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jueves, 20 de febrero de 2014

5. EL CODIGO DEL CAZADOR DE SOMBRAS

Los sueños son verdad mientras duran, y nosotros, ¿no vivimos en sueños? —Alfred, Lord Tennyson, "El panteísmo Superior" Tomó un ciclo de vagar con tristeza, de un corredor idéntico a otro, antes de que Tessa, por un golpe de suerte, reconociera el tapiz rasgado de los otros tapices y se diera cuenta de que la puerta de su habitación debía ser una de las tantas revestidas en este pasillo en particular. Unos pocos minutos después de pensar, agradeció cerrar la puerta correcta detrás de ella poniéndole la cerradura. En el momento en que estuvo de vuelta en el camisón y se hubo deslizado por debajo de las sábanas, abrió El Código del Cazador de Sombras y comenzó a leer. Nunca nos entenderás leyendo un libro, había dicho Will, pero ese no era realmente el punto. Él no sabía lo que los libros significaban para ella, que los libros eran símbolos de la verdad y el sentido, que éste reconocía que existía y que había otros como ella en el mundo. Mantenerlo en sus manos hizo que Tessa sintiese que todo lo que le había sucedido en las últimas seis semanas fuese real, más real incluso de lo que había sido el vivir a través de ellas. Tessa aprendió del Código que todos los Cazadores de Sombras eran descendientes de un arcángel llamado Raziel, quién le había dado al primero de ellos un volumen llamado el Libro Gris, lleno de "El lenguaje de los Cielos", las negras marcas rúnicas que cubrían la piel de los entrenados Cazadores de Sombras como Charlotte y Will. Las marcas eran cortadas en la piel con una estela, el extraño objeto parecido a un lápiz que había visto utilizar a Will para dibujar sobre la puerta de la Casa Oscura. Las marcas proporcionaban al Nefilim todo tipo de protección: curación, fuerza sobrehumana y velocidad, visión nocturna, e incluso les permitía ocultarse de los ojos mundanos con unas runas llamadas glamour. Pero no eran un regalo que cualquiera pudiera utilizar. Cortar marcas en la piel de un Submundo o humano—o incluso en un Cazador de Sombras que fuese demasiado joven o incorrectamente entrenado—sería tortuosamente doloroso y el resultado sería la locura o la muerte.

Las marcas no eran la única forma en que se protegían a sí mismos, usaban ropa de cuero encantada cuando iban a luchar. Había bocetos de hombres de diferentes países con el traje. Para sorpresa de Tessa, había también dibujos de mujeres con camisas largas y pantalones largos; no como la especie de pantalones bombachos, que ella había usado viéndose ridícula en los periódicos, sino más bien, eran verdaderos pantalones de hombres. Pasando la página, meneó la cabeza, preguntándose si realmente Charlotte y Jessamine usaban esas ropas extravagantes. Las páginas siguientes se dedicaban a los otros dones que Raziel le había dado al primer Cazador de Sombras; poderosos objetos mágicos llamados Instrumentos Mortales, y un país de origen: un pequeño pedazo de tierra de lo que entonces era el Sacro Imperio Romano, rodeado de conjuros, de manera que los mundanos no podían entrar en él. Fue llamado Idris. La luz parpadeaba mientras Tessa leía, y sus párpados cada vez se cerraban más. Los Submundos, leyó, eran criaturas sobrenaturales como hadas, hombres lobo, vampiros y brujos. En el caso de los vampiros y hombres lobo, eran seres humanos infectados con la enfermedad de demonio. Por otro lado, las hadas eran mitad demonio y mitad ángel, y por lo tanto poseían una gran belleza y naturaleza maligna. Pero los brujos eran los descendientes directos de los humanos y demonios. No era de extrañar que Charlotte le hubiera preguntado si sus dos padres eran humanos. Pero lo eran, pensó, así que no hay posibilidad de que sea una bruja, gracias a Dios. Contempló una ilustración que mostraba a un hombre alto, con el cabello enmarañado, de pie en el centro de un pentagrama hecho en tiza sobre un suelo de piedra. Parecía completamente normal, salvo por el hecho de que tenía los ojos con las pupilas como un gato. Velas ardían en cada uno de los cinco puntos de la estrella. Las llamas parecían deslizarse sin interrupción, desenfocándose mientras la propia vista de Tessa se desenfocaba por el agotamiento. Cerró los ojos y… al instante empezó a soñar. En el sueño bailaba a través de remolinos de humo por un pasillo forrado de espejos, y cada espejo, al pasar, le mostraba una cara diferente. Podía oír una encantadora y deslumbrante música. Parecía venir desde lejos. Y sin embargo, estaba a su alrededor. Había un hombre que caminaba delante de ella, un chico en realidad, delgado y sin barba, pero aunque sentía que lo conocía, no podía ver su cara ni reconocerlo. Podría haber sido su hermano, o Will, o alguien completamente distinto. Ella siguió llamándolo, pero él retrocedió por el pasillo como si el humo se lo llevara con él. La música subió y subió a un crescendo…
Y Tessa se despertó respirando con dificultad, el libro se deslizó de su regazo cuando ella se sentó. El sueño se había ido, pero la música permaneció, alta e inquietante y dulce. Se dirigió a la puerta y se asomó al pasillo. La música era más fuerte en el pasillo. En realidad, venía de la habitación cruzando el pasillo. La puerta estaba ligeramente entreabierta, y las notas parecían verterse a través de la apertura como el agua a través del estrecho cuello de un jarrón. Una bata colgaba de un gancho junto a la puerta; Tessa la atrajo y se la puso por encima de su ropa de dormir y salió al pasillo. Como en un sueño, cruzó el pasillo y puso la mano suavemente en la puerta, ésta se abrió bajo su tacto. La sala estaba oscura, iluminada sólo por la luz de la luna. Vio que no era diferente a su propio dormitorio al otro lado del pasillo, la misma cama con dosel, los mismos oscuros y pesados muebles. Las cortinas habían sido retiradas de una ventana alta, y la pálida luz plateada se vertía en la sala como una lluvia de agujas. Alguien estaba de pie en el cuadrado de luz de luna frente a la ventana. Un muchacho, que parecía demasiado pequeño para ser un adulto, con un violín apoyado en su hombro. Su mejilla se apoyaba en el instrumento y el arco acerrado iba de aquí para allá sobre las cuerdas, exprimiendo notas fuera él, notas tan finas y perfectas como nada que Tessa hubiera oído jamás. Tenía los ojos cerrados. “¿Will?" dijo, sin abrir los ojos o dejar de tocar. “Will, ¿eres tú?” Tessa no dijo nada. No quería hablar para interrumpir la música, pero en un momento el muchacho se interrumpió a sí mismo, bajó el arco y abrió los ojos con el ceño fruncido. “Will…” comenzó, y luego, al ver a Tessa, sus labios se abrieron con sorpresa. “Usted no es Will.” Sonaba curioso, en absoluto molesto, a pesar de que Tessa había irrumpido en su habitación en medio de la noche y lo había sorprendido tocando el violín en su ropa de dormir, o lo que asumió Tessa, era su ropa para dormir. Llevaba un conjunto flojo; pantalones y una camisa sin cuello, con una bata de seda negra atada flojamente encima de ellos. Ella había tenido razón. Era joven, probablemente de la misma edad que Will, y la impresión de su juventud se vio acentuada por su delgadez. Era alto pero muy delgado, y desaparecía por debajo del cuello de la camisa, podía ver el borde de los torcidos diseños en negro que había visto antes en la piel de Will y en Charlotte. Sabía cómo se llamaban ahora. Marcas. Y sabía qué era él. Nefilim. El descendiente de los hombres y los ángeles. No era de extrañar que en la luz de la luna su pálida piel pareciera brillar como la luz mágica de Will. Tenía el cabello plateado pálido, como lo eran sus ojos angulosos.
