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jueves, 20 de febrero de 2014

3. EL INSTITUTO

Amor, esperanza, fe… éstos hacen la humanidad,
Éstos son su símbolo y nota y carácter
Robert Browning, Paracelso

 En el sueño, Tessa yacía una vez más atada a la estrecha cama de latón en la Casa Oscura. Las Hermanas se inclinaban sobre ella, chasqueando pares de largas agujas de tejer y riendo en voz alta estridentemente. Mientras Tessa miraba, sus características cambiaron, sus ojos se hundieron en sus cabezas, sus cabellos se cayeron, y puntos de sutura aparecieron en sus labios, cosiéndolos y cerrándolos. Tessa gritaba sin voz, pero no parecían escucharla. Las Hermanas se desvanecieron por completo a continuación, y la Tía Harriet estaba de pie frente a Tessa, con la cara enrojecida por la fiebre como lo había estado durante la terrible enfermedad que la había matado. Miró a Tessa con mucha tristeza. "Lo intenté," dijo. "Intenté quererte. Pero no es fácil amar a un niño que no es humano en lo más mínimo... " "¿No humano?" dijo una femenina voz desconocida. “Bueno, si ella no es humana, Enoch, ¿qué es?" La voz estaba afilada con impaciencia. "¿Qué quieres decir con que no sabes? Todo el mundo es algo. Esta niña no puede ser nada en absoluto... " Tessa se despertó con un grito, con los ojos volando abiertos, y se encontró mirando a las sombras. La oscuridad se agrupaba a su alrededor densamente. Apenas podía oír el murmullo de voces a través de su pánico, y luchó por sentarse, pateando mantas y almohadas. Vagamente, reconoció que la manta era gruesa y pesada, no la delgada y trenzada que pertenecía a la Casa Oscura.
Estaba en una cama, tal como ella había soñado, en una gran habitación de piedra, y apenas había luz. Oyó el roce de su aliento cuando se volvió, y un grito forzó su salida de la garganta. El rostro de su pesadilla en la oscuridad se cernía ante ella; una gran luna blanca de un rostro, la blanca cabeza rapada, lisa como el mármol. Donde los ojos deberían haber estado allí sólo había muescas en la carne, no como si los ojos hubieran sido arrancados sino como si nunca se hubieran desarrollado allí en absoluto. Los labios estaban marcados con puntos de sutura negro, la cara garabateada con marcas negras como las que estaban en la piel de Will, aunque estas se veían como si hubieran sido cortadas allí con cuchillos. Ella gritó de nuevo y retrocedió gateando, medio cayéndose de la cama. Golpeó el frío piso de piedra, y a la tela del blanco camisón que llevaba—alguien tuvo que habérselo puesto, mientras ella estaba inconsciente—se le arrancó el dobladillo cuando ella se puso en pie. “Señorita Gray." Alguien estaba diciendo a su nombre, pero en su pánico, sólo sabía que la voz no era familiar. El orador no era el monstruo que se quedó mirándola desde el lado de la cama, su impasible cara marcada, no se había movido cuando ella lo hizo, y aunque no mostraba signos de perseguirla, ella comenzó a retroceder, con cuidado, sintiendo tras de sí una puerta.
La habitación estaba tan oscura, que sólo podía ver que era más o menos ovalada, las paredes y el suelo todo de piedra. El techo era lo suficientemente alto como para estar en negra sombra, y había largas ventanas a través de la pared de enfrente, el tipo de ventanas en arco que podrían haber pertenecido a una iglesia. Muy poca luz se filtraba a través de ellas, parecía como si el cielo afuera estuviera oscuro. "Theresa Gray…" Encontró la puerta, la manija de metal; giraba, se aferró a ella agradecida, y tiró. No pasó nada. Un sollozo se levantó en su garganta. "¡Señorita Gray!” dijo la voz de nuevo, y de repente la sala se llenó de luz, una luz fuerte, blanco-plata que ella reconoció. "Señorita Gray, lo siento. No era nuestra intención asustarla." La voz era de una mujer: todavía desconocida, pero joven y preocupada. "Señorita Gray, por favor." Tessa se volvió lentamente y puso su espalda contra la puerta. Podía ver claramente ahora. Estaba en una habitación de piedra cuyo objetivo central era una gran cama con dosel, su colcha de terciopelo ahora estaba arrugada y colgando hacia los lados donde la había arrastrado fuera del colchón. Había cortinas de tapices echadas hacia atrás atrás, y un elegante tapiz de alfombra, en el por otra parte, desnudo suelo. De hecho, la propia habitación estaba bastante desnuda. No había imágenes o fotografías colgadas en la pared, no había adornos que saturaran las superficies de los muebles de madera oscura. Dos sillas estaban una frente a la otra cerca de la cama, con una pequeña mesa de té entre ellas. Una pantalla china en un rincón de la habitación escondía lo que probablemente eran una bañera y un lavabo. Al lado de la cama había un hombre alto que