como un disparo, y cayó al suelo en dos piezas. Sophie levantó la vista y volvió a gritar, aunque no se alejó de Agatha cuando se abrió la puerta, una ventana a la noche. Los escalones del Instituto ya no estarían vacíos, estaban llenándose, pero no con gente. Monstruos mecánicos pululaban por ellos, sus movimientos espasmódicos, sus rostros en blanco y mirando fijamente. No eran del todo como los que Tessa había visto antes. Algunos parecía que habían sido elaborados con tanta prisa que no tenían rostros en absoluto, sólo lisos óvalos de metal parchados aquí y allá con trozos irregulares de piel humana. Aún más horrible, un buen número de ellos tenían trozos de maquinaria en lugar de brazos o piernas. Un autómata tenía una guadaña donde el brazo debería haber estado, otro lucía una sierra que salía de la manga que colgaba de la camisa, como una parodia de un brazo real. Tessa se levantó y se arrojó contra la puerta abierta, tratando de cerrarla. Era pesada, y parecía moverse angustiosamente lento. Tras ella, Sophie estaba gritando, sin poder hacer nada, una y otra vez; Agatha estaba horriblemente silenciosa. Con un suspiro irregular Tessa empujó la puerta una vez más… Y sacó las manos cuando la puerta fue arrancada de su agarre, arrancada de sus goznes, como un puñado de malas hierbas arrancadas de la tierra. Cayó hacia atrás cuando el autómata que se había apoderado de la puerta la arrojó a un lado y se lanzó hacia adelante, haciendo sonar sus pies de metal contra la piedra, mientras se tambaleaba sobre el umbral; seguido por otro y luego otro de sus hermanos mecánicos, por lo menos una docena de ellos, avanzando hacia Tessa con los monstruosos brazos extendidos. En el momento en Will y Jem llegaron a la mansión en Highgate, la luna había comenzado a subir. Highgate estaba en una colina en la parte norte de Londres, dominando una excelente vista de la ciudad a sus pies, pálida bajo la luz de la luna, la cual convirtió la niebla y el humo del carbón que se cernía sobre la ciudad en una nube de plata. Una ciudad de ensueño, pensó Will, flotando en el aire. Un poco de poesía colgaba de los bordes de su mente, algo acerca de la terrible maravilla de Londres, pero sus nervios estaban tirantes con la tensión estridente de la batalla inminente, y no podía recordar las palabras.
La casa era un gran mole de Georgia, situado en una abundante zona verde. Un muro alto de ladrillos corría a su alrededor, la oscura mansarda inclinada apenas visible por encima de éste desde la calle. Un estremecimiento de frío pasó por Will, cuando se acercaron, pero no estaba sorprendido por sentir una cosa así en Highgate. Estaban cerca de lo que los londinenses llaman Gravel Pit Woods69 en el borde de la ciudad, donde miles de cuerpos habían sido tirados durante la Gran Plaga70. A falta de una sepultura, sus furiosos fantasmas embrujaban el barrio incluso ahora, y Will había sido enviado aquí más de una vez, gracias a sus actividades. Un portón negro de metal puesto en la pared de la mansión mantenía alejado a los intrusos, pero la runa Abrir de Jem hizo brevemente el trabajo con la cerradura. Después de dejar el carruaje justo en la puerta, los dos Cazadores de Sombras se encontraron en la curva que conducía a la entrada principal de la casa. El camino estaba plagado de malas hierbas y maleza, y los jardines se extendían a su alrededor, salpicando las dependencias en ruinas y los tocones ennegrecidos de árboles muertos. Jem se volvió hacia Will, los ojos febriles. "¿Vamos a seguir adelante con esto?" Will extrajo un cuchillo serafín de su cinturón. "Israfel," susurró, y el arma ardió como una horquilla con rayos contenidos. Los cuchillos serafines quemaban tan intensamente que Will siempre esperaba que emitiesen calor, pero sus hojas eran de hielo frío al tacto. Recordó a Tessa diciéndole que el infierno era frío, y luchó contra la extraña urgencia por sonreír ante su recuerdo. Habían estado corriendo por su vida, ella debería haber estado aterrorizada, y allí había estado ella, contándole sobre el Inferno en precisos tonos Americanos. "En efecto," le dijo a Jem. "Ya es hora." Subieron la escalinata y comprobaron las puertas. Aunque Will había esperado que estuvieran cerradas, estaban abiertas, y cedió a su toque con resonante crujido. Él y Jem entraron poco a poco en la casa, la luz de sus cuchillos serafín iluminando el camino. Se encontraron en un gran vestíbulo. Las ventanas arqueadas tras ellos probablemente habían sido magníficas una vez. Ahora se alternan paneles enteros con las que estaban rotas. A través grietas en las telarañas en el cristal, una vista del parque enmarañado y descuidado más allá era visible. El mármol bajo los pies estaba agrietado y quebrado, las malas hierbas crecían a través de éste como habían estado creciendo a través de las piedras de entrada. Ante Will y Jem, una gran escalera curva se extendía hacia arriba, hacia el primer piso en sombras. "Esto no puede ser correcto," dijo Jem en voz baja. "Es como si nadie hubiera estado aquí en cincuenta años."
Apenas había terminado de hablar cuando un sonido se elevó en el aire de la noche, un sonido que levantó los pelos en el cuello de Will e hizo que las Marcas en sus hombros quemaran. Estaba cantando… pero no un canto agradable. Era una voz capaz de alcanzar notas que la voz humana no podía alcanzar. Sobre su cabeza, los colgantes de cristal de la lámpara de araña se sacudieron como copas de vino puestas a vibrar con el toque de un dedo. "Alguien está aquí," murmuró Will en respuesta. Sin otra palabra, él y Jem se volvieron de forma que sus espaldas estaban una contra la otra. Jem frente a la abierta puerta delantera, Will, a la gran escalera. Algo apareció al principio de la escalera. Al principio Will vio sólo un patrón alternante de blanco y negro, una sombra que se movía. Cuando flotó hacia abajo, el sonido del canto se hizo más fuerte, y los pelos en el cuello de Will se erizaron más. El sudor humedeció el cabello en sus sienes y corrió por la parte baja de su espalda, a pesar del aire frío. Estaba a mitad de camino por las escaleras antes de que la reconociera, la Sra. Dark, su cuerpo largo y huesudo vestido con una especie de hábito de monja, con una túnica oscura sin forma que caía desde el cuello hasta los pies. Una linterna sin luz se balanceaba de una mano con garras. Estaba sola, aunque no del todo, Will se dio cuenta cuando se detuvo en el rellano, que lo que aferraba en la mano no era un farol, después de todo. Era la cabeza cortada de su hermana. "Por el Ángel," susurró Will. "Jem, mira." Jem miró, y juró también. La cabeza de la Sra. Black colgaba de una trenza de pelo gris, que la Señora Oscura agarraba como si se tratara de un artefacto que tuviera un precio inestimable. Los ojos de la cabeza estaban abiertos, y perfectamente blancos, como huevos cocidos. Su boca estaba abierta también, una línea de sangre seca negra se colaba de una de las esquinas de sus labios. La Sra. Dark detuvo su canto y rió, como una colegiala. "Traviesos, traviesos," dijo. "Allanando mi casa así. Pequeños Cazadores de Sombras malos." "Pensé," dijo Jem en voz baja, "que la otra hermana estaba viva." "¿Tal vez trajo a su hermana a la vida y luego le cortó la cabeza de nuevo?" murmuró Will. "Parece mucho trabajo sin ganancia real, pero luego..." "Nefilim Asesino," gruñó la Sra. Dark, fijando su mirada en Will. "No contento con matar a mi hermana una vez, ¿verdad? Tienes que volver e impedirme incluso darle una segunda vida. ¿Sabes, tienes alguna idea, de lo que es estar completamente solo?" "Más de lo que te puedes imaginar," dijo Will con fuerza, y vio a Jem mirarlo de reojo, desconcertado. Estúpido, pensó Will. No debería decir esas cosas.
La Sra. Dark se balanceó sobre sus pies. "Eres mortal. Estás solo por un momento del tiempo, una respiración única del universo. Estoy sola para siempre." Aferró a ella la cabeza con fuerza. "¿Qué diferencia hace para ti? Ciertamente, hay más crímenes oscuros en Londres que más urgentemente requieren la atención de los Cazadores de Sombras, que mis pobres intentos de traer de vuelta a mi hermana." Will encontró la mirada de Jem. El otro muchacho se encogió de hombros. Claramente estaba tan confundido como Will lo estaba. "Es cierto que la necromancia está en contra de la Ley," Jem dijo, "pero también lo es la vinculación de las energías demoniacas. Y requiere nuestra atención, muy urgente." La Sra. Dark los miró fijamente. "¿Vinculación de energías demoniacas?" "No tiene ningún sentido fingir. Sabemos exactamente tus planes," dijo Will. "Sabemos de los autómatas, el hechizo vinculante, tus servicios al Maestro, a quien el resto de nuestra Enclave está, ahora mismo, marchando hacia su escondite. Al final de esta noche será absolutamente borrado. No hay nadie al que puedas acudir, ningún lugar en el que te puedas ocultar. " En ese momento, la Sra. Dark palideció notablemente. "¿El Maestro?” Susurró. "¿Han encontrado al Maestro? ¿Pero cómo...?" "Así es," dijo Will. "De Quincey se nos escapó una vez, pero no esta vez. Sabemos dónde está, y…" Pero sus palabras fueron ahogadas por la risa. La Sra. Dark estaba inclinada sobre la baranda de escalera, aullando de alegría. Will y Jem miraban confundidos mientras ella se enderezaba. Negruzcas lágrimas de hilaridad corrían por su cara. "¡De Quincey, el Maestro!" Exclamó. "¡Ese chismoso, acicalado vampiro! ¡Oh, qué broma! ¡Tontos, estúpidos pequeños tontos!"

16. EL HECHIZO VINCULANTE

Y una vez, o dos, para tirar los dados Es un juego caballeroso, Sin embargo, no gana quien juega con Pecado En la Casa Secreta de la Vergüenza. —Oscar Wilde, “La Balada de la Lectura Encarcelada”


“¡Jessamine! Jessamine, ¿qué pasa? ¿Dónde está Nate?” Jessamine, quien estaba de pie justo fuera de la habitación de Nate, se volvió de cara a Tessa mientras ella se apresuraba por el corredor. Los ojos de Jessamine estaban enrojecidos, su expresión enfadada. Rizos sueltos de cabello rubio se salían de su usualmente lazo bien anudado en la parte trasera de su cabeza. “No lo sé,” estalló. “Me quedé dormida en la silla junto a la cama, y cuando desperté, se había ido… ¡sólo ido!” entrecerró los ojos. “Dios mío, te ves horrible.” Tessa echó una mirada sobre sí misma. No se había molestado con faldas, o incluso zapatos.