“Lo siento mucho,” dijo ella, aclarándose la garganta. El ruido sonó terriblemente áspero para ella, y fuerte en el silencio de la habitación, se moría de la vergüenza. “Yo… yo no tenía intención de entrar aquí de esta manera. Es… Mi habitación está al otro lado del pasillo, y... " “Está bien.” Bajó el violín de su hombro. “Usted es la Señorita Gray, ¿no? La chica cambia-forma. Will me dijo un poco sobre usted. " “Oh,” dijo Tessa. "¿Oh?" Las cejas de él se levantaron. “No parece terriblemente contenta de que sepa quién es.” “Es que creo que Will está enojado conmigo,” explicó Tessa. “Así que cualquier cosa que le haya dicho…” Él se echó a reír. “Will está enojado con todo el mundo,” dijo. “No dejo que eso interfiera en mi juicio.” La luz de la luna se derramaba en la superficie pulida del violín cuando el chico lo dio vuelta para ponerlo en la parte superior del armario, con el arco a su lado. Cuando se volvió hacia ella, estaba sonriendo. “Debería haberme presentado al principio,” dijo. “Soy James Carstairs. Por favor, llámeme Jem, todos lo hacen.” “Oh, usted es Jem. No estaba en la cena,” recordó Tessa. “Charlotte dijo que estaba enfermo. ¿Se siente mejor?” Se encogió de hombros. “Estaba cansado, eso es todo.” “Bueno, me imagino que debe de ser agotador, haciendo lo que hacen.” Acabando de leer el Código, Tessa se sentía ardiendo con preguntas sobre los Cazadores de Sombras. “Will dijo que usted vino desde muy lejos a vivir aquí. ¿Se encontrabas en Idris?” Él arqueó las cejas. “¿Sabe de Idris?” “¿O viene de otro Instituto? Ustedes están en todas las grandes ciudades, ¿no? ¿Y por qué a Londres…?” Él la interrumpió, desconcertado. “Hace muchas preguntas, ¿no?” “Mi hermano siempre dice que la curiosidad es mi pecado capital.”
“Como van los pecados, este no es el peor.” Él se sentó en el baúl al pie de la cama y la miró muy curiosamente. “Así que adelante, pregúnteme lo que quiera. No puedo dormir de todas formas, y las distracciones son bienvenidas"
Inmediatamente la voz de Will se levantó en la parte posterior de la cabeza de Tessa. Los padres de Jem habían sido asesinados por demonios. Pero no puedo preguntarle eso, pensó Tessa. En lugar de eso dijo: “Will me dijo que usted venía de muy lejos. ¿Dónde vivía antes?” “Shanghai,” dijo Jem. “¿Sabe dónde está?” “China,” dijo Tessa con cierta indignación. “¿No todo el mundo sabe eso?” Jem sonrió. “Le sorprendería.” “¿Qué estaba haciendo en China?” Tessa preguntó, con interés sincero. No podía imaginar el lugar de donde venía Jem. Cuando pensaba en China, todo lo que le venía a la mente era Marco Polo y té. Tenía la sensación de que estaba muy, muy lejos, como si Jem hubiera venido desde los confines de la tierra—al este del sol y al oeste de la luna, diría la Tía Harriet. “Pensé que nadie iba allí, aparte de los misioneros y los marineros.” “Los Cazadores de Sombras viven en todo el mundo. Mi madre era china, mi padre era británico. Se conocieron en Londres y se trasladaron a Shangai, cuando le ofrecieron la posición de funcionario en el Instituto de allí.” Tessa se sobresaltó. Si la madre de Jem hubiese sido china, él también lo era ¿no es cierto? Sabía que muchos chinos inmigraron a Nueva York— la mayoría trabajaba en las lavanderías o vendiendo cigarrillos en puestos callejeros. Nunca había visto uno de ellos que se pareciera a Jem, con su pelo plateado y ojos extraños. ¿Tal vez tenía algo que ver con que él fuera un Cazador de Sombras? Pero no podía pensar en una forma de preguntarle que no pareciera terriblemente grosera. Afortunadamente, Jem no parecía estar esperando a que continuara la conversación. “Me disculpo por preguntarle, pero…sus padres están muertos, ¿no?” “¿Will le dijo eso?”
“Él no tenía por qué. Nosotros los huérfanos aprendemos a reconocer a otro. Si me permite preguntar... ¿era muy joven cuándo sucedió?” “Tenía tres años cuando murieron en un accidente de carro. Apenas los recuerdo.” Sólo en pequeños flashes, el olor del humo del tabaco o el vestido lila pálido de mi madre. “Mi tía me crió. Y mi hermano, Nathaniel. Mi tía, sin embargo….” Para su sorpresa, su garganta comenzó a apretarse. Un viva imagen de la Tía Harriet vino a su mente, tendida en la cama de bronce en su dormitorio, con sus ojos brillosos por la fiebre. No reconociendo a Tessa y llamándola con el nombre de su madre, Elizabeth. Tía Harriet había sido la única madre que Tessa había conocido. Tessa había sostenido su delgada mano, mientras moría, allí en el cuarto con el sacerdote. Recordó, pensando que ahora realmente estaba sola. “Murió hace poco. Tuvo una fiebre de forma inesperada. Nunca había sido muy fuerte.” “Siento mucho oír eso,” dijo Jem, y realmente sonaba apenado.
