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viernes, 28 de febrero de 2014

17. HAS DESCENDER LA OSCURIDAD

La torre de la vieja iglesia y el muro del jardín Están negros con la lluvia de otoño, Y tristes vientos presienten haciendo Descender la oscuridad otra vez. —Emily Brontë, "La Torre de la Vieja Iglesia"


Mientras Charlotte se precipitaba a la biblioteca para notificar a la Enclave de la acción de emergencia que necesitaban tenerse en cuenta esa noche, Henry se mantuvo en el salón con Nataniel y los otros. Fue sorprendentemente paciente cuando Nate cuidadosamente indicó en el mapa de Londres, el lugar donde creía que estaba el refugio de De Quincey, una casa en Chelsea, cerca del Támesis. "No sé cuál es exactamente," dijo Nate, "así que tendrán que ser cuidadosos." “Siempre somos cuidadosos,” dijo Henry, haciendo caso omiso de la mirada irónica de Will en su dirección. Poco tiempo después, sin embargo, envió a Will y Jem a la sala de armas con Thomas para preparar un conjunto de cuchillos serafín y otros armamentos. Tessa se mantuvo en el salón con Jessamine y Nate mientras que Henry se apresuraba a la cripta para recuperar algunos de sus inventos más recientes. Tan pronto como los otros se habían ido, Jessamine comenzó a revolotear alrededor de Nate; haciendo el fuego para él, yendo a buscar otra manta para envolver alrededor de sus hombros, y ofreciéndose para encontrar un libro para leer en voz alta para él, a lo cual se negó. Si Jessamine tenía la esperanza de ganar el corazón de Nate preocupándose por él, pensó Tessa, tendría una decepción. Nate esperaba ser mimado y apenas se daría cuenta de sus atenciones especiales. "Entonces, ¿qué va a pasar ahora?" preguntó él, por último, medio enterrado bajo un montón de mantas. "El Sr. y la señora Branwell…" “¡Oh!, llámelos Henry y Charlotte. Todo el mundo lo hace,” dijo Jessamine. "Van a notificar a la Enclave; eso es a todo el resto de Cazadores de Sombras de Londres, la ubicación del escondite de De Quincey, de modo que puedan planear un ataque," dijo Tessa. "Pero en realidad, Nate, no debes preocuparte por estas cosas. Debes estar en reposo." "Así que sólo vamos a estar nosotros." Los ojos de Nate estaban cerrados. "En este lugar grande y viejo. Parece extraño.” "Oh, Will y Jem no van con ellos," dijo Jessamine. "La oí hablar con ellos en la sala de armas, cuando fui a buscar la manta." Nate abrió los ojos. "¿No lo harán?" Parecía asombrado. "¿Por qué no?" "Son demasiado jóvenes," dijo Jessamine. "Los Cazadores de Sombras se consideran adultos a los dieciocho años, y para este tipo de misión; algo peligroso que toda la Enclave está participando en ello, tienden a dejar a los más pequeños en casa." Tessa sintió una punzada de alivio un poco extraña, que cubrió a toda prisa preguntando, "Pero eso es tan extraño. Dejaron que Will y Jem ir a lo de De Quincey…" "Y es por eso que no pueden ir ahora. Al parecer, Benedict Lightwood está argumentando que el allanamiento de De Quincey resultó tan mal como lo hizo porque Will y Jem no estaban suficientemente formados, aunque cómo nada de eso iba a ser culpa de Jem, no estoy segura. Si me preguntas, él quiere una excusa para hacer a Gabriel quedarse en casa, a pesar de que ya tiene dieciocho años. Lo mima horriblemente. Charlotte dijo que él le había dicho que antes han habido Enclaves completas que han desaparecido en una sola noche, y los Nefilim tienen la obligación de dejar salir a la generación más joven, para continuar, por así decirlo." El estómago de Tessa se retorció. Antes de que pudiera decir nada, la puerta se abrió y entró Thomas. Llevaba una pila de ropa doblada. "Estas son las cosas viejas del Sr. Jem," dijo a Nate, viéndose un poco avergonzado. "Parece que podrían ser aproximadamente del mismo tamaño, y, bueno, debe tener algo que ponerse. Si me acompaña de vuelta a su habitación, podemos ver si le ajustan.” Jessamine rodó los ojos. Tessa no estaba segura de por qué. Tal vez pensó que la ropa desechada no era lo suficientemente buena para Nate. “Gracias, Thomas,” dijo Nate, poniéndose de pie. "Y debo presentar mis disculpas por mi comportamiento anterior, cuando yo, ah, me escondí de ti. Debo de haber estado febril. Esa es la única explicación." Thomas se sonrojó. "Sólo hago mi trabajo, señor. "Tal vez deberías dormir un poco," dijo Tessa, tomando nota de los oscuros círculos de agotamiento alrededor de los ojos de su hermano. "No habrá mucho para que hagamos ahora, no hasta que regresen." “En realidad,” dijo Nate, mirando de Jessamine a Tessa, "Creo que he tenido suficiente descanso. Un hombre debe volver a sus pies con el tiempo, ¿no? Podría estar parado para comer un bocado de algo, y no me importaría alguna compañía. ¿Te importa que me una aquí una vez esté vestido?" "¡Por supuesto que no!" Jessamine parecía encantada. "Le pediré a Agatha que prepare algo ligero. Y tal vez un juego de cartas para mantenernos ocupados después de comer. Sándwiches y té, me parece." Juntó las manos cuando Thomas y Nate salieron de la habitación, y se volvió a Tessa, con los ojos brillantes. "¿No sería eso divertido?" "¿Cartas?" Tessa, quien había estado consternada y casi sin palabras por la sugerencia de Jessamine, encontró su voz. "¿Crees que deberíamos jugar a las cartas? ¿Mientras Henry y Charlotte están fuera luchando contra De Quincey?” Jessamine sacudió la cabeza. "¡Como si estando abatidos los ayudáramos! Estoy segura de que preferirían que estuviéramos alegres y activos en su ausencia, en lugar de ociosos y de mal humor." Tessa frunció el ceño. "Realmente no creo," dijo, "que sugerirle jugar cartas a Nate fuera una gran idea, Jessamine. Sabes muy bien que tiene… problemas... con el juego." "No vamos a arriesgarnos," dijo Jessamine alegremente. "Sólo un partido amistoso de naipes. En realidad, Tessa, ¿tienes que ser una aguafiestas?” "¿Una qué? Jessamine, sé que sólo estás tratando de mantener feliz a Nate. Pero este no es la forma…" “¿Y supongo que tú has dominado el arte de ganar los afectos de los hombres?" estalló Jessamine, sus ojos marrones echaban chispas de ira. "¿Crees que no te he visto mirar a Will con ojos de cachorro? Como si incluso fuera… ¡Oh!" alzó las manos. "No importa. Me das asco. Voy a hablar con Agatha sin ti." Con eso, se puso de pie e indignada salió de la habitación, deteniéndose en la puerta sólo para decir, "Y sé que no te importa cómo te veas, pero como mínimo, debes arreglar tu pelo, Tessa. ¡Pareciera que hubiera aves viviendo en él!" antes de cerrar la puerta tras ella.