Sólo se había lanzado en un vestido y deslizado sus pies descalzos en pantuflas. Su cabello estaba desparramado alrededor de sus hombros, e imaginó que probablemente se parecía a la loca que el Sr. Rochester mantenía en su ático en Jane Eyre55. “Bueno, Nate no pudo haber ido muy lejos, no con lo enfermo que estaba,” dijo Tessa. “¿Alguien está buscándolo?” Jessamine alzó las manos. “Todos lo están buscando. Will, Charlotte, Henry, Thomas, incluso Agatha. ¿No creo que quieras sacar de la cama al pobre Jem y hacerlo partícipe de la partida de búsqueda también?” Tessa sacudió la cabeza. “Honestamente, Jessamine…” Se interrumpió, dándose la vuelta. “Bueno, iré a buscar también. Puedes quedarte aquí si quieres.”
“Quiero.” Jessamine sacudió la cabeza cuando Tessa giró y se marchó por el corredor, su mente girando. ¿Dónde demonios pudo haber ido Nate? ¿Habría estado febril, delirante? ¿Se había levantado de la cama sin saber donde estaba y se había tambaleado buscándola? El pensamiento hizo que el corazón de le apretara. El Instituto era un laberinto desconcertante, pensó mientras giraba en otra esquina ciega a otro corredor revestido con tapices. Si apenas podía encontrar su camino incluso ahora, cómo podía Nate posiblemente… “¿Señorita Gray?” Tessa giró y vio a Thomas emergiendo de una de las puertas a lo largo del corredor. Estaba en mangas de camisa, su cabello alborotado como de costumbre, sus ojos castaños muy serios. Sintió quedarse inmóvil. Oh, Dios, son malas noticias. “¿Si?” “Encontré a su hermano,” dijo Thomas, para el asombro de Tessa. “¿Lo hiciste? ¿Pero dónde está?” “En el salón. En un escondite, detrás de las cortinas, ahí estaba.” Thomas habló de prisa, viéndose avergonzado. “Al minuto en que me vio, se fue de cabeza. Comenzó a chillar y gritar. Intentando pasar más allá de mí, y estuve a punto de darle una nueva herida para que se callara…” Ante la mira de incomprensión de Tessa, Thomas se detuvo, y aclaró su garganta. “Es decir, tengo miedo de haberlo asustado, señorita.” Tessa puso su mano sobre su boca. “Oh, querido. ¿Pero él está bien?” Parecía que Thomas no sabía muy bien donde mirar. Estaba avergonzado de haber encontrado a Nate encogido detrás de las cortinas de Charlotte, pensó Tessa, y sintió una ola de indignación en nombre de Nate. Su hermano no era un Cazador de Sombras; no había crecido matando cosas y arriesgando su vida. Por supuesto que estaba aterrorizado. Y probablemente estaba delirando con fiebre, encima de todo. “Será mejor que vaya a verlo. Yo sola, ¿entiendes? Creo que necesita ver un rostro familiar.” Thomas se vio aliviado. “Sí, señorita. Y esperaré aquí, sólo por ahora. Sólo déjeme saber cuando quiera llamar a los otros.” Tessa asintió y se movió más allá de Thomas para empujar la puerta abriéndola. El salón estaba oscuro, la única iluminación era la luz gris de la tarde que se derramaba a través de las altas ventanas. En las sombras los sofás y sillones esparcidos alrededor de la habitación parecían bestias acuclilladas. En uno de los grandes sillones junto al fuego se sentaba Nate. Había encontrado los ensangrentados pantalones y camisa que había estado usando en lo de De Quincey, y se los había puesto. Sus pies estaban desnudos. Se sentaba con sus codos en sus rodillas, su rostro en sus manos. Se veía miserable. “¿Nate?” dijo Tessa suavemente. Ante eso miró hacia arriba… y se puso de pie, una mirada de incrédula felicidad en su rostro. “¡Tessie!”
Con un pequeño grito, Tessa se precipitó a través de la habitación y lanzó sus brazos alrededor de su hermano, abrazándolo fuertemente. Lo oyó dar un pequeño gemido de dolor, pero puso sus brazos alrededor de ella también, y por un momento, abrazándolo, Tessa estuvo de vuelta en la pequeña cocina de su tía en Nueva York, rodeados con el olor de lo que cocinaban y la suave risa de su tía mientras los regañaba por hacer mucho ruido. Nate se alejó primero, y la miró hacia abajo. “Dios, Tessie, te ves tan diferente…” Un escalofrío pasó a través de ella. “¿Qué quieres decir?” Él palmeó su mejilla, casi ausentemente. “Mayor,” dijo. “Solvente. Eras una pequeña niña de cara redonda cuando dejé Nueva York, ¿no? ¿O es sólo la forma en la que te recuerdo?” Tessa le aseguró a su hermano que todavía era la misma hermana pequeña que siempre había conocido, pero su mente sólo estaba parcialmente comprometida con su pregunta. No podía evitar mirarlo preocupadamente; ya no se veía gris, pero seguía estando pálido, y moretones se destacaban en parches azules, negros y amarillos en su rostro y cuello. “Nate…” “No es tan malo como parece,” dijo, leyendo la ansiedad en su rostro. “Sí, lo es. Deberías estar en cama, descansando. ¿Qué estás haciendo aquí?” “Estaba intentando encontrarte. Sabía que estabas aquí. Te vi, antes de que el bastardo calvo y sin ojos me tuviera. Me imaginé que te habían aprisionado también. Estaba intentando sacarnos de aquí.” “¿Aprisionada? Nate, no, no es así.” Sacudió la cabeza. “Estamos seguros aquí.” Él estrechó los ojos hacia ella. “Este es el Instituto, ¿no? Fui advertido acerca de este lugar. De Quincey dijo que estaba regido por locos, monstruos que se llamaban a sí mismos Nefilim. Dijo que mantenían las almas condenadas encerradas en unos tipos de cajas, gritando…” “¿Qué, las Pyxis? ¡Retiene partes de energía demoniaca, Nate, no almas de hombres! Son perfectamente inofensivas. Te la mostraré más tarde, en la sala de armas, si no me crees.” Nate no parecía menos sombrío. “Dijo que si los Nefilim ponían sus manos en mí, me separarían parte por parte, por romper sus Leyes.” Un escalofrío pasó por la columna de Tessa; se apartó de su hermano, y vio que una de las ventabas del salón estaba abierta, las cortinas ondeando en la brisa. Así que su escalofrío había sido más que sólo nervios. “¿Tú abriste la ventana? Está muy frío aquí, Nate.” Nate sacudió la cabeza. “Estaba abierta cuando entré.” Meneando la cabeza, Tessa fue a través de la habitación y cerró la ventana. “Conseguirás tu muerte…” “No importa mi muerte,” dijo Nate irritablemente. “¿Qué pasa con los Cazadores de Sombras? ¿Me estás diciendo que no te mantienen prisionera aquí?” “No.” Tessa se dio la vuelta de la ventana. “No lo hacen. Son personas desconocidas, pero los Cazadores de Sombras han sido amables conmigo. Yo quería quedarme aquí. Han sido lo suficientemente generosos para dejarme.” Nate sacudió la cabeza. “No entiendo.” Tessa sintió una chispa de enfado, la cual la sorprendió; la empujó de vuelta. No era la culpa de Nate. Había mucho que él no sabía. “¿Dónde más iba a ir, Nate?” preguntó, cruzando la habitación hacia él y tomando su brazo. Lo condujo de vuelta al sillón. “Siéntate. Te estás agotando.” Nate se sentó obedientemente, y la miró hacia arriba. Había una mirada distante en sus ojos. Tessa conocía esa mirada. Significaba que estaba trazando, tramando algún loco plan, soñando un sueño ridículo. “Todavía podemos escapar de este lugar,” dijo. “Llegar a Liverpool, subirnos a un barco de vapor. Volver a Nueva York.” “¿Y hacer qué?” dijo Tessa tan gentilmente como pudo. “No hay nada ahí para nosotros. No con la Tía muerta. Tuve que vender todas nuestras cosas para pagar por el funeral. El apartamento se ha ido. No había dinero para el alquiler. No hay lugar para nosotros en Nueva York, Nate.” “Haremos un lugar. Una nueva vida.” Tessa miró a su hermano con tristeza. Le dolía verlo así, su rostro lleno de súplica desesperada, moretones floreciendo en sus pómulos como feas flores, su cabello rubio todavía enmarañado con sangre en algunos lugares. Nate no era como las otras personas, Tía Harriet siempre lo dijo. Había una hermosa inocencia en él que tenía que ser protegida a toda costa. Y Tessa lo intentó. Ella y su tía le habían escondido a Nate sus propias debilidades, las consecuencias de sus propios defectos y fallas. Nunca diciéndole del trabajo que Tía Harriet había tenido que hacer para reponer el dinero que él había perdido en el juego, de las burlas que Tessa había tenido que soportar de los otros niños, llamando borracho a su hermano, un derrochador. Le habían escondido estas cosas para evitar que fuera herido. Pero había sido herido de todas formas, pensó Tessa. Tal vez Jem tenía razón. Tal vez la verdad era siempre lo mejor.
Sentándose en la otomana56 opuesta a su hermano, lo miró firmemente “No puede se así, Nate. No aún. Este lío en el que estamos ahora, nos seguirá incluso si corremos. Y si corremos, estaremos solos cuando nos encuentre. No habrá nadie para ayudarnos o protegernos. Necesitamos al Instituto, Nate. Necesitamos a los Nefilim.”

Los ojos azules de Nate estaban aturdidos. “Supongo que sí,” dijo, y la frase golpeó a Tessa, quien no había escuchado nada más que voces Británicas por casi dos meses, era tan Americana que se sintió nostálgica. “Es por mí que estás aquí. De Quincey me torturó. Me hizo escribir esas cartas, enviarte ese billete. Me dijo que no te haría daño una vez que te tuviera, pero entonces nunca me dejó verte, y pensé… pensé…” levantó la cabeza y la miró. “Debes odiarme.” La voz de Tessa fue firme. “Nunca podría odiarte. Eres mi hermano. Mi sangre.” “¿Crees que cuando todo esto acabe podamos volver a casa?” preguntó Nate. “¿Olvidar que todo esto alguna vez pasó? ¿Vivir vidas normales?”