vestía ropas como de un monje, de un largo material grueso, del color del pergamino. Runas rojo-marrón circundaban los puños y el dobladillo. Llevaba un báculo de plata, con la cabeza tallada en forma de un ángel y runas decoraban su longitud. La capucha de su túnica cayó, dejando al descubierto su cara blanca, ciega y cicatrizada. Junto a él estaba una mujer muy pequeña, casi de tamaño infantil, con el pelo marrón grueso anudado en la nuca, y un pequeño rostro limpio, inteligente, con ojos brillantes y oscuros como los de un pájaro. No era bonita exactamente, pero había una calma, una expresión de amabilidad en su cara que el dolor del pánico en el estómago de Tessa se aligeró fácilmente, aunque no habría podido decir exactamente por qué. En su mano sostenía una brillante piedra blanca como la que Will había sostenido en la Casa Oscura. Su luz brillaba entre sus dedos, iluminando la habitación. "Señorita Gray," dijo. "Soy Charlotte Branwell, directora del Instituto de Londres, y este que está mi lado, es el Hermano Enoch…" "¿Qué clase de monstruo es él?" susurró Tessa. El Hermano Enoch no dijo nada. Estaba totalmente inexpresivo. "Sé que hay monstruos en este mundo", dijo Tessa. "Usted no puede decirme lo contrario. Los he visto. " "No querría decirle otra cosa,” dijo la Sra. Branwell. "Si el mundo no estuviera lleno de monstruos, no habría necesidad de Cazadores de Sombras". Cazador de Sombras. Lo que las Hermanas Oscuras habían llamado a Will Herondale. Will. "Estaba…Will estaba conmigo," dijo Tessa, con voz temblorosa. "En el sótano. Will dijo…” se interrumpió y se encogió por dentro. No debería haber llamado a Will por su nombre de pila, porque implicaba una intimidad entre ellos que no existía. "¿Dónde está el Sr. Herondale?" "Él está aquí," dijo la Sra. Branwell con calma. "En el Instituto.” "¿Me trajo aquí también?" Tessa susurró. “Sí, pero no hay necesidad de verse traicionada, Señorita Gray. Usted se había golpeado muy duro en la cabeza, y Will estaba preocupado por usted. El Hermano Enoch, aunque su aspecto pueda asustarle, es un experto facultativo en medicina. Ha determinado que su lesión en la cabeza es leve, y que en lo principal sufre un estado de shock y ansiedad nerviosa. De hecho, podría ser mejor si usted se sienta ahora. Revolotear a pies descalzos por la puerta de esa forma sólo le hará enfriarse, y eso le hace poco bien." "¿Quiere decir porque no puedo correr," dijo Tessa, lamiéndose los labios secos. "No puedo escapar.” "Si demanda escapar, como dice, después de que hayamos hablado, la dejaré ir," dijo la Sra. Branwell. "Los Nefilim no atrapamos Submundos bajo coacción. Los Acuerdos lo prohíben. " "¿Los Acuerdos?” La señora Branwell vaciló, luego se volvió hacia el Hermano Enoch y le dijo algo en voz baja. Para gran alivio de Tessa, se puso la capucha de su túnica de color de pergamino, ocultando su rostro. Un momento después, se movía hacia Tessa; ella dio un paso atrás a toda prisa y él abrió la puerta, deteniéndose sólo por un momento en el umbral. En ese momento, le habló a Tessa. O tal vez "hablar" no era la palabra para ello: Oyó su voz dentro de su cabeza, en lugar de fuera de ella. Eres Eidolon16, Theresa Gray. Una Cambia-forma. Pero no de un tipo que me sea familiar. No hay ninguna marca de demonio sobre ti.
Cambia-forma. Él sabía lo que era. Lo miró fijamente, con el corazón desbocado, mientras él pasaba por la puerta y la cerraba tras de él. Tessa de alguna manera sabía que si corría hacia la puerta y probaba el tirador, una vez más la encontraría cerrada, pero la urgencia de escapar la había abandonado. Sus rodillas se sentían como si se hubieran convertido en agua. Se sentó en uno de los sillones junto a la cama. "¿Qué es?” Preguntó la Sra. Branwell, pasando a sentarse en la silla frente a Tessa. Su vestido colgaba tan suelto en su pequeño cuerpo, que era imposible decir si llevaba un corsé debajo de éste, y los huesos en sus pequeñas muñecas eran como los de un niño. "¿Qué le dijo?" Tessa sacudió la cabeza, apretando las manos sobre su regazo de modo que la Sra. Branwell no podía ver sus dedos temblorosos.
La señora Branwell la miró de modo penetrante. "En primer lugar," dijo ella, “por favor llámeme Charlotte, Señorita Gray. Todos en el Instituto lo hacen. Los Cazadores de Sombras no son tan formales como la mayoría." Tessa asintió con la cabeza, sintiendo la sensación de rubor en sus mejillas. Era difícil saber la edad que Charlotte tenía, era tan pequeña que parecía muy joven en verdad, pero su aire de autoridad la hacía parecer mayor, lo suficientemente mayor para que la idea de llamarla por su nombre de pila pareciera muy extraña. Sin embargo, como la Tía Harriet habría dicho, cuando en Roma...