Ridículas como Tessa sabía que eran, las palabras de Jessamine la aguijonearon. Se apresuró a regresar a su habitación para echarse agua en la cara y pasar un cepillo por su cabello enredado. Mirando a su blanco rostro en el espejo, trató de no preguntarse si todavía se parecía a la hermana que Nate recordaba. Trató de no imaginarse cómo podría haber cambiado. Terminó, salió corriendo al pasillo y casi caminó directamente hacia Will, que estaba apoyado contra la pared del pasillo frente a su puerta, examinando sus uñas. Con su habitual desprecio por las costumbres, estaba en mangas de camisa, y sobre la camisa estaban una serie de tiras de cuero atravesándole el pecho. A través de su espalda colgaba una hoja larga y delgada, podía ver la empuñadura apenas por encima del hombro. Empujados a través de su cinturón había varios cuchillos serafín, largos y delgados. "Yo…" La voz de Jessamine resonó en la cabeza de Tessa: ¿Crees que no te he visto mirar a Will con ojos de cachorro? La luz mágica ardía suavemente. Tessa esperaba que estuviera demasiado oscuro en el pasillo para que él viera su rubor. "Pensé que no ibas con la Enclave esta noche," dijo por último, más que nada para tener algo que decir, que cualquier otra cosa.
"No voy. Estoy llevándoles estos a Charlotte y Henry en el patio. Benedict Lightwood está enviando su carruaje para ellos. Es más rápido. Debe estar aquí en breve." Estaba oscuro en el pasillo, lo suficientemente oscuro para que aunque Tessa pensara que él sonreía, no estuviera segura. “Preocupada por mi seguridad, ¿verdad? ¿O habías planeado obsequiarme una prensa para que yo pudiera llevarla en batalla como Wilfred de Ivanhoe62?” "Nunca me gustó ese libro," dijo Tessa. "Rowena era una tonta. Ivanhoe debería haber elegido a Rebecca." "La chica de cabello oscuro, ¿no la rubia? ¿En serio?" Ahora estaba casi segura de que estaba sonriendo. “¿Will…?" “¿Sí?” "¿Crees que la Enclave realmente logrará matarlo? ¿A de Quincey?" "Sí." Habló sin dudarlo. "El tiempo de negociación ha pasado. Si alguna vez has visto una rata acosada en una trampa… bueno, no creo que lo hicieras. Pero así es como va a ser esta noche. La Clave despachará uno a uno a los vampiros hasta que sean eliminados por completo.” "¿Quieres decir que no habrá más vampiros en Londres?" Will se encogió de hombros. "Siempre hay vampiros. Pero el clan De Quincey se irá." "Y una vez que todo haya terminado, una vez que el Maestro se haya ido, supongo que no habrá más razones para que Nate y yo nos quedemos en el Instituto, ¿no?" "Yo…" Will parecía realmente sorprendido. “Supongo… sí, bueno, eso es cierto. Me imagino que preferirías quedarte en un lugar menos… violento. Tal vez podrías incluso ver algunas de las partes más agradables de Londres. La Abadía de Westminster63…” "Preferiría irme a casa," dijo Tessa. "A Nueva York." Will no dijo nada. La luz mágica en el corredor se había desvanecido; en las sombras no podía ver su rostro claramente. "A menos que hubiera una razón para que me quedara,” continuó, medio preguntándose a sí misma qué había querido decir con eso. Era más fácil hablar con Will así, cuando no podía ver su rostro, y sólo podía sentir su presencia cerca de ella en el pasillo oscuro. No lo vio moverse, pero sintió sus dedos tocando la parte posterior de su mano ligeramente. "Tessa," dijo. "Por favor, no te preocupes. Pronto todo se resolverá." Su corazón latía dolorosamente contra sus costillas. ¿Qué se resolverá pronto? No podía querer decir lo que ella pensaba que decía. Tenía que decir algo más. "¿No quieres ir a casa?" No se movió, sus dedos aún rozando su mano. "Nunca podré volver a casa." "Pero ¿por qué no?” Susurró, pero ya era demasiado tarde. Lo sintió alejándose de ella. Su mano se apartó de la de ella. "Sé que tus padres vinieron al Instituto cuando tenías doce y te negaste a verlos. ¿Por qué? ¿Qué te hicieron que fue tan terrible?" "No hicieron nada." Negó con la cabeza. “Tengo que irme. Henry y Charlotte están esperando. "Will," dijo, pero él ya estaba caminando alejándose, una oscura sombra que se movía hacia la escalera. "Will," dijo tras él. "Will, ¿quién es Cecily?" Pero él ya se había ido. Para el momento en que Tessa regresó al salón, Nate y Jessamine estaban allí, y el sol había comenzado a ponerse. Se dirigió inmediatamente a la ventana y miró hacia afuera. En el patio, Jem, Henry, Will, y Charlotte se habían reunido, sus sombras se lanzaban largas y oscuras a través de los escalones del Instituto. Henry se estaba poniendo una última runa iratze en su brazo mientras Charlotte parecía estar dando instrucciones a Jem y Will. Jem estaba asintiendo con la cabeza, pero Tessa podría decir, incluso a esta distancia, que Will, cuyos brazos estaban cruzados sobre el pecho, estaba