Vivir vidas normales. Las palabras conjuraron una imagen de sí misma y Nate en algún pequeño y soleado apartamento. Nate podría encontrar otro trabajo, y por la noche ella podría cocinar y limpiar para él, mientras en los fines de semana podían pasear en el parque o tomar el tren a Coney Island57 y montar el carrusel, o ir a lo más alto de la Torre de Hierro y ver los fuegos artificiales explotar en la noche sobre el Hotel Manhattan Beach. Habría sol real, no como esta gris versión aguada del verano, y Tessa podría ser una chica común, con su cabeza en un libro y sus pies plantados firmemente en el familiar pavimento de la Ciudad de Nueva York. Pero cuando intentó retener esta imagen mental en su cabeza, la visión pareció desmoronarse y caer lejos de ella, como una telaraña cuando tratas de levantarla completamente en tus manos. Vio el rostro de Will, el de Jem, y el de Charlotte, incluso el de Magnus mientras decía, Pobre. Ahora que sabe la verdad, nunca podrá volver atrás. “Pero no somos normales,” dijo Tessa. “Yo no soy normal. Y tú sabes eso, Nate.” Él miró hacia el piso. “Lo sé.” Hizo un pequeño gesto impotente con su mano. “Así que es verdad. Eres lo que De Quincey dijo que eras. Mágica. Dijo que tenías el poder de cambiar de forma, Tessie, de convertirte en lo que quieras ser.” “¿Le creíste alguna vez? Es verdad… bueno, casi verdad, pero al principio difícilmente lo creí por mí misma. Es tan extraño…” “He visto cosas extrañas.” Su voz fue hueca. “Dios, debería haber sido yo.” Tessa frunció el ceño. “¿Qué quieres decir?” Pero antes de que él pudiera contestar, la puerta se abrió. “Señorita Gray.” Era Thomas, viéndose compungido. “Señorita, el Sr. Will está…” “El Sr. Will está aquí.” Era Will, esquivando ágilmente a Thomas, a pesar de la corpulencia del otro chico. Todavía estaba en las mismas ropas en que se había cambiado la noche anterior, y se veían arrugadas. Tessa se preguntó si había dormido en la silla de la habitación de Jem. Había sombras azul grisáceas bajo sus ojos, y se veía cansado, aunque sus ojos brillaban— ¿Con alivio? ¿Diversión? Tessa no podría decirlo—mientras su mirada caía sobre Nate. “Nuestro vagabundo, encontrado al fin,” dijo. “¿Thomas me contó que se estaba escondiendo detrás de las cortinas?” Nate miró a Will débilmente. “¿Quién es usted?” Tessa hizo las presentaciones rápidamente, aunque ninguno de los chicos parecía feliz de conocer al otro. Nate todavía se veía como si estuviera muriendo, y Will estaba observando a Nate como si fuera un nuevo descubrimiento científico, y no uno muy atractivo. “Así que es un Cazador de Sombras,” dijo Nate. “De Quincey me dijo que muchos eran monstruos.” “¿Eso fue antes o después de que intentara comérselo?” preguntó Will. Tessa se puso rápidamente de pie. “Will. ¿Puedo hablar contigo en el pasillo un momento, por favor?” Si ella esperaba resistencia, no la obtuvo. Después de una última mirada hostil a Nate, Will asintió y salió con ella silenciosamente al pasillo, cerrando la puerta del salón tras él. La iluminación en el corredor sin ventanas era variable, la luz mágica emitía discretos posos brillantes de luz, que no se llegaban a tocar uno al otro. Will y Tessa se pararon en las sombras entre dos de los posos, mirándose el uno al otro con… cautela, pensó Tessa, como gatos furiosos dando vueltas en un callejón. Fue Will quien rompió el silencio. “Muy bien. Me tienes solo en el corredor…” “Sí, sí,” dijo Tessa impacientemente, “y miles de mujeres de toda Inglaterra pagarían generosamente por el privilegio de tal oportunidad. ¿Podemos dejar a un lado la exhibición de tu ingenio por un minuto? Esto es importante.” “Quieres que me disculpe, ¿verdad?” dijo Will. “¿Por lo que pasó en el ático?” Tessa, desprevenida, parpadeó. “¿El ático?” “Quieres que diga que siento haberte besado. "

Ante las palabras, el recuerdo se levantó de nuevo en Tessa con una inesperada claridad; los dedos de Will en su cabello, el toque de sus manos en su guante, su boca en la de ella. Se sintió ruborizar y esperó furiosamente que eso no fuera visible en la oscuridad. “Que… no. ¡No!” “Así que no quieres que lo lamente,” dijo Will. Ahora estaba sonriendo muy ligeramente, el tipo de sonrisa que un niño pequeño dirigiría sobre el castillo que acaba de construir con bloques de juguete, antes de destruirlo agitando su brazo. “No me importa si lo lamentas o no,” dijo Tessa. “Eso no era de lo que quería hablarte. Quería decirte que fueras amable con mi hermano. Ha pasado por un terrible calvario. No necesita ser interrogado como algún tipo de criminal.” Will respondió más tranquilamente de lo que Tessa pudo haber pensado. “Entiendo eso. Pero si está escondiendo algo…” “¡Todos esconden cosas!” Tessa estalló, sorprendiéndose a sí misma. “Sé que hay cosas de las que él está avergonzado, pero eso no quiere decir que tengan que importarte. No es como si tú le contaras todo a todos, ¿verdad?” Will miró cauteloso. “¿De qué estás hablando?” ¿Qué pasa con tus padres, Will? ¿Por qué te negaste a verlos? ¿Por qué no tenías un lugar al que ir salvo este? ¿Y por qué, en el ático, me echaste? Pero Tessa no dijo ninguna de estas cosas. En cambio dijo, “¿Qué hay de Jem? ¿Por qué no me dijiste que estaba enfermo de la forma en que lo está?” “¿Jem?” la sorpresa de Will pareció genuina. “Él no quería que lo hiciera. Considera que es su asunto. Lo cual es. Debes recordar, que ni si quiera estaba a favor que te lo dijera por sí mismo. Pensó que te debía una explicación, pero no la debía. Jem no le debe nada a nadie. Lo que le pasó no fue su culpa, y sin embargo, lleva la carga de ello y la vergüenza…” “No tiene nada de lo que avergonzarse.” “Tú puedes pensar eso. Otros no ven diferencia entre su enfermedad y una adicción, y lo desprecian por ser débil. Como si sólo pudiera dejar de tomar la droga si tuviera suficiente fuerza de voluntad.” Will sonaba sorprendentemente amargado. “Lo han dicho, a veces en su cara. No quiero que te oiga decir eso también.” “Yo nunca diría eso.” “¿Cómo voy a adivinar lo que podrías decir?” dijo Will. “No te conozco realmente, Tessa, ¿o si? No más de lo que tú me conoces a mí.” “No quieres que alguien te conozca,” chaqueó Tessa. “Y muy bien, no lo voy a intentar. Pero no finjas que Jem es como tú. Tal vez él preferiría que la gente supiera la verdad de quién es."

“No lo hagas,” dijo Will, sus ojos azules oscureciéndose. “No creas que conoces a Jem mejor que yo.” “Si tanto te preocupas por él, ¿por qué no estás haciendo algo para ayudarlo? ¿Por qué no buscas una cura?” “¿Piensas que no lo hemos hecho? ¿Piensas que Charlotte no ha buscado, que Henry no ha buscando, que no hemos contratado brujos, pagado por información, pedido favores? ¿Imaginas que la muerte de Jem es sólo algo que todos hemos aceptado sin siquiera pelear contra ella?” “Jem me dijo que les había pedido a todos que dejaran de buscar,” dijo Tessa, calma en el rostro de su furia, “y que tu lo hiciste. ¿Lo hiciste, no?” “Él te dijo eso, ¿verdad?” “¿Te detuviste?” “No hay nada que encontrar, Tessa. No hay cura.” “Tú no sabes eso. Podías seguir buscando y ni siquiera decirle que estabas buscando. Tiene que haber algo. Incluso la más pequeña oportunidad…” Will levantó las cejas. La parpadeante luz del corredor profundizaba las sombras bajo sus ojos, los huesos angulares de sus mejillas. “¿Crees que debemos ignorar sus deseos?” “Creo que debes hacer lo que sea que puedas, incluso si eso significa que debas mentirle. Creo que no entiendo tu aceptación de su muerte.” “Y yo creo que tú no entiendes que a veces la única elección es entre la aceptación y la locura.” Detrás de ellos en el corredor alguien aclaró su garganta. “Entonces, ¿qué está pasando aquí?” preguntó una voz familiar. Tanto Tessa como Will habían estado tan absortos en su conversación que no habían oído a Jem aproximarse. Will dio un respingo culpable antes de girarse a mirar a su amigo, quien estaba observándolos con calmo interés. Jem estaba completamente vestido, pero se veía como si justo hubiera despertado de un sueño febril, su cabello estaba revuelto y sus mejillas ardiendo con color. Will se vio sorprendido, y no del todo contento de verlo. “¿Qué haces fuera de la cama?” “Me encontré con Charlotte en el pasillo. Dijo que todos nos reuniríamos en el salón para hablar con el hermano de Tessa.” El tono de Jem era suave, y era imposible saber por su expresión cuánto había escuchado de la conversación de Tessa y Will. “Estoy lo suficientemente bien para escuchar, por lo menos.” “Oh, que bien, están todos aquí.” Era Charlotte, apresurándose por el corredor. Detrás de ella se dirigía Henry, y a cada lado de él, Jessamine y Sophie. Jessie se había cambiado en unos de sus vestidos más bonitos, Tessa observó, uno muselina azul puro, y llevaba una manta doblada. Sophie, a su lado, sostenía una bandeja con té y sándwiches en ella. “¿Eso es para Nate?” preguntó Tessa, sorprendida. “¿El té y las mantas?” Sophie asintió. “La Sra. Branwell pensó que probablemente tenía hambre…” “Y yo pensé que podía tener frío. Anoche estaba temblando,” dijo Jessamine con impaciencia. “Entonces, ¿debemos llevarle estas cosas adentro?” Charlotte miró a Tessa por aprobación, lo cual la desarmó. Charlotte sería amable con Nate; no podía evitarlo. “Sí. Los está esperando.” “Gracias, Tessa,” dijo Charlotte suavemente, y luego abrió la puerta del salón y entró, seguida por los otros. Cuando Tessa se movió para ir tras ellos, sintió una mano en su brazo, un toque tan ligero que casi no lo había notado. Era Jem. “Espera,” dijo. “Sólo un momento.” Se giró para mirarlo. A través de la puerta abierta podía oír un murmullo de voces; el cordial barítono de Henry, el falsete ansioso de Jessamine mientras decía el nombre de Nate. “¿Qué pasa?” Él dudó. Su mano en su brazo estaba fría; sus dedos se sentían como delgados tallos de cristal contra su piel. Se preguntó si la piel sobre sus huesos de las mejillas, dónde estaba ruborizado y febril, estaría caliente al tacto. “Pero mi hermana…” la voz de Nate flotó en el pasillo, sonando ansiosa. “¿Se unirá a nosotros? ¿Dónde está?” “No importa. No es nada.” con una sonrisa tranquilizadora, Jem retiró su mano. Tessa deseaba saber, pero se giró y entró al salón, Jem detrás de ella. Sophie estaba arrodillada junto al hogar, haciendo el fuego; Nate todavía estaba en el sillón, donde se sentaba con la manta de Jessamine a través de su regazo. Jessamine, en un taburete cercano, estaba radiante de orgullo. Henry and Charlotte se sentaban en el sofá opuesto al de Nate; Charlotte claramente rebosando curiosidad, y Will, como de costumbre, estaba de pie en la pared más cercana, apoyándose contra ésta, y viéndose irritable y divertido al mismo tiempo.
