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viernes, 28 de febrero de 2014

16. EL HECHIZO VINCULANTE

Y una vez, o dos, para tirar los dados Es un juego caballeroso, Sin embargo, no gana quien juega con Pecado En la Casa Secreta de la Vergüenza. —Oscar Wilde, “La Balada de la Lectura Encarcelada”


“¡Jessamine! Jessamine, ¿qué pasa? ¿Dónde está Nate?” Jessamine, quien estaba de pie justo fuera de la habitación de Nate, se volvió de cara a Tessa mientras ella se apresuraba por el corredor. Los ojos de Jessamine estaban enrojecidos, su expresión enfadada. Rizos sueltos de cabello rubio se salían de su usualmente lazo bien anudado en la parte trasera de su cabeza. “No lo sé,” estalló. “Me quedé dormida en la silla junto a la cama, y cuando desperté, se había ido… ¡sólo ido!” entrecerró los ojos. “Dios mío, te ves horrible.” Tessa echó una mirada sobre sí misma. No se había molestado con faldas, o incluso zapatos.
Sólo se había lanzado en un vestido y deslizado sus pies descalzos en pantuflas. Su cabello estaba desparramado alrededor de sus hombros, e imaginó que probablemente se parecía a la loca que el Sr. Rochester mantenía en su ático en Jane Eyre55. “Bueno, Nate no pudo haber ido muy lejos, no con lo enfermo que estaba,” dijo Tessa. “¿Alguien está buscándolo?” Jessamine alzó las manos. “Todos lo están buscando. Will, Charlotte, Henry, Thomas, incluso Agatha. ¿No creo que quieras sacar de la cama al pobre Jem y hacerlo partícipe de la partida de búsqueda también?” Tessa sacudió la cabeza. “Honestamente, Jessamine…” Se interrumpió, dándose la vuelta. “Bueno, iré a buscar también. Puedes quedarte aquí si quieres.”
“Quiero.” Jessamine sacudió la cabeza cuando Tessa giró y se marchó por el corredor, su mente girando. ¿Dónde demonios pudo haber ido Nate? ¿Habría estado febril, delirante? ¿Se había levantado de la cama sin saber donde estaba y se había tambaleado buscándola? El pensamiento hizo que el corazón de le apretara. El Instituto era un laberinto desconcertante, pensó mientras giraba en otra esquina ciega a otro corredor revestido con tapices. Si apenas podía encontrar su camino incluso ahora, cómo podía Nate posiblemente… “¿Señorita Gray?” Tessa giró y vio a Thomas emergiendo de una de las puertas a lo largo del corredor. Estaba en mangas de camisa, su cabello alborotado como de costumbre, sus ojos castaños muy serios. Sintió quedarse inmóvil. Oh, Dios, son malas noticias. “¿Si?” “Encontré a su hermano,” dijo Thomas, para el asombro de Tessa. “¿Lo hiciste? ¿Pero dónde está?” “En el salón. En un escondite, detrás de las cortinas, ahí estaba.” Thomas habló de prisa, viéndose avergonzado. “Al minuto en que me vio, se fue de cabeza. Comenzó a chillar y gritar. Intentando pasar más allá de mí, y estuve a punto de darle una nueva herida para que se callara…” Ante la mira de incomprensión de Tessa, Thomas se detuvo, y aclaró su garganta. “Es decir, tengo miedo de haberlo asustado, señorita.” Tessa puso su mano sobre su boca. “Oh, querido. ¿Pero él está bien?” Parecía que Thomas no sabía muy bien donde mirar. Estaba avergonzado de haber encontrado a Nate encogido detrás de las cortinas de Charlotte, pensó Tessa, y sintió una ola de indignación en nombre de Nate. Su hermano no era un Cazador de Sombras; no había crecido matando cosas y arriesgando su vida. Por supuesto que estaba aterrorizado. Y probablemente estaba delirando con fiebre, encima de todo. “Será mejor que vaya a verlo. Yo sola, ¿entiendes? Creo que necesita ver un rostro familiar.” Thomas se vio aliviado. “Sí, señorita. Y esperaré aquí, sólo por ahora. Sólo déjeme saber cuando quiera llamar a los otros.” Tessa asintió y se movió más allá de Thomas para empujar la puerta abriéndola. El salón estaba oscuro, la única iluminación era la luz gris de la tarde que se derramaba a través de las altas ventanas. En las sombras los sofás y sillones esparcidos alrededor de la habitación parecían bestias acuclilladas. En uno de los grandes sillones junto al fuego se sentaba Nate. Había encontrado los ensangrentados pantalones y camisa que había estado usando en lo de De Quincey, y se los había puesto. Sus pies estaban desnudos. Se sentaba con sus codos en sus rodillas, su rostro en sus manos. Se veía miserable. “¿Nate?” dijo Tessa suavemente. Ante eso miró hacia arriba… y se puso de pie, una mirada de incrédula felicidad en su rostro. “¡Tessie!”