siendo obstinado. Quiere ir con ellos, pensó. No quiere quedarse aquí. Jem probablemente quería ir también, pero no se quejaría al respecto. Esa era la diferencia entre los dos chicos. Una de las diferencias, en todo caso."Tessie, ¿estás segura que no quieres jugar?" Nate se volvió para mirar a su hermana. Estaba de nuevo en su sillón, una manta sobre las piernas, las cartas tendidas en una pequeña mesa entre él y Jessamine, junto a un servicio de té de plata y un pequeño plato de bocadillos. Su cabello estaba un poco húmedo, como si lo hubiera lavado, y llevaba ropa de Jem. Nathaniel había perdido peso, Tessa podría decirlo, pero Jem era lo suficiente delgado como para que su camisa estuviera todavía un poco apretada para Nate en el cuello y los puños, aunque los hombros de Jem eran todavía más amplios, y Nate parecía un poco más pequeño en el talle de la chaqueta de Jem. Tessa todavía estaba mirando por la ventana. Un gran carruaje negro había sido elaborado, con un diseño en la puerta de dos antorchas encendidas, y Henry y Charlotte entraron en él. Will y Jem habían desaparecido de la vista. "Está segura." Jessamine inhaló cuando Tessa no respondió. "Basta con mirarla. Se ve tan desaprobadora." Tessa apartó la mirada de la ventana. "No estoy desaprobando. Simplemente me parece mal jugar mientras que Henry y Charlotte y otros están fuera arriesgando sus vidas." “Sí, lo sé, lo has dicho antes." Jessamine puso sus cartas hacia abajo. "Realmente, Tessa. Esto sucede todo el tiempo. Van a la batalla, vuelven. No vale la pena escandalizarse así." Tessa se mordió el labio. "Siento que debería haber dicho adiós o buena suerte, pero con todas las prisas…" “No necesitas preocuparte," dijo Jem, entrando en la habitación, Will justo detrás de él. "Los Cazadores de Sombras no dicen adiós, no antes de una batalla. O buena suerte. Deben comportarse como si el retorno fuera seguro y no una cuestión de azar." "No necesitamos suerte," dijo Will, dejándose caer en una silla junto a Jessamine, que le disparó una mirada de enojo. "Tenemos un mandato celestial, después de todo. Con Dios de tu lado, ¿qué importa la suerte?" Sonaba sorprendentemente amargo. "¡Oh, dejar de ser tan deprimente, Will!” dijo Jessamine. "Estamos jugando a las cartas. Puedes o bien unirte a la partida o callarte." Will levantó una ceja. "¿Qué están jugando?"
"Pope Joan," dijo Jessamine fríamente, repartiendo cartas. "Le estaba explicando las reglas al señor Gray.”  “La señorita Lovelace dice que ganas cuando te libras de todas tus cartas. Esto es un retraso para mí.” Nate sonrió a Jessamine a través de la mesa, quien tenía hoyuelos de molestia. Will se asomó a la humeante taza que se hallaba junto al codo de Nathaniel. "¿Hay algún té en esto," preguntó él, “o es simplemente brandy puro?" Nate se sonrojó. "El brandy es restaurativo." “Sí” dijo Jem, un pequeño filo en su voz. "A menudo restaura a los hombres derecho al asilo.” "¡Realmente! ¡Ustedes dos! Qué hipócritas. No es como si Will no bebiera, y Jem…" Jessamine se interrumpió, mordiéndose el labio. "Sólo están quejándose porque Henry y Charlotte no los llevaron con ellos," dijo finalmente. “Porque son demasiado jóvenes." Sonrió a Nate sobre la mesa. "Personalmente, prefiero la compañía de un caballero más maduro.” Nate, Tessa pensó con disgusto, es exactamente dos años mayor que Will. Difícilmente un siglo. Tampoco es por ningún estiramiento de imaginación "maduro". Pero antes de que ella pudiera decir nada, sonó un gran estrépito, haciéndose eco a través del Instituto. Nate enarcó las cejas. "Pensé que esto no era una verdadera iglesia. Pensé que no había campanas." "No hay. Ese sonido no son campanas de iglesia." Will se puso de pie. "Esa es la campana de convocatoria. Significa que alguien está abajo y demanda conferencia con los Cazadores de Sombra. Y ya que James y yo somos los únicos aquí..." Miró a Jessamine, y Tessa se dio cuenta que estaba esperando que Jessamine le llevara la contraria, que dijera que ella también era una Cazadora de Sombras. Pero Jessamine estaba sonriéndole a Nate, y él se inclinaba para decirle algo al oído; ninguno de ellos estaba prestando atención a lo que pasaba en la habitación. Jem miró a Will y sacudió la cabeza. Ambos se volvieron hacia la puerta, cuando salieron, Jem miró a Tessa y le dio un pequeño encogimiento de hombros. Desearía que fueras una Cazadora de Sombras, pensó que sus ojos estaban diciendo, pero tal vez se trataba simplemente de lo que esperaba que dijeran. Tal vez simplemente sonreía amablemente y no había sentido en ello. Nate se sirvió otra de agua caliente y brandy. Él y Jessamine habían abandonado la pretensión de que jugaban a las cartas y se inclinaban cerca uno del otro, murmurando en voz baja.