“Fue terrible, porque mi hermano ya se había marchado para entonces. Un mes antes se había ido a Inglaterra. Incluso había mandado presentes para nosotras, té de Fortnum and Mason26, y chocolates. Y entonces la tía se enfermó y murió, y le escribí una y otra vez, pero mis cartas regresaban. Estaba desesperada. Y entonces llegó el billete. Un billete para un barco de vapor a Southampton, y una nota de Nate diciendo que me encontraría en los muelles, y tenía que ir a vivir con él en Londres ahora que la tía se había ido. Sólo que ahora no creo que escribiera esa nota…” Tessa se interrumpió, con los ojos irritados. “Lo siento. Estoy divagando. No necesita saber todo esto.” “¿Qué clase de hombre es su hermano? ¿Cómo es él?” Tessa lo miró con una pequeña sorpresa. Los otros le preguntaron qué es lo que él había hecho para estar en esa situación, si sabía dónde las Hermanas Oscuras lo podrían estar manteniendo, si tenía el mismo poder que ella. Pero nadie había preguntado cómo era. “La tía solía decir que era un soñador,” dijo. “Siempre vivió en su cabeza. Nunca se preocupó por cómo eran las cosas, sino cómo sería, algún día, cuando tuviera todo lo que quería. Cuando tuviéramos todo lo que queríamos,” se corrigió. “Solía arriesgarse, porque no podía imaginarse perdiendo… no era parte de sus sueños.” “Los sueños pueden ser cosas peligrosas”. “No, no.” Ella sacudió la cabeza. “No estoy diciendo que esté bien. Él era un hermano maravilloso. Él...” Charlotte tenía razón: era más fácil luchar por contener las lágrimas si encontraba algo, algún objeto, en el que fijar la mirada. Miró las manos de Jem. Eran delgadas y largas, y tenía el mismo diseño en el dorso de la mano que Will tenía, un ojo abierto. Ella lo señaló. “¿Qué significa eso?”
Jem pareció no darse cuenta de que había cambiado de tema. “Es una marca. ¿Sabe lo que lo son?” Él tendió la mano a ella, la palma hacia abajo. “Esta es la Videncia. Despeja nuestra vista. Nos ayuda a ver el Submundo.” Giró la mano, y enrolló la manga de su camisa. A lo largo de la parte interior de su pálida muñeca y brazo había más Marcas, muy negras contra su piel blanca. Parecían encajar con el patrón de venas, como si su sangre corriera por las marcas también. “Para rapidez, visión nocturna, poder angelical, para sanar rápidamente,” leyó en voz alta. “Aunque sus nombres son más complejos que eso, y no en nuestro idioma.”Cassandra Clare Traducido en Dark Guardians
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“¿Duelen?” “Me duele cuando las recibo. Ahora no duele en absoluto.” Tiró de su manga hacia abajo y le sonrió. “Ahora, no me diga que son todas las preguntas que tenía.” Oh, tengo más de las que piensas. “¿Por qué no puede dormir?” Vio que lo había sorprendido con la guardia baja; una mirada de duda cruzó su rostro antes de hablar. Pero ¿por qué vacilar? pensó. Siempre podía mentir, o simplemente desviar, como Will hubiera hecho. Pero Jem, sintió instintivamente, no iba a mentirle. “Tengo pesadillas.” “Yo estaba soñando también,” dijo. “Soñé con su música.” Él sonrió. “Una pesadilla, ¿entonces?” “No. Era hermosa. Lo más hermoso que he escuchado desde que llegué a esta horrible ciudad.” “Londres no es horrible,” dijo Jem en ecuanimidad. “simplemente tiene que llegar a conocerlo. Tiene que venir conmigo algún día. Le puedo mostrar las partes que son hermosas… las que amo.” “¿Cantando las alabanzas de nuestra bella ciudad?” Preguntó una voz suave. Tessa se volvió, y vio a Will, apoyado en el marco de la puerta. La luz del pasillo detrás de él delineaba su húmedo cabello con dorado. El dobladillo de su abrigo oscuro y sus negras botas tenían barro, como si acabara de venir de afuera, y sus mejillas estaban enrojecidas. Estaba con la cabeza descubierta, como siempre. "Te tratan bien aquí, ¿verdad, James? Dudo de que tuvieras esa clase de suerte en Shanghai. ¿Qué nos llaman ahí? " “Yang Guizi,” dijo Jem, quien no parecía sorprendido por la repentina aparición de Will. “Diablos extranjeros.” "¿Escucha eso, Tessa? Soy un diablo. Y usted también." Will se apartó de la puerta y se acercó a la habitación. Se dejó caer sobre el borde de la cama y se desabrochó la chaqueta. Tenía una capa sobre sus hombros adherida a ésta, muy elegante, forrada en seda azul. "Tu cabello está mojado," dijo Jem. "¿Dónde has estado?" "Aquí, allí y en todas partes." Sonrió Will. A pesar de su gracia habitual, había algo acerca de la forma en que se movía, el rubor en sus mejillas y el brillo en sus ojos. "Borracho como un búho, ¿verdad?" dijo Jem, no sin cariño.