Cuando Jem fue a unirse a Will, Tessa fijó su atención en su hermano. Algo de su tensión se había ido cuando ella había vuelto a la habitación, pero todavía se veía miserable. Cogía la manta de Jessamine con las yemas de sus dedos. Ella cruzó la habitación y se hundió en la otomana a sus pies, resistiendo la urgencia de agitarle el cabello o darle una palmada en el hombro. Podía sentir todos los ojos de la habitación en ella. Todos la observaban a ella y a su hermano, podría haber oído caer un alfiler. “Nate,” dijo suavemente. “¿Asumo que cada uno se presentó?” Nate, todavía cogiendo la manta, asintió. “Sr. Gray,” dijo Charlotte, “ya hemos hablado con el Sr. Mortmain. Nos dijo mucho sobre usted. Sobre su afición por el Submundo. Y el juego.” “Charlotte,” protestó Tessa. Nate habló profundamente. “Eso es verdad, Tessie.” “Nadie culpa a tu hermano por lo que pasó, Tessa.” Charlotte hizo su voz muy suave cuando se volvió a Nate. “Mortmain dijo que usted ya sabía que él estaba implicado en prácticas ocultas cuando llegó a Londres. ¿Cómo sabía que él era un miembro del Club Pandemónium?” Nate vaciló. “Sr. Gray, simplemente necesitamos entender qué le pasó. El interés de De Quincey en usted… sé que no está muy bien, y no deseamos interrogarlo cruelmente, pero si puede ofrecernos aunque sea un poco de información, puede ser la ayuda más valiosa…” “Fueron las baratijas de costura de Tía Harriet,” dijo Nate en voz baja. Tessa parpadeó. “¿Fueron qué?” Nate continuó, en voz baja. “Nuestra Tía Harriet siempre conservó el viejo joyero de mamá en la mesita de noche junto a su cama. Dijo que mantenía las baratijas de costura en él, pero yo…” Nate tomó un aliento profundo, mirando a Tessa mientras hablaba. “Estaba endeudado. Había hecho unas apuestas imprudentes, perdido algo de dinero, y estaba en un mal camino. No quería que tú o la Tía supieran. Recordé que ahí había un brazalete de oro que Madre solía usar cuando estaba viva. Tenía en mi cabeza que todavía estaba en el joyero y que la Tía Harriet era demasiada obstinada para venderlo. Sabes como es ella… como era. De todas formas, no podía dejar la idea. Sabía que si podía empeñar el brazalete, conseguiría el dinero para pagar mis deudas. Así que un día, cuando tú y la Tía estaban fuera, cogí el joyero y busqué en él. Por supuesto el brazalete no estaba ahí. Pero encontré un doble fondo en la caja. No había nada en él que valiera la pena, sólo un montón arrugado de viejos papeles. Los arranqué cuando las escuché subir las escaleras, y me los llevé de vuelta a mi habitación.” Nate se detuvo. Todos los ojos estaban en él. Después de un momento, Tessa, ya incapaz de contener sus preguntas, dijo, “¿Y?” “Eran las páginas del diario de Madre,” dijo Nate. “Arracadas de su encuadernación original, con un buen número de hojas desaparecidas, pero fue suficiente para mí para armar una extraña historia. “Comienza cuando nuestros padres estaban viviendo en Londres. Padre se iba a menudo, trabajando en las oficinas de Mortmain en los muelles, pero madre tenía a Tía Harriet para hacerle compañía, y a mí para mantenerla ocupada. Yo acababa de nacer. Eso fue hasta que Padre comenzó a venir a casa noche tras noche, cada vez más angustiado. Informó de hechos extraños en la planta de la fábrica, trozos de máquinas en mal funcionamiento, de manera extraña; se escuchaban ruidos a todas horas, e incluso el vigilante desapareció una noche. Había rumores, también, de que Mortmain estaba envuelto en prácticas ocultas.” Nate sonaba como si recordara tanto como para recitar el cuento. “Padre se encogía de hombros ante los rumores al principio, pero eventualmente se los repitió a Mortmain, quien admitió todo. Tengo entendido que se las arregló para hacerlo sonar inofensivo, como si sólo estuviera haciendo un poco de travesuras con hechizos y pentagramas y cosas. Llamó a la organización a la que él pertenecía el Club Pandemónium. Le sugirió a Padre que viniera a una de sus reuniones, y que llevara a Madre.” “¿Qué llevara a Madre? Pero él no pudo haber querido hacer eso…” “Probablemente no, pero con una nueva esposa y un nuevo bebé, Padre habría estado ansioso por complacer a su empleador. Acordó ir, y llevar a Madre con él.” “Padre pudo haber ido a la policía…” “Un hombre rico como Mortmain pudo haber tenido a la policía en su bolsillo,” interrumpió Will. “Si tu padre hubiera ido a la policía, se hubieran reído de él.” Nathaniel sacó el cabello de su frente; estaba sudando ahora, hebras de cabello se pegaban a su piel. “Mortmain dispuso un carruaje para que fuera por ellos tarde en la noche, cuando nadie pudiera estar viendo. El carruaje los llevó a la casa en la ciudad de Mortmain. Después había muchas páginas extraviadas, no había detalles de lo que había pasado esa noche. Fue la primera vez que fueron, pero descubrí, que no la última. Se reunieron con el Club Pandemónium muchas veces en el transcurso de los próximos meses. Madre, al menos, odiaba ir, pero continuaron asistiendo a las reuniones hasta que algo cambió abruptamente. No sé qué fue; había pocas páginas después de eso. Fui capaz de discernir que cuando se fueron de Londres, lo hicieron bajo la oscuridad de la noche, que no le contaron a nadie a dónde iban, y que no dejaron dirección de reenvío. Bien podrían haber desaparecido. Sin embargo, nada en el diario decía algo de por qué…” Nathaniel interrumpió su historia con un ataque de tos seca. Jessamine arrebató el té que Sophie había dejado en la mesilla, y un momento después, estaba presionando una taza en la mano de Nate. Le dio a Tessa una expresión de superioridad cuando lo hizo, como para señalar que Tessa realmente debería haberlo pensado en primer lugar.
Nate, habiendo calmado su tos con té, continuó. “Después de haber encontrado las páginas del diario, me sentí como si hubiera tropezado con una mina de oro. Había oído de Mortmain. Sabía que el hombre era tan rico como Creso58, incluso si era evidentemente un poco loco. Le escribí y le conté que era Nathaniel Gray, el hijo de Richard y Elizabeth Gray, que mi padre había muerto, así como también mi madre, y que entre sus papeles había encontrado evidencias de sus actividades ocultas. Le sugerí que estaba ansioso por encontrarme con él y discutir un posible empleo, y que si él resultaba estar menos ansioso por encontrarse conmigo, imaginaba que habría muchos periódicos que estarían interesados en el diario de mi madre.” “Eso fue emprendedor.” Will sonó casi impresionado. Nate sonrió. Tessa le disparó una mirada furiosa. “No te veas complacido contigo mismo. Cuando Will dice „emprendedor,‟ quiere decir „moralmente deficiente.‟” “No, quiero decir emprendedor,” dijo Will. “Cuando quiero decir moralmente deficiente, digo, „A ver, eso es algo que yo pude haber hecho.‟” “Suficiente, Will,” interrumpió Charlotte. “Deja al Sr. Gray terminar su historia.” “Pensé que tal vez me enviaría un soborno, algo de dinero para callarme,” continuó Nate. “En cambio obtuve un billete de primera clase en un barco de vapor a Londres y la oferta oficial de un trabajo una vez que llegara. Me imaginé que estaba en una cosa buena, y por primera vez en mi vida, no planeé estropearlo. “Cuando llegué a Londres, fui directamente a la casa de Mortmain, donde fui conducido al estudio para conocerlo. Me recibió con gran calidez, diciéndome cuan contento estaba de verme y cuánto me parecía a mi querida madre muerta. Entonces se puso serio. Me senté y me dijo que siempre le habían gustado mis padres y que se había entristecido cuando se fueron de Inglaterra. Él no había sabido que estaban muertos hasta que recibió mi carta. Incluso si hubiera hecho público lo que sabía de él, afirmó que felizmente me daría un trabajo y haría lo que pudiera por mí, por el bien de mis padres. “Le dije a Mortmain que conservaría su secreto si me llevaba con él para asistir a una reunión del Club Pandemónium, que debía mostrarme lo que le había mostrado a mis padres. La verdad era, que la mención de los juegos de azar en el diario de mi madre había despertado mi interés. Imaginé una reunión de hombres lo suficientemente tontos para creer en magia y demonios. Seguramente no sería tan difícil ganar un poco de dinero de tales tontos.” Nate cerró los ojos.