Tessa sintió un ruido sordo de decepción. De alguna manera había esperado que la dolorosa situación de Nate le hubiera hecho más reflexivo, más inclinado a entender que había cosasmás grandes que el trabajo en el mundo, cosas más importantes que sus placeres inmediatos. No esperaba nada mejor de Jessamine, pero lo que una vez pareció encantador en Nate, ahora rozaba sus nervios de una manera que la sorprendió. Se inclinó hacia la ventana. Había un carruaje en el patio. Will y Jem se encontraban en los escalones. Con ellos había un hombre con un elegante traje de frac negro de noche, sombrero de copa alta, un chaleco blanco que brillaba en las antorchas de luz mágica. Se veía como un mundano para Tessa, aunque a esa distancia era difícil de decir. Mientras observaba, él levantó los brazos e hizo un gesto amplio. Ella vio a Will mirar a Jem, y a Jem asentir, y se preguntó de qué diablos estaban hablando. Miró por encima del hombre al coche a sus espaldas y se congeló. En lugar de un escudo de armas, el nombre de una empresa comercial estaba pintado en una de las puertas: MORTMAIN Y COMPAÑÍA. Mortmain. El hombre para el que se padre había trabajado, a quien Nathaniel había chantajeado, quien había introducido a su hermano en el Mundo de las Sombras. ¿Qué estaba haciendo aquí? Miró de nuevo a Nate, su sentimiento de molestia fue arrastrado por una ola de protección. Si supiera que Mortmain estuvo aquí, sin duda, estaría molesto. Sería mejor si ella se enteraba de lo que estaba pasando antes que él. Se deslizó del alfeizar de la ventana y se dirigió tranquilamente a la puerta; enfrascado en una conversación con Jessamine, Nate no pareció darse cuenta de que salió de la habitación. Fue sorprendentemente fácil para Tessa encontrar su camino a la gran escalera de caracol de piedra que atravesaba a través del centro del Instituto. Debía haber estado aprendiendo su camino alrededor del lugar, por fin, decidió que se abriría paso por las escaleras a la planta baja, y encontró a Thomas en la entrada. Llevaba una espada enorme, la punta hacia abajo, con el rostro muy serio. Detrás de él, las enormes puertas dobles del Instituto están abiertas en un rectángulo al crepúsculo azul-negro de Londres, iluminadas por el resplandor de las antorchas de luz mágica del patio. Se vio desconcertado al ver a Tessa. "¿Señorita Gray?” Ella bajó la voz. "¿Qué está pasando ahí fuera, Thomas?” Él se encogió de hombros. "El Sr. Mortmain," dijo. "Quería hablar con el señor y la señora Branwell, pero ya que no están aquí…" Tessa se dirigió hacia la puerta. Thomas, sorprendido, se movió para prevenirla. "Señorita Gray, no creo…""Tendrás que usar la espada sobre mí para detenerme, Thomas," dijo Tessa con voz fría, y Thomas, después de un momento de vacilación, se hizo a un lado. Tessa, con una punzada, esperó no haber herido sus sentimientos, pero parecía más sorprendido que otra cosa. Se movió junto a él, a los escalones fuera del Instituto, donde Will y Jem estaban de pie. Subía una brisa fuerte, erizando su pelo y haciéndola temblar. Al pie de la escalera estaba el hombre que había visto desde la ventana. Era más bajo de lo que hubiera imaginado: pequeño, delgado y de aspecto nervudo, con un rostro bronceado y amable bajo el ala de su sombrero de copa. A pesar de la elegancia de su ropa, tenía el porte natural y fanfarronería de un marinero o un comerciante. "Sí," estaba diciendo, "El Sr. y la Sra. Branwell tuvieron la amabilidad de llamarme la semana pasada. Y fueron aún más amables, entiendo, manteniendo nuestra reunión como algo en secreto. " "No le dijeron a la Enclave sobre sus experimentaciones con el ocultismo, si eso es lo que quiere decir," dijo Will un poco secamente. Mortmain enrojeció. "Sí. Era un favor. Y había pensado en devolver el favor en especie…" Se interrumpió, mirando más allá de Will a Tessa. “¿Y quién es ella? ¿Otra Cazadora de Sombras?” Will y Jem se volvieron al mismo tiempo, y vieron a Tessa. Jem se vio complacido de verla, Will, por supuesto, se vio exasperado, y tal vez una pizca divertido. "Tessa," dijo. "No puedes mantener tu nariz fuera, ¿verdad?" Se volvió de nuevo a Mortmain. "Esta es la señorita Gray, por supuesto. Hermana de Nathaniel Gray." Mortmain lució horrorizado. "Oh, Dios mío. Debí haberme dado cuenta. Se parece a él. Señorita Gray…" "No creo que lo haga, en realidad," dijo Will, pero más bien en voz baja, así que Tessa dudaba de que Mortmain le oyera. "No puede ver a Nate,” dijo Tessa. "No sé si es por eso que ha venido aquí, señor Mortmain, pero no está lo suficientemente bien. Tiene que recuperarse de su terrible experiencia, no recordarle eso." Las líneas en la comisura de la boca de Mortmain se profundizaron. "No estoy aquí para ver al chico," dijo. "Reconozco que le fallé, le fallé miserablemente. La Sra. Branwell lo dejó claro..."
"Debería haber visto por él," dijo Tessa. "Mi hermano. Lo dejó hundirse en el Mundo de las Sombras sin dejar rastro." Una pequeña parte de la mente de Tessa estaba asombrada de estar siendo tan audaz, pero continuó, sin tenerlo en cuenta. "Cuando él le dijo que había  ido a trabajar para De Quincey, debería haber hecho algo. Usted sabía qué clase de hombre era De Quincey… si incluso puede ser llamarlo un hombre." "Lo sé." Mortmain parecía gris debajo de su sombrero. "Por eso estoy aquí. Para tratar de compensar lo que he hecho." "¿Y cómo va a hacer eso?" preguntó Jem, con su voz clara y fuerte. "¿Y por qué ahora?" Mortmain miró a Tessa. "Sus padres," dijo, "eran buenos, gente amable. Siempre he lamentado su introducción al Mundo de las Sombras. En ese momento, me pareció todo un juego agradable y un poco de una broma. He aprendido otra cosa desde entonces. Para mitigar esa culpa, le diré lo que sé. Incluso si eso significa que tenga que huir de Inglaterra para escapar de la ira de De Quincey." Suspiró. "Hace algún tiempo, De Quincey me ordenó una serie de componentes mecánicos, piñones, levas, engranajes, y similares. Nunca le pregunté para que los necesitaba. Uno no se pregunta esas cosas del Maestro. Sólo cuando ustedes Nefilims vinieron a verme, se me ocurrió que su necesidad por ellos pudiera estar conectado a nefastos propósitos. He investigado, y un informante dentro del club me dijo que De Quincey tiene el propósito de construir un ejército de monstruos mecánicos para destruir las filas de los Cazadores de Sombras." Negó con la cabeza. "De Quincey y sus secuaces pueden despreciar a los Cazadores de Sombras, pero yo no lo hago. Sólo soy un hombre humano. Sé que son todo lo que se interpone entre yo y un mundo en el que yo y mi tipo somos juguetes de demonios. No puedo soportar estar detrás de lo que De Quincey está haciendo." "Todo eso está muy bien," dijo Will, un toque de impaciencia en su voz, "pero no nos está diciendo nada que no sepamos ya." "¿Sabían también," dijo Mortmain, "que pagó a un par de brujas llamadas las Hermanas Oscuras para crear un hechizo vinculante que animaran estas criaturas no con la mecánica, sino con energías demoníacas?" "Lo sabíamos," dijo Jem. "Aunque creo que sólo queda una Hermana Oscura. Will destruyó a la otra."