"Charlotte," dijo Tessa, experimentalmente
Con una sonrisa, la Sra. Branwell, Charlotte, se inclinó un poco hacia atrás en su silla, y Tessa vio con algo de sorpresa que tenía oscuros tatuajes. ¡Una mujer con tatuajes! Sus marcas eran como las de Will: visibles en las muñecas por debajo de los puños apretados de su vestido, con uno como un ojo en la parte posterior de su mano izquierda. "En segundo lugar, déjeme decirle lo que ya sé sobre usted, Theresa Gray." Habló en el mismo tono tranquilo en que lo había hecho antes, pero sus ojos, aunque todavía amables, eran agudos como alfileres. “Usted es americana. Vino aquí desde Nueva York, ya que estaba siguiendo a su hermano que había enviado un billete de barco de vapor. Su nombre es Nathaniel." Tessa se sentó petrificada. "¿Cómo sabe todo esto?" "Sé que Will la encontró en la casa de las Hermanas Oscuras," dijo Charlotte. "Sé que usted afirmó que alguien llamado el Maestro iba por usted. Sé que no tiene idea de quién es el Maestro. Y sé que en una batalla con las Hermanas Oscuras, quedó inconsciente y la trajeron hasta aquí." Las palabras de Charlotte eran como una llave desbloqueando una puerta. De repente Tessa recordó. Recordó correr con Will por el pasillo; recordó las puertas de metal y la habitación llena de sangre en el otro lado, recordó a la Sra. Black, con la cabeza cortada; recordó a Will arrojando su cuchillo… “La Sra. Black," susurró. "Muerta," dijo Charlotte. "Mucho." Apoyó sus hombros contra el respaldo de la silla, era tan ligera que la silla se levantó por encima de ella, como si fuera un niño sentado en la silla de su padre. “¿Y la Sra. Dark?” "Se fue. Se realizaron búsquedas en toda la casa, y el área cercana, pero no se encontró rastro de ella." "¿Toda la casa?” la voz de Tessa estaba sacudida, muy ligeramente. "¿Y no había nadie en ella? ¿No había nadie más con vida, o... o muerto?" "No hemos encontrado a su hermano, Señorita Gray," dijo Charlotte. Su tono era suave. "No en la casa, ni en ninguno de los edificios de los alrededores." "Ustedes… ¿lo buscaron?" Tessa estaba desconcertada. "No lo encontramos," dijo Charlotte de nuevo. "Pero encontramos sus cartas." "¿Mis cartas?" "Las cartas que escribió a su hermano y nunca envió," dijo Charlotte. "Dobladas debajo de su colchón." "¿Las leyó?" "Tuvimos que leerlas," dijo Charlotte en el mismo tono suave. "Me disculpo por eso. No traemos Submundos al Instituto, o cualquier persona que no sea un Cazador de Sombra, a menudo. Representa un gran riesgo para nosotros. Teníamos que saber que usted no era un peligro. " Tessa volvió la cabeza hacia un lado. Había una terrible violación acerca de esta extraña leyendo sus pensamientos más íntimos, todos los sueños y las esperanzas y los temores que había derramado, pensando que nadie nunca las vería. La parte posterior de sus ojos le ardían, las lágrimas la amenazaban, y ella quiso devolverlas, furiosa consigo misma, con todo. "Está tratando de no llorar," dijo Charlotte. "Sé que cuando yo lo hago, a veces ayuda mirar directamente hacia una luz brillante. Prueba con la luz mágica." Tessa trasladó su mirada a la piedra en la mano de Charlotte y la miró fijamente. El brillo de la misma se hinchó delante de sus ojos como un sol en expansión. “Así que,” dijo, luchando por pasar la opresión en su garganta, "¿decidieron que no soy un peligro, entonces?" "Tal vez sólo para usted misma," dijo Charlotte. "Un poder como el suyo, el poder de cambiar de forma; no es de extrañar que las Hermanas Oscuras quisieran tenerla en sus manos. Otros lo harán también." "¿Cómo usted?" dijo Tessa. "¿O va a pretender que me ha dejado entrar a su precioso Instituto simplemente por caridad?" Una mirada de dolor cruzó el rostro de Charlotte. Había sido breve, pero era real, e hizo más para convencer a Tessa de que podría haber estado equivocada acerca de Charlotte, que cualquier otra cosa que la otra mujer pudiera haber dicho. "No es caridad," dijo. "Es mi vocación. Nuestra vocación." Tessa simplemente la miró sin comprender. “Tal vez,” dijo Charlotte, "sería mejor si le explico lo que somos… y lo que hacemos." "Nefilim," dijo Tessa. "Eso es lo que las Hermanas Oscuras llamaron al señor Herondale.” Señaló las marcas oscuras en la mano de Charlotte. "Usted es uno también, ¿no? POR ESO USTED TIENE ESAS MARCAS?

Charlotte asintió con la cabeza. "Soy una de los Nefilim, los Cazadores de Sombras. Somos... una raza, si lo quiere, de personas, personas con habilidades especiales. Somos más fuertes y más rápidos que la mayoría de los seres humanos. Somos capaces de ocultarnos con magia llamada glamour. Y estamos especialmente cualificados para matar demonios." "Demonios. ¿Quiere decir, como Satanás?" "Los demonios son criaturas malvadas. Viajan grandes distancias para venir a este mundo y se alimentan de él. Pueden reducirlo a cenizas y destruir a sus habitantes si no lo evitamos." Su voz era intensa. "Como el trabajo de la policía humana es proteger a la ciudadanía de esta ciudad unos de los otros, es nuestro trabajo protegerlos de los demonios y otros peligros sobrenaturales. Cuando hay delitos que afectan al Mundo de las Sombras, cuando la Ley de nuestro mundo se ha roto, hay que investigar. Estamos obligados por la Ley, de hecho, a hacer investigaciones, incluso a un rumor de una infracción a la Ley de la Alianza. Will le dijo acerca de la niña muerta que encontró en un callejón, fue el único cuerpo, pero ha habido otras desapariciones, rumores oscuros de niños y niñas mundanos desapareciendo de la ciudad, de las calles más pobres. Usar magia para asesinar a seres humanos va en contra de la Ley, y por lo tanto, un asunto de nuestra jurisdicción. "