Con un pequeño grito, Tessa se precipitó a través de la habitación y lanzó sus brazos alrededor de su hermano, abrazándolo fuertemente. Lo oyó dar un pequeño gemido de dolor, pero puso sus brazos alrededor de ella también, y por un momento, abrazándolo, Tessa estuvo de vuelta en la pequeña cocina de su tía en Nueva York, rodeados con el olor de lo que cocinaban y la suave risa de su tía mientras los regañaba por hacer mucho ruido. Nate se alejó primero, y la miró hacia abajo. “Dios, Tessie, te ves tan diferente…” Un escalofrío pasó a través de ella. “¿Qué quieres decir?” Él palmeó su mejilla, casi ausentemente. “Mayor,” dijo. “Solvente. Eras una pequeña niña de cara redonda cuando dejé Nueva York, ¿no? ¿O es sólo la forma en la que te recuerdo?” Tessa le aseguró a su hermano que todavía era la misma hermana pequeña que siempre había conocido, pero su mente sólo estaba parcialmente comprometida con su pregunta. No podía evitar mirarlo preocupadamente; ya no se veía gris, pero seguía estando pálido, y moretones se destacaban en parches azules, negros y amarillos en su rostro y cuello. “Nate…” “No es tan malo como parece,” dijo, leyendo la ansiedad en su rostro. “Sí, lo es. Deberías estar en cama, descansando. ¿Qué estás haciendo aquí?” “Estaba intentando encontrarte. Sabía que estabas aquí. Te vi, antes de que el bastardo calvo y sin ojos me tuviera. Me imaginé que te habían aprisionado también. Estaba intentando sacarnos de aquí.” “¿Aprisionada? Nate, no, no es así.” Sacudió la cabeza. “Estamos seguros aquí.” Él estrechó los ojos hacia ella. “Este es el Instituto, ¿no? Fui advertido acerca de este lugar. De Quincey dijo que estaba regido por locos, monstruos que se llamaban a sí mismos Nefilim. Dijo que mantenían las almas condenadas encerradas en unos tipos de cajas, gritando…” “¿Qué, las Pyxis? ¡Retiene partes de energía demoniaca, Nate, no almas de hombres! Son perfectamente inofensivas. Te la mostraré más tarde, en la sala de armas, si no me crees.” Nate no parecía menos sombrío. “Dijo que si los Nefilim ponían sus manos en mí, me separarían parte por parte, por romper sus Leyes.” Un escalofrío pasó por la columna de Tessa; se apartó de su hermano, y vio que una de las ventabas del salón estaba abierta, las cortinas ondeando en la brisa. Así que su escalofrío había sido más que sólo nervios. “¿Tú abriste la ventana? Está muy frío aquí, Nate.” Nate sacudió la cabeza. “Estaba abierta cuando entré.” Meneando la cabeza, Tessa fue a través de la habitación y cerró la ventana. “Conseguirás tu muerte…” “No importa mi muerte,” dijo Nate irritablemente. “¿Qué pasa con los Cazadores de Sombras? ¿Me estás diciendo que no te mantienen prisionera aquí?” “No.” Tessa se dio la vuelta de la ventana. “No lo hacen. Son personas desconocidas, pero los Cazadores de Sombras han sido amables conmigo. Yo quería quedarme aquí. Han sido lo suficientemente generosos para dejarme.” Nate sacudió la cabeza. “No entiendo.” Tessa sintió una chispa de enfado, la cual la sorprendió; la empujó de vuelta. No era la culpa de Nate. Había mucho que él no sabía. “¿Dónde más iba a ir, Nate?” preguntó, cruzando la habitación hacia él y tomando su brazo. Lo condujo de vuelta al sillón. “Siéntate. Te estás agotando.” Nate se sentó obedientemente, y la miró hacia arriba. Había una mirada distante en sus ojos. Tessa conocía esa mirada. Significaba que estaba trazando, tramando algún loco plan, soñando un sueño ridículo. “Todavía podemos escapar de este lugar,” dijo. “Llegar a Liverpool, subirnos a un barco de vapor. Volver a Nueva York.” “¿Y hacer qué?” dijo Tessa tan gentilmente como pudo. “No hay nada ahí para nosotros. No con la Tía muerta. Tuve que vender todas nuestras cosas para pagar por el funeral. El apartamento se ha ido. No había dinero para el alquiler. No hay lugar para nosotros en Nueva York, Nate.” “Haremos un lugar. Una nueva vida.” Tessa miró a su hermano con tristeza. Le dolía verlo así, su rostro lleno de súplica desesperada, moretones floreciendo en sus pómulos como feas flores, su cabello rubio todavía enmarañado con sangre en algunos lugares. Nate no era como las otras personas, Tía Harriet siempre lo dijo. Había una hermosa inocencia en él que tenía que ser protegida a toda costa. Y Tessa lo intentó. Ella y su tía le habían escondido a Nate sus propias debilidades, las consecuencias de sus propios defectos y fallas. Nunca diciéndole del trabajo que Tía Harriet había tenido que hacer para reponer el dinero que él había perdido en el juego, de las burlas que Tessa había tenido que soportar de los otros niños, llamando borracho a su hermano, un derrochador. Le habían escondido estas cosas para evitar que fuera herido. Pero había sido herido de todas formas, pensó Tessa. Tal vez Jem tenía razón. Tal vez la verdad era siempre lo mejor.
Sentándose en la otomana56 opuesta a su hermano, lo miró firmemente “No puede se así, Nate. No aún. Este lío en el que estamos ahora, nos seguirá incluso si corremos. Y si corremos, estaremos solos cuando nos encuentre. No habrá nadie para ayudarnos o protegernos. Necesitamos al Instituto, Nate. Necesitamos a los Nefilim.”

Los ojos azules de Nate estaban aturdidos. “Supongo que sí,” dijo, y la frase golpeó a Tessa, quien no había escuchado nada más que voces Británicas por casi dos meses, era tan Americana que se sintió nostálgica. “Es por mí que estás aquí. De Quincey me torturó. Me hizo escribir esas cartas, enviarte ese billete. Me dijo que no te haría daño una vez que te tuviera, pero entonces nunca me dejó verte, y pensé… pensé…” levantó la cabeza y la miró. “Debes odiarme.” La voz de Tessa fue firme. “Nunca podría odiarte. Eres mi hermano. Mi sangre.” “¿Crees que cuando todo esto acabe podamos volver a casa?” preguntó Nate. “¿Olvidar que todo esto alguna vez pasó? ¿Vivir vidas normales?”