"Pero su hermana la trajo de vuelta a través de un hechizo nigromántico65," dijo Mortmain, una pista de triunfo en su tono, como si estuviera aliviado de finalmente tener un pedazo de información que ellos no tuvieran. "Incluso ahora ambas están instaladas en una mansión en Highgate66, que solía pertenecer a un brujo, hasta que De Quincey lo mató, trabajando sobre el hechizo vinculante. Si mis fuentes son correctas, las Hermanas Oscuras intentarán poner en práctica esta noche el hechizo." Los ojos azules de Will eran oscuros y pensativos. "Gracias por la información," dijo, "pero pronto De Quincey no será más una amenaza para nosotros, o tampoco sus monstruos mecánicos." Los ojos de Mortmain se abrieron. "¿Está la Clave moviéndose contra el Maestro? ¿Esta noche? " "Dios mío," dijo Will. "Realmente sabe todos los términos, ¿no? Eso es muy desconcertante en un mundano." Sonrió amablemente. "¿Quiere decir que no me va a contar?" dijo con tristeza Mortmain. “Supongo que no lo hará. Pero debe saber que De Quincey tiene a su disposición cientos de esas criaturas mecánicas. Un ejército. En el momento en que las Hermanas Oscuras elaboren su hechizo, el ejército se levantará y se unirá a De Quincey. Si la Enclave va a derrotarlo, sería prudente asegurarse de que ese ejército no se levanta, o será casi imposible de derrotar." "¿Está al corriente de la ubicación de las Hermanas Oscuras, más allá del hecho de que es en Highgate?" preguntó Jem. Mortmain asintió con la cabeza. "Sin duda alguna," dijo, y recitó un nombre de calle y número de casa. Will asintió. "Bueno, sin duda vamos a tener todo esto en consideración. Gracias. " "Ya lo creo," dijo Jem. "Buenas noches, Sr. Mortmain." "Pero…" Mortmain se vio sorprendido. "¿Van a hacer algo acerca de lo que he dicho, o no?" "Le dije que íbamos a tenerlo bajo consideración," le dijo Will. "En cuanto a usted, Sr. Mortmain, se ve como un hombre con un lugar al que ir." "¿Qué?" Mortmain miró hacia abajo a su traje de noche, y se rió entre dientes. “Supongo que sí. Es sólo que si el Maestro se da cuenta de que les he dicho todo esto, mi vida podría estar en peligro." "Entonces, tal vez es hora para unas vacaciones," sugirió Jem. "He oído que Italia es muy agradable en esta época del año." Mortmain miró a Will a Jem y otra vez, y luego pareció darse por vencido. Sus hombros se hundieron. Alzó los ojos a Tessa. "Si pudiera transmitirle mis disculpas a su hermano..."
"No lo creo," dijo Tessa, “pero gracias, Sr. Mortmain." Después de una larga pausa, asintió con la cabeza, y luego dio media vuelta. Los tres lo observaron mientras volvía a subir a su coche. El sonido de los cascos de los caballos fue fuerte en el patio cuando el coche arrancó y se sacudió por las puertas del Instituto. "¿Qué van a hacer?" preguntó Tessa en el momento en que el coche estuvo fuera de vista. "¿Acerca de las Hermanas Oscuras?" "Ir por ellas, por supuesto." El color de Will era fuerte, sus ojos brillantes. "Tu hermano dijo que De Quincey tenía docenas de esas criaturas a su disposición; Mortmain dice que hay cientos. Si Mortmain está en lo correcto, tenemos que llegar a las Hermanas Oscuras antes de que elaboren su hechizo, o la Enclave bien puede estar caminando a una masacre." "Pero… tal vez sería mejor advertir a Henry y Charlotte y los otros…" "¿Cómo?" Will se las arregló para hacer que la palabra sonase cortante. "Supongo que podría enviar Thomas para advertir a la Enclave, pero no hay garantía de que vaya a llegar a tiempo, y si las Hermanas Oscuras consiguen reunir el ejército, simplemente podría ser asesinado con el resto. No, tenemos que atrapar a las Hermanas Oscuras por nuestra cuenta. He matado a una de ellas antes, Jem y yo deberíamos ser capaces de manejar dos." "Pero tal vez Mortmain está equivocado," dijo Tessa. "Sólo tienes su palabra, puede que tuviera información errónea." “Tal vez," reconoció Jem, “pero ¿te imaginas si no es así? ¿Y lo ignoramos? La consecuencia para la Enclave podría ser la destrucción total." Tessa, sabiendo que él tenía razón, sintió su corazón hundirse. "Tal vez podría ayudarlos. Luché contra las Hermanas Oscuras una vez con ustedes. Si pudiera acompañarlos…" “No,” dijo Will. "Está fuera de cuestión. Tenemos tan poco tiempo para prepararnos que debemos confiar en nuestra experiencia de lucha. Y tú no tienes ninguna." "Luché contra De Quincey en la fiesta…" "Dije que no." El tono de Will era definitivo. Tessa miró a Jem, pero él sólo dio un gesto de disculpa, como diciendo que lo sentía pero que Will tenía razón. Volvió la mirada hacia Will. "Pero ¿qué pasa con Boudica?" Por un momento pensó que él había olvidado lo que le había dicho en la biblioteca. Entonces el brillo de una sonrisa tiró de la comisura de sus labios, como si tratara de luchar contra ella y no pudiera. "Serás Boudica algún día, Tessa," dijo, "pero esta noche no.” Se volvió hacia