“Mortmain acordó, reluctantemente, llevarme. Supuse que él no tenía alternativa. Esa noche la reunión fue en la casa en la ciudad de De Quincey. En el momento en que la puerta se abrió, supe que yo era el tonto. Este no era un grupo de aficionados al espiritismo. Esto era lo real, el Mundo de las Sombras al que mi madre había hecho una referencia de un vistazo en su diario. Era real. Apenas puedo describir mi sentimiento de consternación mientras miraba a mí alrededor; criaturas de indescriptible grotesco llenaban la habitación. Las Hermanas Oscuras estaban ahí, mirándome de reojo detrás de su juego de naipes whist59, sus uñas como garras. “Mujeres con rostros y hombros espolvoreados de blanco, me sonrieron con sangre corriendo por las esquinas de sus bocas. Pequeñas criaturas cuyos ojos cambiaban de color corrían a través del piso. Nunca había imaginado que tales cosas eran reales, y eso le dije a Mortmain. „Hay más cosas en el Cielo y en la tierra, Nathaniel, que las soñadas en tu filosofía,‟ dijo. Bueno, conocí la cita por ti, Tessa. Tú siempre me habías leído Shakespeare, e incluso presté atención algunas veces. Estaba a punto de decirle a Mortmain que no se burlara de mí, cuando un hombre se acercó a nosotros. Vi a Mortmain ponerse tieso como una tabla, como si hubiera alguien a quien le tenía miedo. Me presentó como Nathaniel, un nuevo empleado, y me dijo el nombre del hombre. De Quincey. “De Quincey sonrió. Supe inmediatamente que no era humano. Nunca antes había visto un vampiro, con esa piel mortalmente blanca, y por supuesto, cuando sonrió, vi sus dientes. Creo que sólo me quedé mirando fijamente. „Mortmain, me estás ocultando cosas de nuevo,‟ dijo él. „Éste es más que sólo un nuevo empleado. Este es Nathaniel Gray. El hijo de Elizabeth y Richard Gray.‟
“Mortmain balbuceó algo, viéndose desconcertado. De Quincey se rió entre dientes. „He escuchado cosas, Axel,‟ dijo. Entonces se giró hacia mí. „Conocí a su padre,‟ me dijo. „Me gustaba bastante. ¿Tal vez desee unirse a mí para un juego de cartas?‟ Mortmain sacudió la cabeza hacia mí, pero había visto la habitación de las cartas cuando había entrado en la casa, por supuesto. Me sentí atraído por las mesas de juego como una polilla a la luz. Me senté a jugar el faro60 toda la noche con un vampiro, dos hombres lobos, y un brujo de cabellos indomables. Hice mi juego esa noche; gané una gran cantidad de dinero, y bebí una gran cantidad de bebidas de colores brillantes que pasaban alrededor de la sala en bandejas de plata. En algún punto Mortmain se fue, pero no me importó. Salí a la luz del amanecer sintiéndome exultante, en la cima del mundo… y con una invitación de De Quincey para volver al club cuando quisiera. “Fui un tonto, por su puesto. Estaba tan ido la mayor parte del tiempo porque las bebidas estaban mezcladas con pociones de brujos, unas adictivas. Y esa noche me permitieron ganar. Volví por supuesto, sin Mortmain, noche tras noche. Al principio gané… gané de manera constante, así fue como tuve la oportunidad de enviarles dinero a ti y a Tía Harriet, Tessie. Ciertamente no era por trabajar para Mortmain. Iba a la oficina de forma irregular, pero apenas podía concentrarme incluso ante las tareas simples a las que fui asignado. En todo lo que pensaba era en volver al club, beber más de esas bebidas, ganar más dinero. Las Hermanas Oscuras estaban ahí, mirándome de reojo detrás de su juego de naipes whist59, sus uñas como garras. “Mujeres con rostros y hombros espolvoreados de blanco, me sonrieron con sangre corriendo por las esquinas de sus bocas. Pequeñas criaturas cuyos ojos cambiaban de color corrían a través del piso. Nunca había imaginado que tales cosas eran reales, y eso le dije a Mortmain. „Hay más cosas en el Cielo y en la tierra, Nathaniel, que las soñadas en tu filosofía,‟ dijo. Bueno, conocí la cita por ti, Tessa. Tú siempre me habías leído Shakespeare, e incluso presté atención algunas veces. Estaba a punto de decirle a Mortmain que no se burlara de mí, cuando un hombre se acercó a nosotros. Vi a Mortmain ponerse tieso como una tabla, como si hubiera alguien a quien le tenía miedo. Me presentó como Nathaniel, un nuevo empleado, y me dijo el nombre del hombre. De Quincey. “De Quincey sonrió. Supe inmediatamente que no era humano. Nunca antes había visto un vampiro, con esa piel mortalmente blanca, y por supuesto, cuando sonrió, vi sus dientes. Creo que sólo me quedé mirando fijamente. „Mortmain, me estás ocultando cosas de nuevo,‟ dijo él. „Éste es más que sólo un nuevo empleado. Este es Nathaniel Gray. El hijo de Elizabeth y Richard Gray.‟
“Mortmain balbuceó algo, viéndose desconcertado. De Quincey se rió entre dientes. „He escuchado cosas, Axel,‟ dijo. Entonces se giró hacia mí. „Conocí a su padre,‟ me dijo. „Me gustaba bastante. ¿Tal vez desee unirse a mí para un juego de cartas?‟ Mortmain sacudió la cabeza hacia mí, pero había visto la habitación de las cartas cuando había entrado en la casa, por supuesto. Me sentí atraído por las mesas de juego como una polilla a la luz. Me senté a jugar el faro60 toda la noche con un vampiro, dos hombres lobos, y un brujo de cabellos indomables. Hice mi juego esa noche; gané una gran cantidad de dinero, y bebí una gran cantidad de bebidas de colores brillantes que pasaban alrededor de la sala en bandejas de plata. En algún punto Mortmain se fue, pero no me importó. Salí a la luz del amanecer sintiéndome exultante, en la cima del mundo… y con una invitación de De Quincey para volver al club cuando quisiera. “Fui un tonto, por su puesto. Estaba tan ido la mayor parte del tiempo porque las bebidas estaban mezcladas con pociones de brujos, unas adictivas. Y esa noche me permitieron ganar. Volví por supuesto, sin Mortmain, noche tras noche. Al principio gané… gané de manera constante, así fue como tuve la oportunidad de enviarles dinero a ti y a Tía Harriet, Tessie. Ciertamente no era por trabajar para Mortmain. Iba a la oficina de forma irregular, pero apenas podía concentrarme incluso ante las tareas simples a las que fui asignado. En todo lo que pensaba era en volver al club, beber más de esas bebidas, ganar más dinero. “Entonces comencé a perder. Cuanto más perdía, más obsesionado me volvía con ganar de nuevo. De Quincey me sugirió que empezara a jugar con crédito, así que pedí dinero prestado; dejé de ir a la oficina del todo. Dormía todo el día, y jugaba toda la noche. Perdí todo.” Su voz era remota. “Cuando recibí tu carta de que la tía había muero, Tessa, pensé que era un juicio sobre mí. Un castigo por mi comportamiento. Quería salir corriendo y comprar un billete de regreso a Nueva York ese día… pero no tenía dinero. Desesperado, fui al club; estaba sin afeitar, miserable, con los ojos rojos. Debo haberme visto como un hombre en su punto más bajo, porque fue entonces que De Quincey se acercó a mí con una propuesta. Me llevó a un cuarto trasero y señaló que había perdido más dinero para el Club del que cualquier hombre pudiera pagar jamás. Se veía divertido por todo, el diablo, golpeando polvo invisible de sus puños, sonriéndome con esos colmillos. Me preguntó qué estaba dispuesto a dar para pagar mis deudas. Dije, „Lo que sea.‟ Y él dijo, „¿Qué pasa con tu hermana?‟” Tessa sintió el bello de sus brazos levantarse, y estuvo incómodamente consciente de los ojos de todos en la habitación sobre ella. “¿Qué… qué le dijiste acerca de mí?” “Me tomó con la guardia baja por completo,” dijo Nate. “No recuerdo haberle hablado de ti, nunca, pero había estado borracho muchas veces en el club, y hablábamos de manera libre…” La taza de té en su mano se sacudió en su plato; bajó ambos, fuerte. “Le pregunté qué podría querer con mi hermana. Me dijo que tenía motivos para pensar que uno de los hijos de mi madre era… especial. Había pensado que era yo, pero habiendo tenido tiempo para observarme, la única cosa anormal en mí era la estupidez.” El tono de Nate era amargo. “„Pero tu hermana, por otra parte, es algo más,‟ me dijo. „Tiene todo el poder que tú no tienes. No tengo intención de hacerle daño. Es demasiado importante.‟ “Farfullé y rogué por más información, pero él fue inflexible. O le entregaba a Tessa, o moriría. Incluso me dijo lo que tenía que hacer.” Tessa exhaló lentamente. “De Quincey te dijo que me escribieras esa carta, dijo ella. “Te hizo enviarme los billetes para el Main. Te hizo traerme aquí.” Los ojos de Nate le suplicaban que entendieran. “Me juró que no te haría daño. Me dijo que todo lo que quería era enseñarte a usar tu poder. Me dijo que serías reverenciada y adinerada más allá de la imaginación…” “Bueno, eso está bien, entonces,” interrumpió Will. “No es como si hubiera cosas más importantes que el dinero.” Sus ojos flameaban con indignación; Jem no se veía menos disgustado. “¡No es culpa de Nate!” explotó Jessamine. “¿No lo oyeron? De Quincey lo habría matado. Y sabía quien era Nate, de donde venía; de todas formas hubiera encontrado a Tessa eventualmente, y Nate hubiera muerto sin razón.” “Así que esa es tu objetiva opinión ética, ¿no, Jess?” dijo Will. “Y supongo que no tiene nada que ver con el hecho de que has estado babeando alrededor del hermano de Tessa desde que llegó. Cualquier mundano lo haría, supongo, no importa cuan inútil…” Jessamine dejó salir un chillido indignado, y se puso de pie. Charlotte elevó su voz, intentando calmarlos a ambos mientras se gritaban, pero Tessa había dejado de escuchar; estaba mirando a Nate. Había sabido por un tiempo que su hermano era débil, que lo que su tía había llamado inocencia era en realidad un mimado infantilismo mal humorado; que siendo un chico, el primogénito y hermoso, Nate siempre había sido el príncipe de su propio pequeño reino. Había entendido que mientras había hecho su trabajo de hermano mayor protegiéndola, en realidad siempre había sido ella y su tía, quienes lo habían protegido a él. Pero él era su hermano; lo amaba; y el antiguo proteccionismo se alzó en ella, como lo había hecho siempre que Nate estaba preocupado, y probablemente siempre lo haría. “Jessamine tiene razón,” dijo, elevando su voz para cortar a través de las voces enfadadas de la habitación. “No le habría hecho ningún bien que se negara ante De Quincey, y no tiene sentido discutir sobre esto ahora. Aún necesitamos saber cuáles son los planes de De Quincey. ¿Los conoces, Nate? ¿Te dijo qué quería de mí?” Nate sacudió la cabeza. “Una vez que estuve de acuerdo de enviar por ti, me mantuvo atrapado en su casa en la ciudad. Me hizo enviarle una carta a Mortmain, por su puesto, renunciando a su empleo; el pobre hombre debe haber pensado que le estaba arrojando su generosidad a la cara. De Quincey no pensaba quitar los ojos de mí hasta que te tuviera en su mano, Tessie; yo era su seguro. Les dio a las Hermanas Oscuras mi anillo para probarte que estaba en su poder. Me prometió una y otra vez que no te haría daño, que simplemente estaba haciendo que las Hermanas Oscuras te enseñaran a usar tu poder. Las Hermanas Oscuras informaban de tu progreso todos los días, así sabía que aún estabas viva. “Ya que de todas formas estaba en la casa, me encontré a mí mismo observando los trabajos del Club Pandemónium. Vi que había una organización en las filas. Había quienes estaban muy abajo, aferrándose al margen, como Mortmain y su calaña. De Quincey y los superiores los mantenían alrededor porque en su mayoría tenían dinero, y se burlaban de ellos con pequeños atisbos de magia y el Mundo de las Sombras para hacer que regresaran por más. Luego estaban esos como las Hermanas Oscuras y otros, quienes tenían más poder y responsabilidad en el club. Todos eran criaturas sobrenaturales, no humanas. Y luego, en lo más alto, estaba de Quincey. Los otros lo llamaban el Maestro. “A menudo celebraban reuniones a las cuales los humanos y aquellos que estaban más abajo no estaban invitados.