"El Sr. Herondale parece muy joven para ser una especie de policía." "Los Cazadores de Sombra crecen con rapidez, y Will no investigó solo." Charlotte no sonaba como si quisiera entrar en detalles. "Eso no es todo lo que hacemos. Protegemos la Ley de la Alianza y defendemos los Acuerdos, las leyes que rigen la paz entre Submundos". Will había utilizado esa palabra también. "¿Submundo? ¿Es eso un lugar?" "Un Submundo es un ser, una persona, que es parte del origen sobrenatural. Vampiros, hombres lobo, hadas, brujos, todos ellos son Submundos." Tessa la miró fijamente. Las hadas eran un cuento para niños, y los vampiros materia de novelas de muy poca categoría. "¿Esas criaturas existen?" "Usted es un Submundo," dijo Charlotte. "El Hermano Enoch lo confirmó. Simplemente no sabemos de qué tipo. Usted ve, el tipo de magia que puede hacer, su capacidad, no es algo que un ser humano corriente podría hacer. Tampoco es algo que uno de nosotros, un Cazador de Sombra, podría hacer. Will pensó que era más apropiado una bruja, que es lo que me habría imaginado, pero todos los brujos tienen algún atributo que los marca como brujos. Alas, o pezuñas, o dedos unidos por membranas o, como vio en el caso de la Sra. Black, manos con garras. Pero usted, usted es completamente humana en apariencia. Y se desprende de sus cartas que usted sabe o cree que ambos de sus padres son humanos." "¿Humanos?" Tessa miró. "¿Por qué no habrían sido humanos?" Antes de que Charlotte pudiera responder, la puerta se abrió y una esbelta chica de cabello oscuro en una gorra blanca y delantal, entró llevando una bandeja de té que puso sobre la mesa entre ellas. "Sophie," dijo Charlotte, sonando aliviada al ver a la muchacha. “Gracias. Esta es la señorita Gray. Ella será una invitada nuestra esta noche." Sophie se enderezó, se volvió a Tessa, e hizo una reverencia. “Señorita,” dijo, pero la novedad de ser reverenciada se perdió en Tessa cuando Sophie levantó la cabeza y su rostro se hizo completamente visible. Debería haber sido muy bonita, sus ojos eran de un luminoso avellana oscuro, su piel lisa, sus labios suaves y delicadamente formados, pero una cicatriz gruesa, corrugada y plateada cortaba desde la esquina izquierda de su boca a su sien, tirando su rostro hacia los lados y distorsionando sus rasgos en una máscara retorcida. Tessa trató de ocultar el choque en su propia cara, pero pudo ver en como los ojos de Sophie se oscurecían, que no había funcionado. "Sophie," dijo Charlotte, "¿trajiste ese vestido rojo oscuro que más temprano te pedí? ¿Puedes tenerlo cepillado y esponjado para Tessa?" Se volvió hacia Tessa cuando la criada asintió y se dirigió al armario. "Me tomé la libertad de tener uno de los viejos vestidos de nuestra Jessamine para usted. La ropa que llevaba quedó en ruinas. " “Muchas gracias,” dijo Tessa con frialdad. Odiaba tener que estar agradecida. Las Hermanas habían fingido que estaban haciendo favores, y miren la forma en que había salido. “Señorita Gray." Charlotte la miró con seriedad. "Los Cazadores de Sombra y los Submundos no son enemigos. Nuestro acuerdo puede nunca ser fácil, pero es mi creencia que los Submundos pueden confiar en que, de hecho, son la clave de nuestro éxito final contra los reinos de los demonios. ¿Hay algo que pueda hacer para mostrarle que no planeamos tomar ventaja de usted?" "Yo..." Tessa respiró hondo. "Cuando las Hermanas Oscuras en primer lugar me hablaron de mi poder, pensé que estaban locas," dijo. "Les dije que esas cosas no existían. Entonces pensé que había quedado atrapada en una especie de pesadilla en la que ellas estaban. Pero entonces el Sr. Herondale vino, y él sabía de magia, y tenía esa piedra brillante, y pensé: Aquí hay alguien que podría ayudarme." Miró a Charlotte. “Pero usted no parece saber por qué soy como soy, o incluso qué soy. Y si aun usted no... " Puede ser... difícil de aprender cómo funciona el mundo realmente, verlo en su verdadera forma y condición," dijo Charlotte. "La mayoría de los seres humanos nunca lo hacen. La mayoría no podría soportarlo. Pero he leído sus cartas. Y sé que es fuerte, Señorita Gray. Que ha aguantado lo que podría haber matado a otra joven, Submundo o no." "No tenía otra opción. Lo hice por mi hermano. Ellas le habrían asesinado." "Algunas personas," dijo Charlotte, "habrían permitido que eso sucediera. Pero sé por leer sus propias palabras que usted ni siquiera consideró eso." Se inclinó hacia delante. "¿Tiene usted alguna idea de dónde está su hermano? ¿Cree que más probablemente esté muerto?" Tessa contuvo el aliento. “¡Sra. Branwell!" Sophie, que había estado atendiendo el dobladillo de un vestido rojo vino con un cepillo, levantó los ojos y habló con un tono de reproche que sorprendió a Tessa. No era el lugar de los funcionarios corregir a sus empleadores, los libros que había leído lo habían dejado muy claro.