Jem."Tenemos que conseguir a Thomas y decirle que preparare el coche. Highgate no está cerca; será mejor que empecemos." Por el momento, la noche había descendido de lleno sobre la ciudad y Will y Jem estaban afuera por el carruaje, preparándose para partir. Thomas estaba chequeando los cierres de los caballos, mientras que Will garabateaba una Marca en el antebrazo desnudo de Jem, su estela, un destello blanco en la penumbra. Tessa, habiendo declarado su desaprobación, se encontraba en las escaleras observándolos, una sensación de vacío en el estómago. Después de estar satisfecho de que los arneses estaban seguros, Thomas volvió y corrió ligeramente por las escaleras, deteniéndose cuando Tessa levantó una mano para detenerlo. "¿Van ahora?" Le preguntó. "¿Eso es todo?" Él asintió con la cabeza. "Todo listo para salir, señorita." Había tratado de conseguir que Jem y Will lo llevaran con ellos, pero Will estaba preocupado de que Charlotte se enojara con Thomas por haber participado en su hazaña y le había dicho que no fuera. "Además," había dicho Will, "debemos tener un hombre en la casa… alguien para proteger el Instituto cuando nosotros nos hayamos ido. Nathaniel no cuenta," había añadido, con una mirada de reojo a Tessa, que lo había ignorado. Will deslizó hacia abajo la manga de Jem, cubriendo las Marcas que había hecho. Cuando regresó su estela a su bolsillo, Jem se quedó mirando hacia él; sus rostros eran manchas pálidas a la luz de las antorchas. Tessa levantó la mano y luego la bajó lentamente. ¿Qué era lo que había dicho? Los Cazadores de Sombras no dicen adiós, no antes de una batalla. O buena suerte. Deben comportarse como si el retorno fuera seguro y no una cuestión de azar. Los chicos, como alertados por su gesto, levantaron la vista hacia ella. Pensó que podía ver el azul de los ojos de Will, incluso desde donde estaba. Llevaba una mirada extraña mientras sus ojos se trababan, la mirada de alguien que acaba de despertar y se pregunta si lo que está viendo es real o un sueño. Fue Jem quien se separó y corrió por las escaleras hacia ella. Cuando la alcanzó, vio que tenía color en su rostro y sus ojos eran brillantes y cálidos. Se preguntó qué cantidad de droga Will le había permitido tener, así estaría listo para luchar. "Tessa…" dijo. "No quería decir adiós," dijo ella rápidamente. “Pero… parece extraño dejarlos ir sin decir nada en absoluto."
Él la miró con curiosidad. Hizo algo que la sorprendió entonces, y le tomó la mano, dándole la vuelta. Ella bajó la mirada hacia ésta, a sus uñas mordidas, los rasguños aún curándose a lo largo de la parte de atrás de sus dedos. Le besó la parte posterior de la misma, sólo un ligero toque de su boca, y su cabello, tan suave y ligero como la seda le rozó la muñeca cuando bajó la cabeza. Sintió un choque pasar por ella, lo suficientemente fuerte para asustarla, y se quedó sin habla cuando se enderezó, con la boca curvada en una sonrisa.
"Mizpah67," dijo. Ella parpadeó, un poco aturdida. "¿Qué?"
"Una especie de adiós sin decir adiós," dijo. "Es una referencia a un pasaje de la Biblia. „Y Mizpah, por cuanto dijo, Vigile Señor entre tú y yo cuando nos apartemos el uno del otro68.‟" No hubo oportunidad de que Tessa dijera algo en respuesta, porque él dio media vuelta y corrió por las escaleras para unirse a Will, que estaba tan inmóvil como una estatua, con el rostro vuelto hacia arriba, al pie de la escalera. Sus manos, enfundadas en guantes negros, estaban en puños a los costados, pensó Tessa. Pero tal vez se trataba de un truco de luz, porque cuando Jem le alcanzó y le tocó en el hombro, se volvió con una sonrisa, y sin otro vistazo a Tessa, él mismo se subió en el asiento del conductor, Jem tras él. Chasqueó el látigo y el carruaje se sacudió a través de la puerta, que se cerró detrás de él como empujada por manos invisibles. Tessa escuchó cerrarse el seguro, un fuerte chasquido en el silencio, y luego el sonido de las campanas de la iglesia en algún lugar de la ciudad. Sophie y Agatha estaban esperando en la entrada por Tessa cuando volvió al interior; Agatha estaba diciendo algo a Sophie, pero Sophie no parecía estar escuchando. Miró a Tessa cuando entró, y algo sobre la forma en que la miró, por un momento recordó a Tessa la manera en que Will la había mirado en el patio. Pero eso era ridículo; no había dos personas en el mundo que se parecieran menos que Sophie y Will. Tessa se hizo a un lado cuando Agatha fue a cerrar las grandes y pesadas puertas dobles. Sólo las había cerrado empujándolas, jadeando un poco, cuando la perilla de la puerta más a la izquierda, sin tocar, comenzó a girar. Sophie frunció el ceño. "No pueden haber vuelto tan pronto, ¿verdad?" Agatha, perpleja miró hacia abajo a la perilla giratoria, con las manos todavía apoyadas contra la puerta… entonces se apartó cuando las puertas se abrieron de par en par ante ella.