Vivir vidas normales. Las palabras conjuraron una imagen de sí misma y Nate en algún pequeño y soleado apartamento. Nate podría encontrar otro trabajo, y por la noche ella podría cocinar y limpiar para él, mientras en los fines de semana podían pasear en el parque o tomar el tren a Coney Island57 y montar el carrusel, o ir a lo más alto de la Torre de Hierro y ver los fuegos artificiales explotar en la noche sobre el Hotel Manhattan Beach. Habría sol real, no como esta gris versión aguada del verano, y Tessa podría ser una chica común, con su cabeza en un libro y sus pies plantados firmemente en el familiar pavimento de la Ciudad de Nueva York. Pero cuando intentó retener esta imagen mental en su cabeza, la visión pareció desmoronarse y caer lejos de ella, como una telaraña cuando tratas de levantarla completamente en tus manos. Vio el rostro de Will, el de Jem, y el de Charlotte, incluso el de Magnus mientras decía, Pobre. Ahora que sabe la verdad, nunca podrá volver atrás. “Pero no somos normales,” dijo Tessa. “Yo no soy normal. Y tú sabes eso, Nate.” Él miró hacia el piso. “Lo sé.” Hizo un pequeño gesto impotente con su mano. “Así que es verdad. Eres lo que De Quincey dijo que eras. Mágica. Dijo que tenías el poder de cambiar de forma, Tessie, de convertirte en lo que quieras ser.” “¿Le creíste alguna vez? Es verdad… bueno, casi verdad, pero al principio difícilmente lo creí por mí misma. Es tan extraño…” “He visto cosas extrañas.” Su voz fue hueca. “Dios, debería haber sido yo.” Tessa frunció el ceño. “¿Qué quieres decir?” Pero antes de que él pudiera contestar, la puerta se abrió. “Señorita Gray.” Era Thomas, viéndose compungido. “Señorita, el Sr. Will está…” “El Sr. Will está aquí.” Era Will, esquivando ágilmente a Thomas, a pesar de la corpulencia del otro chico. Todavía estaba en las mismas ropas en que se había cambiado la noche anterior, y se veían arrugadas. Tessa se preguntó si había dormido en la silla de la habitación de Jem. Había sombras azul grisáceas bajo sus ojos, y se veía cansado, aunque sus ojos brillaban— ¿Con alivio? ¿Diversión? Tessa no podría decirlo—mientras su mirada caía sobre Nate. “Nuestro vagabundo, encontrado al fin,” dijo. “¿Thomas me contó que se estaba escondiendo detrás de las cortinas?” Nate miró a Will débilmente. “¿Quién es usted?” Tessa hizo las presentaciones rápidamente, aunque ninguno de los chicos parecía feliz de conocer al otro. Nate todavía se veía como si estuviera muriendo, y Will estaba observando a Nate como si fuera un nuevo descubrimiento científico, y no uno muy atractivo. “Así que es un Cazador de Sombras,” dijo Nate. “De Quincey me dijo que muchos eran monstruos.” “¿Eso fue antes o después de que intentara comérselo?” preguntó Will. Tessa se puso rápidamente de pie. “Will. ¿Puedo hablar contigo en el pasillo un momento, por favor?” Si ella esperaba resistencia, no la obtuvo. Después de una última mirada hostil a Nate, Will asintió y salió con ella silenciosamente al pasillo, cerrando la puerta del salón tras él. La iluminación en el corredor sin ventanas era variable, la luz mágica emitía discretos posos brillantes de luz, que no se llegaban a tocar uno al otro. Will y Tessa se pararon en las sombras entre dos de los posos, mirándose el uno al otro con… cautela, pensó Tessa, como gatos furiosos dando vueltas en un callejón. Fue Will quien rompió el silencio. “Muy bien. Me tienes solo en el corredor…” “Sí, sí,” dijo Tessa impacientemente, “y miles de mujeres de toda Inglaterra pagarían generosamente por el privilegio de tal oportunidad. ¿Podemos dejar a un lado la exhibición de tu ingenio por un minuto? Esto es importante.” “Quieres que me disculpe, ¿verdad?” dijo Will. “¿Por lo que pasó en el ático?” Tessa, desprevenida, parpadeó. “¿El ático?” “Quieres que diga que siento haberte besado. "

Ante las palabras, el recuerdo se levantó de nuevo en Tessa con una inesperada claridad; los dedos de Will en su cabello, el toque de sus manos en su guante, su boca en la de ella. Se sintió ruborizar y esperó furiosamente que eso no fuera visible en la oscuridad. “Que… no. ¡No!” “Así que no quieres que lo lamente,” dijo Will. Ahora estaba sonriendo muy ligeramente, el tipo de sonrisa que un niño pequeño dirigiría sobre el castillo que acaba de construir con bloques de juguete, antes de destruirlo agitando su brazo. “No me importa si lo lamentas o no,” dijo Tessa. “Eso no era de lo que quería hablarte. Quería decirte que fueras amable con mi hermano. Ha pasado por un terrible calvario. No necesita ser interrogado como algún tipo de criminal.” Will respondió más tranquilamente de lo que Tessa pudo haber pensado. “Entiendo eso. Pero si está escondiendo algo…” “¡Todos esconden cosas!” Tessa estalló, sorprendiéndose a sí misma. “Sé que hay cosas de las que él está avergonzado, pero eso no quiere decir que tengan que importarte. No es como si tú le contaras todo a todos, ¿verdad?” Will miró cauteloso. “¿De qué estás hablando?” ¿Qué pasa con tus padres, Will? ¿Por qué te negaste a verlos? ¿Por qué no tenías un lugar al que ir salvo este? ¿Y por qué, en el ático, me echaste? Pero Tessa no dijo ninguna de estas cosas. En cambio dijo, “¿Qué hay de Jem? ¿Por qué no me dijiste que estaba enfermo de la forma en que lo está?” “¿Jem?” la sorpresa de Will pareció genuina. “Él no quería que lo hiciera. Considera que es su asunto. Lo cual es. Debes recordar, que ni si quiera estaba a favor que te lo dijera por sí mismo. Pensó que te debía una explicación, pero no la debía. Jem no le debe nada a nadie. Lo que le pasó no fue su culpa, y sin embargo, lleva la carga de ello y la vergüenza…” “No tiene nada de lo que avergonzarse.” “Tú puedes pensar eso. Otros no ven diferencia entre su enfermedad y una adicción, y lo desprecian por ser débil. Como si sólo pudiera dejar de tomar la droga si tuviera suficiente fuerza de voluntad.” Will sonaba sorprendentemente amargado. “Lo han dicho, a veces en su cara. No quiero que te oiga decir eso también.” “Yo nunca diría eso.” “¿Cómo voy a adivinar lo que podrías decir?” dijo Will. “No te conozco realmente, Tessa, ¿o si? No más de lo que tú me conoces a mí.” “No quieres que alguien te conozca,” chaqueó Tessa. “Y muy bien, no lo voy a intentar. Pero no finjas que Jem es como tú. Tal vez él preferiría que la gente supiera la verdad de quién es."