Ah, pensó Tessa. Está borracho. Había visto a su hermano bajo la influencia del alcohol las veces suficientes como para reconocer los síntomas. De alguna manera, se sentía decepcionada. Jem sonrió. “¿Dónde has estado? ¿El Dragón Azul? ¿La sirena?” “La Taberna del Diablo, si quieres saber." Will suspiró y se apoyó en uno de los postes de la cama. “Tenía planes para esta noche. La búsqueda de ciega embriaguez y mujeres descarriadas era mi objetivo. Pero, por desgracia, no pudo ser. No bien consumí mi tercera copa en el Diablo fui acosado por una niña encantadora que vendía flores y me preguntó si quería, por dos peniques, una margarita. El precio parecía alto, así que me negué. Cuando le dije a la chica que era mucho, procedió a robarme.” “¿Una niña le ha robado?” dijo Tessa. “En realidad, no era una niña en absoluto, resultó que era un enano en un vestido con una inclinación por la violencia, quien iba con el nombre de Seis Dedos Nigel”. “Un error fácil de cometer,” dijo Jem. “Lo sorprendí en el acto de deslizar la mano en mi bolsillo,” dijo Will, gesticulando animadamente con sus delgadas manos con cicatrices. “No podía tolerar eso, por supuesto. Una lucha se produjo casi inmediatamente. Tenía la ventaja hasta que Nigel saltó sobre la barra y me impactó desde atrás con una jarra de ginebra.” “Ah,” dijo Jem. “Eso explica por qué tu cabello está mojado” “Fue una lucha justa,” dijo Will. “Sin embargo, el dueño del bar no lo vio así. Me echó. No puedo volver en una quincena.” “Es lo mejor para ti," dijo Jem sin compadecerse. “Me alegra oír esto como de costumbre. Ya me había preocupando de que hubieras llegado a casa temprano para ver si me sentía mejor.” “Parece que la estas pasando bien sin mí. De hecho, veo que has conocido a nuestra misteriosa residente que cambia de forma,” dijo Will, mirando hacia Tessa. Era la primera vez había reconocido su presencia desde que había aparecido en la puerta. “¿Normalmente aparece en las habitaciones de hombres en medio de la noche? Si lo hubiese sabido, hubiera hecho una firme campaña para asegurarme de que Charlotte le permitía quedarse.” “No veo cómo lo que yo haga le concierna,” dijo Tessa. “Especialmente desde que me abandonó en el pasillo y tuve que encontrar mi propio camino para volver a mi habitación.” “¿Y encontró en su lugar el camino a la habitación de Jem?”“Fue el violín,” explicó Jem. “Me escuchó practicar.” “Horribles ruidos de lamentos, ¿no?” Preguntó Will a Tessa. “No sé cómo todos los gatos del barrio no vienen corriendo cada vez que toca.” “Pensé que era bonita.” “Eso se debe a que lo era,” concordó Jem. Will señaló con un dedo acusador en dirección a ellos. “Se están uniendo en contra mía. ¿Es así como que va a ser de ahora en adelante? ¿Voy a quedar fuera? Dios mío, voy a tener que hacerme amigo de Jessamine." “Jessamine no te soporta,” señaló Jem. “Henry, entonces.” “Henry te prendería fuego.” “Thomas,” sugirió Will. “Thomas,” comenzó Jem… y se dobló de repente atormentado por un ataque explosivo de tos tan violenta, que se deslizó desde el baúl hasta acuclillarse sobre sus rodillas. Demasiado choqueada como para poder moverse, Tessa se quedó viendo como la embriaguez de Will desaparecía en una fracción de segundo, saltaba de la cama y se arrodillaba junto a Jem, poniéndole una mano en el hombro. “James,” dijo en voz baja. “¿Dónde está?” Jem levantó una mano para protegerse, jadeos tormentosos sacudían su delgado cuerpo. “No lo necesito…estoy bien…” Volvió a toser, y un suave rocío de color rojo salpicó el suelo delante de él. Sangre. La mano de Will apretó el hombro de su amigo; Tessa vio los nudillos blancos. “¿Dónde está? ¿Dónde lo pusiste?” Jem agitó la mano débilmente hacia la cama. “En…” jadeó. “En la repisa de la chimenea… en la caja plateada.” “Lo tomaré.” Fue lo más gentil que Tessa hubiera escuchado decir a Will. “Quédate aquí.” “Como si fuera a cualquier parte.” Jem frotó el dorso de su mano por su boca, y ésta quedó roja, manchando la Marca del ojo abierto.
Poniéndose en pie, Will giró… y vio a Tessa. Por un momento se vio puramente sorprendido, como si se hubiera olvidado de que ella estaba allí.
“Will,” susurró. “¿Hay algo…‟” “Venga conmigo.” La agarró por el brazo suavemente, y la acompañó hacia la puerta abierta. La empujó al pasillo, moviéndose para bloquear su vista de la habitación. “Buenas noches, Tessa.” “Pero él está tosiendo sangre,” protestó Tessa en voz baja. “Tal vez debería ir a buscar a Charlotte…” “No.” Will miró por encima de su hombro, luego de nuevo a Tessa. Se inclinó hacia ella poniendo su mano en su hombro. Podía sentir cada uno de sus dedos presionando en la carne. Estaban tan cerca que podía oler el aire de la noche en su piel, el rastro de metal, humo y niebla. Algo en la forma en que olía era extraño, pero no pudo saber exactamente de qué se trataba. Will habló en voz baja. “Él tiene la medicina. Yo estoy con él. No hay necesidad de que Charlotte sepa acerca de esto.” “Pero si está mal…” “Por favor, Tessa.” Había una urgencia escrita en los ojos azules de Will. "Sería mejor si no dijera nada de esto”. De alguna manera Tessa descubrió que no podía decir que no. "Yo… está bien". "Gracias." Will liberó su hombro, y levantó la mano para tocarle la mejilla, tan ligeramente que pensó que casi podría haberlo imaginado. Demasiado sorprendida para decir cualquier cosa, permaneció en silencio mientras él cerraba la puerta entre ellos. Oyó cuando trababa la puerta, y se dio cuenta de por qué había pensado que algo era extraño cuando Will se había inclinado hacia ella. Aunque Will le había dicho que había estado fuera toda la noche bebiendo, aunque alegó haber tenido una jarra de ginebra estrellada sobre su cabeza, no había olor a alcohol en él, en absoluto. Pasó un largo tiempo antes que Tessa pudiera dormir de nuevo. Permaneció despierta, el Código abierto a su lado, el ángel mecánico haciendo tic-tac en su pecho, y mirando los patrones que la luz de la lámpara formaba en techo.