Pero Charlotte sólo se veía compungida. "Sophie es mi ángel bueno," dijo. "Tiendo a ser un poco demasiado contundente. Pensé que podría ser algo que usted sabía, algo que no estaba en sus cartas, que tal vez nos pueda dar el conocimiento de su paradero". Tessa sacudió la cabeza. "Las Hermanas Oscuras me dijeron que estaba encarcelado en un lugar seguro. Supongo que todavía está allí. Pero no tengo idea de cómo encontrarlo." "Entonces usted debe estar aquí en el Instituto hasta que pueda ser localizado." "No quiero su caridad." Tessa dijo tercamente. "Puedo encontrar otro lugar de alojamiento." "No sería caridad. Estamos obligados por nuestras propias leyes a ayudar y auxiliar a los Submundos. Enviarle lejos sin tener a donde ir rompería los Acuerdos, que son reglas importantes que se deben cumplir." “¿Y usted no me pedirá nada a cambio?" la voz de Tessa era amarga. "¿No me va pedir que use mi…mi habilidad? ¿No me obligará a Cambiar? " "Si," dijo Charlotte, "si no desea utilizar su poder, entonces no, no la obligaré. Aunque creo que le puede beneficiar aprender cómo puede ser controlado y utilizado…  "¡No!" El grito de Tessa fue tan fuerte que Sophie saltó y dejó caer el cepillo. Charlotte la miró y luego de nuevo a Tessa. Ella dijo, “Como usted quiera, Señorita Gray. Hay otras maneras en las que usted podría ayudarnos. Estoy segura de que hay muchas cosas que usted sabe que no figuraban en sus cartas. Y a cambio, podemos ayudarle a buscar a su hermano. " La cabeza de Tessa se levantó. "¿Lo harían?" "Tiene mi palabra." Charlotte se puso de pie. Ninguna de las dos había tocado el té de su bandeja. “Sophie, ¿si pudiera ayudar a la Señorita Gray con su vestido, y luego llevarla a cenar?” "¿Cena?" Después de escuchar aquel acuerdo sobre Nefilim, y Submundos, y hadas, y vampiros y demonios, la perspectiva de la cena era casi chocante en su ordinariez. “Por supuesto. Son casi las siete. Ya ha conocido a Will, puede conocer a todos los demás. Tal vez usted verá que somos de fiar. "
Y con un gesto enérgico, Charlotte salió de la habitación. Al cerrarse la puerta tras ella, Tessa sacudió la cabeza en silencio. Tía Harriet había sido mandona, pero no tenía nada de Charlotte Branwell. "Tiene una conducta estricta, pero realmente es muy amable," dijo Sophie, tendiendo en la cama el vestido que Tessa tenía la intención de usar. "Nunca he conocido a nadie con un corazón mejor." Tessa tocó la manga del vestido con la punta de su dedo. Era de raso de color rojo oscuro, como Charlotte había dicho, con una cinta muaré17 negra ajustada alrededor de la cintura y el dobladillo. Nunca había llevado algo tan bonito. "¿Quiere que le ayude a vestirse para la cena, señorita?” Preguntó Sophie. Tessa recordó algo que la Tía Harriet había dicho siempre; que podías conocer a un hombre no por lo que sus amigos decían de él, sino por cómo trataba a sus criados. Si Sophie pensaba que Charlotte tenía buen corazón, entonces tal vez lo tenía. Levantó la cabeza. “Muchas gracias, Sophie. Creo que sí." Tessa nunca había tenido a nadie que la asistiera en vestirse antes, con excepción de su tía. Aunque Tessa era delgada, el vestido había sido claramente hecho para una chica más pequeña, y Sophie tuvo que atar con un cordón el corsé de Tessa fuertemente para que se ajustara. Chasqueó en voz baja, mientras lo hacía. “La Sra. Branwell no cree en apretar con cordón," explicó. "Dice que causa dolores de cabeza y debilidad nerviosa, y una Cazadora de Sombras no puede permitirse ser débil. Pero a la señorita Jessamine le gusta la cintura de sus vestidos muy pequeña, e insiste hacerlo." “Bueno,” dijo Tessa, un poco sin aliento, "No soy una Cazadora de Sombras, de todos modos." "Así es," Sophie concordó, abrochando la parte posterior del vestido con un hábil, pequeño broche. "Ahí. ¿Qué piensa usted?" Tessa se miró en el espejo, y quedó desconcertada. El vestido era demasiado pequeño en ella, y había sido claramente diseñado para estar ceñido al cuerpo, como lo estaba. Se aferraba casi escandalosamente a su figura hasta las caderas, donde se abultaba juntándose en la espalda, colgando con un modesto movimiento. Las mangas estaban vueltas, mostrando volantes de encaje champagne en los puños. Se veía… mayor, pensó, no el espantapájaros trágico que había visto en la Casa Oscura, pero tampoco alguien completamente familiar. ¿Qué si una de las veces en que Cambié, cuando volví a mí, no lo hice del todo bien? ¿Y si ni siquiera es mi verdadero rostro? La idea envió un rayo de pánico a través de ella que se sentía como si fuera a desmayarse. "Está un poco pálida," dijo Sophie, examinando el reflejo de Tessa con una mirada juiciosa. No parecía particularmente impresionada por la estrechez del vestido, por lo menos. "Podría intentar pellizcarse las mejillas un poco para que le de color. Eso es lo que la señorita Jessamine hace." "Fue muy amable de su parte, de la señorita Jessamine, quiero decir, el prestarme este vestido." Sophie contuvo una risita en la garganta. "La señorita Jessamine nunca lo ha usado. La Sra. Branwell se lo dio como un regalo, pero la señorita Jessamine dijo que le hacía verse cetrina y lo arrojó a la parte posterior de su armario. Ingrata, si usted me pregunta. Ahora, vaya, y pellízquese las mejillas un poco. Está pálida como la leche. " Habiendo hecho esto, y tras agradecer a Sophie, Tessa salió de la habitación a un largo corredor de piedra. Charlotte estaba allí, esperándola. Ella partió de inmediato, con Tessa detrás, cojeando ligeramente, los zapatos de seda negro no le encajaban, no eran amables con los pies