Fue donde primero escuché acerca de los Cazadores de Sombras,” dijo Nate, girando hacia Henry y Charlotte. “Tenía rencor contra ellos… contra ustedes. Se mantenía hablando acerca de lo mucho mejor que serían las cosas cuando los Cazadores de Sombras fueran destruidos y los Submundos podrían vivir y negociar en y paz…” “Qué tonterías.” Henry se veía genuinamente ofendido. “No sé qué clase de paz cree que habrá sin los Cazadores de Sombras.” “Hablaba acerca de que nunca había habido una manera de derrotar a los Cazadores de Sombras porque sus armas eran muy superiores. Dijo que la leyenda era que Dios había tenido la intención de que los Nefilim fueran guerreros superiores, así ninguna criatura viviente podría destruirlos. Así que, aparentemente él pensó, „¿Por qué no una criatura que no estuviera viviendo en absoluto?‟” “Los autómatas,” dijo Charlotte. “Su ejército mecánico.” Nate se vio perplejo. “¿Los han visto?” “Algunos atacaron a tu hermana anoche,” dijo Will. “Afortunadamente, nosotros los monstruosos Cazadores de Sombras estábamos alrededor para salvarla.” “No que lo estuviera haciendo tan mal por sí misma,” murmuró Jem. “¿Sabe algo acerca de las máquinas?” demandó Charlotte, inclinándose hacia adelante ansiosamente. “¿Cualquier cosa? ¿De Quincey habló de ellas alguna vez en frente suyo?” Nate se encogió en su silla. “Lo hizo, pero no entendí la mayor parte de ello. No tengo realmente una mente mecánica…” “Es simple.” Era Henry, usando el tono de alguien que está intentando calmar a un gato asustado. “Ahora esas máquinas de De Quincey sólo funcionan con mecanismos. Tienen que ser ajustados, como relojes. Pero encontramos una copia de un hechizo en su biblioteca que indicaba que estaba intentando encontrar una forma de hacerlos vivos, una forma de vincular energía demoniaca al armazón mecánico y traerlo a la vida.” “¡Oh, eso! Sí, habló acerca de eso,” contestó Nathaniel, como un niño complacido de ser capaz de da la respuesta correcta en una clase. Tessa prácticamente podía ver aguzándose los oídos de los Cazadores de Sombras con expectación. Esto era lo que realmente querían saber. “Ese es el por qué contrató a las Hermanas Oscuras; no solamente para entrenar a Tessa. Eran brujas, ya saben, y tenían la intención de descubrir como se hacía. Y lo hicieron. No fue hace mucho, unas pocas semanas, pero lo hicieron.” “¿Lo hicieron?” Charlotte se veía consternada. “Pero, ¿entonces por qué de Quincey no lo ha hecho todavía? ¿Qué está esperando?”
Nate miró al ansioso rostro de Tessa, y todos los demás alrededor de la habitación. “Yo… creí que lo sabían. Dijo que el hechizo vinculante sólo podía ser generado a la luna llena. Cuando eso pasara, las Hermanas Oscuras podrían hacerlo funcionar, y entonces… tenía decenas de esas cosas guardadas en su escondite, y sé que planea hacer muchas más… cientos, miles, tal vez. Supongo que las animará, y…” “¿La luna llena?” Charlotte, mirando hacia la ventana, mordió su labio. “Eso será muy pronto, la noche de mañana, creo.” Jem se irguió como una bala. “Puedo revisar la tabla lunar en la biblioteca. Ya vuelvo.” Desapareció a través de la puerta. Charlotte se giró hacia Nate. “¿Está muy seguro acerca de esto?” Nate asintió, tragando duramente. “Cuando Tessa escapó de las Hermanas Oscuras, de Quincey me culpó, incluso aunque yo no sabía nada de ello. Me dijo que le permitiría a los Hijos de la Noche drenar mi sangre como castigo. Me mantuvo prisionero por días antes de la fiesta. No tenía cuidado con lo que decía frente a mí entonces. Él sabía que yo iba a morir. Lo escuché hablar de cómo las Hermanas Oscuras habían dominado el hechizo vinculante. Que no iba a pasar mucho, antes de que los Nefilim fueran destruidos, y todos los miembros del Club Pandemónium podrían regir Londres en su lugar.” Will habló, su voz áspera. “¿Tienes alguna idea de dónde De Quincey puede estar escondiéndose ahora que su casa fue quemada?”
Nate se vio exhausto. “Tiene un escondite en Chelsea61. Hubiera ido a encerrarse ahí con aquellos que le eran leales…probablemente todavía hay un centenar de vampiros de su clan que no estaban en la casa en la ciudad esa noche. Sé exactamente donde es el lugar. Puedo mostrarles en un mapa…” Se interrumpió cuando Jem irrumpió en habitación, sus ojos muy abiertos. “No es mañana,” dijo Jem. “La luna llena. Es esta noche.”

15. FANGO EXTRANJERO

Ah Dios, ese amor era como una flor o una llama, Esa vida era como el nombramiento de un nombre, Esa muerte no era más lamentable que el deseo, ¡Estas cosas no eran una cosa y la misma! —Algernon Charles Swinburne, “Laus Veneris”

“Señorita Tessa.” La voz era de Sophie. Tessa se volvió y la vio en el marco del umbral, con un farolillo balanceándose en su mano. “¿Está bien?” Tessa se sentía lastimosamente agradecida de ver a la otra chica. Se había sentido tan sola. “No estoy herida. Henry ha ido detrás de las criaturas, sin embargo, y Charlotte…” “Van a estar bien.” Sophie puso una mano en el codo de Tessa. “Venga, vayamos adentro, señorita. Está sangrando.” “¿Lo estoy?” Perpleja, Tessa alzó sus dedos hasta tocar su frente; éstos regresaron manchados de rojo. “Debí haberme golpeado la cabeza cuando me caí contra los peldaños. Ni siquiera lo sentí.” “Conmoción,” dijo Sophie con calma, y Tessa pensó cuántas veces en su trabajo aquí Sophie tuvo que haber hecho estas cosas, vendar los cortes, o limpiar la sangre. “Vamos, y conseguiré una compresa para su cabeza.” Tessa asintió con la cabeza. Con una última mirada por encima del hombro a la destrucción en el patio, dejó que Sophie la guiara al interior del Instituto. El corto tiempo se hizo borroso. Después de que Sophie la ayudara a subir las escaleras y la sentara en un sillón en la sala, desapareció y regresó momentos después con Agatha, quien presionó una taza de algo caliente en la mano de Tessa.
Tessa sabía lo que era en el momento en que lo olfateó, brandy y agua. Pensó en Nate y vaciló, pero una vez que tomó unos cuantos tragos, las cosas empezaron a nadar de nuevo en foco. Charlotte y Henry volvieron, trayendo consigo el olor a metal y lucha. Con los labios apretados, Charlotte puso sus armas sobre la mesa y llamó a Will. Él no respondió, pero Thomas lo hizo, corriendo por el pasillo, con la chaqueta manchada de sangre, para decirle que Will estaba con Jem, y que Jem iba a estar bien. “Las criaturas lo hirieron, y perdió un poco de sangre,” dijo Thomas, pasándose una mano por su pelo castaño y enmarañado. Miró hacia Sophie mientras lo decía. “Pero Will le hizo una iratze…” “¿Y su medicina?” Preguntó Sophie rápidamente. “¿Él tenía algo de eso?” Thomas asintió con la cabeza, y los tensos hombros de Sophie se relajaron un poco. Charlotte suavizó la mirada también. “Gracias, Thomas,” dijo ella. “¿Tal vez puedas ver si él requiere algo más?” Thomas asintió, y se internó de nuevo por el pasillo con una última mirada por encima de su hombro a Sophie, quien pareció no darse cuenta. Charlotte se sentó en la otomana frente a Tessa. “Tessa, ¿puedes decirnos qué pasó?” Agarrando la taza con sus dedos fríos a pesar de su calor, Tessa se estremeció. “¿Atraparon a los que escaparon? Los… lo que sea que fueran. ¿Los monstruos de metal?” Charlotte negó con la cabeza gravemente. “Los perseguimos por las calles, pero desaparecieron una vez que llegamos al Puente de Hungerford. Henry piensa que hubo algo de magia en cuestión.” “O un túnel secreto,” dijo Henry. “También sugerí un túnel secreto, mi querida.” Miró a Tessa. Su agradable rostro estaba manchado de sangre y aceite, su chaleco a rayas brillantes estaba acuchillado y destrozado. Parecía un colegial que había estado en un mal apuro de algún tipo. “¿Los vio salir de un túnel, tal vez, Señorita Gray?” “No,” dijo Tessa, su voz a mitad de un susurro. Para suavizar la garganta, tomó otro sorbo de la bebida que Agatha le había dado, y dejó la taza antes de continuar con todo; el puente, el cochero, la persecución, las palabras de la criatura que había hablado, la forma en que habían irrumpido a través de las puertas del Instituto. Charlotte escuchó con el rostro blanco y demacrado; incluso Henry parecía sombrío. Sophie, sentada en silencio en una silla, prestó atención a la historia con la seria intensidad de una colegiala. “Dijeron que era una declaración de guerra,” finalizó Tessa. “Que venían a vengarse de nosotros… de ustedes, supongo, por lo que le sucedió a De Quincey.” “¿Y la criatura se refirió a él como el Maestro?” preguntó Charlotte.