“No lo hagas,” dijo Will, sus ojos azules oscureciéndose. “No creas que conoces a Jem mejor que yo.” “Si tanto te preocupas por él, ¿por qué no estás haciendo algo para ayudarlo? ¿Por qué no buscas una cura?” “¿Piensas que no lo hemos hecho? ¿Piensas que Charlotte no ha buscado, que Henry no ha buscando, que no hemos contratado brujos, pagado por información, pedido favores? ¿Imaginas que la muerte de Jem es sólo algo que todos hemos aceptado sin siquiera pelear contra ella?” “Jem me dijo que les había pedido a todos que dejaran de buscar,” dijo Tessa, calma en el rostro de su furia, “y que tu lo hiciste. ¿Lo hiciste, no?” “Él te dijo eso, ¿verdad?” “¿Te detuviste?” “No hay nada que encontrar, Tessa. No hay cura.” “Tú no sabes eso. Podías seguir buscando y ni siquiera decirle que estabas buscando. Tiene que haber algo. Incluso la más pequeña oportunidad…” Will levantó las cejas. La parpadeante luz del corredor profundizaba las sombras bajo sus ojos, los huesos angulares de sus mejillas. “¿Crees que debemos ignorar sus deseos?” “Creo que debes hacer lo que sea que puedas, incluso si eso significa que debas mentirle. Creo que no entiendo tu aceptación de su muerte.” “Y yo creo que tú no entiendes que a veces la única elección es entre la aceptación y la locura.” Detrás de ellos en el corredor alguien aclaró su garganta. “Entonces, ¿qué está pasando aquí?” preguntó una voz familiar. Tanto Tessa como Will habían estado tan absortos en su conversación que no habían oído a Jem aproximarse. Will dio un respingo culpable antes de girarse a mirar a su amigo, quien estaba observándolos con calmo interés. Jem estaba completamente vestido, pero se veía como si justo hubiera despertado de un sueño febril, su cabello estaba revuelto y sus mejillas ardiendo con color. Will se vio sorprendido, y no del todo contento de verlo. “¿Qué haces fuera de la cama?” “Me encontré con Charlotte en el pasillo. Dijo que todos nos reuniríamos en el salón para hablar con el hermano de Tessa.” El tono de Jem era suave, y era imposible saber por su expresión cuánto había escuchado de la conversación de Tessa y Will. “Estoy lo suficientemente bien para escuchar, por lo menos.” “Oh, que bien, están todos aquí.” Era Charlotte, apresurándose por el corredor. Detrás de ella se dirigía Henry, y a cada lado de él, Jessamine y Sophie. Jessie se había cambiado en unos de sus vestidos más bonitos, Tessa observó, uno muselina azul puro, y llevaba una manta doblada. Sophie, a su lado, sostenía una bandeja con té y sándwiches en ella. “¿Eso es para Nate?” preguntó Tessa, sorprendida. “¿El té y las mantas?” Sophie asintió. “La Sra. Branwell pensó que probablemente tenía hambre…” “Y yo pensé que podía tener frío. Anoche estaba temblando,” dijo Jessamine con impaciencia. “Entonces, ¿debemos llevarle estas cosas adentro?” Charlotte miró a Tessa por aprobación, lo cual la desarmó. Charlotte sería amable con Nate; no podía evitarlo. “Sí. Los está esperando.” “Gracias, Tessa,” dijo Charlotte suavemente, y luego abrió la puerta del salón y entró, seguida por los otros. Cuando Tessa se movió para ir tras ellos, sintió una mano en su brazo, un toque tan ligero que casi no lo había notado. Era Jem. “Espera,” dijo. “Sólo un momento.” Se giró para mirarlo. A través de la puerta abierta podía oír un murmullo de voces; el cordial barítono de Henry, el falsete ansioso de Jessamine mientras decía el nombre de Nate. “¿Qué pasa?” Él dudó. Su mano en su brazo estaba fría; sus dedos se sentían como delgados tallos de cristal contra su piel. Se preguntó si la piel sobre sus huesos de las mejillas, dónde estaba ruborizado y febril, estaría caliente al tacto. “Pero mi hermana…” la voz de Nate flotó en el pasillo, sonando ansiosa. “¿Se unirá a nosotros? ¿Dónde está?” “No importa. No es nada.” con una sonrisa tranquilizadora, Jem retiró su mano. Tessa deseaba saber, pero se giró y entró al salón, Jem detrás de ella. Sophie estaba arrodillada junto al hogar, haciendo el fuego; Nate todavía estaba en el sillón, donde se sentaba con la manta de Jessamine a través de su regazo. Jessamine, en un taburete cercano, estaba radiante de orgullo. Henry and Charlotte se sentaban en el sofá opuesto al de Nate; Charlotte claramente rebosando curiosidad, y Will, como de costumbre, estaba de pie en la pared más cercana, apoyándose contra ésta, y viéndose irritable y divertido al mismo tiempo.