magullados. Estar en el Instituto era un poco como estar dentro de un castillo, el techo desaparecía en la penumbra, los tapices colgaban en las paredes. O al menos esa era la forma en que Tessa imaginaba que el interior de un castillo podía lucir. Los tapices tenían repetidos motivos de estrellas, espadas, y el mismo tipo de diseños que había visto en tinta en Will y Charlotte. Había una sola imagen repetida también, de un ángel saliendo de un lago, llevando una espada en una mano y una copa en la otra. "Este lugar solía ser una iglesia," dijo Charlotte, respondiendo a la pregunta sin respuesta de Tessa. "La Iglesia de Todos los Santos-el Menor18. Se quemó en el Gran Incendio de Londres19. Nos tomamos la tierra después de eso y construimos el Instituto sobre las ruinas de la antigua iglesia. Es útil para nuestro propósito el permanecer en tierra consagrada." "¿La gente no piensa que es extraño, que la construyeran en el sitio de una antigua iglesia como esta?" Preguntó Tessa, apresurándose para mantener el ritmo. "No lo saben. Los mundanos, eso es lo que llamamos a la gente ordinaria, no son conscientes de lo que hacemos," explicó Charlotte. "Para ellos, desde el exterior, el lugar parece un parche vacío de tierra. Más allá de eso, los mundanos no están realmente muy interesados en lo que no les afecta directamente.” Se volvió haciendo pasar a Tessa a través de una puerta y a un gran comedor bien iluminado. "Aquí estamos". Tessa quedó parpadeando en la iluminación repentina. La habitación era enorme, lo suficientemente grande para una mesa que podría haber sentado a veinte personas. Un candelabro de gas inmenso colgaba del techo, llenando la habitación con un resplandor amarillento. Sobre un aparador cargado con porcelana de apariencia cara, un espejo de marco dorado se extendía a lo largo de la habitación. Un bajo tazón de vidrio con flores blancas decoraba el centro de la mesa. Todo era de buen gusto, y muy común. No había nada inusual en la sala, nada que pudiera insinuar la naturaleza de los ocupantes de la casa. A pesar de que la larga mesa del comedor estaba cubierta con manteles blancos, sólo uno de los extremos tenía puestas plazas para cinco personas. Sólo dos personas estaban ya sentadas, Will y una niña de pelo rubio sobre la edad de Tessa en un escotado vestido brillante. Parecían ignorarse el uno al otro estudiadamente; Will levantó la vista con aparente alivio cuando Charlotte y Tessa entraron "Will," dijo Charlotte. "¿Recuerdas a la Señorita Gray? "Mi recuerdo de ella," dijo Will, "es el más vívido, en realidad." Ya no llevaba la extraña ropa negra que había usado el día anterior, sino que un par de ordinarios pantalones y una chaqueta gris con cuello de terciopelo negro. El gris hizo que sus ojos se vieran más azules que nunca. Le sonrió a Tessa, quien se sintió ruborizar y apartó la mirada rápidamente. "Y Jessamine; Jessie, levanta la vista. Jessie, ésta es la Señorita Theresa Gray; Señorita Gray, ésta es la Señorita Jessamine Lovelace." "Encantada de conocerle," murmuró Jessamine. Tessa no podía dejar de mirarla. Era casi ridículamente linda, lo que una de las novelas de Tessa habría llamado un rosa Inglesa, toda rubios cabellos plateados, suaves ojos marrones, tez cremosa. Llevaba un vestido azul muy brillante, y anillos en cada uno de sus dedos. Si tenía las mismas marcas negras en la piel que Will y Charlotte tenían, no eran visibles. Will lanzó a Jessamine una evidente mirada de odio, y se volvió hacia Charlotte. “¿Dónde está tu marido poco ilustrado, entonces?" Charlotte, tomando asiento, indicó a Tessa a sentarse frente a ella, en la silla junto a Will. "Henry está en su cuarto de trabajo. He enviado a Thomas a buscarlo. Vendrá en un momento." "¿Y Jem?”
La mirada de Charlotte fue de advertencia, pero "Jem no se siente bien," fue todo lo que dijo. "Está teniendo uno de sus días." "Él siempre tiene uno de sus días." Jessamine sonaba disgustada. Tessa estaba a punto de preguntar quién podía ser Jem, cuando Sophie entró seguida por una mujer regordeta de mediana edad cuyo cabello gris escapaba de un moño en la parte posterior de su cabeza. Las dos comenzaron a servir comida desde el aparador. Hubo asado de cerdo, patatas, sopa sabrosa, y esponjosos rollos de comida con cremosa mantequilla amarilla. Tessa se sintió repentinamente mareada, se había olvidado de lo hambrienta que estaba. Mordió un rollo, sólo para comprobarse a sí misma cuando vio Jessamine mirando. "Ya sabe," dijo Jessamine alegremente: "No creo haber visto jamás a una bruja comer antes. Supongo que ni siquiera necesita contenerse, ¿verdad? Usted sólo puede usar la magia para hacerse delgada. " "No sabemos con certeza si ella es una bruja, Jessie," dijo Will. Jessamine no le hizo caso. "¿Es terrible ser tan malvada? ¿Le preocupa que se vaya a ir al infierno?" se acercó más a Tessa. "¿Cómo cree usted que es el Diablo?" Tessa puso su tenedor en el plato. "¿Le gustaría conocerlo? Podría convocarlo en un instante, si lo quiere. Siendo una bruja, y todo eso. Will dejó escapar una carcajada. Jessamine entornó los ojos. "No hay ninguna necesidad de ser grosera…" comenzó, entonces se interrumpió cuando Charlotte se incorporó de golpe con un grito de asombro. "¡Henry!" Un hombre estaba de pie en la puerta en forma de arco del comedor, un hombre alto de aspecto familiar, con un mechón de cabello rojizo y ojos color avellana. Llevaba una chaqueta de tweed de Norfolk20 sobre un chaleco a rayas sorprendentemente brillante; sus pantalones estaban cubiertos de lo que se veía peculiarmente como polvo de