Tessa apretó los labios con firmeza para evitar que temblaran. “Sí. Dijo que el Maestro me quería y que había sido enviado a mí para recuperarme. Charlotte, esta es mi culpa. Si no fuera por mí, De Quincey no hubiera enviado esta noche a esas criaturas, y Jem…” Miró hacia abajo a sus manos. “Tal vez deberías dejar que me tuviera.” Charlotte estaba sacudiendo la cabeza. “Tessa, has oído a De Quincey anoche. Odia a los Cazadores de sombras. Él atacaría a la Clave independientemente de ti. Y si te entregáramos a él, lo único que estaríamos haciendo es poner un arma potencialmente valiosa en sus manos.” Miró a Henry. “Me pregunto por qué esperó tanto tiempo. ¿Por qué no ir por Tessa cuando había salido con Jessie? A diferencia de los demonios, estas criaturas mecánicas pueden salir durante el día.” “Pueden,” dijo Henry, “pero no sin alarmar a la población… todavía. No lucen lo suficiente como seres humanos ordinarios para pasar sin comentarios curiosos.” Tomó un brillante mecanismo de su bolsillo y lo sostuvo en alto. “Examiné los restos de los autómatas en el patio. Éstos que De Quincey envió tras Tessa en el puente no son como el de la cripta. Son más sofisticados, hechos con metales más resistentes, y con una estructura más avanzada. Alguien ha estado trabajando en el diseño de los planos encontrados por Will, refinándolos. Las criaturas son más rápidas ahora, y más letales.” Pero, ¿qué tan refinados? “Fue un hechizo.” Dijo Tessa rápidamente. “En el plano. Magnus lo descifró..." “El hechizo vinculante. Consiste en vincular una energía demoniaca a un autómata.” Charlotte miró a Henry. “¿De Quincey pudo…?” “¿Lograr su realización?” Henry negó con la cabeza. “No. Esas criaturas son simplemente configuradas a seguir un patrón, como cajas de música. Pero no son animados. No tienen inteligencia o voluntad o vida. Y no hay nada demoníaco en ellos.” Charlotte exhaló en alivio. “Tenemos que encontrar a De Quincey antes de que tenga éxito en su objetivo. Estas criaturas son bastante difíciles de matar. El Ángel sabe cuántos de ellos ha hecho, o lo difícil que sería matarlos si tuvieran la astucia de los demonios.” “Un ejército nacido ni del Cielo ni del Infierno.” Dijo Tessa en voz baja. “Exactamente,” dijo Henry. “De Quincey tiene que ser encontrado y detenido. Y mientras tanto, Tessa, debes permanecer en el Instituto. No es que queramos mantenerte como prisionera aquí, pero sería más seguro si permanecieras dentro.” “¿Pero por cuánto…?” Tessa comenzó, y se interrumpió, cuando la expresión de Sophie cambió. Estaba mirando algo por encima del hombro de Tessa, de pronto sus ojos color avellana se ensancharon. Tessa siguió su mirada.
Era Will. Estaba de pie en la puerta del salón. Había una línea de sangre en su camisa blanca; parecía pintura. Su rostro estaba tranquilo, casi como una máscara, su mirada se fijo en Tessa. A medida que sus ojos se encontraban a través de la habitación, ella sintió el salto de su pulso en la garganta. “Él quiere hablar contigo.” Dijo Will. Hubo un momento de silencio cuando todo el mundo en la sala lo miró. Había algo intimidante en la intensidad de la mirada de Will, la tensión de su quietud. Sophie tenía la mano en la garganta, los dedos nerviosamente revoloteando a su cuello. “Will.” Charlotte dijo finalmente. “¿Te refieres a Jem? ¿Está bien?” “Está despierto y hablando,” dijo Will. Su mirada se deslizó por un momento a Sophie, quien había bajado la mirada, como si quisiera ocultar su expresión. “Y ahora quiere hablar con Tessa.” “Pero...” Tessa miró hacia Charlotte, que parecía preocupada. “¿Está bien? ¿Está lo suficientemente bien?” La expresión de Will no cambió. “Él quiere hablar contigo,” dijo, pronunciando cada palabra con mucha claridad. “Así que te levantarás, y vendrás conmigo, y hablarás con él ¿Entiendes?” “Will,” Charlotte comenzó bruscamente, pero Tessa ya se estaba levantando, alisándose la falda arrugada con la palma de sus manos. Charlotte miró preocupada hacia ella, pero no dijo nada más. Will estuvo totalmente en silencio mientras se abrían paso por el pasillo, los candelabros de luz mágica lanzaban sus sombras contra las paredes lejanas en delgadas figuras. Había aceite negruzco, tanto como salpicaduras de sangre en su camisa blanca, manchas en la mejilla, su pelo estaba enredado, su mandíbula tensa. Se preguntó si había dormido algo desde el amanecer, cuando ella lo había dejado en el ático. Quería preguntarle, pero todo en él, su postura, su silencio, la posición de sus hombros; decía que ninguna pregunta sería bienvenida. Abrió la puerta del cuarto de Jem y la condujo por delante de él. La única luz en la habitación venía de la ventana y de un candelabro de luz mágica sobre la mesita de noche. Jem estaba mitad bajo las sábanas de la alta cama tallada. Estaba tan blanco como su camisa de dormir, los párpados de sus ojos cerrados eran de azul oscuro. Apoyado en el lado de la cama estaba su bastón con cabeza de jade. De alguna manera había sido reparado y estaba entero otra vez, reluciente, como nuevo. Jem volvió la cara hacia el sonido de la puerta, sin abrir los ojos. “¿Will?”
Will hizo algo que luego asombró a Tessa. Obligó a su rostro a hacer una sonrisa, y dijo, en un tono pasablemente alegre, “la traje, como lo habías pedido.”

Los ojos de Jem se abrieron con rapidez; Tessa se sintió aliviada al ver que habían vuelto a su color habitual. Aún así, tenían el aspecto de agujeros sombreados en su rostro pálido. “Tessa,” dijo. “Lo siento mucho.” Tessa miró a Will, por permiso u orientación, no estaba segura, pero él miraba fijamente al frente. Estaba claro que no sería de ayuda. Sin dirigirle otra mirada, se apresuró a través de la habitación y se sentó en la silla al lado de la cama de Jem. “Jem,” dijo en voz baja, “no deberías lamentarte, o pedirme perdón. Yo debería ser la que pida disculpas. Tú no hiciste nada malo. Yo era el objetivo de esas cosas mecánicas, no tú.” Acarició suavemente la colcha; queriendo tocar su mano, pero sin atreverse a hacerlo. “Si no fuera por mí, nunca habrías salido herido.” “Herido.” Jem dijo la palabra en una exhalación de aliento, casi con asco. “Yo no resulté herido.” “James.” El tono de Will mantuvo una nota de advertencia. “Ella debe saber, William. De lo contrario pensará que todo esto fue culpa de ella.” “Estabas enfermo,” dijo Will, sin mirar a Tessa mientras hablaba. “No es culpa de nadie.” Hizo una pausa. “Sólo creo que deberías tener cuidado. No estás recuperado todavía. Hablar sólo te cansará.” “Hay cosas más importante que ser cuidadoso.” Jem luchó por incorporarse, los tendones en su cuello tensándose al momento que se levantó, apoyando la espalda contra las almohadas. Cuando volvió a hablar, estaba un poco sin aliento. “Si no te gusta, Will, no tienes que quedarte.” Tessa oyó que la puerta se abría y se cerraba detrás de ella con un suave clic. Sabía sin mirar, que Will se había ido. No pudo evitarlo; una leve punzada le atravesó, la forma en que siempre parecía pasarle cuando él salía de una habitación. Jem suspiró. “Es tan terco.” “Estaba en lo cierto,” dijo Tessa. “Por lo menos, tenía razón en que no hace falta que me digas cualquier cosa que no desees. Sé que nada de eso fue tu culpa.” “La culpa no tiene nada que ver con eso,” dijo Jem. “Creo que también deberías saber la verdad. Ocultar rara vez ayuda en algo.” Miró hacia la puerta por un momento, como si sus palabras fueran medio destinadas para el ausente Will. Luego volvió a suspirar, pasando las manos por su pelo. “¿Tú sabes,” dijo, “que la mayoría de mi vida he vivido en Shanghai con mis padres? ¿Qué me crié en el Instituto de allí?”
“Sí,” dijo Tessa, preguntándose si todavía estaba un poco aturdido. “Tú me lo contaste, en el puente. Y me dijiste que un demonio había matado a tus padres.” “Yanluo,” dijo Jem. Había odio en su voz. “El demonio tenía un rencor contra mi madre. Ella había sido responsable de la muerte de un número de sus descendientes demonios. Habían tenido un nido en un pequeño pueblo llamado Lijiang, donde habían estado alimentándose de niños locales. Ella quemó el nido y se escapó antes de que el demonio la encontrara. Yanluo esperó la hora propicia durante años; los Grandes Demonios viven para siempre, pero nunca lo olvidó. Cuando yo tenía once años, Yanluo encontró un punto débil en la defensa que protegía el Instituto, y se introdujo. El demonio mató a los guardias y tomó presa a mi familia, atándonos a todos a las sillas en la gran sala de la casa. Luego se puso a trabajar. Yanluo me torturó delante de mis padres," continuó Jem, con la voz vacía. “Una y otra vez me inyectó un veneno de demonio ardiente que me quemó las venas y rompió en mi mente. Durante dos días entraba y salía de alucinaciones y sueños. Vi el mundo ahogarse en ríos de sangre, y oí los gritos de todos los muertos y los moribundos a lo largo de la historia. Vi a Londres quemándose, y las grandes criaturas de metal dando zancadas de aquí para allá como arañas enormes…” Contuvo el aliento. Estaba muy pálido, el camisón pegado a su pecho por el sudor, pero despidió con un gesto la expresión de preocupación de Tessa. “Cada pocas horas volvía a la realidad, el tiempo suficiente para oír a mis padres gritando por mí. Luego en el segundo día, volví y sólo oí a mi madre. Mi padre había sido silenciado. La voz de mi madre era salvaje y quebrada, pero ella seguía diciendo mi nombre. No era mi nombre en inglés, sino el nombre que me había dado cuando nací: Jian. Todavía puedo oír su voz a veces, llamándome.” Tenía las manos apretadas sobre la almohada que sostenía, lo suficientemente apretadas que el tejido había empezado a romperse. “Jem,” Tessa dijo suavemente. “Puedes parar. No es necesario que me cuentes todo ahora.” “¿Te acuerdas cuando dije que Mortmain probablemente había hecho dinero con el contrabando de opio?” preguntó. “Los británicos llevan opio a China por tonelada. Han hecho de nosotros una nación de adictos. En chino lo llamamos „fango extranjero‟ o „humo negro.‟ De alguna manera, Shanghai, mi ciudad, está construida en opio. No existiría como lo hace sin él. La ciudad está llena de escondites donde los hombres con los ojos hundidos mueren de hambre porque lo único que quieren es la droga, más de la droga. Darían cualquier cosa por ella. Yo solía despreciar a los hombres así. No podía entender cómo eran tan débiles.” Él respiró hondo.