Cuando Jem fue a unirse a Will, Tessa fijó su atención en su hermano. Algo de su tensión se había ido cuando ella había vuelto a la habitación, pero todavía se veía miserable. Cogía la manta de Jessamine con las yemas de sus dedos. Ella cruzó la habitación y se hundió en la otomana a sus pies, resistiendo la urgencia de agitarle el cabello o darle una palmada en el hombro. Podía sentir todos los ojos de la habitación en ella. Todos la observaban a ella y a su hermano, podría haber oído caer un alfiler. “Nate,” dijo suavemente. “¿Asumo que cada uno se presentó?” Nate, todavía cogiendo la manta, asintió. “Sr. Gray,” dijo Charlotte, “ya hemos hablado con el Sr. Mortmain. Nos dijo mucho sobre usted. Sobre su afición por el Submundo. Y el juego.” “Charlotte,” protestó Tessa. Nate habló profundamente. “Eso es verdad, Tessie.” “Nadie culpa a tu hermano por lo que pasó, Tessa.” Charlotte hizo su voz muy suave cuando se volvió a Nate. “Mortmain dijo que usted ya sabía que él estaba implicado en prácticas ocultas cuando llegó a Londres. ¿Cómo sabía que él era un miembro del Club Pandemónium?” Nate vaciló. “Sr. Gray, simplemente necesitamos entender qué le pasó. El interés de De Quincey en usted… sé que no está muy bien, y no deseamos interrogarlo cruelmente, pero si puede ofrecernos aunque sea un poco de información, puede ser la ayuda más valiosa…” “Fueron las baratijas de costura de Tía Harriet,” dijo Nate en voz baja. Tessa parpadeó. “¿Fueron qué?” Nate continuó, en voz baja. “Nuestra Tía Harriet siempre conservó el viejo joyero de mamá en la mesita de noche junto a su cama. Dijo que mantenía las baratijas de costura en él, pero yo…” Nate tomó un aliento profundo, mirando a Tessa mientras hablaba. “Estaba endeudado. Había hecho unas apuestas imprudentes, perdido algo de dinero, y estaba en un mal camino. No quería que tú o la Tía supieran. Recordé que ahí había un brazalete de oro que Madre solía usar cuando estaba viva. Tenía en mi cabeza que todavía estaba en el joyero y que la Tía Harriet era demasiada obstinada para venderlo. Sabes como es ella… como era. De todas formas, no podía dejar la idea. Sabía que si podía empeñar el brazalete, conseguiría el dinero para pagar mis deudas. Así que un día, cuando tú y la Tía estaban fuera, cogí el joyero y busqué en él. Por supuesto el brazalete no estaba ahí. Pero encontré un doble fondo en la caja. No había nada en él que valiera la pena, sólo un montón arrugado de viejos papeles. Los arranqué cuando las escuché subir las escaleras, y me los llevé de vuelta a mi habitación.” Nate se detuvo. Todos los ojos estaban en él. Después de un momento, Tessa, ya incapaz de contener sus preguntas, dijo, “¿Y?” “Eran las páginas del diario de Madre,” dijo Nate. “Arracadas de su encuadernación original, con un buen número de hojas desaparecidas, pero fue suficiente para mí para armar una extraña historia. “Comienza cuando nuestros padres estaban viviendo en Londres. Padre se iba a menudo, trabajando en las oficinas de Mortmain en los muelles, pero madre tenía a Tía Harriet para hacerle compañía, y a mí para mantenerla ocupada. Yo acababa de nacer. Eso fue hasta que Padre comenzó a venir a casa noche tras noche, cada vez más angustiado. Informó de hechos extraños en la planta de la fábrica, trozos de máquinas en mal funcionamiento, de manera extraña; se escuchaban ruidos a todas horas, e incluso el vigilante desapareció una noche. Había rumores, también, de que Mortmain estaba envuelto en prácticas ocultas.” Nate sonaba como si recordara tanto como para recitar el cuento. “Padre se encogía de hombros ante los rumores al principio, pero eventualmente se los repitió a Mortmain, quien admitió todo. Tengo entendido que se las arregló para hacerlo sonar inofensivo, como si sólo estuviera haciendo un poco de travesuras con hechizos y pentagramas y cosas. Llamó a la organización a la que él pertenecía el Club Pandemónium. Le sugirió a Padre que viniera a una de sus reuniones, y que llevara a Madre.” “¿Qué llevara a Madre? Pero él no pudo haber querido hacer eso…” “Probablemente no, pero con una nueva esposa y un nuevo bebé, Padre habría estado ansioso por complacer a su empleador. Acordó ir, y llevar a Madre con él.” “Padre pudo haber ido a la policía…” “Un hombre rico como Mortmain pudo haber tenido a la policía en su bolsillo,” interrumpió Will. “Si tu padre hubiera ido a la policía, se hubieran reído de él.” Nathaniel sacó el cabello de su frente; estaba sudando ahora, hebras de cabello se pegaban a su piel. “Mortmain dispuso un carruaje para que fuera por ellos tarde en la noche, cuando nadie pudiera estar viendo. El carruaje los llevó a la casa en la ciudad de Mortmain. Después había muchas páginas extraviadas, no había detalles de lo que había pasado esa noche. Fue la primera vez que fueron, pero descubrí, que no la última. Se reunieron con el Club Pandemónium muchas veces en el transcurso de los próximos meses. Madre, al menos, odiaba ir, pero continuaron asistiendo a las reuniones hasta que algo cambió abruptamente. No sé qué fue; había pocas páginas después de eso. Fui capaz de discernir que cuando se fueron de Londres, lo hicieron bajo la oscuridad de la noche, que no le contaron a nadie a dónde iban, y que no dejaron dirección de reenvío. Bien podrían haber desaparecido. Sin embargo, nada en el diario decía algo de por qué…” Nathaniel interrumpió su historia con un ataque de tos seca. Jessamine arrebató el té que Sophie había dejado en la mesilla, y un momento después, estaba presionando una taza en la mano de Nate. Le dio a Tessa una expresión de superioridad cuando lo hizo, como para señalar que Tessa realmente debería haberlo pensado en primer lugar.
Nate, habiendo calmado su tos con té, continuó. “Después de haber encontrado las páginas del diario, me sentí como si hubiera tropezado con una mina de oro. Había oído de Mortmain. Sabía que el hombre era tan rico como Creso58, incluso si era evidentemente un poco loco. Le escribí y le conté que era Nathaniel Gray, el hijo de Richard y Elizabeth Gray, que mi padre había muerto, así como también mi madre, y que entre sus papeles había encontrado evidencias de sus actividades ocultas. Le sugerí que estaba ansioso por encontrarme con él y discutir un posible empleo, y que si él resultaba estar menos ansioso por encontrarse conmigo, imaginaba que habría muchos periódicos que estarían interesados en el diario de mi madre.” “Eso fue emprendedor.” Will sonó casi impresionado. Nate sonrió. Tessa le disparó una mirada furiosa. “No te veas complacido contigo mismo. Cuando Will dice „emprendedor,‟ quiere decir „moralmente deficiente.‟” “No, quiero decir emprendedor,” dijo Will. “Cuando quiero decir moralmente deficiente, digo, „A ver, eso es algo que yo pude haber hecho.‟” “Suficiente, Will,” interrumpió Charlotte. “Deja al Sr. Gray terminar su historia.” “Pensé que tal vez me enviaría un soborno, algo de dinero para callarme,” continuó Nate. “En cambio obtuve un billete de primera clase en un barco de vapor a Londres y la oferta oficial de un trabajo una vez que llegara. Me imaginé que estaba en una cosa buena, y por primera vez en mi vida, no planeé estropearlo. “Cuando llegué a Londres, fui directamente a la casa de Mortmain, donde fui conducido al estudio para conocerlo. Me recibió con gran calidez, diciéndome cuan contento estaba de verme y cuánto me parecía a mi querida madre muerta. Entonces se puso serio. Me senté y me dijo que siempre le habían gustado mis padres y que se había entristecido cuando se fueron de Inglaterra. Él no había sabido que estaban muertos hasta que recibió mi carta. Incluso si hubiera hecho público lo que sabía de él, afirmó que felizmente me daría un trabajo y haría lo que pudiera por mí, por el bien de mis padres. “Le dije a Mortmain que conservaría su secreto si me llevaba con él para asistir a una reunión del Club Pandemónium, que debía mostrarme lo que le había mostrado a mis padres. La verdad era, que la mención de los juegos de azar en el diario de mi madre había despertado mi interés. Imaginé una reunión de hombres lo suficientemente tontos para creer en magia y demonios. Seguramente no sería tan difícil ganar un poco de dinero de tales tontos.” Nate cerró los ojos.