carbón. Pero nada de eso era lo que había hecho gritar a Charlotte, fue el hecho de que su brazo izquierdo parecía estar en llamas. Pequeñas llamas lamían su brazo de un punto por encima de su codo, liberando zarcillos de humo negro. "Charlotte, cariño," dijo Henry a su esposa, que lo miraba con la boca abierta de horror. Jessamine, a su lado, tenía los ojos muy abiertos. "Siento llegar tarde. Sabes, creo que casi podría tener el Sensor trabajando…" Will interrumpió. "Henry," dijo, "estás en llamas. ¿Sabes eso, no?" "Oh, sí,” dijo Henry con entusiasmo. Las llamas estaban ahora casi hasta el hombro. "He estado trabajando como un poseso durante todo el día. Charlotte, ¿has oído lo que dije sobre el Sensor?” Charlotte dejó caer la mano de su boca. "¡Henry!" Gritó ella. "¡tu brazo!" Henry miró a su brazo, y se quedó boquiabierto. “Sangriento infierno,” fue todo lo que tuvo tiempo de decir antes de que Will, exhibiendo una presencia sobrecogedora de ingenio, se levantara, cogiera el jarrón de flores de la mesa, y arrojara el contenido sobre Henry. Las llamas se apagaron, con un débil chisporroteo de protesta, dejando a Henry empapado en la puerta; una manga de su chaqueta negra y una docena de húmedas flores blancas sembradas a sus pies. Henry sonrió y dio unas palmaditas en la manga de su chaqueta quemada con una mirada de satisfacción. "¿Sabes lo que esto significa?" Will bajó el jarrón. "¿Que te pusiste a ti mismo en llamas y ni siquiera lo notaste?” "¡Que la mezcla de llamas retardantes que desarrollé la semana pasada funciona!” Henry dijo con orgullo. "Este material debe haber estado quemándose por al menos diez minutos, ¡y no está ni la mitad de quemado!" Miró su brazo. "Tal vez debería poner otra manga en el fuego y ver cuánto tiempo…" "Henry," dijo Charlotte, que parecía haberse recuperado del susto, "si te prendes fuego deliberadamente, iniciaré procedimientos de divorcio. Ahora siéntate y come tu cena. Y saluda a nuestra invitada.” Henry se sentó, miró a través de la mesa a Tessa y parpadeó sorprendido. "La conozco," dijo. "¡Usted me mordió!" Parecía contento al respecto, como si recordara un grato recuerdo que ambos habían compartido. Charlotte lanzó una mirada desesperada a su marido. "¿Le ha preguntado a la Señorita Gray sobre el Club Pandemónium?" Preguntó Will. El Club Pandemónium. "Conozco las palabras. Estaban escritas en el costado del carruaje de las Sras. Oscuras," dijo Tessa. "Es una organización," dijo Charlotte. "Más bien una antigua organización de mundanos quienes están interesados en las artes mágicas. En sus reuniones hacen hechizos y tratan de convocar a demonios y espíritus.” Suspiró. Jessamine soltó un bufido. "No puedo imaginar por qué se molestan," dijo. "Perder el tiempo con hechizos y usar túnicas con capucha y encender pequeños fuegos. Es ridículo."
"Oh, hacen más que eso," dijo Will. "Son más poderosos en el Submundo de lo que podrías pensar. Muchas figuras ricas e importantes en la sociedad mundana son miembros…” "Eso sólo hace que sea más tonto." Jessamine sacudió su cabello. "Tienen dinero y poder. ¿Por qué están jugando con magia?" "Una buena pregunta," dijo Charlotte. "Mundanos que se involucran en cosas de las que no saben nada probablemente, conocerán finales desagradables." Will se encogió de hombros. "Cuando estaba tratando de localizar la fuente del símbolo en ese cuchillo que Jem y yo encontramos en el callejón, fui dirigido al club Pandemónium. Los miembros del mismo, a su vez, me dirigieron a las Hermanas Oscuras. Es su símbolo, las dos serpientes. Supervisan un conjunto de guaridas de juegos de azar frecuentados por Submundos. Existen para atraer a mundanos y engañarlos para que pierdan todo su dinero en juegos mágicos, entonces, cuando los mundanos caen en la trampa, las Hermanas Oscuras extorsionan la devolución del dinero a tasas ruinosas." Will miró a Charlotte. "Corrían algunos otros negocios también, los más desagradables. La casa donde mantenían a Tessa, me habían dicho, era un burdel Submundo, que atendía a mundanos con gustos inusuales.” “Will, no estoy del todo segura…” Charlotte comenzó, dubitativa. "Hmph," dijo Jessamine. "No me extraña que estuvieras tan entusiasta por ir allí, William." Si tenía la esperanza de molestar a Will, no funcionó; pudo no haber hablado, por toda la atención que él le prestó. Miraba a Tessa a través de la mesa, las cejas ligeramente arqueadas. "¿La he ofendido, Señorita Gray? Me imaginaba que después de todo lo que ha visto, no sería fácil de asombrar." "No estoy ofendida, Sr. Herondale." A pesar de sus palabras, Tessa sintió que le llamearon las mejillas. Las jovencitas bien educadas no sabían lo que era un burdel, y desde luego no dirían la palabra en compañía mixta. El asesinato era una cosa, pero esto... "Yo, ah, no veo cómo podría haber sido un lugar... así," dijo con tanta firmeza como pudo. "Nunca nadie iba o venía, que no fuera la sirvienta y el cochero; nunca vi que nadie más viviera allí." "No, en el momento en que fui allí, estaba abandonado del todo,” Will concordó. "Está claro que habían decidido suspender los negocios, tal vez en los intereses de mantenerla aislada." Miró a Charlotte. "¿Crees que el hermano de la señorita Gray tenga la misma capacidad que ella tiene? ¿Es eso, acaso el por qué las Hermanas Oscuras lo capturaron en primer lugar?" Tessa intervino, contenta por el cambio de tema. "Mi hermano nunca mostró ningún signo de tal cosa… pero, entonces, yo tampoco hasta que las Hermanas Oscuras me encontraron." "¿Cuál es su capacidad?" Exigió Jessamine. "Charlotte no me dijo."