“En el momento en que la Enclave de Shanghai se preocupó por el silencio del Instituto y fueron para salvarnos, mis padres ya estaban muertos. No recuerdo nada de eso. Yo estaba gritando y delirando. Me llevaron a los Hermanos Silenciosos, quienes sanaron mi cuerpo tan bien como pudieron. Aunque hubo una cosa que no pudieron solucionar. Me había hecho adicto a la sustancia con la que el demonio me había envenenado. Mi cuerpo era dependiente a ella de la manera que el cuerpo de un adicto al opio es dependiente de la droga. Trataron de alejarme de ella, pero estar sin eso me causó un terrible dolor. Incluso cuando fueron capaces de bloquear el dolor con los hechizos de brujos, la falta de la droga empujó mi cuerpo al borde de la muerte. Después de semanas de experimentación, decidieron que no había nada por hacer: no podría vivir sin la droga. La droga en sí significaba una muerte lenta, pero quitármela significaría una muy rápida.” “¿Semanas de experimentación?” Tessa repitió. “¿Cuando sólo tenías once años? Eso parece cruel.” “La bondad, la real bondad, tiene su propio tipo de crueldad,” dijo Jem, mirando más allá de ella. “Allí, a tu lado en la mesa de noche, hay una caja. ¿Puedes dármela?” Tessa levantó la caja. Estaba hecha de plata, con incrustaciones en su tapa con una escena de esmalte que representaba a una mujer delgada de ropas blancas, descalza, vertiendo el agua de un florero en una corriente. “¿Quién es ella?” Le preguntó, entregando la caja a Jem. “Kwan Yin. La diosa de la misericordia y la compasión. Dicen que escucha cada oración y cada grito de sufrimiento y hace lo que puede para responderlo. Pensé que tal vez si guardaba la causa de mi sufrimiento en una caja con su imagen en ella, podría hacer que ese sufrimiento disminuyera.” Movió la hebilla para abrir la caja y la tapa se deslizó hacia atrás. Dentro había una gruesa capa de lo que Tessa pensó en un principio que era ceniza, pero el color era demasiado brillante. Era una capa espesa de polvo plateado casi del mismo plateado brillante que el color de los ojos de Jem. “Esta es la droga,” dijo. “Viene de un brujo distribuidor que conocemos en Limehouse. Tomo parte de ella todos los días. Es por lo que parezco tan… tan fantasmal; es lo que drena el color de mis ojos y el pelo, hasta de mi piel. A veces me pregunto si mis padres siquiera me reconocerían...” Su voz se fue apagando. “Si tengo que luchar, tomo más. Tomar menos me debilita. No había tomado nada hoy antes de que fuéramos al puente. Es por eso que me desplomé. No por las criaturas mecánicas. Por causa de la droga. Sin nada en mi sistema, la lucha, el correr, fue demasiado para mí. Mi cuerpo empezó a alimentarse de sí mismo, y colapsé.” Cerró la caja de un golpe, y se la devolvió a Tessa. “Toma. Ponla de nuevo donde estaba.” “¿No necesitas nada?” “No. Ya he tomado suficiente esta noche.”
“Dijiste que la droga significaba una muerte lenta,” dijo Tessa. “Entonces, ¿significa que la droga te está matando?”

Jem asintió con la cabeza, con mechones de pelo brillante cayendo sobre su frente. Tessa sintió que su corazón saltaba con un latido doloroso. “Y cuando luchas, tomas más. Así que, ¿por qué no dejas de luchar? Will y los otros…” “Entenderían,” Jem terminó por ella. “Sé que lo harían. Pero hay más en la vida que no morir. Soy un Cazador de sombras. Es lo que soy, no sólo lo que hago. No puedo vivir sin ello.” “Significa que no quieres.” Will, pensó Tessa, se habría enfadado si le hubiera dicho eso a él, pero Jem simplemente la miró con atención. “Significa que no quiero hacerlo. Durante mucho tiempo he buscado una cura, pero finalmente me detuve, y le pedí a Will y al resto que se detuvieran también. Yo no soy ésta droga, o su dominio sobre mí. Creo que soy mejor que eso. Que mi vida es algo más que eso, más allá de cómo y cuándo pueda terminar.” “Bueno, no quiero que mueras,” dijo Tessa. “No sé por qué lo siento tan fuerte… recién te conozco… pero no quiero que te mueras.” “Y confío en ti,” dijo. “No sé por qué, recién te conozco… pero lo hago.” Sus manos ya no estaban aferrando la almohada, sino que yacían flojas y quietas en la superficie con borlas. Eran unas manos delgadas, los nudillos eran un poco grandes para el resto de ellas, los dedos afilados y finos, una gruesa cicatriz blanca corría por la parte posterior de su pulgar derecho. Tessa quería deslizar su mano sobre la suya, quería sujetarlo firmemente y consolarlo… “Bueno, todo esto es muy conmovedor.” Era Will, por supuesto, que había entrado silenciosamente en la habitación. Se había cambiado su camisa ensangrentada, y parecía haberse lavado de forma apresurada. Su cabello lucía húmedo, su cara restregada, aunque los bordes de sus uñas seguían negros con suciedad y aceite. Miró de Jem a Tessa, con el rostro cuidadosamente vacío. “Veo que le contaste.” “Lo hice.” No había nada desafiante en el tono de Jem: él nunca miró a Will de otra forma más que con afecto, pensó Tessa, sin importar lo provocante que fuese Will. “Está hecho. No es necesario que te sigas preocupando al respecto.” “No estoy de acuerdo,” dijo Will. Le dio a Tessa una mirada afilada. Ella recordó lo que había dicho acerca de no cansar a Jem, y se levantó de su silla. Jem le dirigió una mirada melancólica. “¿Tienes que irte? Más bien tenía la esperanza de que te quedaras y fueses un ángel guardián, pero si debes irte, hazlo.”
“Yo me quedaré,” dijo Will un poco enfadado, y se echó en la silla que Tessa acababa de desocupar. “Puedo atender angelicalmente.” “No demasiado convincente. Y no eres tan bonito de ver como lo es Tessa,” dijo Jem, cerrando los ojos mientras se apoyaba contra la almohada. “Qué grosero. Muchos de los que se han fijado en mí me han comparado con la experiencia de contemplar el resplandor del sol.” Jem todavía tenía los ojos cerrados. “Si se referían a que te da jaqueca, no se equivocan.” “Además,” dijo Will, con los ojos en Tessa, “es justo mantener a Tessa con su hermano. No ha tenido la oportunidad de verlo desde esta mañana.” “Eso es cierto.” Los ojos de Jem se abrieron de repente por un momento; eran de plata negra, oscuros con el sueño. “Mis disculpas, Tessa. Casi lo olvido.” Tessa no dijo nada. Estaba demasiado ocupada siendo horrorizada porque Jem no era el único que casi se había olvidado de su hermano. No pasa nada, quería decir, pero los ojos de Jem estaban cerrados de nuevo, y pensó que podía estar dormido. Mientras miraba, Will se inclinó hacia delante y corrió las mantas, cubriendo el pecho de Jem. Tessa se dio la vuelta y salió lo más silenciosamente que pudo. La luz en los pasillos ardía en su punto más bajo, o tal vez simplemente había estado más brillante en la habitación de Jem. Tessa se detuvo por un momento, parpadeando, hasta que sus ojos se adaptaron. Dio un respingo. “¿Sophie?” La otra chica era una serie de manchas pálidas en la penumbra, su cara pálida, y la gorra blanca colgando de su mano por uno de sus lazos. “¿Sophie?” Dijo Tessa. “¿Pasa algo malo?” “¿Él está bien?” preguntó Sophie, con una extraña y pequeña obstrucción en su voz. “¿Va a estar bien?” Demasiado sobresaltada para dar sentido a su pregunta, Tessa dijo: “¿Quién?” Sophie la miró fijamente, con los ojos mudamente trágicos. “Jem.” No Sr. Jem, o Sr. Carstairs. Jem. Tessa la miró con total asombro, recordando repentinamente. Está bien amar a alguien que no corresponde su amor, en tanto que sean dignos de ese amor. En tanto lo merezcan. Por supuesto, pensó Tessa. Soy tan estúpida. Es Jem del que está enamorada. “Él está bien,” dijo tan suave como pudo. “Está descansando, pero estaba sentado y hablando. Pronto estará completamente recuperado, estoy segura. Quizás si deseas verlo…”
“¡No!” Exclamó Sophie de inmediato. “No, eso no sería justo ni apropiado.” Sus ojos brillaban. “Estoy muy agradecida con usted, señorita. Yo…” Se volvió entonces, y se alejó con prisa por el pasillo. Tessa la siguió con la vista, preocupada y perpleja. ¿Cómo no había podido verlo antes? ¿Cómo podía haber estado tan ciega? Qué extraño tener el poder de transformarte literalmente en otra persona, y sin embargo ser tan incapaz de ponerte en su lugar.


La puerta hacia la habitación de Nate estaba ligeramente abierta; Tessa la empujó para abrirla por completo tan silenciosamente como pudo, y se introdujo en ella. Su hermano era una pila de mantas. La luz de la vela parpadeante de la mesita de noche iluminó su pelo rubio esparcido en la almohada. Sus ojos estaban cerrados, su pecho subiendo y bajando regularmente. En la silla junto a la cama se encontraba Jessamine. Ella también estaba dormida. Su cabello rubio estaba escapándose del rodete cuidadosamente arreglado, los rizos cayendo sobre sus hombros. Alguien había echado una pesada manta de lana encima de ella, y sus manos la aferraban, atrayéndola contra su pecho, parecía más joven de lo que Tessa la había visto jamás, y vulnerable. No había nada en ella de la chica que había matado el duende en el parque. Era tan extraño, pensó Tessa, lo que despertaba la ternura en la gente. Nunca era lo que hubieras esperado. Tan silenciosamente como pudo, se apartó, cerrando la puerta tras ella. Tessa durmió muy mal esa noche. Despertándose a menudo en medio de sueños de criaturas mecánicas viniendo por ella. Estirando sus largas manos de estructura metálica para atraparla y desgarrar su piel. Finalmente eso se disolvió en un sueño de Jem, quien yacía dormido en una cama mientras polvo de plata llovía sobre él, encendiendo la colcha bajo la que él estaba, hasta que al final toda la cama ardió, y Jem dormía tranquilamente en ella, inconsciente de los gritos de advertencia de Tessa.
Por último, soñó con Will, estaba de pie en la cima de la cúpula de San Pablo, solitario bajo la luz de la blanca, blanca luna. Vestía una chaqueta de frac negra, y las Marcas en su piel se dejaban ver con claridad sobre su cuello y manos bajo el brillo del cielo. Bajó la mirada hacia Londres como un ángel malvado comprometido a salvar la ciudad de sus peores sueños, mientras debajo de él, Londres dormía, indiferente e inconsciente. Tessa fue arrancada de sus sueños por una voz en su oído, y una mano sacudiendo enérgicamente su hombro. “¡Señorita!” Era Sophie, con la voz aguda. “Señorita Gray, simplemente debe despertarse. Es su hermano.” Tessa se levantó con rapidez, desparramando almohadas. La luz de la tarde se vertía a través de las ventanas de la habitación, iluminando la sala; y el rostro preocupado de Sophie. “¿Nate está despierto? ¿Se encuentra bien?” “Sí…quiero decir, no. Quiero decir, no lo sé, señorita.” Había una pequeña presión en la voz de Sophie. “Verá, está desaparecido.”