Una figura estaba de pie en la puerta, iluminada por la luz exterior. Por un momento todo lo que Tessa pudo decir era que él era alto y estaba vestido con una chaqueta deshilachada. Agatha inclinó la cabeza hacia atrás cuando miró hacia arriba, dijo con voz sorprendida: "¡Oh, mi Seño…" La figura se movió. La luz brilló en el metal; Agatha gritó y se tambaleó. Parecía estar tratando de alejarse del extraño, pero algo se lo impedía. "Querido Dios en el Cielo," susurró Sophie. "¿Qué es eso?" Por un momento, Tessa vio toda la escena congelada, como si fuera una pintura: la puerta abierta, el autómata mecánico, el de las manos peladas, todavía usando la misma chaqueta gris desgastada. Y todavía, Dios santo, con la sangre de Jem en sus manos, seca de color rojo oscuro en la carne gris pálida, y a través de ésta, tiras de cobre se veían donde la piel había sido raspada o apartada. Una mano manchada de sangre se apoderó de la muñeca de Agatha, sujetando en la otra un cuchillo largo y delgado. Tessa se movió hacia adelante, pero ya era demasiado tarde. La criatura blandió el cuchillo con una velocidad vertiginosa y lo enterró en el pecho de Agatha. Agatha se ahogó, sus manos fueron a la hoja. La criatura estaba de pie, harapienta y aterradora e inmóvil mientras ella arañaba la empuñadura del cuchillo; entonces, con una rapidez espantosa, él arrancó el cuchillo, dejándola a ella arrugada en el suelo. El autómata no se quedó para verla caer, sino que giró y caminó de vuelta por la puerta por la cual había venido. Galvanizada, Sophie gritó "¡Agatha!" y corrió a su lado. Tessa corrió hacia la puerta. La criatura mecánica estaba caminando por las escaleras, en el patio vacío. Se lo quedó mirando fijamente. ¿Para qué demonios había venido, y por qué se marchaba ahora? Pero no había tiempo para pensar en eso. Cogió la cuerda de la campana de convocatoria y tiró de ésta con fuerza. Cuando el sonido resonó a través del edificio, cerró la puerta, dejando caer la barra de la cerradura en su lugar, luego se giró para ayudar a Sophie. Juntas se las arreglaron para levantar a Agatha y medio cargarla, medio arrastrarla a través de la habitación, donde cayeron de rodillas a su lado. Sophie, rasgando tiras de tela de su delantal blanco y presionándolas sobre la herida de Agatha, dijo en un tono de pánico salvaje, "No entiendo, señorita. Nada debe ser capaz de tocar ninguna puerta… salvo uno con sangre de Cazador de Sombras debe ser capaz de girar el pomo de la puerta." Pero él tenía sangre de Cazador de Sombras, pensó Tessa con horror repentino. La sangre de Jem, manchando sus manos de metal como pintura. ¿Sería por eso que se había inclinado sobre Jem esa noche después del puente? ¿Sería por eso que había huido, una vez que había conseguido lo que quería: su sangre? ¿Y no significa eso que podría volver cada vez que quisiera?
Ella comenzó a levantarse, pero ya era demasiado tarde. La barra que mantenía la puerta cerrada se agrietó con un ruido como un disparo, y cayó al suelo en dos piezas. Sophie levantó la vista y volvió a gritar, aunque no se alejó de Agatha cuando se abrió la puerta, una ventana a la noche. Los escalones del Instituto ya no estarían vacíos, estaban llenándose, pero no con gente. Monstruos mecánicos pululaban por ellos, sus movimientos espasmódicos, sus rostros en blanco y mirando fijamente. No eran del todo como los que Tessa había visto antes. Algunos parecía que habían sido elaborados con tanta prisa que no tenían rostros en absoluto, sólo lisos óvalos de metal parchados aquí y allá con trozos irregulares de piel humana. Aún más horrible, un buen número de ellos tenían trozos de maquinaria en lugar de brazos o piernas. Un autómata tenía una guadaña donde el brazo debería haber estado, otro lucía una sierra que salía de la manga que colgaba de la camisa, como una parodia de un brazo real. Tessa se levantó y se arrojó contra la puerta abierta, tratando de cerrarla. Era pesada, y parecía moverse angustiosamente lento. Tras ella, Sophie estaba gritando, sin poder hacer nada, una y otra vez; Agatha estaba horriblemente silenciosa. Con un suspiro irregular Tessa empujó la puerta una vez más… Y sacó las manos cuando la puerta fue arrancada de su agarre, arrancada de sus goznes, como un puñado de malas hierbas arrancadas de la tierra. Cayó hacia atrás cuando el autómata que se había apoderado de la puerta la arrojó a un lado y se lanzó hacia adelante, haciendo sonar sus pies de metal contra la piedra, mientras se tambaleaba sobre el umbral; seguido por otro y luego otro de sus hermanos mecánicos, por lo menos una docena de ellos, avanzando hacia Tessa con los monstruosos brazos extendidos. En el momento en Will y Jem llegaron a la mansión en Highgate, la luna había comenzado a subir. Highgate estaba en una colina en la parte norte de Londres, dominando una excelente vista de la ciudad a sus pies, pálida bajo la luz de la luna, la cual convirtió la niebla y el humo del carbón que se cernía sobre la ciudad en una nube de plata. Una ciudad de ensueño, pensó Will, flotando en el aire. Un poco de poesía colgaba de los bordes de su mente, algo acerca de la terrible maravilla de Londres, pero sus nervios estaban tirantes con la tensión estridente de la batalla inminente, y no podía recordar las palabras.
La casa era un gran mole de Georgia, situado en una abundante zona verde. Un muro alto de ladrillos corría a su alrededor, la oscura mansarda inclinada apenas visible por encima de éste desde la calle. Un estremecimiento de frío pasó por Will, cuando se acercaron, pero no estaba sorprendido por sentir una cosa así en Highgate. Estaban cerca de lo que los londinenses llaman Gravel Pit Woods69 en el borde de la ciudad, donde miles de cuerpos habían sido tirados durante la Gran Plaga70. A falta de una sepultura, sus furiosos fantasmas embrujaban el barrio incluso ahora, y Will había sido enviado aquí más de una vez, gracias a sus actividades. Un portón negro de metal puesto en la pared de la mansión mantenía alejado a los intrusos, pero la runa Abrir de Jem hizo brevemente el trabajo con la cerradura. Después de dejar el carruaje justo en la puerta, los dos Cazadores de Sombras se encontraron en la curva que conducía a la entrada principal de la casa. El camino estaba plagado de malas hierbas y maleza, y los jardines se extendían a su alrededor, salpicando las dependencias en ruinas y los tocones ennegrecidos de árboles muertos. Jem se volvió hacia Will, los ojos febriles. "¿Vamos a seguir adelante con esto?" Will extrajo un cuchillo serafín de su cinturón. "Israfel," susurró, y el arma ardió como una horquilla con rayos contenidos. Los cuchillos serafines quemaban tan intensamente que Will siempre esperaba que emitiesen calor, pero sus hojas eran de hielo frío al tacto. Recordó a Tessa diciéndole que el infierno era frío, y luchó contra la extraña urgencia por sonreír ante su recuerdo. Habían estado corriendo por su vida, ella debería haber estado aterrorizada, y allí había estado ella, contándole sobre el Inferno en precisos tonos Americanos. "En efecto," le dijo a Jem. "Ya es hora." Subieron la escalinata y comprobaron las puertas. Aunque Will había esperado que estuvieran cerradas, estaban abiertas, y cedió a su toque con resonante crujido. Él y Jem entraron poco a poco en la casa, la luz de sus cuchillos serafín iluminando el camino. Se encontraron en un gran vestíbulo. Las ventanas arqueadas tras ellos probablemente habían sido magníficas una vez. Ahora se alternan paneles enteros con las que estaban rotas. A través grietas en las telarañas en el cristal, una vista del parque enmarañado y descuidado más allá era visible. El mármol bajo los pies estaba agrietado y quebrado, las malas hierbas crecían a través de éste como habían estado creciendo a través de las piedras de entrada. Ante Will y Jem, una gran escalera curva se extendía hacia arriba, hacia el primer piso en sombras. "Esto no puede ser correcto," dijo Jem en voz baja. "Es como si nadie hubiera estado aquí en cincuenta años."