Tessa estaba mirándose en el espejo del tocador mientras Sophie ponía los botones en la parte posterior de su vestido. En la luz de la mañana que se filtraba a través de las altas ventanas, se veía muy pálida, las sombras grises bajo sus ojos destacaban como manchas. Nunca había sido de las que se miran en los espejos. Un rápido vistazo para ver que su cabello estaba bien y que no había manchas en su ropa. Ahora no podía dejar de mirar la cara delgada y pálida en el espejo. Ésta parecía ondular mientras se miraba, como un reflejo en el agua, como la vibración que la tomaba justo antes del cambio. Ahora que había usado otros rostros, visto a través de otros ojos, ¿cómo podría decir si realmente era su propia cara, incluso si era el rostro que le habían dado al nacer? Cuando Cambió de vuelta a ella misma, ¿cómo iba a saber que no había un ligero cambio en su propio ser, algo que la hacía no quién era, nunca más? ¿O importaba como lucía en absoluto? ¿Era su rostro nada más que una máscara de carne, irrelevante para su verdadero yo? Podía ver a Sophie reflejada en el espejo también; su rostro estaba girado de modo que su mejilla con cicatrices se reflejaba en el espejo. Se veían aún más horribles a la luz del día. Era como ver un cuadro muy bonito, reducido a trozos con un cuchillo. Tessa moría de ganas de preguntarle lo que había sucedido, pero sabía que no debía. En lugar de eso dijo: “Estoy muy agradecida por tu ayuda con el vestido.” “Encantada de estar a su servicio, señorita”. El tono de Sophie era plano. “Yo sólo quería preguntar,” comenzó Tessa. Sophie se puso tensa. Cree que voy a preguntar por su rostro, pensó Tessa. En voz alta dijo: “La manera en que le hablaste a Will en el corredor anoche…” Sophie se echó a reír. Era una risa breve, pero una real. “Se me permite hablar con el Sr. Herondale de la forma que quiera, cuando quiera. Es una de las condiciones de mi empleo.” “¿Charlotte te permite hacer tus propias condiciones?” “No es simple que alguien pueda trabajar en el Instituto,” explicó Sophie. “Se necesita tener un toque de Visión. Agatha la tiene, y lo mismo ocurre con Thomas. La Sra. Branwell me quiso de inmediato cuando supo que yo la tenía, dijo que había estado buscando una criada para la señorita Jessamine simplemente por las edades. Me advirtió sobre el Sr. Herondale, sin embargo, dijo que probablemente fuese grosero conmigo. Ella me dijo que podía ser ruda defendiéndome, que a nadie le importaría.” “Alguien tiene que ser grosero con él. Él es suficientemente grosero con todos los demás.” "Me afirma lo que la Sra. Branwell pensó." Sophie compartió una sonrisa con Tessa en el espejo, era absolutamente encantadora cuando sonreía, pensó Tessa, con o sin cicatriz. “Te agrada Charlotte, ¿no?” dijo. “Parece muy amable.” Sophie se encogió de hombros. “En la vieja casa que estaba en servicio, la señora Atkins, que fue el ama de llaves, llevaba un registro de todas las velas que utilizamos, cada pedacito de jabón que teníamos. Teníamos que usar el jabón hasta una franja antes de que ella nos diese uno nuevo. Pero la Sra. Branwell me da un jabón nuevo cada vez que lo desee.” Dijo esto como si se tratara de un firme testamento del carácter de Charlotte. “Supongo que tiene mucho dinero aquí en el Instituto.” Tessa consideró los magníficos mobiliarios y la grandeza del lugar. “Tal vez. Pero he hecho vestidos suficientes para la Sra. Branwell para saber que no los compra nuevos" Tessa pensó en el vestido azul que Jessamine se había puesto para cenar la noche anterior. “¿Qué pasa con la señorita Lovelace?” “Ella tiene su propio dinero,” dijo Sophie sombría. Dio un paso atrás de Tessa. “Ahí está. Ahora está en condiciones de ser vista.” Tessa sonrió. “Gracias, Sophie.” *** Cuando Tessa entró en el comedor, los otros ya estaban tomando el desayuno, Charlotte en un vestido gris claro, extendía mermelada en un trozo de pan tostado; Henry medio escondido detrás de un periódico, y Jessamine recogiendo delicadamente un tazón de avena. Will tenía una pila de huevos y tocino en su plato y estaba cavando laboriosamente en ellos, y Tessa no pudo dejar de observar que eso era raro en alguien que afirmaba haber estado bebiendo toda la noche. “Justo estábamos hablando de usted,” dijo Jessamine mientras Tessa encontraba un asiento. Empujó una bandeja de plata con pan tostado encima de la mesa hacia Tessa. "¿Pan tostado? Tessa, recogiendo el tenedor, miró alrededor de la mesa con ansiedad. “¿Qué acerca de mí?”
“¿Qué hacemos con usted, por supuesto. Los Submundos no pueden vivir en el Instituto para siempre,” dijo Will “Yo digo que la vendamos a los gitanos en Hampstead Heath27,”
agregó, dirigiéndose a Charlotte. “He oído decir que compran mujeres de repuesto, así como caballos. " “Will, detente.” Charlotte levantó la vista de su desayuno. “Eso es ridículo.” Will se recostó en su silla. “Tienes razón. Nunca la comprarían. Demasiado flaca.” "Es suficiente," dijo Charlotte. "La señorita Gray se quedará. Porque estamos en medio de una investigación que requiere su ayuda. Ya he enviado un mensaje a la Clave diciendo que estamos manteniéndola hasta que este asunto del Club Pandemónium se aclare y su hermano haya sido encontrado. ¿No es cierto, Henry?” “Exactamente,” dijo Henry, dejando el periódico a un lado. “El Pandemónium es una prioridad. Absolutamente.” “Será mejor que le digas a Benedict Lightwood, también,” dijo Will. “Ya sabes cómo es.” Charlotte palideció ligeramente, y Tessa se preguntó quién podría ser Benedict Lightwood. “Will, me gustaría que hoy volvieras a visitar la casa de las Hermanas Oscuras, está abandonada, pero todavía vale la pena buscar. Y quiero que lleves a Jem contigo…” En ese momento, la diversión dejó la expresión de Will. “¿Está lo suficientemente bien?” “Está bastante bien.” La voz no era de Charlotte. Era la de Jem. Había venido a la sala en silencio y estaba de pie junto al aparador, con los brazos cruzados sobre el pecho. Estaba menos pálido de lo que había estado la noche anterior, y el chaleco rojo que llevaba traía un ligero tinte de color a sus mejillas. “De hecho, él está listo cuando tu lo estés." “Debes tomar primero el desayuno," se inquietó Charlotte, empujando el plato de tocino hacia él. Jem se sentó y le sonrió a Tessa a través de la mesa. "Oh, Jem…ella es la señorita Gray. Ella es…” "Nos hemos conocido," dijo Jem en voz baja, y Tessa sintió una oleada de calor en la cara. No podía dejar de mirarlo mientras recogía un pedazo de pan y mantequilla para untarla. Parecía difícil imaginar que alguien tan etéreo de aspecto pudiera comer pan tostado. Charlotte lo miró perpleja. “¿En serio?” “Me encontré en el pasillo con Tessa anoche y me presenté. Creo que la asusté.” Sus ojos plateados encontraron a Tessa a través de la mesa, brillantes y con diversión. Charlotte se encogió de hombros. “Muy bien, entonces. Me gustaría que vayas con Will. Mientras tanto, hoy, Señorita Gray…” “Llámeme Tessa,” dijo Tessa. “Preferiría que todo el mundo hiciera."
“Muy bien, Tessa,” dijo Charlotte con una pequeña sonrisa. “Henry y yo interrogaremos al Sr. Axel Mortmain, el empleador de su hermano, para ver si él o alguno de sus empleados, pudieran tener cualquier información sobre el paradero de su hermano.” “Gracias.” Tessa estaba sorprendida. Le habían dicho que iban a buscar a su hermano, y en realidad lo estaban haciendo. No había esperado que fuera así.