“Mortmain acordó, reluctantemente, llevarme. Supuse que él no tenía alternativa. Esa noche la reunión fue en la casa en la ciudad de De Quincey. En el momento en que la puerta se abrió, supe que yo era el tonto. Este no era un grupo de aficionados al espiritismo. Esto era lo real, el Mundo de las Sombras al que mi madre había hecho una referencia de un vistazo en su diario. Era real. Apenas puedo describir mi sentimiento de consternación mientras miraba a mí alrededor; criaturas de indescriptible grotesco llenaban la habitación. Las Hermanas Oscuras estaban ahí, mirándome de reojo detrás de su juego de naipes whist59, sus uñas como garras. “Mujeres con rostros y hombros espolvoreados de blanco, me sonrieron con sangre corriendo por las esquinas de sus bocas. Pequeñas criaturas cuyos ojos cambiaban de color corrían a través del piso. Nunca había imaginado que tales cosas eran reales, y eso le dije a Mortmain. „Hay más cosas en el Cielo y en la tierra, Nathaniel, que las soñadas en tu filosofía,‟ dijo. Bueno, conocí la cita por ti, Tessa. Tú siempre me habías leído Shakespeare, e incluso presté atención algunas veces. Estaba a punto de decirle a Mortmain que no se burlara de mí, cuando un hombre se acercó a nosotros. Vi a Mortmain ponerse tieso como una tabla, como si hubiera alguien a quien le tenía miedo. Me presentó como Nathaniel, un nuevo empleado, y me dijo el nombre del hombre. De Quincey. “De Quincey sonrió. Supe inmediatamente que no era humano. Nunca antes había visto un vampiro, con esa piel mortalmente blanca, y por supuesto, cuando sonrió, vi sus dientes. Creo que sólo me quedé mirando fijamente. „Mortmain, me estás ocultando cosas de nuevo,‟ dijo él. „Éste es más que sólo un nuevo empleado. Este es Nathaniel Gray. El hijo de Elizabeth y Richard Gray.‟
“Mortmain balbuceó algo, viéndose desconcertado. De Quincey se rió entre dientes. „He escuchado cosas, Axel,‟ dijo. Entonces se giró hacia mí. „Conocí a su padre,‟ me dijo. „Me gustaba bastante. ¿Tal vez desee unirse a mí para un juego de cartas?‟ Mortmain sacudió la cabeza hacia mí, pero había visto la habitación de las cartas cuando había entrado en la casa, por supuesto. Me sentí atraído por las mesas de juego como una polilla a la luz. Me senté a jugar el faro60 toda la noche con un vampiro, dos hombres lobos, y un brujo de cabellos indomables. Hice mi juego esa noche; gané una gran cantidad de dinero, y bebí una gran cantidad de bebidas de colores brillantes que pasaban alrededor de la sala en bandejas de plata. En algún punto Mortmain se fue, pero no me importó. Salí a la luz del amanecer sintiéndome exultante, en la cima del mundo… y con una invitación de De Quincey para volver al club cuando quisiera. “Fui un tonto, por su puesto. Estaba tan ido la mayor parte del tiempo porque las bebidas estaban mezcladas con pociones de brujos, unas adictivas. Y esa noche me permitieron ganar. Volví por supuesto, sin Mortmain, noche tras noche. Al principio gané… gané de manera constante, así fue como tuve la oportunidad de enviarles dinero a ti y a Tía Harriet, Tessie. Ciertamente no era por trabajar para Mortmain. Iba a la oficina de forma irregular, pero apenas podía concentrarme incluso ante las tareas simples a las que fui asignado. En todo lo que pensaba era en volver al club, beber más de esas bebidas, ganar más dinero. Las Hermanas Oscuras estaban ahí, mirándome de reojo detrás de su juego de naipes whist59, sus uñas como garras. “Mujeres con rostros y hombros espolvoreados de blanco, me sonrieron con sangre corriendo por las esquinas de sus bocas. Pequeñas criaturas cuyos ojos cambiaban de color corrían a través del piso. Nunca había imaginado que tales cosas eran reales, y eso le dije a Mortmain. „Hay más cosas en el Cielo y en la tierra, Nathaniel, que las soñadas en tu filosofía,‟ dijo. Bueno, conocí la cita por ti, Tessa. Tú siempre me habías leído Shakespeare, e incluso presté atención algunas veces. Estaba a punto de decirle a Mortmain que no se burlara de mí, cuando un hombre se acercó a nosotros. Vi a Mortmain ponerse tieso como una tabla, como si hubiera alguien a quien le tenía miedo. Me presentó como Nathaniel, un nuevo empleado, y me dijo el nombre del hombre. De Quincey. “De Quincey sonrió. Supe inmediatamente que no era humano. Nunca antes había visto un vampiro, con esa piel mortalmente blanca, y por supuesto, cuando sonrió, vi sus dientes. Creo que sólo me quedé mirando fijamente. „Mortmain, me estás ocultando cosas de nuevo,‟ dijo él. „Éste es más que sólo un nuevo empleado. Este es Nathaniel Gray. El hijo de Elizabeth y Richard Gray.‟
“Mortmain balbuceó algo, viéndose desconcertado. De Quincey se rió entre dientes. „He escuchado cosas, Axel,‟ dijo. Entonces se giró hacia mí. „Conocí a su padre,‟ me dijo. „Me gustaba bastante. ¿Tal vez desee unirse a mí para un juego de cartas?‟ Mortmain sacudió la cabeza hacia mí, pero había visto la habitación de las cartas cuando había entrado en la casa, por supuesto. Me sentí atraído por las mesas de juego como una polilla a la luz. Me senté a jugar el faro60 toda la noche con un vampiro, dos hombres lobos, y un brujo de cabellos indomables. Hice mi juego esa noche; gané una gran cantidad de dinero, y bebí una gran cantidad de bebidas de colores brillantes que pasaban alrededor de la sala en bandejas de plata. En algún punto Mortmain se fue, pero no me importó. Salí a la luz del amanecer sintiéndome exultante, en la cima del mundo… y con una invitación de De Quincey para volver al club cuando quisiera. “Fui un tonto, por su puesto. Estaba tan ido la mayor parte del tiempo porque las bebidas estaban mezcladas con pociones de brujos, unas adictivas. Y esa noche me permitieron ganar. Volví por supuesto, sin Mortmain, noche tras noche. Al principio gané… gané de manera constante, así fue como tuve la oportunidad de enviarles dinero a ti y a Tía Harriet, Tessie. Ciertamente no era por trabajar