Apenas había terminado de hablar cuando un sonido se elevó en el aire de la noche, un sonido que levantó los pelos en el cuello de Will e hizo que las Marcas en sus hombros quemaran. Estaba cantando… pero no un canto agradable. Era una voz capaz de alcanzar notas que la voz humana no podía alcanzar. Sobre su cabeza, los colgantes de cristal de la lámpara de araña se sacudieron como copas de vino puestas a vibrar con el toque de un dedo. "Alguien está aquí," murmuró Will en respuesta. Sin otra palabra, él y Jem se volvieron de forma que sus espaldas estaban una contra la otra. Jem frente a la abierta puerta delantera, Will, a la gran escalera. Algo apareció al principio de la escalera. Al principio Will vio sólo un patrón alternante de blanco y negro, una sombra que se movía. Cuando flotó hacia abajo, el sonido del canto se hizo más fuerte, y los pelos en el cuello de Will se erizaron más. El sudor humedeció el cabello en sus sienes y corrió por la parte baja de su espalda, a pesar del aire frío. Estaba a mitad de camino por las escaleras antes de que la reconociera, la Sra. Dark, su cuerpo largo y huesudo vestido con una especie de hábito de monja, con una túnica oscura sin forma que caía desde el cuello hasta los pies. Una linterna sin luz se balanceaba de una mano con garras. Estaba sola, aunque no del todo, Will se dio cuenta cuando se detuvo en el rellano, que lo que aferraba en la mano no era un farol, después de todo. Era la cabeza cortada de su hermana. "Por el Ángel," susurró Will. "Jem, mira." Jem miró, y juró también. La cabeza de la Sra. Black colgaba de una trenza de pelo gris, que la Señora Oscura agarraba como si se tratara de un artefacto que tuviera un precio inestimable. Los ojos de la cabeza estaban abiertos, y perfectamente blancos, como huevos cocidos. Su boca estaba abierta también, una línea de sangre seca negra se colaba de una de las esquinas de sus labios. La Sra. Dark detuvo su canto y rió, como una colegiala. "Traviesos, traviesos," dijo. "Allanando mi casa así. Pequeños Cazadores de Sombras malos." "Pensé," dijo Jem en voz baja, "que la otra hermana estaba viva." "¿Tal vez trajo a su hermana a la vida y luego le cortó la cabeza de nuevo?" murmuró Will. "Parece mucho trabajo sin ganancia real, pero luego..." "Nefilim Asesino," gruñó la Sra. Dark, fijando su mirada en Will. "No contento con matar a mi hermana una vez, ¿verdad? Tienes que volver e impedirme incluso darle una segunda vida. ¿Sabes, tienes alguna idea, de lo que es estar completamente solo?" "Más de lo que te puedes imaginar," dijo Will con fuerza, y vio a Jem mirarlo de reojo, desconcertado. Estúpido, pensó Will. No debería decir esas cosas.
La Sra. Dark se balanceó sobre sus pies. "Eres mortal. Estás solo por un momento del tiempo, una respiración única del universo. Estoy sola para siempre." Aferró a ella la cabeza con fuerza. "¿Qué diferencia hace para ti? Ciertamente, hay más crímenes oscuros en Londres que más urgentemente requieren la atención de los Cazadores de Sombras, que mis pobres intentos de traer de vuelta a mi hermana." Will encontró la mirada de Jem. El otro muchacho se encogió de hombros. Claramente estaba tan confundido como Will lo estaba. "Es cierto que la necromancia está en contra de la Ley," Jem dijo, "pero también lo es la vinculación de las energías demoniacas. Y requiere nuestra atención, muy urgente." La Sra. Dark los miró fijamente. "¿Vinculación de energías demoniacas?" "No tiene ningún sentido fingir. Sabemos exactamente tus planes," dijo Will. "Sabemos de los autómatas, el hechizo vinculante, tus servicios al Maestro, a quien el resto de nuestra Enclave está, ahora mismo, marchando hacia su escondite. Al final de esta noche será absolutamente borrado. No hay nadie al que puedas acudir, ningún lugar en el que te puedas ocultar. " En ese momento, la Sra. Dark palideció notablemente. "¿El Maestro?” Susurró. "¿Han encontrado al Maestro? ¿Pero cómo...?" "Así es," dijo Will. "De Quincey se nos escapó una vez, pero no esta vez. Sabemos dónde está, y…" Pero sus palabras fueron ahogadas por la risa. La Sra. Dark estaba inclinada sobre la baranda de escalera, aullando de alegría. Will y Jem miraban confundidos mientras ella se enderezaba. Negruzcas lágrimas de hilaridad corrían por su cara. "¡De Quincey, el Maestro!" Exclamó. "¡Ese chismoso, acicalado vampiro! ¡Oh, qué broma! ¡Tontos, estúpidos pequeños tontos!"

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