“He oído hablar de Axel Mortmain,” dijo Jem. “Era un Taipan28, una de las grandes empresas en Shanghai. Su empresa tenía oficinas en Bund29.” “Sí,” dijo Charlotte, “los periódicos dicen que hizo su fortuna en las importaciones de seda y té.” “Bah.” Jem habló a la ligera, pero había un filo en su voz. “Hizo su fortuna con el opio. Todos ellos lo hicieron. Comprando opio en la India, navegando a Canton, comercializándolo por bienes.” “Él no estaba violando la ley, James.” Charlotte empujó el periódico a través de la mesa hacia Jessamine. “Mientras tanto, Jessie, tal vez tu y Tessa puedan investigar a través del papel y así tomar nota de todo lo que pueda pertenecen a la investigación, y dar un segundo vistazo…" Jessamine retrocedió ante el papel como si se tratara de una serpiente. “Una dama no lee el periódico. Las páginas sobre sociedad, tal vez, o las noticias de teatro. No esta porquería.” “Pero tú no eres una dama, Jessamine,” comenzó Charlotte. “Dios mío,” dijo Will. “Estas duras verdades tan temprano en la mañana no pueden ser buenas para la digestión.” “Lo que quiero decir,” dijo Charlotte, corrigiéndose, “Es que primero eres una Cazadora de Sombras, y en segundo lugar una dama.” “Habla por ti,” dijo Jessamine, empujando su silla hacia atrás. Sus mejillas se habían vuelto una alarmante sombra roja. “Ya sabes,” dijo ella “No esperaba que te dieras cuenta, pero está claro que la única cosa que Tessa puso en su espalda es mi viejo y horrible vestido rojo, y no se ajusta a ella. Ni siquiera se ajusta a mí, y ella es más alta que yo.” “Sophie no puede...” empezó Charlotte vagamente. “Puedes llevar un vestido. Otra cosa es hacerlo el doble de grande como para empezar con él. Realmente, Charlotte.” Jessamine sopló exasperada. “Creo que deberías dejarme llevar a la pobre Tessa a la ciudad para conseguir algo de ropa nueva. De lo contrario, la primera vez que tome una respiración profunda, ese vestido se caerá.” Will se veía interesado. "Creo que debería intentar hacer eso ahora y ver qué pasa." "Oh," dijo Tessa, completamente confundida. ¿Por qué Jessamine era tan amable con ella repentinamente cuando había sido tan desagradable el día anterior? “No, en realidad no es necesario…” "Lo es," dijo Jessamine con firmeza. Charlotte estaba sacudiendo la cabeza. “Jessamine, siempre y cuando vivas en el Instituto, eres uno de nosotros, y tienes que contribuir…” “Tú eres la que insiste en que tenemos que acoger a Submundos que están en problemas, alimentarlos y abrigarlos,” dijo Jessamine. “Estoy bastante segura de que eso incluye vestirlos también. Ya ves, voy a contribuir… con el mantenimiento de Tessa.” Henry se inclinó sobre la mesa hacia su esposa. “Será mejor que dejes que lo haga,” aconsejó. “¿Recuerdas la última vez que trataste de conseguir que ordenara los puñales en la sala de armas, y los usó para cortar todas las sábanas?” “Necesitábamos nueva ropa de cama,” dijo Jessamine, sin arrepentimiento. “Oh, está bien,” replicó Charlotte. “Sinceramente, a veces me desespero con todos ustedes”. “¿Qué he hecho?” Preguntó Jem. “Sólo acabo de llegar.” Charlotte puso la cara entre las manos. Mientras Henry comenzaba a acariciar sus hombros y hacer ruidos suaves, Will se inclinó sobre Tessa hacia Jem, ignorándola por completo mientras lo hacía. “¿Nos podemos ir ahora?” "Necesito terminar primero el té," dijo Jem. “De todos modos, no veo porque estás tan apurado. ¿Dijiste que el lugar no había sido utilizado como un prostíbulo en años?”
“Quiero estar de vuelta antes de que anochezca,” dijo Will. Estaba casi del todo apoyado sobre el regazo de Tessa y ella podía oler ese débil olor de chico a cuero y metal que parecía aferrarse a su cabello y piel. “Tengo una cita esta noche en el Soho con alguien con cierto atractivo.
“Dios mío,” dijo Tessa a la parte posterior de su cabeza. “Si sigue viendolo de esa forma, Seis Dedos Nigel esperará que declare sus intenciones.” Jem se atragantó con el té.
Pasar el día con Jessamine comenzó tan mal como Tessa había temido. El tráfico era terrible. Por más que Nueva York estuviera tan llena de gente, Tessa nunca había visto nada como el desastre de la Strand30 al mediodía. Carruajes rodando de lado a lado entre vendedores ambulantes con montones de frutas y hortalizas; mujeres con chales, que llevaban cestas poco profundas llenas de flores, se lanzaban locamente dentro y fuera del tráfico cuando intentaban interesar a los ocupantes de los coches con sus diferentes mercancías, y los coches de alquiler llegaban a un punto en medio del tráfico en que los consuctores podían gritarse el uno al otro por las ventanas. A este ruido se añadían los vendedores ambulantes de crema helada al grito de “Hokey-Pokey, un centavo el paquete”, vendedores de periódicos pregonando los últimos titulares del día, y alguien en algún lugar tocando un organillo. Tessa se preguntó cómo todos los que vivían y trabajaban en Londres no eran sordos. Mientras miraba por la ventana, una anciana llevaba una jaula de metal grande llena de coloridas aves que revolotean y salían junto a su entrenador. La anciana volteó la cabeza, y Tessa vio que su piel era tan verde como las plumas de un loro, los ojos muy abiertos y negros como un pájaro y el pelo como un mechón de plumas multicolores. Tessa dio un respingo, y Jessamine, siguiendo su mirada, frunció el ceño. “Cierra las cortinas,” dijo. “Mantienen fuera el polvo.” Y, pasando sobre Tessa, Jessamine hizo precisamente eso. Tessa la miró. La pequeña boca de Jessamine era una delgada línea. “¿Lo viste...?" Comenzó Tessa. “No,” dijo Jessamine, dándole a Tessa lo que a menudo había visto mencionado en las novelas como una mirada “asesina”. Tessa alejó la mirada precipitadamente.