para Mortmain. Iba a la oficina de forma irregular, pero apenas podía concentrarme incluso ante las tareas simples a las que fui asignado. En todo lo que pensaba era en volver al club, beber más de esas bebidas, ganar más dinero. “Entonces comencé a perder. Cuanto más perdía, más obsesionado me volvía con ganar de nuevo. De Quincey me sugirió que empezara a jugar con crédito, así que pedí dinero prestado; dejé de ir a la oficina del todo. Dormía todo el día, y jugaba toda la noche. Perdí todo.” Su voz era remota. “Cuando recibí tu carta de que la tía había muero, Tessa, pensé que era un juicio sobre mí. Un castigo por mi comportamiento. Quería salir corriendo y comprar un billete de regreso a Nueva York ese día… pero no tenía dinero. Desesperado, fui al club; estaba sin afeitar, miserable, con los ojos rojos. Debo haberme visto como un hombre en su punto más bajo, porque fue entonces que De Quincey se acercó a mí con una propuesta. Me llevó a un cuarto trasero y señaló que había perdido más dinero para el Club del que cualquier hombre pudiera pagar jamás. Se veía divertido por todo, el diablo, golpeando polvo invisible de sus puños, sonriéndome con esos colmillos. Me preguntó qué estaba dispuesto a dar para pagar mis deudas. Dije, „Lo que sea.‟ Y él dijo, „¿Qué pasa con tu hermana?‟” Tessa sintió el bello de sus brazos levantarse, y estuvo incómodamente consciente de los ojos de todos en la habitación sobre ella. “¿Qué… qué le dijiste acerca de mí?” “Me tomó con la guardia baja por completo,” dijo Nate. “No recuerdo haberle hablado de ti, nunca, pero había estado borracho muchas veces en el club, y hablábamos de manera libre…” La taza de té en su mano se sacudió en su plato; bajó ambos, fuerte. “Le pregunté qué podría querer con mi hermana. Me dijo que tenía motivos para pensar que uno de los hijos de mi madre era… especial. Había pensado que era yo, pero habiendo tenido tiempo para observarme, la única cosa anormal en mí era la estupidez.” El tono de Nate era amargo. “„Pero tu hermana, por otra parte, es algo más,‟ me dijo. „Tiene todo el poder que tú no tienes. No tengo intención de hacerle daño. Es demasiado importante.‟ “Farfullé y rogué por más información, pero él fue inflexible. O le entregaba a Tessa, o moriría. Incluso me dijo lo que tenía que hacer.” Tessa exhaló lentamente. “De Quincey te dijo que me escribieras esa carta, dijo ella. “Te hizo enviarme los billetes para el Main. Te hizo traerme aquí.” Los ojos de Nate le suplicaban que entendieran. “Me juró que no te haría daño. Me dijo que todo lo que quería era enseñarte a usar tu poder. Me dijo que serías reverenciada y adinerada más allá de la imaginación…” “Bueno, eso está bien, entonces,” interrumpió Will. “No es como si hubiera cosas más importantes que el dinero.” Sus ojos flameaban con indignación; Jem no se veía menos disgustado. “¡No es culpa de Nate!” explotó Jessamine. “¿No lo oyeron? De Quincey lo habría matado. Y sabía quien era Nate, de donde venía; de todas formas hubiera encontrado a Tessa eventualmente, y Nate hubiera muerto sin razón.” “Así que esa es tu objetiva opinión ética, ¿no, Jess?” dijo Will. “Y supongo que no tiene nada que ver con el hecho de que has estado babeando alrededor del hermano de Tessa desde que llegó. Cualquier mundano lo haría, supongo, no importa cuan inútil…” Jessamine dejó salir un chillido indignado, y se puso de pie. Charlotte elevó su voz, intentando calmarlos a ambos mientras se gritaban, pero Tessa había dejado de escuchar; estaba mirando a Nate. Había sabido por un tiempo que su hermano era débil, que lo que su tía había llamado inocencia era en realidad un mimado infantilismo mal humorado; que siendo un chico, el primogénito y hermoso, Nate siempre había sido el príncipe de su propio pequeño reino. Había entendido que mientras había hecho su trabajo de hermano mayor protegiéndola, en realidad siempre había sido ella y su tía, quienes lo habían protegido a él. Pero él era su hermano; lo amaba; y el antiguo proteccionismo se alzó en ella, como lo había hecho siempre que Nate estaba preocupado, y probablemente siempre lo haría. “Jessamine tiene razón,” dijo, elevando su voz para cortar a través de las voces enfadadas de la habitación. “No le habría hecho ningún bien que se negara ante De Quincey, y no tiene sentido discutir sobre esto ahora. Aún necesitamos saber cuáles son los planes de De Quincey. ¿Los conoces, Nate? ¿Te dijo qué quería de mí?” Nate sacudió la cabeza. “Una vez que estuve de acuerdo de enviar por ti, me mantuvo atrapado en su casa en la ciudad. Me hizo enviarle una carta a Mortmain, por su puesto, renunciando a su empleo; el pobre hombre debe haber pensado que le estaba arrojando su generosidad a la cara. De Quincey no pensaba quitar los ojos de mí hasta que te tuviera en su mano, Tessie; yo era su seguro. Les dio a las Hermanas Oscuras mi anillo para probarte que estaba en su poder. Me prometió una y otra vez que no te haría daño, que simplemente estaba haciendo que las Hermanas Oscuras te enseñaran a usar tu poder. Las Hermanas Oscuras informaban de tu progreso todos los días, así sabía que aún estabas viva. “Ya que de todas formas estaba en la casa, me encontré a mí mismo observando los trabajos del Club Pandemónium. Vi que había una organización en las filas. Había quienes estaban muy abajo, aferrándose al margen, como Mortmain y su calaña. De Quincey y los superiores los mantenían alrededor porque en su mayoría tenían dinero, y se burlaban de ellos con pequeños atisbos de magia y el Mundo de las Sombras para hacer que regresaran por más. Luego estaban esos como las Hermanas Oscuras y otros, quienes tenían más poder y responsabilidad en el club. Todos eran criaturas sobrenaturales, no humanas. Y luego, en lo más alto, estaba de Quincey. Los otros lo llamaban el Maestro. “A menudo celebraban reuniones a las cuales los humanos y aquellos que estaban más abajo no estaban invitados.