"¡Jessamine!" Charlotte le frunció el ceño. "No creo que ella tenga una," Jessamine continuó. "Creo que simplemente es una pequeña soplona que sabe que si creemos que es una Submundo, vamos a tener que tratarla bien, por los Acuerdos". Tessa apretó los dientes. Pensó en su Tía Harriet diciendo No pierdas los estribos, Tessa, y no te pelees con tu hermano, simplemente porque te toma el pelo. Pero no le importaba. Todos estaban mirándola, Henry con curiosos ojos avellana, Charlotte con una mirada tan aguda como el cristal, Jessamine con desprecio apenas velado, y Will con fresca diversión. ¿Y si todos piensan lo que Jessamine piensa? ¿Y si todos pensaban que estaba pescando caridad? Tía Harriet habría odiado aceptar la caridad aún más de lo que habría desaprobado el temperamento de Tessa. Fue Will quien habló a continuación, inclinándose hacia delante para mirarla fijamente a la cara. "Puede mantenerlo en secreto," dijo en voz baja. "Pero los secretos tienen su propio peso, y éste puede ser muy pesado." Tessa levantó la cabeza. "No necesita ser un secreto. Pero sería más fácil para mí mostrarles que contarles." "¡Excelente!" Henry se veía complacido. "Me gusta que me muestren cosas. ¿Hay algo que usted requiera, como una lámpara de espíritu, o…" "No es una sesión de espiritismo, Henry,” dijo Charlotte con cansancio. Se volvió a Tessa. "No necesita hacer esto si no quiere, Señorita Gray.” Tessa no le hizo caso. "La verdad, es que requiero algo.” Se volvió hacia Jessamine. "Algo suyo, por favor. Un anillo, o un pañuelo…” Jessamine arrugó la nariz. "¡Dios mío, para mí suena más bien como si su poder especial fuera el hurto!" Will se veía exasperado. "Dale un anillo, Jessie. Llevas suficiente de ellos."
"Tu dale algo, entonces." Jessamine levantó la barbilla. “No,” dijo Tessa con firmeza. "Tiene que ser algo suyo." Debido a que de todo el mundo aquí, eres la más cercana a mí en tamaño y forma. Si me transformara en la pequeña Charlotte, este vestido simplemente se caería, pensó Tessa. Había considerado intentar usar el vestido mismo, pero como Jessamine nunca lo había usado, Tessa no estaba segura de que el Cambio funcionara y no quería correr ningún riesgo. “Oh, muy bien entonces.” Petulantemente, Jessamine desprendió de su pequeño dedo un anillo con una piedra roja en él, y lo pasó a través la mesa a Tessa. "Más vale que valga la pena." Oh, la valdrá. Sin sonreír, Tessa puso el anillo en la palma de su mano izquierda y cerró los dedos alrededor de él. Luego cerró los ojos. Era siempre lo mismo: nada al principio, luego la chispa de algo en el fondo de su mente, como quien enciende una vela en un cuarto oscuro. Buscó a tientas su camino hacia ella, como las Hermanas Oscuras le habían enseñado. Era difícil despojar el miedo y la timidez, pero lo había hecho las veces suficientes ahora para saber qué esperar, el extenderse hasta tocar la luz en el centro de la oscuridad, la sensación de luz y calor envolvente, como si estuviera tirando una manta, algo grueso y pesado a su alrededor, cubriendo cada capa de su propia piel, y entonces la luz resplandecía y la rodeaba… y ella estaba en su interior. Dentro de la piel de otra persona. Dentro de su mente. La mente de Jessamine. Estaba solamente en el borde de ésta, sus pensamientos rozando la superficie de Jessamine como dedos rozando la superficie del agua. Aún así, la dejó sin aliento. Tessa tuvo una súbita imagen, el parpadeo de una pieza brillante de caramelo con algo oscuro en su centro, como un gusano en el centro de una manzana. Sentía resentimiento, odio amargo, ira, un terrible deseo feroz de algo… Sus ojos se abrieron de golpe. Todavía estaba sentada a la mesa, con el anillo de Jessamine aferrado a su mano. Su piel protestaba con los afilados alfileres y agujas que siempre acompañaban a sus transformaciones. Podía sentir la extrañeza de que fuera un peso diferente, de otro cuerpo, no el suyo; podía sentir el roce de los cabellos claros de Jessamine contra los hombros. Demasiado espeso para ser sostenido por los pasadores que habían sostenido el cabello de Tessa, éste había bajado alrededor de su cuello como una pálida cascada. "Por el Ángel," respiró Charlotte. Tessa miró alrededor de la mesa. Todos ellos estaban mirándola, Charlotte y Henry con la boca abierta; Will mudo por una vez, un vaso de agua congelado a mitad de camino a sus labios. Y Jessamine… Jessamine la miraba con horror abyecto, como alguien que ha visto una visión de su propio fantasma. Por un momento, Tessa sintió una punzada de culpabilidad. Duró sólo un momento, sin embargo. Poco a poco Jessamine bajó la mano de su boca, su rostro seguía estando muy pálido. "Dios mío, mi nariz es enorme," exclamó. "¿Por qué nadie me lo dijo?

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