Las cosas no mejoraron cuando por fin llegaron al West End31. Dejando a Thomas esperando pacientemente con los caballos, Jessamine arrastró a Tessa dentro y fuera de varios salones de modistos, viendo diseño tras diseño, mientras la dependienta más bonita de la tienda era elegida para modelar una muestra. (Una verdadera dama no dejaría que un vestido que podría haber sido usado por un desconocido tocara su piel.) En cada establecimiento ella dio un nombre falso y una historia diferente, en cada establecimiento los dueños parecían encantados con su belleza y riqueza evidente y la ayudaban tan rápido como podían. Tessa, mayormente los ignoraba, se escondía en las líneas laterales, media muerta de aburrimiento. En un salón, haciéndose pasar por una joven viuda, Jessamine examinaba el diseño de un vestido negro de crepe y encaje. Tessa tuvo que admitir que le quedaba bien a su rubia palidez. “Usted luce absolutamente hermosa en esto, y no habría posibilidad de fallar en un nuevo matrimonio ventajoso.” La modista le guiñó un ojo de manera cómplice. "De hecho, ¿sabe cómo llamamos a este diseño? „La Trampa Recargada.‟” Jessamine se rió, la modista sonrió claramente, y Tessa consideró correr a la calle y acabar con todo aquello arrojándose bajo un coche de caballos. Como si estuviera consciente de su molestia, Jessamine miró hacia ella con una sonrisa condescendiente. “También estoy buscando algunos vestidos para mi prima de Estados Unidos,” dijo. “La ropa de ahí es simplemente horrible. Ella es tan simple como un alfiler, y eso no ayuda, pero estoy segura de que usted puede hacer algo con ella.” La modista parpadeó como si fuera la primera vez que notaba a Tessa, y tal vez lo fue. "¿Le gustaría elegir un diseño, señora?" El torbellino de actividad siguiente fue una especie de revelación para Tessa. En Nueva York, su ropa había sido comprada por su tía, piezas prefabricadas que habían tenido que ser modificadas para adaptarse, y siempre de material barato en tonos grises, de color gris oscuro o azul marino. Nunca había aprendido, como lo hizo ahora, que el azul era un color que le sentaba y resaltaba sus ojos de color azul grisáceo, o que debía llevar modelos rosas para poner color a sus mejillas. A medida que sus mediciones se realizaban, en medio de una discusión sobre las vainas de princesa, corpiños coraza, y un tal Sr. Charles Worth, Tessa se levantó y se miró la cara en el espejo, mitad esperando que las características empezaran a deslizarse y cambiar, que se reformaran a sí mismas. Pero se mantuvo a sí misma, y al final de todo, obtuvo cuatro vestidos nuevos para ser entregados durante la semana, uno rosa, uno amarillo, uno con rayas azules y blancas con botones de hueso, y uno de oro y negro de seda, así como dos vivas chaquetas, una con hermosas cuentas de tul que adornaban los puños. Cassandra Clare Traducido en Dark Guardians
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“Sospecho que realmente puede parecer bonita en ese último modelito,” dijo Jessamine, cuando se subió al carruaje. “Es increíble lo que puede hacer la moda.” Tessa contó en silencio hasta diez antes de responder. “Estoy muy agradecida por todo, Jessamine. ¿Vamos a volver al instituto ahora?” En ese momento, la brillantez se fue de la cara de Jessamine. Ella realmente lo odia, pensó Tessa, confundida más que otra cosa. ¿Qué era tan terrorífico acerca del Instituto? Por supuesto, toda la razón de su existir era suficientemente extraña, sin duda, pero Jessamine tenía que estar acostumbrada a estas alturas. Era una Cazadora de Sombras igual que el resto. “Es un día hermoso," dijo Jessamine, “y todavía no ha visto nada de Londres. Creo que un paseo por Hyde Park estará bien. Y después de eso, podríamos ir a Gunther ¡y así Thomas puede obtener helados para nosotras!” Tessa miró por la ventana. El cielo estaba gris y brumoso, atravesado por líneas de azul donde las nubes se separaban brevemente, una de la otra. De ninguna manera esto sería considerado un bonito día en Nueva York, pero Londres parecía tener normas diferentes para el tiempo. Además, ahora le debía algo a Jessamine, y la última cosa en el mundo que la otra chica quería hacer, evidentemente, era irse a casa. "Adoro a los parques," dijo Tessa. Jessamine casi sonrió. *** "No le dijiste a la señorita Gray sobre los engranajes," dijo Henry. Charlotte levantó la vista de sus notas y suspiró. Siempre había sido un punto delicado para ella, sin embargo a menudo ella había pedido un segundo carro, la Clave sólo le permite uno al Instituto. Eso era bueno y Thomas era un excelente conductor. Pero eso significa que cuando los integrantes del instituto de Cazadores de Sombras fuesen por caminos separados, como lo estaban haciendo hoy en día, Charlotte se veía obligada a pedir prestado un coche a Benedict Lightwood, que estaba lejos de ser su persona favorita. Y el único carro que estaba dispuesto a prestar era pequeño e incómodo. Pobre Henry, era tan alto, que se golpeaba la cabeza contra el techo bajo.
“No,” dijo ella. “La pobre muchacha ya parecía muy aturdida. No podía decirle que los dispositivos mecánicos que se encontraron en el sótano habían sido fabricados por la empresa que empleaba a su hermano. Está muy preocupada por él. Parecía más de lo que sería capaz de soportar.” “Puede que no signifique nada, cariño,” le recordó Henry. “Mortmain y Compañía fabrican la mayoría de las herramientas para la maquinaria que se utiliza en Inglaterra. Mortmain es realmente como un genio. Su sistema patentado para la producción de rodamientos de bolas…” “Sí, sí.” Charlotte trató de ocultar la impaciencia en su voz. “Y tal vez deberíamos haberle dicho. Pero pensé que lo mejor es hablar con el señor Mortmain primero y reunir las pruebas que podamos. Estás en lo correcto. Él puede no saber nada, y puede haber poca conexión. Pero sería bastante coincidencia, Henry. Y soy muy cuidadosa con las coincidencias.” Volvió la vista a las notas que había hecho sobre Axel Mortmain. Fue el único (y probablemente ilegítimo, aunque las notas no lo especificaban), hijo del Dr. Hollingworth Mortmain, que en cuestión de años se había levantado de la humilde posición de cirujano a bordo de un buque mercante con destino a China, a rico comerciante privado, compra y venta de especias y azúcar, seda y té, y (que no estaba declarado, pero Charlotte estaba de acuerdo con Jem en esto) probablemente opio. Cuando el Dr. Mortmain había muerto, su hijo, Axel, con apenas veinte años de edad, había heredado su fortuna, que había invertido sin demora en la construcción de una flota de barcos más rápidos y más elegantes que cualquier otro que navegara en los mares. Dentro de la década, el joven Mortmain había duplicado y cuadriplicado las riquezas de su padre. En los últimos años se había retirado de Shanghai a Londres, había vendido su comercio de buques, y había utilizado el dinero para comprar una gran empresa