Fue donde primero escuché acerca de los Cazadores de Sombras,” dijo Nate, girando hacia Henry y Charlotte. “Tenía rencor contra ellos… contra ustedes. Se mantenía hablando acerca de lo mucho mejor que serían las cosas cuando los Cazadores de Sombras fueran destruidos y los Submundos podrían vivir y negociar en y paz…” “Qué tonterías.” Henry se veía genuinamente ofendido. “No sé qué clase de paz cree que habrá sin los Cazadores de Sombras.” “Hablaba acerca de que nunca había habido una manera de derrotar a los Cazadores de Sombras porque sus armas eran muy superiores. Dijo que la leyenda era que Dios había tenido la intención de que los Nefilim fueran guerreros superiores, así ninguna criatura viviente podría destruirlos. Así que, aparentemente él pensó, „¿Por qué no una criatura que no estuviera viviendo en absoluto?‟” “Los autómatas,” dijo Charlotte. “Su ejército mecánico.” Nate se vio perplejo. “¿Los han visto?” “Algunos atacaron a tu hermana anoche,” dijo Will. “Afortunadamente, nosotros los monstruosos Cazadores de Sombras estábamos alrededor para salvarla.” “No que lo estuviera haciendo tan mal por sí misma,” murmuró Jem. “¿Sabe algo acerca de las máquinas?” demandó Charlotte, inclinándose hacia adelante ansiosamente. “¿Cualquier cosa? ¿De Quincey habló de ellas alguna vez en frente suyo?” Nate se encogió en su silla. “Lo hizo, pero no entendí la mayor parte de ello. No tengo realmente una mente mecánica…” “Es simple.” Era Henry, usando el tono de alguien que está intentando calmar a un gato asustado. “Ahora esas máquinas de De Quincey sólo funcionan con mecanismos. Tienen que ser ajustados, como relojes. Pero encontramos una copia de un hechizo en su biblioteca que indicaba que estaba intentando encontrar una forma de hacerlos vivos, una forma de vincular energía demoniaca al armazón mecánico y traerlo a la vida.” “¡Oh, eso! Sí, habló acerca de eso,” contestó Nathaniel, como un niño complacido de ser capaz de da la respuesta correcta en una clase. Tessa prácticamente podía ver aguzándose los oídos de los Cazadores de Sombras con expectación. Esto era lo que realmente querían saber. “Ese es el por qué contrató a las Hermanas Oscuras; no solamente para entrenar a Tessa. Eran brujas, ya saben, y tenían la intención de descubrir como se hacía. Y lo hicieron. No fue hace mucho, unas pocas semanas, pero lo hicieron.” “¿Lo hicieron?” Charlotte se veía consternada. “Pero, ¿entonces por qué de Quincey no lo ha hecho todavía? ¿Qué está esperando?”
Nate miró al ansioso rostro de Tessa, y todos los demás alrededor de la habitación. “Yo… creí que lo sabían. Dijo que el hechizo vinculante sólo podía ser generado a la luna llena. Cuando eso pasara, las Hermanas Oscuras podrían hacerlo funcionar, y entonces… tenía decenas de esas cosas guardadas en su escondite, y sé que planea hacer muchas más… cientos, miles, tal vez. Supongo que las animará, y…” “¿La luna llena?” Charlotte, mirando hacia la ventana, mordió su labio. “Eso será muy pronto, la noche de mañana, creo.” Jem se irguió como una bala. “Puedo revisar la tabla lunar en la biblioteca. Ya vuelvo.” Desapareció a través de la puerta. Charlotte se giró hacia Nate. “¿Está muy seguro acerca de esto?” Nate asintió, tragando duramente. “Cuando Tessa escapó de las Hermanas Oscuras, de Quincey me culpó, incluso aunque yo no sabía nada de ello. Me dijo que le permitiría a los Hijos de la Noche drenar mi sangre como castigo. Me mantuvo prisionero por días antes de la fiesta. No tenía cuidado con lo que decía frente a mí entonces. Él sabía que yo iba a morir. Lo escuché hablar de cómo las Hermanas Oscuras habían dominado el hechizo vinculante. Que no iba a pasar mucho, antes de que los Nefilim fueran destruidos, y todos los miembros del Club Pandemónium podrían regir Londres en su lugar.” Will habló, su voz áspera. “¿Tienes alguna idea de dónde De Quincey puede estar escondiéndose ahora que su casa fue quemada?”
Nate se vio exhausto. “Tiene un escondite en Chelsea61. Hubiera ido a encerrarse ahí con aquellos que le eran leales…probablemente todavía hay un centenar de vampiros de su clan que no estaban en la casa en la ciudad esa noche. Sé exactamente donde es el lugar. Puedo mostrarles en un mapa…” Se interrumpió cuando Jem irrumpió en habitación, sus ojos muy abiertos. “No es mañana,” dijo Jem. “La luna llena. Es esta noche.”

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