que producía los dispositivos mecánicos necesarios para hacer relojes de todo tipo, desde relojes de bolsillo a relojes de péndulo. Era un hombre muy rico. El carruaje se detuvo delante de una hilera de blancas casas contiguas, cada una con ventanas altas que daban a la plaza. Henry se inclinó en el coche para leer el número de una placa de bronce situada en el frente de un poste. “Esta debe ser.” Alcanzó la puerta del carro. “Henry,” dijo Charlotte, poniendo una mano sobre su brazo. “Henry, ¿tienes en cuenta lo que hablamos esta mañana, ¿no?” Él sonrió tristemente. “Haré lo mejor para no avergonzarte o arruinar la investigación. Sinceramente, a veces me pregunto por qué me arrastras en estas cosas. Sabes que soy un desastre cuando se trata de personas.” “Tú no eres un desastre Henry,” dijo Charlotte con suavidad. Deseaba extender la mano y acariciar su rostro, empujar su pelo hacia atrás y alentarlo. Pero se contuvo. Sabía, (había sido advertida suficientes veces) que no debía forzar el afecto de Henry y probablemente él no lo quería. Dejaron el coche con el conductor de los Lightwoods, subieron las escaleras y llamaron al timbre, la puerta fue abierta por un lacayo de uniforme azul oscuro y una expresión hosca. “Buenos días,” dijo con brusquedad. “¿Puedo preguntar que necesitan?” Charlotte miró de reojo a Henry, que estaba mirando más allá del criado con una especie de ensueño en su expresión. El señor sabía lo que pasaba por su mente (ruedas dentadas, engranajes y artilugios sin duda), pero ciertamente no estaba presente en esta situación. Con un suspiro interno, dijo: “Soy la Sra. Gray, y este es mi esposo, el Sr. Henry Gray. Estamos buscando un primo nuestro, un joven llamado Nathaniel Gray. No hemos sabido nada de él en casi seis semanas. Él es, o era, uno de los empleados del Sr. Mortmain…” Por un momento (que podría haber sido su imaginación), creyó ver algo, una chispa de inquietud, en los ojos del lacayo. “El señor Mortmain posee muchas grandes compañías. No se puede esperar que sepa el paradero de todos los que trabajan para él. Eso sería imposible. Tal vez usted deba preguntar a la policía. " Charlotte entornó los ojos. Antes de que hubieran salido del Instituto, había trazado en el interior de sus brazos runas de persuasión. Era raro el mundano que fuera totalmente insensible a su influencia. “Lo hicimos, pero no parecen haber progresado en absoluto con el caso. Es tan terrible, y estamos tan preocupados por Nate, ya ve. Si pudiéramos ver al señor Mortmain por un momento...” Se relajó cuando el lacayo asintió lentamente. “Voy a informar al señor Mortmain de su visita,” dijo. Dio un paso atrás para permitir que entraran. “Por favor esperen en el vestíbulo.” Se vio asustado, como sorprendido con su propio asentimiento. Abrió la amplia puerta, y Charlotte lo siguió, Henry detrás de ella. Aunque el lacayo no le ofreció un asiento a Charlotte (ella atribuyó la falta de política a la confusión causada por la runa de persuasión) él colgó el abrigo y el sombrero de Henry, y el chal de Charlotte, antes de irse y dejar que ellos mirasen con curiosidad alrededor de la entrada.
El cuarto tenía el techo alto pero no estaba adornado. También faltaban los paisajes pastorales y retratos de familia. En su lugar, colgando del techo había banderas largas de seda pintadas con los caracteres chinos para la buena suerte; un plato indio de plata martillada apoyado en un rincón, y dibujos a pluma y tinta de famosos lugares cubrían las paredes. Charlotte reconoció el Monte Kilimanjaro, las pirámides de Egipto, el Taj Mahal, y una sección de la Gran Muralla china. Mortmain claramente era un hombre que viajaba mucho y estaba orgulloso de ello. Charlotte volvió a mirar a Henry para ver si él estaba observando lo que había, pero estaba mirando vagamente hacia la escalera, perdido en su propia mente otra vez, antes de que ella pudiera decir algo, el lacayo apareció con una agradable sonrisa en su rostro. “Por favor vengan por aquí.” Henry y Charlotte siguieron al lacayo al final del pasillo, donde abrió una puerta de roble pulido y los hizo pasar por delante de él. Se encontraron en un gran estudio, con amplios ventanales que daban a la plaza. Cortinas verde oscuro fueron apartadas para dejar entrar la luz, y a través de los cristales Charlotte pudo ver que su transporte prestado los esperaba en la acera, el caballo con su cabeza sumergida en una bolsa, y el conductor leyendo un periódico en su trono. Las ramas verdes de los árboles se movían al otro lado de la calle, como un toldo color esmeralda, pero era silencioso. Las ventanas bloqueaban todo el sonido, y no había nada audible en esta habitación, excepto el tic-tac débil de un reloj de pared y el nombre “Mortmain y Compañía” grabado en oro al frente. El mobiliario era oscuro, una madera pesada de color negro, y las paredes estaban llenas de cabezas de animales, un tigre, un antílope, y un leopardo, y más paisajes extranjeros. Había una gran mesa de caoba en el centro de la habitación, bien ordenada con pilas de papel, cada pila equilibradas con un engranaje de cobre pesado. Un globo reforzado de metal que llevaba la leyenda “¡EL GLOBO DE LA TIERRA DE WYLD CON LOS ÚLTIMOS DESCUBRIMIENTOS!” anclado en una esquina del escritorio, las tierras bajo el dominio del imperio británico estaban en rojo rosado. Charlotte siempre encontraba extraña la experiencia de mirar globos mundanos. Su mundo no era de la misma forma en que ella lo conocía. Detrás de la mesa estaba sentado un hombre, que se puso de pie cuando entraron. Era una figura pequeña de aspecto enérgico, un hombre de mediana edad con pelo canoso favorablemente en las patillas. Su piel parecía maltratada por el viento, como si a menudo estuviese fuera con mal tiempo. Sus ojos eran de un gris muy, muy claro, con una expresión agradable, a pesar de su apariencia elegante, y costosa ropa, era fácil imaginarlo en la cubierta de un barco, mirando profundamente en la distancia. “Buenas tardes,” dijo. "Walker me dio a entender ¿que están buscando el Sr. Nathaniel Gray?” “Sí,” dijo Henry, para sorpresa de Charlotte. Henry rara vez o nunca, tomaba la iniciativa en conversaciones con extraños. Se preguntó si tenía algo que ver con el modelo intrincado sobre el escritorio. Henry estaba mirando con nostalgia, como si se tratara de comida. “Somos sus primos, ya sabe.” “Apreciamos que se tomara este tiempo para hablar con nosotros, señor Mortmain,” agregó Charlotte a toda prisa. “Sabemos que él era sólo un empleado suyo, una de las docenas…” “Cientos,” dijo Mortmain. Tenía una agradable voz de barítono, la cual en el momento sonaba muy divertida. “Es cierto que no puedo realizar un seguimiento de todos ellos. Pero sí recuerdo al Señor Gray. Aunque debo decir que, si alguna vez mencionó que tenía primos que eran Cazadores de Sombras, no puedo decir que lo recuerde.”

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